La herejía de cada domingo

LA HEREJÍA DE CADA DOMINGO

San Severo nació en Barcelona; Obispo de la ciudad hacia el año 300. Sus diferencias con los arrianos le acarrearon innumerables problemas y no pocas persecuciones. Huyendo de sus enemigos se refugió en un lugar deshabitado a donde fueron a buscarle para acabar con su vida. Tras procurarle los castigos más crueles le atravesaron la cabeza con un clavo.

Hace años que un artículo de Stefano Paci, (1) citaba al reputado filósofo Jacques Maritain, quien en un ataque de lucidez, – Jean Gitton, refiriéndose a él pudo decir: «Maritain fue uno de los padres de lo que hoy se define progresismo eclesial »; es decir, padre del personalismo, del antropoteismo, de la libertad religiosa conciliar que ha traído como fruto podrido la apostasía de las naciones- habiendo ya abandonado el tomismo,  pero como consecuencia, quizá, de las reliquias de antiguos y sanos hábitos intelectuales,  denunciaba con su pluma la evidente herejía que las Conferencias Episcopales obligaban a decir a los somnolientos católicos cada domingo. Aunque su escrito estaba referido a denunciar la traducción oficial herética del ‘Credo’ francés, lo mismo atañe a la versión española, pues igualmente es heterodoxa. Si bien Maritain se muestra ingenuamente optimista respecto a la buena voluntad de los obispos – “Sé que se corregirá este error en una futura edición revisada”, dice-, merece la pena traer a la lectura de los católicos su escrito para que ilumine el entendimiento de éstos, y se nieguen a profesar una fórmula de fe arriana y condenada por herética.

«Finalmente hay que señalar un  error de traducción que no es solo una inexactitud más o menos grave, sino un error pura y simplemente inaceptable. Sé que se corregirá este error en una futura edición revisada. Pero sé también que la posibilidad de que se corrija rápidamente depende de la fuerza con la que se señale el caso. Con el pretexto de que la palabra “sustancia” y, a fortiori, la palabra “consustancial” son hoy imposibles, la traducción francesa de la misa hace decir a los fieles, en el Credo, una fórmula que es errónea en sí, e incluso estrictamente hablando, herética. Nos hace decir que el Hijo, engendrado, no creado, es “de la misma naturaleza que el Padre”: que es exactamente el ‘homoioousios’ de los arrianos o semiarrianoscontrapuesto al ‘homoousios’ o ‘consubstantialis’, del Concilio de Nicea.

Por rechazar una iota se padeció en aquel tiempo persecución y muerte. Todo esto pertenece al pasado. Peor para ellos si los cristianos rezan hoy el Credo en francés [y en español] usan palabras que suenan, lo sepan o no, a arriano. Lo esencial es que, tratándose de una fórmula sobre las Personas de la Trinidad, se les evite usar una palabra que no es del lenguaje corriente.

Es evidente que para expresar una realidad absolutamente única es necesaria una palabra única. ¿O quizás habrá que sustituir también la misma palabra “Trinidad”, o “Eucaristía”, con palabras del lenguaje de todos los días? Si diciendo la palabra consustancial las personas no saben qué quiere decir, se puede esperar que se lo pregunten al clero, que les recordará el catecismo y el sentido del dogma. Pero si estas personas dicen en el Credo que el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre, no se preocuparán nunca de pedir una explicación, precisamente porque se han elegido palabras que para ellos no tienen ninguna dificultad, que entienden tan fácilmente como cuando dicen, hablando con cualquiera, que un pájaro es de la misma naturaleza que otro pájaro.

¿Qué importa? –se dirá tal vez- se trata sólo de una fórmula. Las personas de las que habla son todos católicos. Desde el momento que lo que piensan sobre el Padre y el Hijo es justo y exento de errores, no importa que para expresarlo usen una fórmula aproximada, que parece errónea cuando se examinan de cerca las palabras que la forman.

La verdad es que importa mucho. Porque, o bien los fieles en cuestión piensan bien usando una fórmula errónea y sabiendo que es errónea: y de hecho esos fieles cuando se llega a la fórmula en cuestión, están obligados a mantener el silencio o a hablar contra su conciencia; o piensan bien usando una fórmula errónea y sin saber que es errónea. En los dos casos se engaña a esos fieles.

Estar obligados a usar palabras engañosas sin saber que son engañosas es estar engañados.

El concilio de Nicea define dogmáticamente el ‘homoousios’ o ‘consubstantialis’,

Añado que los traductores ingleses, seguramente menos sensibles que los franceses a lo que desentona desagradablemente a los oídos de los contemporáneos, no han tenido escrúpulos en usar la palabra consustancial, ni han pensado que los fieles pudieran sin inconvenientes, pensando bien, decir una fórmula que en sí misma está en desacuerdo con la fe católica ».

En el mismo artículo se cita al erudito tomista Etienne Gilson, que incide en condenar la herejía que los fieles católicos se ven obligados a proferir vocalmente por mandato de depravados pastores, que ya no conducen a las sencillas ovejas a los buenos pastos, sino a los envenenados y pestilentes, proscritos hace casi 1700 años.

Bajo el título  “¿Soy cismático?” (2), decía Etienne: “Habiendo siempre cantado en latín que el Hijo es consustancial con el Padre, me parece curioso que esta consubstancialidad se haya cambiado en simple connaturalidad. (…) Dos seres de la misma naturaleza no son necesariamente de la misma sustancia. Dos hombres, dos caballos, dos perros son de la misma naturaleza, pero cada uno de ellos es una sustancia distinta, precisamente porque son dos. Si digo que tienen la misma sustancia, al mismo tiempo digo que tienen la misma naturaleza, pero pueden ser de la misma naturaleza sin ser de la misma sustancia. ¿He de seguir creyendo que el Hijo es consubstancial con el Padre? O, ¿debo creer que es solo de la misma naturaleza? ”. Y añade: “Me niego a decir, con la nueva versión francesa [ y nosotros con la española] de la Misa [de Montini], que el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre. Estoy creando un nuevo cisma.: El de los paleocatólicos de Nicea, que creen que el Hijo es de la “sustancia” del Padre y que ambos son de la misma naturaleza sólo porque son“consubstanciales”.

Maritain había escrito al célebre escritor y amigo suyo, Julien Green, anunciándoles los temas. Y añadía: “Estamos viviendo la peor crisis modernista (…).

Después de la publicación de Le Paysan, el 29 de diciembre del mismo año, Gilson escribía a Maritain para darle la enhorabuena, y le decía: “Me parece que un viento de locura atraviesa en estos momentos la Iglesia. Viento que ha arreciado, ha tomado vigor con los sucesivos obispos romanos y que hoy es ya huracanado; basta comprobar que ya no se confirma en la fe o leer los errores doctrinales contenidos en los discursos del neo magisterio, o bien sufrir el caos espiritual, moral y pastoral en que nos han sumido los neo movimientos aprobados, algunos, ‘ad  experimentum’ sine die. “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”.

Gilson firmó también una carta al teólogo modernista P. Chenu, en la que le  escribió una trágica frase, que refleja el terrible drama de muchas almas que anhelan ser fieles a la doctrina de los Apóstoles y no quieren abandonar jamás las llagas de Cristo, : “Moriré en comunión con la Iglesia en la que nací, pero no estoy seguro de que sea la misma”.

En fin, el oficialismo obsecuente ante una jerarquía desnaturalizada o invertida en el ejercicio de su autoridad, no deja que nadie reaccione ante el error y las herejías que claman al cielo, de la que ésta es sólo una muestra; en otros tiempos los católicos derramaban la sangre, que se convertía en simiente de cristianos; antaño muchos morían por defender la fe, incluso cuando las falsedades eran proclamadas como hoy por la jerarquía; encumbrados pastores silentes y tibios, prestos a  apartar de su ejercicio a cualquier sacerdote que ose afirmar la fe y la liturgia católica.

Cada vez son más proféticas las palabras del gran católico cardenal Pie. «La Iglesia, sociedad sin duda siempre visible, será cada vez más llevada a proporciones simplemente individuales y domésticas (Le Cardinal Pie de A à Z, Éditions de Paris 2005 p.187) »

Porque el Hijo es consustancial al Padre, es verdadero Dios, y la Virgen María es Madre de Dios por haber una sola persona en Cristo: La divina. Si no se confiesa que el Hijo es consustancial al Padre, estamos negando que la Virgen María es Madre de Dios

Cuando el Patriarca de Constantinopla, Nestorio, hombre tachado de mucha piedad y fervor, propuso en uno de sus sermones su teología de las dos personas en Cristo con sus naturalezas, un seglar- entonces los seglares solían conocer su fe y no eran simples mojigatos de sacristía, sino de espiritualidad viril-se levantó de entre los fieles, y deduciendo que de aquella teoría que proferían los labios del ‘piadoso’ heresiarca se concluían otras herejías más, como la negación de que la Virgen María era Madre de Dios, se levantó y a voz en grito le esputó en la cara de Nestorio: ‘Anathema sit’; cuánto anhelamos hoy la fortaleza y la preparación de aquellos seglares, para enfrentarse a la jerarquía herética sin paños calientes. Al momento, como decimos en España, ‘’se armó la marimorena’, y los católicos dejaron de obedecer al piadosísimo, pero grandísimo hereje, Patriarca Constantinopla- el más importante de los patriarcados, después de Roma-. Así el mayor pasó a ser menos que el último, pues a pesar de su pasada y grave dignidad, por su herejía, dejó de ser miembro de la Iglesia y quedó anclado en su falsa piedad. Por desgracia y ante la defección de los pastores, hoy apenas existen seglares capaces de levantarse y huir de la misa moderna en la que colaboran profiriendo la fórmula del credo arriano; algunos son muy devotos y piadosos, como también lo era el heresiarca Nestorio, pero con ignorancia invencible o no, jamás exenta de culpa, colaboran con el neo arrianismo en destruir la fe con apariencias de fervor, incluso a la Madre santísima de Dios, cuya consustancialidad del Hijo con el Padre dejan de confesar en su moderno credo. Adhieren con el sentimentalismo subjetivista –modernismo – a lo que niegan con su voluntad adherida al error en su entendimiento; herejía que confiesan con sus labios domingo tras domingo ¿Puede agradar a la Madre de Dios esa negación a confesar  la consustancial divinidad de su Hijo con el Padre? Desde luego que no, porque se está dejando de confesar, “se quiera o no,se sepa o no”,  a la vez, que Ella es Madre de Dios.

 ¡Misterio de iniquidad! Cada uno se forma su ‘credo’ para su propio gusto y deleite espiritual y  hace caso omiso de la Revelación Pública; es una señal anunciada.

NOTAS

1.publicado por la Revista 30 Días, (año VI n°. 56 p. 32-38,1992)

2.France Catolique, 2-7-65

Anuncios

Un comentario en “La herejía de cada domingo

  1. Pingback: San Atanasio y la crisis actual en la Iglesia (III): Causas de la crisis interna en la Iglesia | Mater Inmaculata

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s