El poder de la Pasión (1)

Sobre la significación de la gracia conferida en el sacramento de la Eucaristía en las palabras “por muchos” y la inadecuada traducción en la consagración del vino en los misales vueltos a lenguas vernáculas, pero aprobados por Roma, en los que se traslada el “pro multis” latino al español “por todos”, hasta el mismo Benedicto XVI escribió, con reiteración, a las Conferencias Episcopales díscolas, desobedientes y sediciosas; y desde la alemana a la francesa, sobresaliendo la española, ninguna le hizo caso. En mi modesta opinión, naturalmente discutible, la insistencia del entonces Pontífice respondía a una profunda inquietud y hasta desasosiego por la posibilidad de que muchas misas celebradas en rito de Pablo VI, debido a la inadecuada traducción de la forma en la consagración del vino, fueran inválidas. No cabe duda de que Benedicto XVI nunca manifestó, públicamente al menos, la cuestión de esa manera; tampoco la planteó en sus cartas con la autoridad necesaria; autoridad que el mismo concilio de 1962 y los papas sucesivos, incluido él y su sucesor, han contribuido a despojársela al Vicario de Cristo para entregarla a la novedosas instituciones eclesiásticas denominadas Conferencias Episcopales. Sea cual fuere el fondo de su alarma, lo cierto es que el asunto hay que analizarlo desde la teología sacramental; porque no estamos hablando de una cuestión baladí, estética y ni siquiera semántica, sino de la validez o invalidez del sacramento que es la fuente de todos.

Los cambios sustanciales en la forma hacen inválidos los sacramentos

Un cambio sustancial en la forma de un sacramento de manera que se altere el sentido, hace inválido dicho sacramento. A saber, decimos que un sacramento es válido cuando éste se realiza e inválido cuando el intento no alcanza el fruto de la gracia propia del sacramento: En la Eucarística la unión con el Cuerpo Místico por la presencia real de Cristo mediante la transustanciación del pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor. Hablamos de ilicitud en la forma cuando se omiten palabras que no son esenciales, o si se añade algo que no cambie el sentido habiendo, sin embargo, alcanzado el fruto: la gracia del sacramento. Pero también pudiera ser la forma ambigua, cuando su significado ofrece duda por algún cambio: supresión, sustitución o añadidura. “En este caso es válido o inválido el sacramento según la intención del ministro que pronuncie las palabras de la forma; válido si las emplea en el sentido del autor del sacramento, Jesucristo, e inválido si las emplea en un sentido sustancialmente distinto” [1]

Un cambio substancial además de producir la  invalidez del sacramento, moralmente constituye pecado grave de sacrilegio por el peligro de la idolatría, adorando a un pedazo de pan y una porción de vino, criaturas, puesto que no ha habido transustanciación, en lugar de a Cristo, vida y Dios nuestro. La ilicitud por una modificación accidental será sacrilegio grave o leve, según sea más o menos notable.

En el Decreto para los Armenios, Bula Exultate Deo, del Concilio Ecuménico de Florencia se define Todos estos sacramentos se realizan por tres elementos: de las cosas, como materia; de las palabras, como forma, y de la persona del ministro que confiere el sacramento con intención de hacer lo que hace la Iglesia. Si uno de ellos falta, no se realiza el sacramento”[2]

Cómo distinguir un sacramento válido de uno inválido

Para distinguir si, respecto a las formas de los sacramentos que han sido modificadas, son válidas o inválidas, podemos considerar tres posibilidades, siguiendo en esto a la Summa Theologiae Moralis- Noldin-Schmit- Vol. tercero – Los Sacramentos; la cual resumimos:

1.- “El error del ministro del sacramento meramente interno, no afecta la forma, con tal que exista intención de hacer lo que hace la Iglesia. Por ejemplo si el error se manifiesta por añadidura de alguna palabra, pero guardada la forma esencial, no vuelve en inválido el sacramento. Pero el error que se añade para viciar la misma fórmula, vuelve inválido el sacramento, por ejemplo si dice: yo te bautizo en el nombre del Padre mayor y del Hijo menor y del Espíritu Santo igual, o si se dice de esta otra manera: en el nombre del Padre increado y del Hijo creado y del Espíritu Santo creado, es fórmula inválida porque el sentido buscado en la forma evangélica promulgada por el Señor, esencialmente, es cambiado”.

2.- Puede ocurrir también que la forma sea dicha de tal manera que dé lugar a dudas o a confusión y que pueda entenderse de varios modos o admitir diferentes interpretaciones. Si el ministro intenta conferirlo con la fórmula errónea con deliberada intención, a propósito, el sacramento es inválido. Un ejemplo de invalidez: yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y, además, en el nombre de la Virgen María. La razón es que, si a juicio del bautizante se necesitasen esas palabras para la validez, sería inválida porque el sentido de la forma no sólo debe ser dilucidado por aquello que las palabras significan en sí mismas, sino además por lo que el ministro intenta significar, pues la presentación de la forma debe ser un acto verdaderamente humano.

3.- Para que sea válido el sacramento es necesario, cuando hay un vicio de lenguaje, ora por impericia del ministro o por precipitación o defecto de lengua, etc., que el sentido de la fórmula, es decir, la significación instituida por Nuestro Señor Jesucristo, lo deduzcan los oyentes con exactitud. Ejemplo: Es válida la siguiente fórmula con una falta gramatical en el género: “hoc est corpus meus, (esto es mi cuerpo); el “mi” debe ser neutro, meum, y no meus, que es masculino. Todo ello, claro está, suponiendo que esta corrupción ha sido producida por ignorancia y no por malicia.

 Resumiendo, y usando de  las mismas  palabras del Papa San Pío V, De Defectibus, capítulo 5, 1 parte: si uno fuera a quitar, o alterar lo que sea en la forma de la consagración del Cuerpo y la Sangre, y en que [por] la alteración misma de las palabras de la [nueva] redacción dejaría de significar lo mismo, aquel no consagraría el sacramento.

Sobre la potestad para cambiar la sustancia de los sacramentos

Cabría preguntarse si la Iglesia tiene algún poder para cambiar la sustancia de los sacramentos. A cuya pregunta no puede responder nuestra inteligencia, sino es sometiéndose a lo que la Iglesia ya ha declarado infaliblemente; esto es:ningún poder compete a la Iglesia sobre ‘la sustancia de los sacramentos’, es decir, sobre aquellas cosas que, conforme al testimonio de las fuentes de la Revelación [la Tradición y las Sagradas Escrituras], Cristo Señor estatuyó debían ser observadas en el signo sacramental…”[Constitución Apostólica Sacramentum Ordinis. DZ 2301].

Además, ningún católico puede negar que los sacramentos fueron instituidos por Jesucristo. El Concilio tridentino en la Sesión VII, canon 1, declara: Si alguno dijere que los sacramentos de la ley no fueron instituidos por Cristo Nuestro Señor…, sea anatema”.

Dado que la Iglesia no puede cambiar las formas sustanciales de los sacramentos, de una parte, pero por otra aparece cierta variedad en la administración a través de los siglos, es legítimo  tratar de explicar estos matices. En  tres opiniones teológicas se podrían resumir las respuestas a este tema:

La primera sostiene que Cristo determinó la materia y la forma tal como hasta hoy (antes de la reforma sacramental de Pablo VI, por supuesto) la conocemos. La segunda defiende que Cristo determinó la materia y la forma, pero admite la potestad de la Iglesia para añadir otros elementos que vengan a ser también esenciales. La tercera opinión piensa que Cristo sólo determinó en los sacramentos la gracia que había de ser significada y algunos elementos esenciales del signo, dando potestad a la Iglesia de una determinación a posteriori.

La primera opinión no explica los matices habidos en decurso de los siglos, sin embargo es fiel a los cánones citados más arriba. La segunda también es fiel a la doctrina infalible porque no sostiene la mutabilidad de la esencia determinada por Cristo, sino que confiere a la Iglesia sólo la posibilidad de añadir algún elemento esencial más a los de Cristo, sin mover lo fundacional, y sin cambiar un ápice la significación. La tercera es algo más discutible, sin embargo se ciñe igualmente a los cánones, ya que no niega los elementos esenciales que en las Escrituras están bien determinados; cabe decir que sopesa más una fuente de la Revelación, las Sagradas Escrituras, no ponderando suficientemente la otra fuente, la Tradición. Hay que señalar también que, aún con sus diferencias, las tres coinciden en que Cristo determinó la gracia que debía ser significada. Este asunto es de suma importancia, como veremos, y la clave del análisis sobre la nueva forma de consagración en las lenguas vernáculas del Novus Ordo Missae, más conocida como la nueva misa o misa de Pablo VI o rito ordinario.

Sobre si está definida la forma de la consagración del pan y del vino

Puede preguntarse alguien si la forma de la consagración está definida para el rito romano. Desde luego que sí, y respondemos:

En el Concilio Ecuménico de Florencia, Cantate Domino, 1441 “…la Iglesia romana, fundada en la autoridad y doctrina de los Apóstoles (…) en la consagración del Cuerpo, usa de esta forma de palabras: este es mi Cuerpo; y en la de la sangre: PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DEL NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO, MISTERIO DE FE, QUE POR VOSOTROS Y POR MUCHOS SERÁ DERRAMADA EN REMISIÓN DE LOS PECADOS”.

En el decreto De Defectibus, del Papa San Pío V, cap. 5.1ª, encontramos las mismas palabras:“Las palabras para la consagración, que son la FORMA para este sacramento, son estas: ESTE ES MI CUERPO; y:PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DEL NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO, MISTERIO DE FE, QUE POR VOSOTROS Y POR MUCHOS SERÁ DERRAMADA EN REMISIÓN DE LOS PECADOS”

Los ritos orientales son válidos porque la forma significa la gracia del sacramento

Una objeción más puede plantearse en los siguientes términos: “De acuerdo, pero lo anterior no significa que en otros ritos católicos, fuera del romano, la fórmula de consagración sea distinta y aún válida.

Veamos, pues, ahora, como la forma de consagración del vino en los ritos orientales reconocidos como válidos, en los que encontramos ligeras variaciones debido seguramente a la adaptación lingüística, se entiende de la misma manera que en el rito romano y  significan claramente  la gracia del sacramento, es decir, la unión de los fieles con Cristo, igual que en el rito romano tradicional, conservando sin variación, las palabras “por muchos”. Porque como hemos visto más arriba, si las palabras no significaran la gracia querida por Cristo al instituir el sacramento, éste sería inválido:

LA LITURGIA DE ARMENIA: “… porque por vosotros y por muchos será derramada en la expiación y el perdón de los pecados”.

LA LITURGIA BIZANTINA: “… porque por vosotros y por muchos será derramada en remisión de los pecados”.

LA LITURGIA COPTA: “… porque por vosotros y por muchos será derramada en remisión de los pecados”.

LA LITURGIA ETÍOPE: “… porque por vosotros y por muchos será derramada en remisión de los pecados”.

LA LITURGIA DE MALABAR: “… porque por vosotros y por muchos será derramada en remisión de los pecados”.

LA LITURGIA MARONITA: La forma es idéntica a la que siempre fue usada en el rito romano tradicional. Esta Liturgia es la única en la actualidad que en su Liturgia usa la lengua aramea.

LA LITURGIA DE SIRIA: “Esta es mi sangre, de la Nueva Alianza, que será derramada y ofrecida para el perdón de los pecados y la vida eterna de vosotros y de muchos”.

La forma de la consagración consta en las Sagradas Escrituras y en la Tradición

Como bien se sabe, la palabras de la consagración del vino que hemos citado más arriba en la forma del rito romano están tomadas, ora de las Sagradas Escrituras, ora de la Tradición:

  •  Éste es el Cáliz: se encuentran en San Lucas 22,20 y en San Pablo 1 Cor. 11,2
  • De mi sangre, del nuevo testamento, que será derramada por vosotros y por muchos para remisión de los pecados: Se encuentran en San Lucas 22,20 y San Mateo 26,27-28.
  • Eterno: proviene de la Tradición. Se refiere a la heredad eterna que Cristo nos consiguió con su muerte..
  • Misterio de Fe: Proviene de la Tradición, custodia e intérprete de la verdad católica. Indican la necesidad de creer lo que está velado para nuestros sentidos, pero manifiesto por la fe. El papa Inocencio tercero dice que es de Tradición Apostólica y con él lo firma Santo Tomás de Aquino, entre muchos otros

Las palabras “por vosotros y por muchos” de San Mateo y San Lucas, fueron unidas por Inspiración del Espíritu Santo, para significar el fruto de la Pasión de Cristo. Cambiar la palabra “muchos” por la novedosa “todos”, donde aquélla significaba los frutos de la Eucaristía queridos por Cristo mismo, ni se puede fundamentar en las Sagradas Escrituras, ni en la Tradición de la Iglesia, y lo que es más grave, cabe legítimamente preguntarse si esas nuevas palabras, “por todos”, mutan la significación esencial de la gracia intentada, en cuyo caso no produciría la  gracia que significan, según definición, ex cáthedra, del Papa León XIII, Apostolicae Curae, 13 de septiembre de 1896: “Y todos saben que los sacramentos de la nueva Ley, como signos que son sensibles y que producen la gracia invisible, deben lo mismo significar la gracia que producen, que producir la que significan”.

El fruto de la pasión está significado en las palabras “…por muchos…”

Por esa razón, gravísima, nos dice el Catecismo Romano, también llamado de Trento:..” Porque considerando su eficacísima virtud , debemos admitir que Cristo derramó su sangre por la salud de todos; más si atendemos al fruto que de ella consiguen los hombres[ este fruto debe ser en el sacramento la gracia significada por las palabras], habremos de admitir que no todos la participan efectivamente, sino sólo muchos…Por consiguiente, al decir Cristo ‘ por vosotros’ significó a los apóstoles, excepto Judas, y a los elegidos entre los judíos, como discípulos suyos. Y al añadir ‘por muchos’, quiso referirse a todos los demás elegidos, tanto judíos como gentiles. Con razón no dijo ‘por todos’ [esto no se encuentra ni en las Sagradas Escrituras ni en la Tradición] tratándose de los frutos de su pasión, que sólo los elegidos perciben. En este sentido deben entenderse las palabras de San Pablo ‘Cristo, que se ofreció una vez para soportar los pecados de todos, por segunda vez aparecerá, sin pecado, a los que esperan para recibir la salud’(Hb 9,28). Y aquellas otras del mismo Señor: ‘Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que Tú me diste, porque son tuyos” (Jn.17,9). [3].

En el “Tratado sobre La Santa Eucaristía”, afirma la misma doctrina católica San Alfonso Mª de Ligorio, diciendo: “Las palabras por vosotros y por muchos son usadas para distinguir la virtud de la Sangre de Cristo de los frutos: pues la Sangre de Nuestro Salvador tiene valor suficiente para salvar a todos los hombres pero sus frutos sólo son aplicables a un cierto número y no a todos, y esto por su propia culpa…”

A estas alturas del artículo alguien se preguntará todavía ¿Pero son esenciales las palabras que siguen a “este es el Cáliz de mi Sangre”? Esta cuestión ya se resolvió teológicamente hace más de siete siglos. Leamos a Santo Tomás, respondiendo a esta y otras objeciones semejantes:

Santo Tomás va a responder a las objeciones por las que parece que las palabras: éste es el cáliz de mi sangre, del nuevo y eterno testamento, misterio de fe, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados, no son la forma adecuada de la consagración del vino.

Responde: Acerca de esta forma hay dos opiniones. Unos, efectivamente, afirmaron que lo esencial de esta forma está constituido por las palabras: éste es el cáliz de mi sangre, y no por lo demás. Pero esta opinión no parece exacta porque las palabras que siguen son determinaciones del predicado, o sea, de la sangre de Cristo, y por ello pertenecen a la integridad de la frase.

Por eso otros, con mejor criterio, sostienen que todo lo que sigue pertenece a la esencia de la forma, hasta la proposición: cada vez que hiciereis esto, que pertenece al uso de este sacramento, por lo que esta proposición ya no es de la esencia de la forma. Y es por esto por lo que el sacerdote pronuncia todas las palabras que siguen con el mismo rito y con el mismo gesto, o sea, teniendo el cáliz entre las manos. Por otra parte, también en Lc 22,20 se intercalan las palabras que siguen entre las palabras de la primera parte, cuando se dice: Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre.

Hay que decir, por tanto, que todas estas palabras pertenecen a la esencia de la forma. Pero las primeras palabras: Este es el cáliz de mi sangre, significan precisamente la conversión del vino en la sangre, del modo que ya se dijo (a.2) en la forma de la consagración del pan. Y las palabras siguientes designan el poder de la sangre derramada en la pasión, un poder que se efectúa en este sacramento. [4]

Santo Tomás supone esta objeción segunda: Aún más, no son de mayor eficacia las palabras que se dicen para la consagración del pan que las que se dicen para la consagración del vino, ya que las unas y las otras son palabras de Cristo. Pero inmediatamente de decir: Esto es mi cuerpo, queda realizada la consagración del pan. Luego nada más decir: Este es el cáliz de mi sangre, queda realizada la consagración de la sangre. En cuyo caso, no parece que las palabras que siguen sean parte esencial de la forma, tanto más cuanto que pertenecen a las propiedades de este sacramento. [5]

Ante la cual responde: Puesto que, como se ha dicho ya (ad 1; q.76 a.2 ad 1), la sangre consagrada por separado representa claramente la pasión de Cristo, el efecto de la pasión debía ser mencionado mejor en la consagración de la sangre que en la consagración del cuerpo, que es el que padeció. Lo cual también se indica cuando el Señor dice: que será entregado por vosotros, como queriendo decir: que por vosotros será sometido a la pasión[6]

Santo Tomás supone esta objeción: Las palabras de las formas no son palabras simples, sino compuestas de frases, y que no se pronuncian simultáneamente, sino de modo sucesivo. Ahora bien, la conversión, como se ha dicho ya (q.75 a.7), es instantánea, por lo que debe realizarse por un poder simple o indiviso. Luego no se realiza por el poder de estas palabras.[7]

Ante la cual responde, que el significado queda realizado con la última palabra. Las palabras con que se hace la consagración actúan sacramentalmente. Por tanto, el poder conversivo que hay en las formas de este sacramento sigue al significado de las mismas, un significado que queda realizado con la pronunciación de la última palabra. Por eso, en el último instante de la pronunciación de las palabras, estas palabras reciben el poder instrumental. Pero en relación con lo que precede. Y este poder es simple con respecto a lo que significan, aunque en las palabras proferidas externamente haya una cierta composición. [8]

Sobre cuál es la gracia del sacramento de la Eucaristía que se significa.

Pero ¿Cuál es, pues, la gracia del sacramento de la Eucaristía? Para Santo Tomás de Aquino es la unidad del cuerpo Místico: Ahora bien, ya hemos dicho que la cosa significada [de la Eucaristía] es la unidad del Cuerpo Místico sin la que no puede haber salvación, ya que fuera de la Iglesia no hay salvación” [9].

También la Iglesia entera lo proclama: Ya también, porque conviene para significar el efecto de este sacramento, que es la unión del pueblo cristiano con Cristo”[10].

En la misma parte, cuestión y artículo dice el Santo Doctor:La gracia producida por la eucaristía (la unión de los fieles con Cristo o la unidad del Cuerpo místico), debe distinguirse cuidadosamente de la Eucaristía misma: “el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Cristo”.

Tanto el Concilio de Florencia, Santo Tomás de Aquino y muchos otros teólogos enseñan que la gracia producida por la Eucaristía es la unión de los fieles con Cristo. Santo Tomás llama a esta gracia “la unidad del Cuerpo místico”. La gracia producida por la Eucaristía (la unión de los fieles con Cristo o la unidad del Cuerpo místico), debe distinguirse cuidadosamente de la Eucaristía misma: “el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo”. Puesto que la unión de los fieles con Cristo es la gracia producida por el sacramento de la Eucaristía – o lo que también se llama la realidad del sacramento o la gracia propia del sacramento de la Eucaristía – esta gracia debe estar significada en la forma de la consagración para que sea válida, como enseña el Papa León XIII [11 ]

Examinemos ahora la forma de consagración del vino en el Santo Sacrificio de la Misa Católica de siempre, y en la de pablo VI según las lenguas vernáculas a la que se ha traducido, que dicen así:

MISA CLASICA: porque éste es mi Cuerpo. porque éste es el Cáliz de mi Sangre, del nuevo y eterno testamento, MISTERIO DE FE, QUE POR VOSOTROS Y POR MUCHOS SERÁ DERRAMADA EN REMISIÓN DE LOS PECADOS

MISA DE PABLO VI: Porque éste es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, [se suprimió Misterio de Fe y se trasladó fuera de la consagración] que será derramada por vosotros y POR TODOS LOS HOMBRES PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS”

Tratemos de encontrar en la forma de la consagración del vino en la Misa Tradicional las palabras que signifiquen que, quien la recibe se une más estrechamente a Cristo. Vayamos por partes.

Que las palabras NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO no significan la gracia de unión con el Cuerpo Místico de Cristo, es evidente,  puesto que más bien significan que los antiguos sacrificios eran figuras del decreto eterno y propiciatorio del Sacrificio de Jesucristo.

Las palabras MISTERIO DE FE significan el objeto de la fe: la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, como dice Santo Tomás y enseña el magisterio de Inocencio III, pero no la unión con Cristo.

Las palabras SERÁ DERRAMADA significan el verdadero Sacrificio, pero no la unión de los fieles con Cristo, huelga apuntarlo, pues como hemos dicho más arriba, la sangre derramada por Cristo es infinitamente sobreabundante para la salud de todos, pero no a todos aprovecha.

Que por las palabras POR VOSTROS Y POR MUCHOS EN REMISIÓN DE LOS PECADOS, sí se significa la gracia de unión con Cristo: Porque la remisión de los pecados es condición sine qua non para incorporarse al Cuerpo Místico de Cristo; porque por esa remisión deviene la justificación. Son, pues, estas las palabras en la forma de la Consagración Católica que significan la gracia del sacramento, la unidad del Cuerpo Místico de Cristo, sin la que nadie puede salvarse.

Prescindamos, para el objeto de este artículo, de que en la forma de la  consagración en la nueva misa han sido suprimidas las palabras ‘Misterio de  Fe’, de Tradición Apostólica según el Papa Inocencio III y el eximio doctor de la Iglesia, Santo Tomás; prescindamos, igualmente, de que las palabras han adquirido un tono narrativo, y centrémonos sólo en si  estas  palabras, como signos que son sensibles y que producen la gracia invisible, deben lo mismo significar la gracia que producen, que producir la que significan, porque si no significan la gracia que producen no hay sacramento.

Las palabras en la nueva misa POR VOSOTROS Y POR TODOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS no significan la gracia propia del sacramento; la unión de los fieles con Cristo. Porque no todos los hombres forman parte del Cuerpo Místico. Ni todos los hombres están unidos a Cristo, ni todos los hombres están justificados; porque, además, la Eucaristía es un sacramento de vivos; es decir, se requiere la gracia para recibirla dignamente; si no se tiene la gracia santificante, como dice san Pablo, el comensal se come su propia condenación. Y “Ahora bien, ya hemos dicho que la cosa significada [de la Eucaristía] es la unidad del cuerpo místico sin la que no puede haber salvación, ya que fuera de la Iglesia no hay salvación”, usando las expresiones de Santo Tomás.

 El Papa León XIII, Apostolicae curae, 1896, nos dice de forma infalible, declarando la invalidez del sacramento del orden de los anglicanos, pero aplicable a cualquiera de los siete sacramentos: “Esa forma no puede ser considerada apta o suficiente para el sacramento si omite lo que debe significar esencialmente”.

Porque la invalidez conduce a la adolatría, la primera obligación es preguntarse si es sacramento válido

Pues parece legítimo preguntarse, a la vista de este análisis, si en la nueva misa se omite la gracia propia del sacramento que Cristo quiso se significara, parte esencial. ya que el entendimiento, a primera vista, no puede comprender con claridad la gracia de unión significada: la unión en el Cuerpo Místico, sino más bien el error de que todos los hombres se salvan o que por el sólo hecho de la Redención ya forman todos parte del Cuerpo Místico. Si la intención de la sustitución de las palabras :‘’por muchos’, dichas por Cristo, y conservadas por la Tradición’, por la novedad traducida: “por todos” es que, todos forman parte del Cuerpo Místico, es claro que no hay sacramento válido, ya que no se significa lo querido por Cristo; ni tampoco es esa la fe de la Iglesia; por lo tanto en dichas ´misas´ se estaría cometiendo, además, pecado de idolatría; porque al no haber transustanciación se adoraría al pan y al vino; y no a Dios.

Pero, concediendo que sea una expresión ambigua, que pueda entenderse de varios modos o admitir diferentes interpretaciones; si el ministro intenta conferirlo con la fórmula errónea con deliberada intención, a propósito, el sacramento es inválido.  De lo contrario, podría ser válido, si el ministro tiene la intención de la Iglesia, es decir la ya definida infaliblemente. Concedamos también que sea un defecto de las lenguas vernáculas, y/o de la impericia de los obispos, de las comisiones de nacionales episcopales y de los dicasterios romanos competentes, que ya es mucho conceder; entonces ” Para que sea válido el sacramento es necesario cuando hay un vicio de lenguaje, ora por impericia del ministro o por precipitación o defecto de lengua, etc.,  que el sentido de la fórmula, es decir, la significación instituida por nuestro Señor Jesucristo, lo deduzcan los oyentes con exactitud. Ahora bien, todo el mundo sabe que nuestra hermosa lengua carece de ese defecto y que existe la palabra “muchos” cuyo significado es bien distinto de “todos”; pero concedamos de momento, aun quitándose uno la cabeza en lugar del sombrero, al contrario de Chesterton.

Para asegurar que estas concesiones a la validez de la nueva forma de consagración nos llevara a buen puerto, es decir, a confirmar la gracia propia del sacramento,  antes habría que confirmar dos aspectos:¿Los ministros que consagran con la nueva forma tienen la misma fe de la Iglesia de siempre?, y ¿los fieles asistentes a la misas nuevas deducen con claridad, certeza y exactitud la intención querida por Cristo, a través de las novedosas palabras “por todos’? Si a la primera la respuesta es ‘no’, el sacramento es inválido; si a la segunda se responde igualmente ‘no’, aunque a la primera se respondiese que ‘sí’, el sacramento es inválido con probabilidad, ilegítimo o dudoso. Sólo si se responde con síes a las dos, la nueva forma, aún con la ambigüedad producida por la sustitución de las palabras dichas por Jesucristo, puede ser válida. Pero ¿tienen o no tienen los sacerdotes de hoy la fe de la Iglesia? Y los fieles ¿entienden con la expresión ‘por todos’ la verdadera gracia del sacramento que Cristo quiso? De las  respuestas que demos dependerá la alícuota parte de riesgo de invalidez de las consagraciones en las nuevas misas. Mas eso será objeto de una segunda parte, Dios mediante; y que deseo sea  más breve que ésta.

Sofronio

Notas

(1)   Cometario al Catecismo Romano. Pedro Martín BAC pag .326. (Aguirre –Zabalda. Compendio de Teología Moral (Bilbao 1954; pag. 445-447.
(2)   Dz. 695.
(3)   Catecismo Romano. PII, V. B.A.C. 1956
(4)   Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, , Pt. III, C. 73, A3
(5)   Ibid.
(6)   Ibid.
(7)   Ibid.
(8)   Ibid.
(9)   Suma Teológica III Qu.73 a.2
(10) Denzinger 698
(11) Papa León XIII, Apostolicae curae
 
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