El poder de la Pasión (y 2)

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En la Misa Tradicional la significatio ex adiuntis, es decir, la obviedad necesaria y la expresión de una exacta intención que avalan el fruto intentado: la gracia propia del sacramento es segura moralmente

Al objeto de esta segunda parte del artículo no vamos a insistir más sobre la legitimidad de los fieles a poner en duda que la nueva forma de consagración en el nuevo rito, a la luz del perenne magisterio de la Iglesia y los santos doctores, signifique la gracia del sacramento. Atengámonos exclusivamente a considerar que, cuanto menos, se debe reconocer la ambigüedad de la nueva forma, asunto demostrado en la parte primera de éste escrito. Por lo tanto, será necesario discernir sobre la verdadera intención del ministro.

La intención debe ser externa e interna y ambas son necesarias para la confección válida del sacramento.

Ortega y Gasset decía: “No todo decir expresa sin más, lo que queremos decir. Sería ilusorio pensarlo. El lenguaje no da para tanto”. “Es la  servidumbre del lenguaje humano”. Por lo tanto, cuando las formas de los sacramentos son sensibles a la ambigüedad o a interpretaciones heterodoxas, encuentran primero en el contexto litúrgico, en  el rito al fin y al cabo, la significatio ex adiuntis, es decir, la obviedad necesaria y la expresión de una exacta intención que avalan el fruto intentado: la gracia propia.

Respecto al fin último de la Misa: La adoración a la Stª Trinidad, dicen los cards. Octtaviani y Bacci: la adoración a la Santísima Trinidad, desapareció en la nueva misa; desapareció en el Ofertorio, pues la plegaria “Recibe oh Trinidad Santa…” ha sido eliminada; desapareció en la conclusión aquella: “Séate agradable, oh Trinidad Santa…”; se eliminó en el Prefacio, etc.

Respecto al fin ordinario de la Misa, que es propiciatorio, ya no se pone más el acento en la remisión de los pecados, sea de los vivos, sea de los difuntos, sino en la nutrición y santificación de los presentes (nº 54 del N.O.M.).

Francisco merienda con rabinos

“Por todos” significa la salvación, de hecho, de los infieles también; hoy mejor tratados por Francisco que los verdaderos católicos

Sean suficientes estos pocos ejemplos, junto al regalo hecho por los reformadores a obsesión de Lutero de destruir el Ofertorio, verdadera catequesis sobre la intención y fines del Santo Sacrificio de la Misa, junto al resto del Canon Missae,  entre muchísimos de los cambios habidos en la nueva sinaxis, para tener  evidencia de que, objetivamente, la significatio ex adiuntis, expresa una intención distinta a la gracia del sacramento querida por Jesucristo. Luego ¿Cómo sería posible que un sacerdote verdadero, usando la verdadera materia del Sacramento, pronuncie las verdaderas palabras de la forma, pero todo el contexto litúrgico se oponga a la intención supuestamente ortodoxa que tuvo al pronunciar esa forma, y aún así se diga que realiza el Sacramento? Esto no es fácil de explicar para los novusordistas. Lo que iba a ocurrir abandonando la Tradición apostólica del Rito Romano, lo profetizan los cards. Octtaviani y Bacci: “Eliminado el eje cardinal, se inventan vacilantes estructuras; echados a pique los verdaderos fines de la Misa, se mendigan fines ficticios. De aquí que aparecen los gestos que en la nueva Misa deberían expresar la unión entre el sacerdote y los fieles, o entre los mismos fieles; aparecen las oblaciones por los pobres y por la Iglesia que ocupan el lugar de la Hostia que debe ser inmolada. Todo esto pronto caerá en el ridículo, hasta que el sentido primigenio de la oblación de la Única Hostia caiga poco a poco completamente en el olvido; así también las reuniones que se hacen para celebrar la inmolación de la Hostia se convertirán en conventículos de filántropos y en banquetes de beneficencia”.

¿Qué piensan los ‘expertos’ conciliares? Uno de los peritos del Concilio V. II, aunque no él único, en un arrebato de sinceridad, declaró: “El cambio litúrgico ha sido tan repentino, es tal radical, que es necesario hablar de crisis…”, y añadía: “En verdad, es otra la liturgia de la Misa. Es preciso decirlo sin ambages, el Rito Romano tal como nosotros lo hemos conocido, no existe ya. Ha sido destruido” (4).

¿Qué expresa, pues, la significatio ex adiuntis, de la nueva misa? Lo que sus creadores dicen de ella misma. Por ejemplo, el Nuevo Misal Francés: “No se trata de añadir exterior e interiormente una Misa a la otra ya bien celebrada, que obtienen la Gracia de Dios [se refiere al Rito Tradicional del que confiesa que existe la gracia del sacramento]Se trata [con el nuevo rito] simplemente de hacer memoria del único sacrificio ya efectuado, del Sacrificio perfecto en el cual Cristo se ofrece a sí mismo, y de reunimos a comulgar juntos, haciendo nuestra la oblación que El hizo a Dios de su propia Persona, para nuestra salud” (5). Es decir, según parece, la Misa ya no es un Sacrificio que renueva incruentamente el Sacrificio del Calvario. Es solamente una “memoria”, un recuerdo del pasado Sacrificio de Cristo. Pero si losnovusordistas quieren seguir empeñados en afirmar que la forma “..derramada por todos…” tiene el mismo significado que “…derramada por muchos…”; dejémoslos de momento en sus’ trece’ y pasemos página, no sin antes concluir por mi parte que, dicha nueva forma quiere evitar toda sombra del dogma católico de la predestinación: la gracia significada en el sacramento conexa con aquella verdad; e insinuar la doctrina heterodoxa contraria: la universalidad, de hecho, de la salvación para todos; herejía que predicó incansablemente, cum laude, Juan Pablo II (6) .

Luego, si el nuevo rito no expresa externamente con certeza la gracia del sacramento, será necesario discernir la intención interna de los ministros, para lograr adquirir un cierto juicio sobre si se confecciona o no el sacramento; intención interna que sólo cabe juzgar por el fuero externo; es decir, de lo que ellos mismos hacen o dicen en público sobre lo que su voluntad pretende.

Ya en el siglo XIII, Prepositino, Gillermo de Auxure y otros resumieron el mínimo exigido de intención objetiva con la expresión facere quod facit Ecclesia (que es común expresarlo así: hacer lo que hace la verdadera Iglesia). En el siglo XVI se suscitó el siguiente escolio: si la intención debía ser interior o la sola externa era suficiente, es decir,: a) si bastaba el dirigir la voluntad a la realización del signo externo o,  b) si el ministro debía querer ese signo en cuanto símbolo santo común entre los cristianos, es decir, querer la intención de Cristo. El dominico Ambrosio Catarino defendió la primera posición; sin embargo es una opinión claramente errónea, porque el ministro no obra como servidor de N. S. Jesucristo sólo cuando tiene intención de cumplir el rito o ceremonia externa. La razón es fácil de entender: “Como el administrador visible de los sacramentos no es arrojado por Cristo como una piedra o un trozo de madera, sino que sigue siendo libre y responsable de sus actos para que su actividad sea humana, debe insertarse libremente en la actividad de Cristo, aceptar en su voluntad. Sólo mediante esa unión voluntaria con Cristo se convierte aquí y ahora el hombre interiormente cualificado para ello en instrumento de Cristo. El hombre es utilizado por Cristo para instrumento de la administración de sacramentos, sólo cuando él se deja utilizar. Tal voluntad (la del ministro) comprende en sí la decisión de hacer el signo sacramental y la intención de hacerlo como signo de Cristo. Sin esa voluntad no se realiza el sacramento” (7). (Concilio de Trento, sesión 7ª, canon 11). Sólo por la intención de hacer un signo de Cristo adquiere el signo externo su sentido claro y evidente, de forma que pueda significar y causar gracia” (parte de la definición de sacramento).

Veamos un principio a tener en cuenta sobre la intención interna, omitiendo detenernos en los demás, que no afectan al tema presente tan directamente:

Para tener la intención de hacer lo que hace la Iglesia, es suficiente que el ministro quiera realizar no meramente un rito externo (intención externa), sino precisamente este rito- no cualquier otro – para que, poniéndolo, quiera positivamente aquello que quiere la Iglesia (intención interna). No confeccionaría un sacramento aquel que positivamente no quisiese hacer lo que Cristo instituyó o la Iglesia católica hace. Igualmente no realiza un sacramento aquel que sólo quisiese poner el rito externo, esto es, poner esta materia y pronunciar estas palabras. Igualmente no confecciona el sacramento aquel que sólo quisiese poner el rito externo, por ejemplo del bautismo, o ponerlo para otro fin, por ejemplo delavar como hacen los Testigos de Jehová, en ríos, mares y piscinas, o con intención de juego, irrisión, ejercicio físico, o con intención mímica en un teatro. Por lo tanto, el hereje que por error piensa que no existen los sacramentos, o que los sacramentos no conceden la gracia, puede, sin embargo, bautizar válidamente o consagrar, [sólo] si quisiese hacer lo que hizo Cristo. Es más, un infiel bautiza válidamente, con tal que quiera realizar el rito que los cristianos tienen por sagrado, o sea que quiera hacer lo que hacen los cristianos (8). Pero el fin del sacramento con la nuevas palabras de la consagración no parece, según lectura literal, el querido por Cristo en el sacramento: la unión con el Cuerpo Místico de los elegidos, sino más bien, como dice Romano Amerio en su obra Iota Unum, silenciar el dogma de la predestinación y resaltar la salvación para todos, de hecho. Parece, pues, que el cambio en las palabras de la consagración es un error – pues el fin ofrece muchas dudas sobre si es el mismo querido por Cristo y la Iglesia, desde los Apóstoles- y además pertinaz, ya que las Conferencias Episcopales han sido advertidas de la situación por la Congregación competente romana y por Benedicto XVI, reaccionando con sedición. Siendo obligación primera del católico preguntarse sobre la validez, porque el error que se añade para viciar la misma fórmula, vuelve inválido el sacramento o al menos suscita graves dudas sobre su apropiada confección, más si no se quiere corregir, no es nada insólito que muchos, verdaderamente católicos, no asistan a las nuevas misas.

Concedamos, y ya es demasiado, que esta nueva forma de la consagración del vino sólo dé lugar a dudas o a confusión y que pueda entenderse de varios modos o admitir diferentes interpretaciones. Preguntémonos, pues ¿Cuál es la intención interior de los ministros al pronunciar la forma, según sus propias declaraciones ad extra?

Entre muchos, un ejemplo tomado de los sacerdotes:

“(El obispo) ha abierto las puertas para que se «recupere pastoralmente» un preocupante error teológico: confundir la adoración con la comida eucarística. El Vaticano II fijó con toda claridad que la razón de ser, primera y fundamental, de la Cena del Señor es ser comida y alimento para todos los cristianos y que el acento hay que ponerlo en ello siempre y en toda circunstancia (Cf. SC 55). Además, en un tiempo como el nuestro, en el que se ha universalizado la voluntad ecuménica (ya sea como «regreso a la única casa» o como «diversidad reconciliada»), no es momento ni ocasión para activar (y menos institucionalmente) una práctica piadosa, marcadamente preconciliar y de dudoso alcance ecuménico”. (Foro de curas de Vizcaya)

Los errores dogmáticos son muchísimos en tan pocas palabras, en los que no vamos a detenernos ahora; pero además, el fin de la Cena del Señor, como les gusta llamar a la Misa, está sometido a su afán ecuménico, reconociendo que ése fue el propósito del conciliábulo. Nótese la negación del dogma de la predestinación en la palabra ‘todos’ que, dada su intención ecuménica, incluye a los herejes, cismáticos y seguidores de las falsas religiones.

Entre muchos, un ejemplo tomado de obispos y cardenales

En 2002 Müller publicó el libro “La Misa, fuente de la vida cristiana” (St. Ulrich Verlag, Ausburg) en el cual habla del Santísimo Sacramento. Pero desaconseja el uso de términos “cuerpo y sangre” para los dones eucarísticos. Según Müller estos términos podrían producir “malentendidos”:

“Cuerpo y sangre de Cristo no significan las partes físicas del hombre Jesús durante su vida o en su cuerpo glorificado”, el obispo explica: “Cuerpo y sangre significan aquí específicamente una presencia de Cristo en el signo mediato del pan y del vino”.

La Santa Comunión expresa, según Müller, “la comunión con Jesucristo, mediante la consumición de pan y vino”.

Él compara esto con una carta que puede significar una amistad entre dos personas: “Ante el destinatario puede, por así decir, representar e indicar el afecto del emisor”. Müller explica el pan y el vino eucarísticos como simples “signos de la presencia salvífica de Jesús”.

Monseñor Müller, actual prefecto Prefecto del ex Santo Oficio, ilustra el concepto de “transubstanciación” así:

“La esencia del pan y del vino debe ser definida en un sentido antropológico. El carácter natural de estos dones (pan y vino) como frutos de la tierra y del trabajo humano, como productos naturales y culturales, consiste en la designación del alimento de las personas y de la comunidad humana en el signo de una comida común (…). El ser natural del pan y del vino es transformado por Dios en el sentido que este ahora demuestra y realiza la comunión salvífica”.

Muller niega la Presencia real de Jesús Vivo y Verdadero en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía: es sólo una transformación del pan y del vino en un signo; según él, el  signo de la comida y el descanso de los hombres, pan y vino, es transformado en un signo de unión fraterna la comunidad humana; nada hay en este texto sobre la gracia del sacramento: la unión con Cristo; sólo “El ser natural del pan y del vino, signo, es transformado por Dios en otro signo antropológico”, no es un cambio de la sustancia del pan y del vino. No es que la sustancia del pan y del vino desparezcan y se ponga el Cuerpo y la Sangre de Cristo, junto con Su Alma y Su Divinidad. Es más bien, cambiar eso material en algo ‘divino’: la comunidad humana, bendecida por Dios, permaneciendo la cosa material, el pan y el vino. No existe, en su creencia,  transustanciación alguna sino, ora impanación ora transignificación. Se mueve más bien apoyándose ahora en Lutero, luego en  Calvino ¡He aquí el máximo defensor de la Fe católica, luego de Bergoglio!

Cuando Müller recita las palabras nuevas de la consagración ¿Tiene la intención interior de  conferir la gracia de unión del sacramento, prenda de los predestinados, fin querido por Cristo? Expresado de otra manera: ¿Tiene la misma intención de la Iglesia católica, es decir, la tenida por San Pablo y San Pedro, San Cipriano,  San Atanasio, San  Agustín, Santo Tomás, San Pío V,…Nicea, Efeso, Trento …de conferir la gracia del sacramento, o sólo la intención de significar una unión antropológica? Si lo segundo, no se confecciona el sacramento. Si lo primero, es decir, si tiene la misma intención interior de ellos sinceramente, aún con obvio error en la fe, ya que la suya es diferente a la de todos los santos a través de los siglos, el sacramento se confecciona válidamente, pero ilegítimamente, porque no está permitido a un cristiano acudir a recibir los misterios de manos de los herejes, salvo necesidad .Ergo, cuando hay dudas, el católico debe escoger el camino seguro para no participar en el peligro grave de sacrilegio; grave o leve, según las notabilidad del cambio accidental y circunstancias.

Müller, ejemplo traído entre muchos obispos, cae, por otra parte, en el siguiente censura: “Si alguno dijere que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo y de toda la sustancia del vino en la Sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia Católica aptísimamente llama transustanciación, sea anatema [cf. 877]”.(Concilio de Trento -Can. 2.).

Entre varios, un ejemplo tomado entre los que llegaron a ser papas postconciliares:

 “La devoción eucarística tal como se manifiesta en las visitas silenciosas que hacen los devotos en las iglesias no debe considerarse como una conversación con Dios. Esto supondría que Dios está presente allí localmente de una manera espacialmente confinada”. ..  “Justificar esto muestra una falta de comprensión de los misterios cristológicos del mismo concepto de Dios. Lo cual repugna a un pensamiento maduro del hombre que conoce la omnipresencia de Dios. Ir a la iglesia creyendo que uno puede visitar a Dios presente allí, es un sin sentido que el hombre moderno con razón rechaza”(9). (Ratzinger, luego Benedicto XVI. Die Sakramentale Begrundung Christlicher Existenz 1966, Kyrios Publishing, Freising-Meitingen-Germany).

Contra esto cae la siguiente censura: “Si alguien dijera que después de la consagración no está totalmente el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor JesuCristo en el sacramento de la Eucaristía y en las hostias consagradas   o  que en las  que se reservan [en  el tabernáculo]  no permanece el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor” SEA ANATEMA..” (Concilio de Trento, Canon 4 – 1545  a 1563)

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Pagina 24-25 del texto alemán de Ratzinger: Sakramentale Begrundung Christlicher Existenz. Clic para agrandar

Santo Tomás contra el juvenil infeccioso entendimiento de Ratzinger: Como se ha dicho ya (a.1), cada una de las partes de Cristo está en este sacramento de dos modos:uno, en virtud del sacramento; otro, por natural concomitancia. En virtud del sacramento, no se encuentra, ciertamente, en este sacramento la cantidad dimensiva del cuerpo de Cristo. Porque en virtud del sacramento se encuentra en él lo que directamente es el punto de llegada de la conversión. Ahora bien, la conversión que tiene lugar en este sacramento tiene como punto de llegada directamente lasustancia del cuerpo de Cristo, y no sus dimensiones. Lo cual se demuestra por el hecho de que la cantidad dimensiva permanece después de la consagración, cambiándose solamente la sustancia. Con todo, puesto que la sustancia del cuerpo de Cristo no queda despojada realmente de su cantidad dimensiva ni de los otros accidentes, por real concomitancia está en este sacramento toda la cantidad dimensiva del cuerpo de Cristo y todos los demás accidentes.

Siendo Cristo Dios, ¿o no lo creía así Ratzinger?, la sustancia de su Cuerpo y su Sangre está total y sustancialmente presente en la Hostias consagradas que se reservan y puesto que por concomitancia están en Ellas todos los accidentes de Cristo, que es Dios, visitar el lugar donde está el Cuerpo y la Sangre de Cristo sacramentalmente es visitar a Dios. Por ello reciben culto de latría las especies consagradas; este error en la ‘fe’ del futuro Benedicto XVI se trasladó a la nueva misa suprimiendo genuflexiones, eliminado las cruces, trasladando el tabernáculo, retirando los comulgatorios…

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Pagina 26-27 de la edición alemana del libro de Ratzinger: Sakramentale Begrundung Christlicher Existenz. Clic para agrandar

Pero concedamos, quitémonos la cabeza y pongamos el sombrero sobre el cuello para no parecer decapitados, y admitamos aún más ¡Hasta dónde llegaremos! Supongamos que  este cambio en la forma de la consagración se debe nada más que a un vicio de lenguaje, ora por impericia de las Conferencias Episcopales o por precipitación o defecto de lengua, etc.; y que tanto unas palabras como las otras de la forma, aunque distintas, quisieren significar lo mismo. En ese caso acudiríamos al principio de la teología moral que dice: “Para que sea válido el sacramento es necesario que el sentido de la fórmula, es decir, la significación instituida por Nuestro Señor Jesucristo, lo deduzcan los oyentes con exactitud.

¿Qué deducen los oyentes? Veamos algunas encuestas:

1.- En enero de 1992 Gallup Poll informaba que “menos del 45% de los católicos que reciben la Santa Comunión, al menos una vez a la semana, reconocen que es verdaderamente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. (10). El concilio y la nueva misa ya habían destruido la fe de más de la mitad de los católicos en sólo 22 años.

2. En 1997, en la Diócesis de Rochester (Nueva York) se pasó una encuesta a personas católicas. Un mero 35% de los católicos entrevistados todavía creían que Cristo está verdaderamente presente en la Eucaristía (11). La destrucción seguía a una tasa del 2% anual.

3. En una encuesta del New York Times/CBS Poll en el verano de 2003, el 70% de los católicos de edad entre 18 y 44 creen que la Eucaristía es meramente un “símbolo” de Jesús (12). Sólo 3 de cada 10 católicos que reciben la comunión semanalmente creían en la presencia real, en la etapa final del juanpablismo.

5.La fe en la presencia real sigue disminuyendo, reconoce el cardenal Burke en la era de francisco, 2013: “el número de católicos que creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía ha disminuido.. Queda mucho trabajo pendiente.. a pesar de la legislación con el motu proprio Summorum Pontificum y en la Instrucción Universae Ecclesiae, de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei” (13). La destrucción de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía no se ha detenido, ni parece que lo hará en la etapa de Bergoglio en la que la persecución a la Misa Tradicional alcanzará tintes absolutamente surrealistas e irracionales.

Por otra parte cabe preguntarse, si entre ese 30% o menos de los católicos que comulgan semanalmente y que creen en la presencia real, su comprensión de la misma es luterana o católica. A tenor de las opiniones, toda vez que no hay estadísticas fiables, sólo un pequeño porcentaje comprendería ese dogma en un sentido plenamente católico. Una amistad mía me decía que comulgaba en la misa nueva casi todos los días para no hacerlo un ‘feo’ a Dios, mientras ejercía de barragana de un párroco – ensañado, por cierto, contra los nostálgicos de la Misa Tradicional- y que sobre tal alegría (esa fue su palabra) corpóreo-espiritosa nunca le había acusado su conciencia. Gracias a Dios que la hizo conocer la Misa y doctrina tradicionales, su entendimiento se ha adherido a la verdad.

Luego, al margen de la exactitud de los datos de sondeos y estadísticas, se puede decir moralmente sin temor a errar, que las nuevas palabras de la consagración hieren la fe católica de los fieles, entendiéndolas éstos sin la exactitud del significado querido por Cristo. Si el rito de la nueva misa no expresa la intención externa del sacramento; si ni la mayoría de sacerdotes y religiosos (se habla del 70% en algunas naciones) no creen con la fe de la Iglesia en la transustanciación; si, según parece, tampoco comprenden la presencia real en el sentido dogmático los obispos; y si además, centenares de millones de católicos han perdido la fe en este magnífico misterio y sólo un reducido porcentaje de los que comulgan en la nueva creen en la presencia real, etc., no puede haber validez del sacramento en muchas de las sinaxis o misas de Pablo VI, en las que ya no se tiene la intención de confeccionar la gracia de unión con Cristo para muchos, sino la salvación, de hecho, para todos. Ante la duda de cuáles sean entre las nuevas misas las válidas, debe optar el católico por asistir a la Misa Tradicional solamente, salvo en caso de necesidad. Nadie se puede arrogar el puesto de Dios para afirmar que ésta sí y aquella no, juzgando de la intención interna de tal ministro no manifestada en el fuero externo, del cual si es lícito juzgar  a la Iglesia.  Sostener, a mi parecer, misas donde hay grave incertidumbre de recibir la gracia del sacramento, siendo que en esto el católico está obligado a elegir siempre lo seguro, es colaborar en la destrucción de la fe en millones de almas, además de exponerse a cometer sacrilegio. Puesto que del fuero interno del ministro, no manifestado ad extra, no  se puede juzgar, bien pudiese ocurrir que tal ministro creyera y quisiera, aún con error en la fe,  hacer lo que hace la verdadera Iglesia, en cuyo caso aunque la consagración se confecciona válidamente, es ilegítima, por lo que estaría el fiel, bajo mandato grave, impedido a asistir, salvo necesidad; al igual que no es legítimo asistir a una misa de un cismático o hereje, aunque sea válida: Pues la fe católica imperada por la caridad, es lo primero a salvaguardar, ya que sin ella nadie puede salvarse; y esto a pesar de lo que exprese la forma de la consagración de la nueva misa y el falso ecumenismo de la jerarquía conciliar.

La confusión es enorme. La llamada para salvar lo que aún se pueda es apremiante. Esto significa: que es necesario que el rito más que milenario sea conservado en la Iglesia Católica romana como la forma primaria de celebración (14). Es necesario que vuelva a ser la norma de la fe y el signo de la unidad de los católicos de todo el mundo. Un polo inamovible en estos tiempos tan desorientados y en perpetuos cambios. Serán necesarios nuevos Atanasios y Máximos, Juanas de Arco y  Teresas de Ávila que quieran ser instrumentos del Señor; santos recios,sobrios, firmes en la fe,y mucho menos de  ‘santitos’ de papitos colorados y afectadas maneras que como cizaña surgieron del espíritu éter del último concilio; santos, en fin, como antaño confesores y mártires dispuestos a permanecer en el Calvario, porque “ llegará un tiempo en que el que los mate pensará que está dando culto a Dios”. (Jn.16,3). En ese tiempo estamos ¡Maranatha!

Sofronio

NOTAS

(1) J. Ratzinger:”Lo que ocurrio tras el conclio es un proceso distinto..se ha introducido una liturgia fabricada..se ha sustituido una Liturgia (de siempre, como si fuese un producto industrial, por una fabricación (misa nueva) que es un producto banal del momento”. Se posse una liturgia (misa nueva) que ha degenerado en un show” Ratzinger. Introducción a la Reforma de la Liturgia Romana; Klaus Gamber: Edc. Renovación,1996; pág.XXII
(2) Padre Henry Davis, S. J, citado en la obra questionning the validity of the masses using the new all-english canon (la cuestión de la validez de las Misas que usan el Nuevo canon en inglés); Patrick Henry Omlor.
(3) Breve Examen crítico del Novus ordo Missae. Card. Octtaviani y Bacci y otros.
(4) P. Joseph Gelineau. Mañana la liturgia, págs. 9 y 10. citado por Michael Davies en la Revolucion Liturgica, pág. 17
(5) Edición de 1973, Pags. 328-383
(6) Juan Pablo II; Redemptor Hominis:”Se trata de cada hombre, porque cada uno ha sido incluido en el misterio de la Redención y Jesucristo está unido a cada uno para siempre, a través de esemisterio”. Publicaciones de la Sede Apostólica, editadas por el Secretariado de la Conferencia de Obispos Alemanes (1979), pág. 26 y sig. AAS 71 (1979), pág. 283 y sig. Sólo una nota crítica, Cristo no puede estar unido a cada hombre para siempre, pues eso supondría estar también unido a los condenados, por lo que además de una herejía es una blasfemia. En Redemptor Hominis 13, y en casi todas las encíclicas repite «mediante la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre”. Juan pablo explica siempre que al asumir la naturaleza humana Cristo, se ha unido a a todo hombre; pero Cristo al encarnarse no asume la naturaleza de todos los hombres, sino una numéricamente.
(7) Schmaus. Teología Dogmática, V5. Rialp 1962
(8)Summa Theologiae Moralis- Noldin-Schmit Vol. tercero – Los Sacramentos)
(9) Un Traducción Alemán-Inglés literal del último capítulo (capítulo IV) del p. Joseph Ratzinger Die sakramentale Begründung Christlicher Existenz , la transcripción de un extracto de una conferencia de cuatro horas dado por el Padre. Ratzinger en Salzburgo, Austria, en 1965. El original alemán lleva un imprimatur fecha 11 de marzo de 1966, por M. Achter, Vicario General. La traducción fue hecha con gran atención para hacer que las palabras lo más literalmente posible sin perder el significado deseado. Por lo tanto, más énfasis se ha puesto en ser literal de poner las palabras en una mejor Inglés. Cuando más de un sentido es posible o probable, los otros significados o aclaraciones se han insertado en la traducción entre corchetes […]. Esta traducción fue hecha por un hombre que es un hablante nativo de alemán . Ver escaneada
(10) De un discurso dado por Rev. James Buckley, FSSP, y publicado en el número de Julio de 2000 del boletín Coalition in Support of Ecclesia Dei.
(11) The Remnant, número del 15 de Diciembre de 1997
(12) Regina Coeli Report, Kansas City, Missouri, número de Agosto de 2003
(13) Entrevista de Alfa y Omega al cad. Burke en diciembre de 2013.
(14) Klaus Gamber. La Reforma d ela Liturgia Romana
 
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