Crisis de las órdenes religiosas-causas- (y III)

¿CÓMO SUCEDIÓ? LAS CAUSAS 

(1) sobre las fuentes usadas.

¿Cómo las iglesias de Europa, que hasta hace unos decenios abundaban en vocaciones, y enviaban a todo el mundo sacerdotes y religiosos misioneros, apenas tienen hoy vocaciones para atender las propias necesidades pastorales más apremiantes? ¿Cómo ha podido suceder esto? ¿Por qué?…

No busquemos culpables, porque sólo Dios conoce los corazones; pero busquemos las causas. Por otra parte, ofenderíamos a esos hombres principales de la Iglesia, tan susceptibles ellos, con sólo suponer que quizá están más interesados por su propio prestigio que por el bien del pueblo cristiano; es decir, que «aman más la gloria de los hombres que la gloria de Dios» (Jn 12,43). Pero en todo caso, no investigar las causas de graves dolencias de las Iglesias por temor a ofender presuntas susceptibilidades personales y egos tan encumbrados que si de despeñasen de tanta altura morirían ciertamente, sería una caridad falsa, sólo aparente.

I. El NOVEDOSO CONCEPTO DE OBEDIENCIA Y VIDA COMUNITARIA

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¿Preparándose a Vísperas, con Terry y cerveza?

Siendo la Regla el objeto de la obediencia, así como la norma unificadora que «mentes fidelium unius efficit voluntatis» , el debilitamiento de la obediencia da lugar al debilitamiento del espíritu de comunidad. En el Observatore Romanano del 22 de diciembre de 1972, un artículo sobre la secularización de la vida religiosa menciona un Capítulo de reforma de una Congregación «que ha barrido de las Constituciones del Fundadortodas las prácticas de piedad (Misa diaria, lectura espiritual, meditación, examen de conciencia, retiro mensual, rosario, etc.), todas las formas de mortificación, y ha puesto en discusión incluso el valor del voto de obediencia, concediendo al religioso el derecho de objeción de concienciapara casos en los que quiera sustraerse a las órdenes de los superiores».

Disuelto por consiguiente el nudo de la obediencia, que vincula a todos los miembros de la comunidad a perseguir in comune los fines del instituto y a dedicarse al cuidado del alma conjuntamente con los otros miembros, los actos específicos del estado religioso son realizados por los individuos como si no existiese la comunidad. Se celebra la Misa en hora ad libitum, se medita según el propio gusto, si es que se hace, y ‘eremíticamente´, o se remite la oración a la espiritualidad personal. El mismo hábito, en tiempos uniforme para todos los miembros de un instituto, se deja a la libertad individual primero, luego se le prohíbe y así las formas variarán desde la túnica al hábito talar, al clergyman, al vestido laico, al mono, la falda por encima de la rodilla, etc.

Se puede por tanto afirmar que al no hacerse ya en común todos los oficios de piedad, la comunión entre los miembros de una misma familia tiende a convertirse solamente en comunión de mesa y de domicilio o todo lo más de trabajo.

Es, obviamente, una contradicción in terminis entrar en una comunidad para hacer aisladamente y por cuenta propia las cosas cuya realización en común es la causa de asociarse.

Como una de las conclusiones  de este análisis diremos que, también la crisis de la vida religiosa germina a causa de la adopción del principio de independencia y de la disolución de los valores en la subjetividad. La comunidad retorna a la multiplicidad disorganica: Chacun dans sa chacuniére. De la libertad de juzgar al superior se desciende a la libertad de elegirlo todo (incluso el domicilio).

La doctrina rosminiana, que es la católica, es enormemente profunda, porque identifica la obediencia con el acto esencial de la moralidad: reconocer la ley y someterse a ellaSe encuentra en las antípodas de la óptica de los innovadores tras el Concilio V. IIpara la cual se hace por obediencia a la orden lo que se haría por libre elección, incluso sin ella. Por el contrario, obedecer es hacer porque está mandado lo que sin estar mandado no se haría. La variación surgida de las doctrinas conciliares y acaecida alcanza al principio de la moral y también al de la teología.

Ya no identifican los innovadores la voluntad de Dios con la del Superior, como lo hace la ininterrumpida doctrina del ascetismo católico. Al contrario, obediente y superior «proceden paralelamente en el cumplimiento de la voluntad de Dios buscada fraternalmente por medio de un diálogo fecundo»; lo que al cabo de un poco de tiempo ´conseguirá que los nuevos superiores no crean en la autoridad, ya que, ciertamente han defeccionado de ella. De esa manera serán los superiores, ya imbuido de ese nuevo espíritu, quienes fomentarán la subjetividad; así se construye un círculo vicioso que, a medida que transcurre el tiempo, se corrompe más. Se ha destruido la auctoritas, y sólo queda la potestas, que se ejerce, mucha veces despóticamente, solamente para reprimir a aquellos que desean ser fieles a las reglas de los fundadores.

La obediencia no busca una coincidencia de voluntad entre súbdito y superior. Esta coincidencia, conseguida en la obediencia tradicional haciendo propia la voluntad del otro, se obtiene ahora con una inclinación y consenso de las dos voluntades utrinque. La obediencia resulta entonces enteramente subjetiva, y la vía del consentimiento deja de ser la del sacrificio de la propia voluntad modelada sobre la voluntad de otro.

En la vía de la concordancia y el diálogo, quien se sujeta lo hace en última instancia a sí mismo. El principio de la independencia (al que hemos visto producir el autogobierno, la autodidáctica, la autoeducación e incluso la autorredención) no podía dejar de revestir la vida religiosa, quitando a la obediencia su fundamento: hacer desaparecer tendencialmente el sujeto para elevar el objeto. El principio de la obediencia religiosa cede del todo ante el espíritu de independencia y ante la emancipación igualitaria. Ostentaciones clamorosas de  insolencia que se vieron en Estados Unidos con ocasión de la visita del papa Wojtyła, a quien se enfrentó públicamente Sor Teresa Kane, presidenta de la Federación de monjas de aquel país. Claro que los principios que criaron y alimentaron a aquel cuervo, Teresa Kane, fueron incansablemente predicados por el mismo papa ¡ Cría cuervos y te sacarán los ojos!

Y cuando se cesó a Sor Mary Agnes Mansour, directora de un centro estatal para la interrupción del embarazo, miles de religiosas reunidas en Detroit se rebelaron contra la Santa Sede acusándola de ser un poder machista, de violar los derechos de la persona, de sofocar la libertad de conciencia, e incluso de transgredir el derecho canónico.

II RELAJACIÓN EN LA CASTIDAD Y LA TEMPERANZA

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¡Si Don Bosco levantara la cabeza los echaba a patadas!

Sabemos bien que todas las virtudes están conectadas (Summa theol. 1, II, q. 65), o más bien son una única virtud.

En efecto, si virtud es el hábito de la voluntad siempre inclinado hacia la ley eterna, el acto de cada virtud singular es una especificación de ese hábito; por lo que puede decirse que en cada una están las otras, aunque no aparezcan:

«Ita quaelibet non tantum cohaeret, sed etiam inest alter¡, ut qui unam habet, vere omnes habere dicatur» . Se pueden por tanto analizar las virtudes singulares en la vida religiosa: la disminución de cada una de ellas supondrá simultáneamente la disminución de la virtud religiosa en general.

En cuanto a la castidad, se hacen patentes una menor delicadeza y atención, tanto en la general laxitud asumida por las costumbres clericales, como en la más frecuente promiscuidad incluso en los viajes, y en el abandono de aquellas cautelas practicadas por hombres santos y grandes, hoy desestimadas en teoría y descuidadas en la práctica. No se debe esconder que la repugnancia por la castidad, normalmente oculta, es causa de gran parte de las defecciones.

En el Motu propio Ecclesiae Sanctae, se manda : «Atiendan los religiosos más que los demás fieles a las obras de penitencia y mortificación». Claro, que la Teología del Cuerpo predicada semanalmente durante años por el papa Wojtyła, era una bomba de relojería que iba a afectar a la concepción de la castidad de muchos religiosos.

La virtud de temperanza (ordenada en las Órdenes antiguas por la Regla, observada individualmente y practicada comunitariamente) se mantuvo en los tiempos  hasta la renovación surgida de los principios conciliares.

Se puede afirmar que todos los institutos religiosos desde el Concilio de Trento hasta las más modernas fundaciones erigidas antes del Concilio Vaticano II prescribieron comidas parquísimas y bebidas módicas: por la mañana café con leche y pan, a mediodía menestra, carne con guarnición, una fruta y un pequeño vaso de vino ; por la noche, una menestra y una comida con verdura.

Es superfluo añadir que se practicaban la abstinencia de carnes y el ayuno en los días de precepto. Hoy en ciertos países ricos la comida consiste, para desayunar, en café, chocolate, té, leche, mermelada, panceta, queso, yogurt, pan y bizcochos; para comer, en entremeses, menestra, carne o pescado con dos guarniciones, fruta o dulce, pan, café, y un vaso o botella de cerveza o de vino; a media tarde se ofrece leche, café, té, bizcochos y fruta; en la cena, igual que para comer, salvo los entremeses y aveces el café.

No quiero aquí caer en el juicio erróneo de quien, por falta de conocimientos históricos, equipara todos los tiempos y todas las costumbres; al aplicar el juicio mixto histórico-moral sobre la virtud monástica debe tenerse firme el criterio de la virtud, pero sin olvidar las relatividades históricas. Aquellas feroces mortificaciones del instinto del apetito en las que es célebre la ascética oriental eran un modo de separarse de la comida común de los hombres, mucho menos rica y menos variada que hoy.

La privación mortificante debe ser calculada pro rata parte, de modo que el alimento mortificante se diferencie del alimento común. En una época en que la mayoría se alimentaba de pan de centeno (por limitarnos a la costumbre de la región de la Insubria en Lombardía) sentado además desde hacía semanas y meses, o bien de castañas, la temperanza monástica exigía que se quitase todavía algo de aquel ya pequeño alimento, llegando a austeridades hoy inconcebibles. El alimento monástico debe actualmente mermar un régimen alimenticio incomparablemente más opíparo: pero debe mermarlo, porque en muchos casos se ha convertido en más abundante y rico que de una sacrificada familia, más hoy en plena crisis. En medio de las relatividades, que mudan de siglo en siglo, permanece la exigencia fundamental de que el alimento de los consagrados sea inferior al régimen común y pueda ser reconocido como tal. Ni siquiera en el alimento es el religioso un hombre como los demás.

III. LAS HEREJÍAS Y LA HETEROPRAXIS

Nadie condena las herejías

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Urs von Balthasar, uno de los padres del Neomodernismo, creó su propia teología. Dijo que, “si el infierno existe, está vacío” En sus obras se propuso bautizar el idealismo, el darwinismo y el existencialismo, y en Teología, fue especialmente asesorado sobre todo por una mujer, Adrienne von Speyr, doctora en medicina, con la cual vivió en “hermandad espiritual” ¡durante buenos 27 años! Una mujer protestante que trató de matarse en la bañera y luego se convirtió, yendo a Misa sólo dos veces al año. U. v. Balthasar nunca dudó en exaltar ¡el genio de Lutero y su “reforma”! El 23 de junio de 1 984, Urs von Balthasar recibió de Juan Pablo II el “Premio Internacional” de 10 millones de liras, asignado por el “Instituto Paulo VI” de Brescia. Es uno de los que más ha influido sobre toda la teología estudiada en los seminarios tras el Concilio

Urs von Balthasar, uno de los padres del Neomodernismo, creó su propia teología. Dijo que, “si el infierno existe, está vacío” En sus obras se propuso bautizar el idealismo, el darwinismo y el existencialismo, y en Teología, fue especialmente asesorado sobre todo por una mujer, Adrienne von Speyr, doctora en medicina, con la cual vivió en“hermandad espiritual” ¡durante buenos 27 años! Una mujer protestante que trató de matarse en la bañera y luego se convirtió, yendo a Misa sólo dos veces al año. U. v. Balthasar, una vaca sagrada para Wojtyła y Ratzinger,  nunca dudó en exaltar ¡el genio de Lutero y su “reforma”! El 23 de junio de 1 984, Urs von Balthasar recibió de Juan Pablo II el “Premio Internacional” de 1 0 millones de liras, asignado por el “Instituto Paulo VI” de Brescia. Es uno de los que más ha influido sobre toda la teología estudiada en los seminarios tras el Concilio. Wojtyła no sólo no condenó al hereje, sino que lo premió.

Si en una Iglesia el número de los cristianos practicantes se reduce en pocos años a la mitad y las vocaciones apostólicas casi desaparecen totalmente ¿cuál es la bomba atómica, en el orden espiritual, que ha podido producir ese desastre? ¿Cómo sin una brusca difusión de graves errores, podría explicarse por otras claves un fenómeno eclesial semejante? ¿Qué puede haber en la Iglesia de Cristo, fuera del error y la herejía, capaz de causar tantos males en tan poco tiempo?…

Sin una generalización de graves falsificaciones de la fe católica, no puede explicarse una esterilidad de tal grado en el florecimiento normal de las vocaciones apostólicas. En otras épocas y lugares se han producido crisis de gran decadencia moral, que sin embargo no han sido suficientes para cortar el flujo de las vocaciones, porque, a pesar de todo, no se falsificaba la fe. Es, pues, principalmente la falsificación o el silencio de grandes verdades de la fe lo que produce la disminución acelerada de la práctica religiosa y la desaparición de las vocaciones.

Las causas principales de la ausencia de vocaciones pertenecen al orden de la fe y de la vida espiritual, como es obvio; y esas otras circunstancias denominadas «causas sociales» en forma alguna son determinantes. Y puede afirmarse esto por dos razones:A.«La intervención libre y gratuita de Dios que llama es absolutamente prioritaria, anterior y decisiva» gracia en la vocación encuentra su proclamación perfecta en la palabra de Jesús: “no me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Jn 15,16)» B. Esas mismas circunstancias negativas para las vocaciones proceden normalmente de graves deficiencias doctrinales o morales –si no exclusivamente, sí principalmente, como la extrema reducción de la natalidad–. No son, pues, meras circunstancias sociales neutras.

Las no tan novedosas desviaciones heréticas

Edward Schillebeeckx, O.P

Edward Schillebeeckx, O.P

Gran parte de la teología católica surgida de las novedosas doctrinas conciliares olvida que su trabajo es ante todo un servicio eclesial, y de ese olvido «se sigue un pluralismo teológico que en realidad es, con frecuencia, puro subjetivismo, individualismo que poco tiene que ver con las bases de la tradición común… con grave daño para el desconcertado pueblo de Dios…En esta visión subjetiva de la teología, el dogma es considerado con frecuencia como una jaula intolerable, un atentado a la libertad del investigador ». (1984 el cardenal Ratzinger, Informe sobre la fe)

“Impulsada por el Concilio se produce una situación teológica nueva:se forma la opinión de que la tradición teológica existente hasta entonces no resulta ya aceptable y que, por lo tanto, es necesario buscar, a partir de los signos de los tiempos, orientaciones teológicas y espirituales totalmente nuevas... La crítica de la Tradición por parte de la exégesis moderna, se convierte en una instancia teológica inconmovible”. Hicieron de un Concilio  meramente pastoral y por lo tanto falible,un superdogma; error que hasta el card. Ratzinger tuvo que reconocer, como si este saco de palabrería que resultaron sus constituciones y decretos pudiera anular la Santa Tradición.

Destacamos los siguientes errores:

El optimismo en la visión del hombre, que quita todo sentido al dogma del pecado original. El arrianismo osemiarrianismo actual en cristología, que silencia y sacrifica impíamente la divinidad de Jesús en aras de un diálogo interreligioso, preludio del alumbramiento de una Nueva Religión Mundial al que estamos asistiendo, impulsada por una parte de la jerarquía y la complicidad  silente de la otra gran parte de los pastores. La puesta en marcha de un ecumenismo anatematizado por la Iglesia que conduce al relativismo e indiferentismo que afirma que cualquier religión es una vía de salvación. El«colapso» de la teología sobre la Virgen María. La eclesiología errónea, la negación de la existencia de demonio y del Infierno;  la deformación de la Redención . La teología del cristiano anónimo o la salvación sin condiciones;  cuyo significado viene a reducirse a «caminar simplemente hacia el porvenir como necesaria evolución hacia lo mejor». Pero lo más visible es la pérdida de la Fe en la Misa como Sacrificio y en la Transubtanciación al prohibirse de facto la Misa Católica y obligar a una misa nueva y protestantizada, que ha causado la generalización de abusos litúrgicos y sacrilegios como jamás se hubiera podido imaginar.Lasustitución del culto a Dios por el culto al hombre.

El efecto de las herejías en lo general

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El jesuíta Karl Rahner, profesor de la Nueva Teología, y contestatario del celibato sacerdotal, fue llamado “el constructor de la Iglesia del porvenir”, “el primero de los teólogos”, “la mente del Concilio Vaticano II”. En el período del Vaticano II, Karl Rahner mantenía un declarado ‘affair’ romántico con la escritora Luise Riser, ex mujer del músico Kart Orff, a quién le escribió 1 .800 cartas de amor, hasta 5 por día, en las cuales se dirigía a ella con frases como “mimosita”, “rizada”, “pescadito mío”, “mi querido pez”, “me asusta que me ames con esta pasión”, “¡no comas mucho, de lo contrario engordarás, y después no me gustarás más!” ¿Sabía Karl Rahner que su Luise estaba ligada de cuerpo y alma a otro importante abad benedictino de Baviera, M.A.?. Es, por desgracia, seguramente
el teólogo que más ha influido y lo sigue haciendo, en la
formación de los seminaristas y postulantes.

«Puesto que la teología ya no parece capaz de transmitir un modelo común de la fe, también la catequesis se halla expuesta a la desintegración, a experimentos que cambian continuamente. Algunos (Hoy ya son casi todos) catecismos y muchos catequistas ya no enseñan la fe católica en la armonía de su conjunto», sino algunos aspectos del cristianismo que consideran «más cercanos a la sensibilidad contemporánea». Ello produce «el resultado que comprobamos: la disgregación del sensus fidei en las nuevas generaciones».

Habiendo «disminuido el carácter esencial del bautismo, se ha llegado a poner un énfasis excesivo en los valores de las religiones no cristianas, que el propio Concilio Vaticano II, el nuevo Catecismo y el magisterio de los papas posteriores llegan a presentar, incluso, como caminos ordinarios de salvación, echando por tierra la doctrina de la gracia revelada por Cristo, tan bien explicitada por S. Agustín, Trento,…. Tales hipótesis obviamente han frenado absolutamente la tensión misionera». Hoy, en el 2014, observamos que el ímpetu misionero  ha desaparecido, debido a ese falso ecumenismo que no promueve la vuelta de los ‘hermanos separados’ a la Única Iglesia de Cristo.

Así las cosas, «los cristianos son de nuevo minoría, más que en ninguna otra época desde finales de la antigüedad ».

Juan Pablo II reconoció el mismo dato: «el número de los que aún no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado»(Redemptoris Missio 3). Sin embargo, él  contribuyó grandemente y más que nadie con los encuentros de Asís a este mal, donde se puso a Buda encima de un Tabernáculo; se sometió a recibir el signo de Shiva, besó el Corán, rezó en la sinagogapidió perdón a los adoradores del demonio por el pasado de la Iglesia  y a los talmúdicos deicidas ante el Muro de las Lamentaciones…(Pedro ¿me amas?); esa actitud fue un gran error que sólo nos trajo, además de perplejidad, una inmensa   desgracia.

El efecto de las herejías sobre las vocaciones

¿Es extraño que el árbol de una iglesia local, doctrinalmente regado unas veces con agua y otras con ácidos corrosivos, deje casi de dar el fruto de las vocaciones sacerdotales y religiosas? En esas circunstancias lamentables ¿Hay que considerar la ausencia de las vocaciones como un misterio negativo sorprendente, acerca del cual no se sabe bien cómo actuar, pues no se conocen bien sus causas o se estima que no es posible actuar sobre ellas?

Nótese que todo error generalizado en la predicación tiende a producir en el pueblo cristiano deformaciones espirituales y de conciencia más o menos graves. En estas circunstancias, la gracia del Señor ha de realizar obras realmente extraordinarias para llevar a buen término una vocación apostólica: 1º, tiene que hacerse oír en la conciencia del llamado, sin que muchas veces se den los medios ordinarios para ello; y posteriormente, 2º, tiene que rehacer completamente en el candidato una mente y una vida gravemente malformadas por la propia jerarquía de la Iglesia. Estamos así, con todo esto, fuera de las vías ordinarias por las que el Señor suscita las vocaciones en su Iglesia.

Algunas herejías y silencios cómplices  gravísimos

SOBRE EL DEMONIO

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El espíritu de los herejes domina hoy la teología ‘católica’ y la mentalidad de la mayoria de los pastores

Viene a dar lo mismo negar la existencia del demonio o silenciarla sistemáticamente durante decenios, excluyéndola de la teología, de la catequesis, de la espiritualidad y de la predicación. Es lo mismo para los efectos. Ahora bien, en los últimos años muchos maestros del pueblo cristiano han silenciado casi totalmente la fe católica sobre el demonio.

Los exorcistas han pedido que les permitan usar el viejo Ritual anterior al Concilio, porque el ritual salido tras su celebración carece de oraciones apropiadas para implorar a Dios y no es efectivo en los exorcismos. La mayoría de las diócesis ni tienen un exorcista.

Sobreabundan los libros de espiritualidad entre los movimientos y en las librerías que no mencionan al diablo, imbuidos de una espiritualidad pagana, iluminista,  new age. Acudan a una librería religiosa cualquiera, por ejemplo a las de San Pablo, y podrán adquirir en ellas los best seller esotéricos del momento y las obras de los teólogos absolutamente heterodoxos:L. Boff, A. Torres Queiruga, Marciano Vidal, Gustavo Gutiérrez, Hans Küng,Edward Schillebeeckx, Antoni de Mello,José Tamayo… Estos autores son los que leen la mayoría de los religiosos.

Aquel teólogo que escribe un libro de espiritualidad sin mencionar al demonio, es un ignorante, un hereje o un oportunista. Y en ninguno de los tres casos interesa leerlo. Mejor dicho, interesa no leerlo. Es un autor que, en un tema grave, se separa claramente de la Biblia y de la Tradición doctrinal y espiritual cristiana.

Estas nuevas doctrinas ya no exponen la necesidad de la gracia, de los sacramentos, de la oración de petición. Se acude al combate espiritual empleando  armas de juguete, ridículas, y es casi inevitable caer en actitudes semipelagianas o pelagianas: el hombre puede salvarse por sus propias fuerzas. Es sólo cuestión de mejorar la educación, aplicar ciertos métodos, y organizar un poco mejor las cosas, dicen estos falsos maestros.El demonio es un mito medieval para controlar a los fieles, dicen estos herejes de hoy, a los que el vaticano premia, en vez de lanzarles anatemas.

EFECTO SOBRE LAS VOCACIONES: Este silencio o negación del demonio tiene un efecto en las Vocaciones. ¿Qué falta hacen, en ese cuadro cristiano falseado, los sacerdotes, los ministros de una salvación por la gracia? Pero vengamos todavía a otra pregunta: quienes durante decenios, desde el último Concilio, silencian o niegan al demonio en su ministerio, desfigurando así tan gravemente el Evangelio, ¿Se dan cuenta de que esa actitud es causa, junto con otras, de la escasez de las vocaciones, y de tantos otros males?

SOBRE LAS POSTRIMERÍAS

INFIERNO: Hasta el Concilio Vaticano II, «se dedicó anualmente un tiempo en las homilías y catequesis a hablar de la muerte, del juicio, del infierno y del cielo. Al lado de la Buena Nueva se anunció siempre el mensaje amenazador. Ambos proceden de Dios. ¿Se hace a los fieles un buen servicio anunciando sólo un aspecto y predicando raras veces o incluso nunca sobre el pecado, la muerte, el juicio y el infierno?»(Boletín de AIN, IX-1997).

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Herberg Haag:profesor Unversidad de Tubingen. Niega la existencia del Demonio

Pues bien, Jesucristo, «la epifanía del amor de Dios hacia los hombres» (Tit 3,4), precisamente porque ama con toda su alma a los hombres pecadores, les dice: «yo os lo aseguro: si vosotros no os arrepentís, todos moriréis igualmente» (Lc 13,3). «¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo podréis escapar de la condenación del infierno?» (Mt 22,33). Sabedlo, creedlo: al fin de los tiempos, el Señor «dará a cada uno según sus obras» (16,27), y «cuantos hicieron el bien saldrán para la resurrección de la vida; los que hicieron el mal, para la resurrección de la condenación» (Jn 5,29).

Un padre del Concilio Vaticano II, solicitó que se declarase que hay condenados de hecho –es decir, que el infierno no es una mera hipótesis vacía–. Pero la Comisión Teológica le respondió que en el mismo texto conciliar (L G 48d) ya se excluía esta interpretación meramente hipotética del infierno en las citas al margen del Nuevo Testamento, aducidas en forma gramatical futura: saldrán, irán, etc. (Pozo, Teología del más allá, BAC) La cuestión es que al negarse el Concilio a hacer la declaración como se pedía, lo que ha prevalecido es precisamente es  el error de pensar que está vacío. Como poco, se puede decir que al no querer hacer esa declaración, la herejía se ha extendido, como lo prueban los hechos ¿en que pensaban los padres de dicho Concilio?.

En este sentido, el lenguaje de Cristo en el Evangelio es fortísimo. Pero lo emplea porque sabe que es necesario para salvar a la humanidad, que Él ama hasta entregar por ella su Sangre. Él sabe que los hombres están en un tremendo error: piensan que pueden hacer de su vida lo que les dé la gana, sin que pase nada. El Padre de la Mentira, por medio de esta falsedad, les mantiene fijos en la insolencia habitual de sus pecados. Creen que no hay Dios, o que Dios no es el Señor. Piensan, si no, que Dios, siendo tan bueno, perdona todo necesariamente, aunque los hombres no se arrepientan; Bergoglio lo llama miserecordear. Y por eso siguen pecando. Se puede, pues, tranquilamente dejar morir de hambre al prójimo, profanar el matrimonio, abortar los propios hijos, mentir o robar en la vida empresarial y política, aceptar, incluso legalmente, las uniones homosexuales, proclamándolas tan naturales como los matrimonios, independizar totalmente la vida social humana de la autoridad del Señor.

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Leonardo Boff, franciscano

PURGATORIO: Es de fe divina y católica que «cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular, bien a través de una purificación», . La Iglesia ha enseñó siempre que esta purificación será más o menos larga y dolorosa según la mayor o menor impureza de los hombres a la hora de la muerte, y que cesa, por el ingreso en el cielo, «una vez que estén purificados después de la muerte» (Benedictus Deus, Dz 1000).

Son muchos obispos y sacerdotes los que canonizan a los difuntos al día siguiente de su fallecimiento: «ya está en el cielo», les aseguran a los familiares afligidos. Y algunos irán aún más lejos, extendiendo de forma herética al difunto el privilegio único de la Virgen Santísima, elevada en cuerpo y alma a los cielos: «nuestro hermano ya ha resucitado»

Donde no se cree en la existencia de una purificación por el sufrimiento, sino que ipso facto se pasa del plato al cielo, no puede haber vocaciones y donde no hay vocaciones no se ora ni se ofrecen misas y sufragios por los difuntos, para aliviar y acortar este proceso de santificación última, pasiva y dolorosa.

CIELO: De esto si se habla algo más pero heréticamente muchas veces, como si fuera un destino seguro para todos.

Tampoco, por otra parte, se llega casi nunca a recordar que en la felicidad de la vida eterna hay grados muy diversos, pues en la Casa del Padre «hay muchas moradas» (Jn 14,2), y que «el que escaso siembra, escaso cosecha; pero el que siembra con largueza, con largueza cosechará» (2Cor 9,6). En efecto, como enseña el Concilio Ecuménico de Florencia, todos los bienaventurados «ven claramente a Dios mismo, Trino y Uno, tal como es; unos sin embargo con más perfección que otros, conforme a la diversidad de los merecimientos»

EFECTOS SOBRE LAS VOCACIONES. Según lo hasta aquí expuesto, si el infierno es impensable, si el purgatorio no existe, y si el cielo es un destino seguro e igual para todos ¿quién se animará a dejar el mundo, familia y trabajo, para ser sacerdote o religioso/a, dedicando la vida con Cristo para la salvación de los hombres? ¿quien se animará a renunciar a sí mismo y a mortificarse? ¿Para qué, si están ya todos salvados? Si ni siquiera creen en un Dios remunerador, ya no tienen la fe católica. Consecuencia práctica ¡ Comamos y bebamos que mañana moriremos!

Sólo allí donde los pastores transmiten a los hombres y mujeres bienes para la vida, sobre todo espirituales y con ellos bienes para la vida eterna, como  evitar el infierno, disminuir el purgatorio, agrandar el cielo, se manifiesta a los fieles como algo tan verdaderamente grandioso, que hay vocaciones sacerdotales, y religiosas. ¿Cómo no va a haberlas? Si las hubo, y aún las hay en las pocas órdenes y fraternidades que no aceptaron la nueva liturgia judeo-protestante ni los errores surgidos del Concilio y desarrollados por el magisterio de los últimos papas.

Allí donde se ha suprimido infierno y purgatorio, y se ha asegurado a todos un cielo igual, queda reducido a una asistencia benéfica temporal, que se sitúa al mismo nivel – o más abajo– que las demás profesiones seculares: médicos, asistentes sociales, psiquiatras, etc. ¿Cómo va a haber así vocaciones apostólicas? No las hay. Faltan casi en absoluto.

En realidad, si se falsifica tan gravemente el Evangelio, no tienen por qué surgir las vocaciones apostólicas.

IV. REACCIÓN EQUIVOCADA A LA CRISIS

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Solución equivocada: Encuentro de superiores provinciales religiosos

El intelectual y escritor católico italiano, Vittorio Messori, aborda en un artículo el dramático declive de las órdenes religiosas llegándose a preguntar si acaso no estamos ante “el final de una gran historia”.

Messori formula la pregunta tras la constatación del «imparable descenso numérico de las innumerables congregaciones de religiosos, y de manera aún más acentuada, las de las religiosas», fenómeno que según el reconocido intelectual comenzó con una “caída imprevista” a mediados de los años sesenta y que lo atribuye a la “secularización” y a «las perspectivas tras el Vaticano II».

La respuesta ante la crisis por parte de las congregaciones religiosas, prosigue Messori, no fue escoger el rigor y “no aflojar las riendas”, tal como históricamente se han superado las crisis, sino, por el contrario, tras el aggiornamiento del Vaticano II reescribieron sus Reglas y Estatutos «para endulzar la ascesis y la disciplina» .«El aburguesamiento de vidas que antaño habían sido austeras, no atrajo novicios deseosos del Absoluto, sino sumisión al espíritu mundano de la época», comenta. Sin embargo «cada nueva generación, en muchos cristianos seguirá encendiéndose la necesidad de vivir el Evangelio sine glossa, en toda su radicalidad», pero ahora sólo encuentran, salvo excepciones, aggiornamiento y mundano aburguesamiento.

Señala, además, que «después del éxodo impresionante del decenio 67-78, esos vacíos no han sido llenados de nuevo y (aunque de modo más o menos acentuado, según los Institutos) el descenso continúa y la edad media cada vez es más alta».

El pensador también se muestra escéptico respecto a una posible revitalización de la vida religiosagracias a la aparición de numerosas vocaciones venidas de Asia y África. «Demasiadas dudas sobre el origen de la ´vocación´ (un modo, como para nosotros hace tiempo, de huir de la miseria, de estudiar, de convertirse en alguien), culturas, temperamentos, historias demasiado diferentes…».

F.S.S.P : Misa y Oficio Tradicional; ¡crecen!

Si no cambian, así se verán muchas órdenes

Entre otras “sombras” se encuentran datos que hablan por sí solos: mientras que el siglo XIX vio el nacimiento de 625 órdenes monásticas (80% femeninas), el siglo XX que acabamos de dejar no se acerca ni con mucho a una pálida sombra de este florecimiento exuberante de órdenes religiosas.

El 21% de las religiosos/as se encuentran en una edad entre los 70 y los 80 y muchas de las muertes no son ni siquiera mínimamente contrarrestadas con los ingresos de nuevas vocaciones. (datos extraídos de catolinet.com)

Tengamos en cuenta que toda esta crisis, tras una aplicación errática de la ruptura doctrinal del Concilio Vaticano II cuyos principios pastorales en algunos casos son de por sí ambiguos, es aún más grave si consideramos que, mientras los miembros de las órdenes religiosas se han reducido a la mitad, la población mundial se ha duplicado en el mismo tiempo (1965=3400millones; 2011=7000)

El problema «no radica en su turbulencia sino en la confusión de espíritu que sufre la vida consagrada». Cuando los que elevaron a “super dogma el Concilio Vaticano II» (crítica realizada por Ratzinger) pensaban que la vida religiosa parecía más viva, era cuando en realidad estaba más muerta. Desgraciadamente muchos siguen defendiendo el mismo error y a dicho Concilio, lo que impide ir saliendo de la crisis a través de la aceptación de la gracia.

V. ¿POR DÓNDE VENDRÁ LA SOLUCIÓN A LA CRISIS? LA PROMESA ESPERANZADORA

Del Espíritu Santo que guía a las almas, llamándolas a una mayor fidelidad a la Iglesia y a las tradiciones de sus Institutos, a la defensa de la identidad carismática dada por el Espíritu en los Fundadores a los que muchos han traicionado, a una vida de oración y fraternidad fuertes, a un testimonio público de consagración, a una asunción de la pobreza interior y externa, a una visibilidad diferenciadora del mundo, incluido el hábito, a una obediencia al superior, a un mayor pudor y observancia de la castidad, a una formación en la fe exenta de herejías, a una adoración al Santísimo Sacramento ante el cual muchos son irreverentes y hasta descreídos y a una unión íntima con la Virgen de las Vírgenes: María modelo, cuya devoción se ha despreciado en muchos institutos al amparo de las teologías heréticas que han intoxicado a la gran mayoría de los cristianos sedicentes comprometidos. Sólo de ahí, vendrá la verdadera solución.En general, lo contrario de lo que se ha venido haciendo durante los últimos 50 años, salvadas las excepciones. Sin la oración, indudablemente, todo compromiso evangelizador está viciado de raíz. Por lo tanto, la reforma vendrá por una mayor vida de oración, del rezo del Oficio Divino, de la Liturgia Tradicional que da culto a Dios y no a los hombres, celebrada con dignidad y admiración. Una pregunta más: ¿Cuánto tiempo dedica un religioso o una religiosa a estar delante del ordenador, conectado a internet o viendo la televisión, medios llenos de tentaciones ? Ya se han levantado numerosas voces en una sólida denuncia del computador y de internet como medios que ofrecen los paliativos más “seguros” para evadir la soledad profunda del corazón de no pocos religiosos . Pero ¿por qué sienten soledad? Porque rechazan la gracia. No nos podemos llamar a engaños. La peor de las mentiras es aquella se  uno mismo quiere hacer aparecer como verdad.

La reforma vendrá no por lo que se ha hecho: congraciarse con el mundo, sino por lo contrario como siempre fue, movida por el Espíritu Santo. Vendrá no de una vida más plácida y cómoda de los religiosos, sino de un mayor rigor,. Así fue en toda la historia y así será, como cuando Santa Teresa estableció la más estricta clausura y el silencio casi perpetuo. El nuevo convento de S. José, por ejemplo, carecía de rentas y reinaba en él la mayor pobreza; Las religiosas vestían toscos hábitos, usaban sandalias en vez de zapatos  y estaban obligadas a la perpetua abstinencia de carne. Santa Teresa no admitió al principio más que a trece religiosas, pero más tarde, en los conventos que no vivían sólo de limosnas sino que poseían rentas, aceptó que hubiese veintiuna.

El Espíritu Santo no abandonará la vocación religiosa y suscitará santos en la Iglesia que reformen las órdenes e institutos cuya relajación de costumbres, tras el calamitoso Concilio, clama al cielo. Así lo hizo siempre, por ejemplo, con la Regula Sancti Benedicti de San Benito que fundó en Montecasino, luego de ser rechazado o, Sacer Ordo cisterciensis, S.O.C. que nace ante la relajación de los Cluny y los cluniacenses y cuyo gran desarrollo, aunque no su fundador, se debe a S. Bernardo de Claraval o, Ordo Fratrum Minorum Conventualium de San Francisco de Asís o, Ordo Fratrum Discalceatorum B. Mariae V. de Monte Carmelo, de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz y así tantos otros que no vamos a citar, para no largar más el artículo.

BUENOS EJEMPLOS:

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F.S.S.P : Misa y Oficio Tradicional CRECEN

catacumbas y desprecio para la Tradición. FSSPX ¡Crecen!

Toda la Tradición crece, a pesar de ser perseguidos por la actual jerarquía. Así ocurre con la FSSPX de mons. Lefebvre.

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Benedictinos de Le Barroux: Liturgia Tradicional. CRECEN

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Clarisas de la Inmaculada (Profesión estricta), y Benedictinas de María, Reina de los Apóstoles, Misa tradicional y rechazo del conciliábulo. CRECEN

Señor:

¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?

Él les dijo: Un enemigo lo ha hecho

(1) Nota sobre las fuentes usadas. Hemos consultado y seguido los libros ‘Iota Unum’ y ‘Stat Veritas’, de Romano Amerio, ampliadas con nuestros comentario sobre el tema; también  un artículo de Vittorio Messori, que hemos matizado y desarrollado; textos de Chiessa Viva del P. Luiggi Villa y el libro ‘Causas de la Escasez de Vocaciones’ de Iraburu, yendo hasta el fondo, allí donde él no se atrevió a sacar las lógicas consecuencias, ni a denunciar el mal.

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7 comentarios en “Crisis de las órdenes religiosas-causas- (y III)

  1. Estimado Jordi:
    Ciertamente podría publicar las muchas cartas de amor, nada místico, entre el hereje Karl Rahner y Luise Rinser, casada, divorciada, rejuntada, y con otras relaciones carnales-amatorias, incluido un abad. Pero sería ilegal, por lo que algún servidor de la prelaturada Cosa.., ya sabe usted, se mostraría muy dispuesto a servir a Satanás en los tribunales democráticos de este país o en los judaicos alemanes, por lo que a este humilde y torpe servidor de Cristo le podrían imponer unos cuantos miles de euros de multa.No es cuestión de adelantar el martirio. Esto por una parte
    Por otra, aunque se me permitiera publicarlas, no quisiera ser piedra de escándalo; uno debe tener cierto pudor y no mostrar la inmundicia a los demás, ni aún la de los herejes y enemigos de Cristo. Eso alimentaría el morbo, instinto al cual no sirvo, ni permito que me esclavice. El artículo no trata de eso, sino de mostrar que debido al pecado de infidelidad (herejía, apostasía), el mayor de todos después del odio a Dios, han caído en los pecados más groseros; o al revés, que debido a su lujuria,entre otros pecados, renegaron de los dogmas de fe para justificar la perversidad que habitaba en su alma, y que eso ha vaciado las órdenes religiosas de miembros/as ( la ex ministra dixit)y sobre todo del espíritu del fundador. En cuanto ven la Paloma venir, la disparan con escopetas.
    No obstante, aunque las cartas tienen derechos de autor, son públicas y se pueden leer por unos pocos euros. Basta comprar el libro “Gratwanderung” que la propia Luise escribió y donde publicó impúdicamente los originales de las cartas remitidas a ella por el hereje admirado por Juan Pablo II,Karl Rahner, y vaca sagrada en todos los seminarios, después del conciliábulo. En fin en el libro desnuda su feo cuerpo y oscura alma. Ahí verá el verdadero alma teológico del Concilio Vaticano II: Karl Rahner en calzoncillos.
    Nada de lo que se afirma está dicho al albur; todo está escrupulosamente probado; y se afirma mucho menos de lo que es la triste realidad; esa es nuestra forma de actuar, según la moral católica; y eso tratamos de hacer en T.D..
    Pero como no he dado aún la fuente de tal verdad, he aquí la misma, por si quiere satisfacer su curiosidad:
    Autora: Rinser, Luise. Título: Gratwanderung (2 Volúmenes)
    Briefe der Freundschaft an Karl Rahner 1962-1984
    Edc:Kosel
    ISBN 3466203902
    P.V.P. de cada volumen 28,40 Euros (IVA incluido)
    Puede comprarlo en varios sitios; por ejemplo aquí, aunque no se lo aconsejo; siempre es mejor alejarse de la ocasión de pecado y las cartas de Rhaner no son precisamente una oración de Santa Teresita de Lisieux, sino que están inspiradas en la desordenada concupiscencia.
    http://www.zvab.com/buch-suchen/textsuche/luise-rinser-rahner
    En el Corazón sacratísimo de Jesús y en el inmaculado y dulcísimo de María

  2. Muy interesante. No encontraba yo la explicación a la impaciencia manifiesta de algunos oficiantes cuando loa feligreses se arrodillan para tomar la Comunión.parece que tienen prisa por ir a “fichar” a la oficina. Los creyentes tienen que hacer contínuos ejercicios de trascender, de ir más allá, en sintonía con Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Ella decía “no nos quedemos en las imágenes ya sean de madera o piedra, hay que llegar a la esencia de lo que representan. Creo que con muchos sacerdotes, aún en la celebración de la Eucaristía, hay que hacer el mismo ejercicio para llegar a Dios; pero, si esto es así, terminarán extinguiéndose para desgracia del ser humano cada vez más necesitado de su ayuda y orientación, porque tal como actúan ahora, no sirven de mucho.
    ¿Alguien puede explicarme por qué se persigue (más o menos encubiertamente) al P. Santiago Martín de Franciscanos de María? No puedo entenderlo.
    Gracias

  3. Escelente, trabajo. Incluso en Biblias “aparentenemente” normales como la Nacar Colunga resulta sorprendente encontrar cosas como “curación de un elipléptico” refiriendose a la expulsión de un demonio. Primero los apóstoles ni conocían la palabra “epilepsia” ni “epiléptico.” Luego el título del pasaje es un “añadido” del traductor que se permite el lujo de “interpretar” el sentido de las palabras de Jesucristo. Segundo cunado leemos el texto evangélico leemos que lo dice Nuestro Señor Jesucristo habla de un exorcismo o de la expulsión de un demonio. El problema de este género de alteraciones es que determinadas personas se permiten el lujo de “corregir a Nuestro Señor Jesucristo” en cosas que no son ninguna broma. Pero la grave además es que este tipo de alteraciones tienen lugar con la anuencia de Roma que con su silencio complice las avala. ¿Cómo vamos a tomarnos en serio las pretensiones de los ocupantes que mancillan la cátedra de Pedro son sus legítimos sucesores? ¿Hasta que vileza tendremos que caer para no reaccionar de forma indignada ante tal impostura? En fín a mal tiempo buena cara. Somos probado en la tribulación y la de hoy es la peor, es la tribulación creada por un impostor que se hace pasar falsamente por el sucesor de Nuestro Señor para negarlo mejor.

  4. Gracias por su atinado comentario, Christopher Fleming
    Me parece que en realidad han confundido, culpablemente, el mapa con la carretera, el plano con la casa. Porque el objeto de la obediencia del religioso es la Regla (la casa), y sólo al superior (el plano), en cuanto que éste tiene la intención de cumplirla rectamente, aunque yerre singularmente. Pero si los superiores a través de las nuevas constituciones aprueban reformas subtancialmente distintas a las del fundador/a y en ocasiones opuestas, han perdido toda auctoritas y sólo les queda el poder craso y déspota, sea ilustrado o ignaro.
    Así como la forma del hombre es el alma y cuando esta se separa del cuerpo ya no tenemos más que un cadáver, al igual ocurre en los entes morales; si el espíritu de una orden es la regla, cuando ésta es separada del ente, la congregación, lo que queda es sólo algo que parece un cuerpo o una comunidad, pero que en realidad es un cadáver. Así, muchos franciscanos, carmelitas, jesuitas, etc. son tales, como yo pueda ser obispo de Sebastopol. La conexión entre la regla del fundador, camino apto para la santificación, y sus nuevas constituciones se ha roto. Se llaman a sí mismos franciscanos, carmelitas, jesuitas, etc., pero ya no lo son.
    Otro asunto sobre el que mucho habría que decir es el de la castidad. Pero no digo más que, muchas veces me llevo las manos a cabeza al ver tanta cantidad de candidatos, donde los hay, con claros amaneramientos sodomitas. No digo que lo sean, pero cabe preguntarse si dentro de los institutos se hace algún tipo de discernimiento sobre los postulantes, ya que no todos están llamados por el Señor; me creo que no, ya que dada la crisis, “todo vale para el convento”. La crisis es necesaria porque se requiere quemar tanta impureza en la fe y en las costumbres. Sobre un pequeño resto, contra esta jerarquía, el Señor derramará sobreabundantemente la gracia, como siempre

  5. ¡Magnífico trabajo, Sofronio!
    Es curioso como, a la vez que los institutos religiosos han relajado el voto de obediencia hasta extremos insuperables, siempre que algún religioso quiere volver a la estricta observancia y recuperar la Tradición para salvar la congregación, los modernistas le aplastan con la obediencia.
    Así ocurrió con Mons. Lefebvre, cuando le dijeron que celebrara una Misa según el rito nuevo y “todo estaría arreglado”. Al negarse le llamaron desobediente y el resto es historia.
    ¿Cómo pudieron invocar la obediencia cuando Écone era el único seminario DEL MUNDO que formaba a los seminaristas según las directrices del Concilio Vaticano II? ¿Cómo pudieron llamar a la obediencia a un obispo totalmente ortodoxo que se desvivía por transmitir la Tradición Católica a las nuevas generaciones, cuando casi todas las instituciones católicas estaban plagadas de herejes que nadie había amonestado? ¿Cómo pudieron usar la obediencia para destruir la Iglesia, cuando ellos eran los primeros en desobedecer sus votos y el Magisterio?
    Lo mismo ha ocurrido hace poco con los frailes de la Immaculata. Les imponen sanciones draconianas, y aquel que se niegue a obedecer tan injusto castigo es tildado de desobediente y echado de la congregación. Tristemente, a diferencia de Mons. Lefebvre, parece que hasta ahora los frailes no han reaccionado de manera muy viril ante el abuso de autoridad del Vaticano. Con su obediencia (mal entendida) colaboran con la ruina de la Iglesia.
    Ojalá surjan muchas vocaciones religiosas auténticamente tradicionales, con una obediencia CATÓLICA, no este servilismo neo-modernista, que consiste en hacer lo que te mande tu superior, sea lo que sea. Hay una jerarquía de obediencias. San Pedro lo dice claro: “hay que obedecer antes a Dios que a los hombres.”

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