Virginitas: post partum (III)

Refutadas con toda contundencia posible  las objeciones filológicas más comúnmente esgrimidas contra la Virginitas post patum de la Madre de Dios en dos artículos anteriores (primero y segundo), nos proponemos ahora rebatir las torpes e impías impugnaciones al dogma de fe desde un punto de vista exegético. Todas  las negaciones de la verdad revelada en el ámbito escriturístico provienen de casi un único error: el libre examen de la Escritura fundado por el heresiarca Lutero; pregonado por sus partidarios en estos últimos cinco siglos y que ha abducido la mente de muchos teólogos ‘católicos’.

Proseguiremos con el mismo método de los artículos anteriores. En primer lugar pondremos la objeción como la plantean los herejes, y luego responderemos.

Cuestión: Primogénito

Primera objeción de carácter bíblico: «Se lee en San Lucas 2,7 que María “dio a luz a su Primogénito” luego se entiende que hubo otro que fue segundo, etc., para que Jesús sea denominado el Primogénito».

A este ardid de los librepensadores respondemos:

Puesto que todos los herejes aceptan, al menos, que Jesús fue, en efecto, el Primogénito; en eso coinciden los más desviados de entre ellos, no les queda más remedio que concluir que, si como dicen, Jesús tuvo más hermanos, éstos serían  menores en  edad a Él. Según los más críticos, incluso entre los herejes católicos,  Jesús hubiera tenido cuatro hermanos y dos hermanas; todos menores en edad que Nuestro Señor. La casa de Nazaret estaría repleta de chiquillos, según ellos.

Ahora bien, San Lucas narra que cuando Jesús tenía 12 años, María y José fueron con él solo a Jerusalén. Dicho viaje de unos trescientos kilómetros ida y vuelta a pie por caminos poco aptos no era obligatorio, mucho menos para la mujer  y requería entre 17 y 20 días de ausencia de casa para ir y volver, incluyendo la estadía en la ciudad,  que el propio evangelista nos dice cuántos fueron: «más de regreso, cumplidos los días. Lc. 2,43»; y  como sabemos eran siete los días que duraba la Pascua, quedándose hasta su término según la Escritura, esos fueron los días en Jerusalén. Si hubiera tenido más partos María ¿habría dejado solos en casa durante tres semanas a niños aun pequeños? No es posible imaginar tal situación, menos en una familia de la que no consta que tuviera importantes medios para tener ayos.

Pero aun suponiendo que, por una sola vez, es decir, cuando Jesús tenía doce años, algún pariente se hubiera hecho cargo de la prole de cuatro a seis supuestos hijos pequeños -grave responsabilidad, pues serían muchos chiquillos para cualquiera que no fuera su madre, más cuando no estaban obligados por la Ley a hacer esa peregrinación- durante unas tres semanas, no hubiera repetido cargar con ese grave compromiso sobre los hijos de otros, ni un año más. Pero resulta que, en realidad, María y José no fueron solamente ese año a Jerusalén, sino que «iban todos los años para la fiesta de Pascua» o « según costumbre », como nos dice San Lucas en el cap. 2,41. Esa ausencia acostumbrada de la casa de Nazaret año tras año no sería posible si María hubiera tenido 4 a 6 hijos pequeños más, algunos de los cuales estarían en periodo de lactancia y otros sin saber andar,  como dicen los herejes. María sólo tuvo un Hijo: Jesús; por eso subieron únicamente con Él a Jerusalén.

Segunda objeción de carácter bíblico: «Se lee en San Mateo 12,46-50  que la Madre de Jesús y sus hermanos querían hablarle, para que volviera a casa »

Vayamos al pasaje de Mt. 12, 46-50 donde se narra que sus hermanos  habían ido a buscar a Jesús ¿Cómo sería posible que los hermanos menores se atrevieran a buscar a Jesús para obligarle a regresar a casa? Eso sería desconocer el estrecho marco cultural de la época y la absoluta jerarquía del primogénito sobre los hermanos menores.

 Entre los hebreos, al igual que entre otras naciones, el primogénito disfrutaba privilegios especiales. Además de tener la mayor parte del afecto paterno, tenía dondequiera el primer lugar después de su padre (Génesis 43,33) y una especie de autoridad directiva sobre sus hermanos más jóvenes (Gén. 37,21-22.30, etc.); se le reservaba una bendición especial a la muerte de su padre, y lo sucedía como jefe de la familia, recibiendo doble porción entre sus hermanos (Deut. 21,17). Además, el derecho de progenitura, hasta el tiempo de la promulgación de la Ley, incluía el derecho al sacerdocio. Por supuesto, este último privilegio, como también la jefatura de familia al cual iba adherido, continuaba en vigor sólo durante el tiempo que los hijos vivieran bajo un mismo techo; pues, tan pronto formaban una familia aparte y separada, cada uno se convertía en cabeza y sacerdote de su propia casa. (Enciclopedia Católica)

No hay ninguna duda que éstos que ven con desagrado el ministerio de Jesús no son hijos de María, sino parientes y además menores que Él.

San Mateo es un evangelista que, sistemáticamente, aplica las profecías del Antiguo Testamento a los hechos de Jesús. No hubiera dejado ocasión de citar ante esta vicisitud el Salmo 69,6 : «Soy como un extranjero para mis hermanos, como un extraño para los hijos de mi madre». Más no lo citó, a pesar de que venía como ‘anillo al dedo’, si realmente hubiesen sido aquellos, hijos de María. Nótese que para decir que fulano es hermano de sangre de zutano, al no haber en hebreo ni en arameo una palabra para ello, tiene que decirse que fulano y zutano son hijos de Mengana. Pues bien, nunca se dice en los Evangelios que esos hermanos son hijos de María. Sólo Jesús y nada más que Él es llamado el hijo de María.

Tercera objeción de carácter bíblico: «Se lee en Hechos 1,13-14:  “Estos todos estaban perseverando unánimemente en la oración, con las mujeres; y María, la madre de Jesús, y con los hermanos de él”.  (Hch 1:14); luego los hermanos de Él eran hijos también de María»

Advirtamos, en primer lugar, que no dice ‘María y sus hijos’ ni ‘María la madre de Jesús y de los demás” o algo semejante que indicara que María era también madre de los otros, sino «María, la madre de Jesús y de los hermanos de Él»; Esta claro en el texto que María no era la madre de los que aquí son llamados«hermanos de Él».

En segundo lugar, todos los exégetas junto con la tradición concuerdan en que San José murió pronto. Los evangelios no dan señal alguna de que estuviese presente en los años de la vida pública de Jesús, ni en su Pasión ni luego de la Resurrección. Cualquiera que sepa algo de cómo era la vida social de la mujer entre los israelitas, no podría explicar la presencia de María, tanto en la vida pública como en la Pascua de su Hijo, salvo apelando a la viudedad de la Virgen y la acogida por Jesús, que ejercía como jefe de familia por la primogenitura.

En efecto, María aparece sin su esposo José, cosa impensable en una sociedad donde estaba muy mal visto el que un hombre hablase con una mujer en público (por eso se extrañan los apóstoles cuando encuentran a Jesús hablando con una mujer en el Pozo de Sicar (Jn. Cap. 4), hasta el punto que tal acto podía ser motivo de repudio. Solo la viudedad y que Jesús en el ejercicio de sus derechos la acogiese, explicaría la continuada presencia de su Madre, especialmente en el Calvario.

Pues bien, si María era viuda cuando Jesús fue crucificado, no habría explicación razonable para que en la Cruz Jesús confiara a San Juan la custodia de su madre, si como dicen los heresiarcas, tuviera más hermanos de sangre e hijos de María. Lo natural y legal hubiese sido que los otros hijos se hiciesen cargo de su madre cuando el primogénito de los supuestos hermanos muere. Sin embargo, en medio de la agonía, Jesús señala a San Juan como custodio de María. Y ese testamento suyo se cumplió de inmediato; pues  «Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.(Jn 19,27)». No hubo necesidad de que María volviera a Galilea a arreglar sus cosas con sus otros hijos y dejar disposiciones y voluntades que debieran tener en cuenta, porque no tuvo más hijos. Por eso, Ipso facto, luego de la sepultura, el discípulo amado la recibió en su casa. Sabemos también que en el día de Pentecostés junto con los apóstoles, y otras mujeres, estaba María, la Madre de Jesús. Cincuenta días después Juan cuidaba de María.

María es, pues, la Virgen Madre de Jesús; sólo tuvo un Hijo: Jesús, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, que murió en la Cruz y resucitó al tercer día. Fue siempre virgen, antes del parto, durante el parto y después del parto.

Conclusión sobre el uso de ‘Primogénito’

Un descubrimiento de 1922 en Tell-el-Yehudieh, confirma lo que venimos diciendo sobre el uso y hasta la preferencia de la palabra ‘Primogénito’. Se trata de un epitafio del año cinco antes de Cristo. La inscripción hace decir a la difunta mujer judía, Arsinoe, a la que estaba dedicada: «En los dolores del parto de mi primogénito el destino me llevó al fin de mi vida». Parece ilógico, según el pensamiento protestante,  que si esta mujer judía murió dando la vida a su hijo primogénito, ya que era imposible que tuviera otros, no se usara la palabra ‘unigénito’ y en su lugar se escribiera ‘primogénito’. Lo cual demuestra que era común denominar al hijo único primogénito, por una parte, y la torticera y perversa mente de los teólogos católicos al frente de cátedras abducidos por la teología liberal protestante, por otra.

El hecho de que S. Lucas haya usado ‘Primogénito’ en vez de ‘Unigénito’, prueba que no estaba pensando en hijos posteriores, pues aunque ‘unigénito’ es lingüísticamente posible y muy correcto, en la Biblia, y en el contexto histórico, el uso de esta palabra para designar a un hijo único es inusual, solo se emplea a veces para designar que es Hijo único del Padre, (cf. Jn 1:14; 18), pero también se usa la palabra Primogénito en relación al Padre; aunque sabemos que, en efecto, Jesús es Hijo único, el texto dice; «Y nuevamente al introducir a su Primogénito en el mundo dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios» (Heb 1:6). Aquí notamos que para introducir al mundo a su Hijo se consideró usar “Primogénito” del Padre, en vez de “Unigénito”

Por otro lado, el término ‘Primogénito’ (prototókos), no supone la existencia de otros hermanos menores, sino que subrayaba los derechos y privilegios, (Ex 13:2;12; 22:29; 34:19; Núm 3:12,13; 8:18). El pensamiento de San Jerónimo, en palabras de John Lightfoot es el siguiente: «A la ley al hablar del primogénito no se interesaba en si alguno había nacido después, sino solamente en si alguno había nacido antes». Este título de Primogénito  se aplica a Jesucristo, para expresar su supremacía universal en Rom8,29; Col 1,15; Heb 1,6; Apo 1,5.

Por lo tanto, de la palabra ‘Primogénito’ no se sigue la incorrecta interpretación de que hubo más hijos. S. Lucas elige este título porque Jesús tenía los deberes y derechos del Primogénito y porque era el portador de las promesas, y porque la primogenitura en Jesús es como lo dice S. Pablo: «…para que en todo tenga Él la primacía» (Col1:18).

La tradición, tanto judía como cristiana, entiende que la muerte de los primogénitos de Egipto, tanto de hombres como de animales (cf. Ex 11,5), afectó a todos los primeros nacidos de cada mujer, tuviese ésta otros hijos o no. Todos, sin excepción. Igualmente, el mandato de Dios de Ex 13,2 (Conságrame todo primogénito, todo lo que abre el seno materno entre los israelitas. Ya sean hombres o animales, míos son todos), era entendido por los judíos, sin referencia alguna a otros nacidos posteriores o a hijos únicos.

Habría que añadir que el término ‘primogénito’, en lenguaje bíblico, en el caso de varios hermanos, podía aplicarse a otro de los hermanos en caso de recibir de Dios una bendición especial. Por ejemplo, Efraín es llamado ‘primogénito’ en Jeremías 31,9 siendo el segundo hijo de José (Gn 41,52); el salmo 89 dice que David (el último de ocho hijos) es llamado primogénito por Dios: «Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra» (Sal 89,27-28).

Por lo tanto,  hemos creído demostrar que Primogénito sólo significa primer nacido y así se usa en Lucas 2,7 ya que se quería señalar el derecho y el privilegio, y no  señalar con este término si había hijos posteriores.

Dios mediante, seguiremos refutando las herejías contra la Virginidad Perpetua La Madre de Dios, en una próxima entrega

Permíteme cantar tus alabanzas, Virgen Santa

Hazme fuerte contra tus enemigos

Por Sofronio

 Artículos sobre la Virginidad de María publicados:
Virginitas: in partu (I)
Virginitas: in partu (II)
Virginitas: in partu (y III)
Virginitas: post partum (I)
Virginitas: post partum (II)
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Un comentario en “Virginitas: post partum (III)

  1. En relación a los “hermanos” de Jesús, ya sabemos que en hebreo y arameo “hermano” designa a “pariente”. Aún hoy conservamos en español la expresión “primo hermano”.
    Pero veamos qué nos dicen los Evangelios acerca de quiénes son estos “hermanos”
    Marcos 3, 6 nos da los nombres de los cuatro “hermanos”: Santiago, José, Judas y Simón.
    Sabemos por Juan 19:25 que junto a la Cruz estaban la Virgen María, la “hermana” de ésta, María de Cleofás, y María Magdalena.
    La “hermana”, María de Cleofás, no podría llamarse María si fuera hermana carnal de María, madre de Jesús. Tenía que ser “pariente”.
    Sabemos por Mateo 27:56 que estaban junto a la Cruz, la Virgen, María la madre de Santiago y José, y María Magdalena.
    Una exégesis conjunta nos indica que María la de Cleofás, “hermana” de la Virgen (cuñada diríamos hoy) de Juan 19:25, es la madre de Santiago y José (Mateo 27:56) de forma que Santiago y José son “hermanos” (primos hermanos diríamos hoy) de Jesús.
    Y si de entre los parientes de Jesús de Marcos 3:6, los dos primeros de los cuatro nombres que da el Evangelista son primos hermanos (Santiago y José) es que no hay hermanos carnales.
    Por tanto, Marcos 6:3, que induce a error a protestantes y agnósticos, en realidad, interpretado con los otros pasajes evangélicos confirma, precisamente, que Jesús no tenía hermanos carnales.
    Un saludo.

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