Ex cathedra

Autoridad de esta explicación.

Papa Pió IX, concocó el Concilio Vaticano donde se definió el dogma de la infalibilidad del Papa cuando habla ex cathedra

La hipérbole del concepto EX CATHEDRA, es decir, la indebida exageración de esta circunstancia del magisterio y su aplicación, junto a la ignorancia sobre la misma, ha sido usada por los liberales para imponer en los pastores de la Iglesia un orden contrario al de su misión.

Por desgracia esa exageración no sólo ha sido usada para sus fines espurios por el liberalismo, sino también por posiciones línea media  y así mismo por algunossedevacantistas para restituir el orden querido por Cristo. Admitiendo que no se puede equiparar el liberalismo de un cristiano, que es un pecado, a la posición del cristiano que, luego de prudentes reflexiones, llega a la conclusión de que la Sede está vacante, puesto que la afirmación de Sede vacantees una posición teológica legítima, como en tantas ocasiones nos ilustra la Historia de la Iglesia, también ésta suele compartir con aquéllas una desviación sobre la comprensión de la infalibilidad del Papa.

¿Quién nos podría ilustrar mejor sobre el asunto? ¿Quién podría ser el mejor interprete? Sin duda alguna el Papa Pío IX. Durante su pontificado se celebró el Concilio Ecuménico Vaticano, y en su cuarta sesión se aprobó la Constitución Dogmática Pastor Aeternus, que declara las condiciones en las que una definición del Papa, por sí solo, resulta infalible.

¿Hay algún otro que explique con claridad cómo se debe entender este dogma? Pues sí; se trata del Secretario de la comisión directiva del Concilio Vaticano, Mons. Fessler, cuyos vastos conocimientos en Patrología y Derecho Canónico debieron ser determinantes para que el Papa Pío IX le concediera tan grave responsabilidad.

Mons. Fessler escribió un opúsculo apologético contra el Dr. Schulte, partidario de los denominados Viejos Católicos, en el que trató de hacerles comprender que su entendimiento sobre el  concepto ex cathedraque les ha conducido al cisma, no es la interpretación correcta de la Constitución dogmática; es decir, Mons Fessler señala a los Viejos Católicos que la Iglesia no ha definido en Pastor Aeternus una infalibilidad en el Magisterio Ordinario del Vicario de Cristo, restándoles los motivos para su incipiente movimiento cismático.

En un breve de su puño y letra, de  27 de abril de 1871, el Papa Pío IX elogia y aprueba el opúsculo de Mons. Fessler, en el que dice, entre otras cosas “Pues no todos, especialmente los laicos, tienen una perspectiva adecuada de la índole del tema, y la verdad cuando es claramente expuesta suele expeler de las mentes bien formadas opiniones que los hombres tal vez han bebido junto con la leche materna [se refiere a la papolatría o falsa idea de la infalibilidad del papa en todo lo que dice públicamente] y confirma a otros en la recta sentencia y fortalecerlos contra los ataques insidiosos”

¿Pero qué dice el Opúsculo del obispo, elogiado por el Papa Pío IX?

Posiciones respecto al  dogma antes del Concilio.

Para mejor comprensión del tema, es necesario saber que desde la convocatoria surgió la polémica en torno a sí era oportuno o inoportuno proclamar el dogma en ese momento. La mayoría de los obispos alemanes, austrohúngaros y un tercio de los franceses estaban en contra de declararlo. Se les llamó el partido de los inoportunistas. Al partido mayoritario se les denominó infalibilistas. Una idea de la proporción de las posiciones nos la ofrece la Congregación General de 13 de julio de 1870. De 601 padres presentes, 451 votaron placet, 62 placet juxta modum y 88 nom placet .Considerando que, previamente, 55 obisposinoportunistas se habían retirado para no ofender con su voto negativo al Papa, podríamos decir que un tercio estaba en contra de la posición de declarar el dogma en ese momento. Finalmente, sobre 535 padres presentes, 533 votaron  placet y 2 nom placet.

Posiciones respecto al dogma después del Concilio.

Todos los obispos inoportunistas aceptaron públicamente la definición del dogma. Pero un grupo de católicos de Alemania, inspirados por el gran teólogo Joseph I. von Döllinger, quien sin embargo no se les unió, se separaron de la comunión de la Iglesia, bajo el nombre de Viejos Católicos.  Tal separación les ha llevado a ser un verdadero esperpento.

En su disciplina, administración y procedimiento, los viejos católicos se diferencian actualmente de la Iglesia Católica en varios aspectos. Por ejemplo, el celibato sacerdotal es opcional, los varones casados pueden ser ordenados y en ocasiones el clérigo puede contraer matrimonio después de la ordenación, con previo consentimiento episcopal. La expresión litúrgica es una cuestión determinada por el obispo ordinario. Por lo tanto, algunas viejas comunidades católicas han adoptado la renovación litúrgica promulgada después del Concilio Vaticano. Actualmente, en comunión con la iglesias anglicanas, algunos de los elementos que se pueden considerar característicos de esta tendencia podrían ser que se aceptan mujeres como sacerdotes.

El error del infalibilismo

No se debe decir que el Papa es infalible, porque no lo es. Lo que se debe decir es que determinados actos del Papa son infalibles; esto es, sólo cuando habla ex cathedra. Mons. Fessler dice con claridad  en su opúsculo (recuérdese que su escrito está elogiado y aprobado por el Papa Pío IX).

«No debe decirse que el Pontífice Romano es  personalmente infalible, en el sentido de que cada una de sus afirmaciones fuese infalible, y que él no dependería más que de sus gustos personales para imponer a los fieles la fe en nuevos dogmas. El Papa no es infalible ni como hombre, ni como sabio, ni como sacerdote, ni como obispo, ni como  príncipe temporal, ni como juez, ni como legislador. Él no es infalible ni impecable, ni en su vida, ni en su conducta, ni en sus criterios políticos, ni en sus relaciones con los  príncipes, ni siquiera en el gobierno de la Iglesia».

 «”no fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación trasmitida por los Apóstoles, es decir el depósito de la fe.”(Dz 1836) Es por lo tanto la revelación recibida de Dios, el depósito de la fe, el dominio perfectamente trazado y exactamente circunscripto dentro del cual se extienden las decisiones infalibles del Papa, y a sujeto del cual la fe de los fieles pueden quedar sujeta a nuevas obligaciones . . . No depende del capricho del Papa o de su deseo disponer que tal o cual doctrina sea objeto de una definición dogmática, está atado, está limitado a la revelación divina y a las verdades que ella contiene; está atado, está limitado  por los símbolos de la fe ya existentes y por las precedentes definiciones de la Iglesia. Está ligado y limitado por la ley divina y la constitución de la Iglesia. Finalmente, está atado y limitado por esta doctrina divinamente revelada que afirma que a la par de la sociedad religiosa existe la sociedad civil, que a la par de la jerarquía eclesiástica está el  poder de los gobernantes temporales, investidos en su dominio de una plena soberanía, y a los cuales se debe obediencia en conciencia y respeto en todas las cosas moralmente  permitidas, y que son del dominio de la sociedad civil»

Ciertamente el Papa posee la suprema potestad en:

  1. Las cuestiones concernientes a la Fe.
  2. Cuestiones relativas a la moral.
  3. Cuestiones disciplinarias.
  4. Cuestiones de gobierno.

Pero la infalibilidad que el Concilio Vaticano define no recae sobre las cuestiones tercera y cuarta, sino sólo sobre las dos primeras, y en ciertas condiciones. Cuáles sean esas condiciones para determinar que estamos ante un acto infalible del Papa, las veremos enseguida.

La infalibilidad del papa está limitada por cinco conceptos, si tiene continuidad con los símbolos de la fe y las definiciones de la Iglesia dadas en la Tradición. Si está continuidad se altera, nunca se podrá considerar infalible. Pero si no se rompe, debe cumplir las siguientes condiciones, para saber que el Papa habla ex cáthedra:

  1. Por razón del sujeto; puesto que es infalible cuando habla sólo como Pastor supremo y Juez.
  2. Por razón del objeto. Es infalible sólo en cuestiones de fe y de moral.
  3. Por el modo. Debe definir; el concepto de definición exige fijación con claridadexactitud yprecisión, y distinción de la naturaleza de una cosa.
  4. Por razón del ámbito. Debe ser vinculante para toda la Iglesia.
  5. Por razón de su imperio. Debe obligar.

Si alguna de estas condiciones no se cumple el acto del Papa no es infalible y puede errar e incluso caer en herejía e aún llegar perder el Oficio Supremo como lo aseguran muchos santos doctores de la Iglesia ¿Cómo es esto? Porque la infalibilidad está referida al oficio y en este sentido es personal, pero no en cuanto a la persona privada, sino en cuanto a la persona pública que está ejerciendo el cargo. Si la infalibilidad perteneciera a la persona individual, entonces sería siempre infalible, porque la persona es indivisible, y eso sería una aberración.

Puesto que el papa no goza de la impecabilidad, como bien dice Mons. Fessler, está sujeto a las debilidades humanas y por ende, y aunque repugne el pío sentir de los fieles, no se puede excluir que como persona privada el Papa caiga en error e, incluso, en herejía, pues de lo contrario sería impecable en este género de culpa; impecabilidad que ni Cristo le prometió ni la Iglesia ha dicho jamás que posea.

Interpretación de la decisión dogmática ex cathedra

El Secretario de la comisión directiva del Concilio Vaticano, continua diciendo en su Opúsculo elogiado por Pío IX, que aún cumpliendo con todas las condiciones el objeto de la infalibilidad no recae sobre toda la decisión dogmática, y que en concreto, no hay que considerar como tal lo que se dice al pasar, ni lo que sirve de introducción o los considerandos. El mismo mons Fessler aclara que usa la frase “decisión dogmática” para no alargarse, pero que, en realidad se está refiriendo a toda la doctrina fide vel moribus.

«Que aún en decretos dogmáticos, Bulas, etc., etc., no debe considerarse lo que allí se encuentra como decisión dogmática».

Criterios para saber si estamos ante una decisión infalible

Mons. Fessler refuta la opinión del Dr. Schulte contra quien, en realidad, escribió su Opúsculo.  El Dr Schuster pretendía haber escrudiñado los elementos que permitiría discernir a cualquier fiel si una decisión del papa era infalible o no y  los resume con un argumento falaz, diciendo que si se encuentra cualquiera de las siguientes notas, estaríamos ante un juicio ex cathedra:

  1. Las palabras usadas.
  2. El objeto de la definición.
  3. Las circunstancias.

Contra este argumento, Mons. Fessler indica la unanimidad de las distintas escuelas teológicas en la Tradición, y que dichos signos son sólo dos. Los expondremos en sus propias palabras (recuerde que fueron aprobadas y elogiadas por Pío iX).

    1. « El objeto de la decisión debe ser (sólo) una doctrina relativa a  la fe o a la moral»
    2. «El Papa debe expresar la intención de declarar , de proclamar, en virtud de su suprema autoridad doctrinal, que esta doctrina de fe o de moral forma parte de la verdad revelada por Dios,que debe ser creída por toda la Iglesia Católica entera y dar, en consecuencia en esta cuestión una verdadera definición (definiré). Estas dos señales deben encontrarse juntas. Las simples circunstancias que acompañan una declaración emanada de un Papa no bastan de manera alguna para llevar a reconocer en un acto pontifical un juicio ex cathedra o una definición de fe. Únicamente cuando las dos señales están presentes pueden las circunstancias del caso servir para apoyar y reforzar la prueba de la intención del Papa; prueba que debe desprenderse de sus mismas palabras…. Pero en el caso de que estas señales no conduzcan a una certeza completa de si en tal caso o cuestión se contiene un juicio ex cathedra, entonces deberá recurrirse al supremo doctor de la Iglesia para preguntarle a él mismo cuál fue su intención en tal decisión, o si tal antigua decisión del Papa debe considerarse como una sentencia ex cathedra.» (Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid ¿Cuántas veces tienen que decirJuan XXIII Pablo VI, Benedicto XVI que el Concilio Vaticano II no es dogmático sino pastoral, para que los adoradores de Juan Pablo II y Bergoglio se enteren que sus textos pueden errar y que de hecho contienen errores que, de seguirlos, llevan a las almas al infierno?

Debido  a las diferencias con el Dr. Schulte no es insólito que éste encuentrase numerosísimos pronunciamientos ex cathedra en el magisterio de los papas, mientras que Mons. Fessler encuentra muchos menos.

Refutado el Dr. Schulte con contundencia, Mons.Fessler precisa aún más, diciendo contra aquél:

«El Dr. Schulte afirma que “el Papa, y sólo él, puede fijar la extensión y los límites de una definición ex cathedra”. Esta afirmación es verdadera en el sentido en que ninguna autoridad humana puede darle prescripciones a este respecto.  Mas si con eso se quiere dar a entender que el Papa puede de acuerdo a su capricho y arbitrariamente extender sus decisiones infalibles inclusive a “materias jurídicas” que no están contenidas en la Revelación divina, entonces esto es completamente erróneo. El Papa en sus definiciones doctrinales no expresa otra cosa que lo que, con la asistencia particular de Dios, y depositado en la Iglesia Católica (en el depositum fidei divino). Esta asistencia divina que le mantiene al abrigo del error en sus decisiones (dogmática), le impide igualmente proclamar como doctrina de fe o de mora, aquello que Dios no ha revelad ni ha depositado en Iglesia. » ¿Entienden por qué el espíritu Santo no ha permitido que el Concilio vaticano II sea dogmático, ni ningún contenido de las monótonas encíclicas de los papas postconciliares?

Terminamos, pues, resumiendo la respuesta de Monseñor Fessler al capítulo tercero de la obra del Dr. Schulte, cuyo título es larguísimo razón por la que no la nombro. La respuesta de Mons Fessler en su Opúsculo, repito que elogiado y aprobado por Pío IX, se puede exponer en siete breves:

  1. La infalibilidad de la Sede de Pedro nada tiene que ver con lo que los papas hayan dicho, hecho u ordenado que se hiciesen, sino sólo con lo que hayan declarado ex cathedra.
  2.  Los actos de los papas no constituyen juicios ex cathedra.
  3. Lo que los papas dicen en su vida ordinaria o escriben en sus libros, no constituye pronunciamiento ex cathedra.
  4. Los pronunciamientos de los papas, incluso en decretos solemnes “que en virtud de su supremo poder de jurisdicción publican en materia de legislación disciplinarias, en sus sentencias judiciales y penales o en otros actos de gobierno de la Iglesia, sean dirigidos a individuos o la entera Iglesia, no son pronunciamientos infalibles”.
  5. Todos los simples actos de los papas, declaraciones y juicios, no entran en la cuestión en discusión, que es exclusivamente las definiciones infalibles.
  6. En caso de una verdadera y real decisión dogmática ex cathedra del Papa, no debe de aceptarse ni considerarse como juicio ex cathedra, sino sólo aquello que es expresamente designado como definición, y no aquello que aparece como materia escrita accesoria.
  7. Cito: « El Evangelio es, como la Sagrada Escritura toda entera, inspirada por Dios; mientras que ni el Concilio Vaticano ni ninguna autoridad doctrinal de la Iglesia ha jamás enseñado que los juicios infalibles ex cathedra fuesen inspirados por Dios»

Resumiendo: Lo único que exige la Fe es creer que el Papa es infalible cuando habla ex cathedra. Hay, cierto, otras opiniones teológicas, pero nadie puede pretender que sean dogmáticas, porque sería un abuso.

La confusión sobre las condiciones necesarias para estar cierto de que determinado acto de un Papa es infalible, ha generado una papolatría tal, que los liberales dentro de la Iglesia han sabido aprovechar muy bien para introducir falsas doctrinas, formando obispos y cardenales de su propia orientación, que han ascendido a la Sede primera, desde la que expanden los errores, extraviando a las almas.

Mientras no seamos capaces de deshacernos de este monstruoso infalibilismo, y lo comprendamos en la manera que lo ha definido la Iglesia en el Concilio Vaticano, será humanamente muy difícil salir de esta crisis, pues el error penetró, hace tiempo, en las mentes de la mayoría de católicos.

Recuerde, querido lector, que soy sólo un mensajero; y que lo se dice en este Opúsculo está aprobado por nada menos que el gran Papa Pío IX.

Ven Señor Jesús; ven pronto.

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