El galimatías de la infalibilidad [y IIº]

En esta segunda parte, además de resumir brevemente lo escrito en la primera, abordaremos las siguientes cuestiones:

      • El Magisterio del Papa.
      • Definición del Concilio Vaticano I de la infalibilidad del Romano Pontífice.
      • El Magisterio extraordinario ex cáthedra del Romano Pontífice.
      • Los nueve errores más comunes sobre el magisterio del Romano Pontífice
      • Sobre si un Papa puede caer en herejía o cisma.
      • Resumen y aplicación a la crisis actual.

Resumen de la primera parte.

Resumiendo la primera parte de este artículo, en el cual  creemos haber dejado probado:

A. Que son infalibles las definiciones en materia de fe y costumbres del:

1.- Magisterio ordinario del Colegio Episcopal disperso por el orbe (al menos con unanimidad moral), llamado Magisterio Ordinario Universal.

2.- Magisterio extraordinario del Colegio Episcopal  (Concilio Ecuménico)

Las condiciones de infalibilidad de este magisterio son:

        1. Deben ejercitar la función magisterial como Doctores y Jueces de la Fe y las Costumbres. (razón por la cual la asamblea plenaria de obispos, CV2, no es infalible)
        2. Deben declarar la doctrina para toda la Iglesia y obligar.
        3. La declaración debe estar referida a la Fe o a las Costumbres

B. Que no es infalible:

1.- El Magisterio Episcopal meramente auténtico (obispo en su diócesis, Conferencias Episcopales, etc.).

El magisterio del Papa.

CátedraEl P. Henri Le Floch tuvo entre sus muchos méritos ser rector del Pontificium Seminarium Gallicum, durante cuyo cargo se multiplicaron por dos el número de seminaristas, hasta su dimisión en 1926. En ese mismo año profetizaba: “La herejía que viene será la más peligrosa de todas; ella consiste en la exageración del respeto debido al Papa y la extensión ilegítima de su infalibilidad”. Porque es, precisamente, esa exageración dela infalibilidad la que ha posibilitado que, al ocupar el liberalismo todos los ámbitos jerárquicos dentro de la Iglesia, haya podido imponer el modernismo amparándose en un concepto idolátrico del papa: su absoluta infalibilidad. Por entonces, es decir, antes del conciliábulo VII, distinguir no era muy necesario a los fieles, dada la ortodoxia de los Sumos Pontífices; sin embargo, sí lo era para los teólogos  que, en general, no cumplieron bien su misión cayendo casi todos en la herejía opuesta a la de Lutero. Si éste negaba heréticamente la infalibilidad del Papa, aquellos la afirmaban en cuanto dijera de cualquier modo. Cuando fue necesario y urgente reaccionar ya no quedaban teólogos, o casi, sino escritores de manuales de texto para estudiantes y los fieles se vieron desprovistos de la inteligencia para enfrentarse a la mayor de las herejías: El modernismo.

Distingamos, pues, los modos del magisterio que puede ejercer el Romano pontífice y hagámoslo con el dogma de la Iglesia, dejando aparte las razones de los tontitos y lo que no son más que opiniones teológicas que, como el ombligo, cada cual tiene uno y no suele saberse para qué sirve.

El magisterio del Papa puede ser:

      1. Magisterio extraordinario o solemne, es decir ex cáthedra. Este magisterio es infalible siempre. (no confundir solemne con aparato, ritual, etc.).
      2. Magisterio ordinario, meramente auténtico. Este magisterio no es infalible.

Definición del Concilio Vaticano I de la infalibilidad del Romano Pontífice.

«El Romano Pontífice, cuando habla ex cáthedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.

Canon: De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema.

Dado en Roma en sesión pública, sostenido solemnemente en la Basílica Vaticana en el año de nuestro Señor de mil ochocientos setenta, en el decimoctavo día de julio, en el vigésimo quinto año de Nuestro Pontificado»

El magisterio Ex cáthedra del Romano Pontífice.

Debemos decir que la infalibilidad del Papa ex cáthedra es absoluta en el sentido apropiado, esto es, que sus definiciones ex cáthedra no están subordinadas a la aprobación a la autoridad de un concilio o a la aprobación posterior de la Iglesia.

El Concilio Ecuménico Vaticano asimiló la infalibilidad del Romano Pontífice a la toda la Iglesia. Proclamó, pues, la identidad en la naturaleza y en el objeto (fe y costumbres), pero no en modo, ya que, mientras la Iglesia también es infalible en el Magisterio Ordinario Universal,  el Papa lo es sólo en su magisterio extraordinario o solemne, ex cáthedra, y no en el modo ordinario  que es un magisterio propiamente auténtico.

Aquí cabe una confusión en muchos que es necesario aclarar. No se debe pensar que el Papa sea infalible únicamente si usa un aparato de solemnidad externa y una pompa exuberante. Porque lo esencial es que en su proclamación se verifique las tres condiciones que determinan que estamos ante una definición infalible. En todo documento que posea estas tres condiciones, cualquiera sea su forma –Carta Apostólica, Bula, Encíclica, etc.- estamos ante el magisterio extraordinario, solemne o ex cathedra del Romano Pontífice y no ante el magisterio ordinario o meramente auténtico del Papa. Es decir, el Papa en su mesita de noche puede definir ex cathedra, sin necesidad de boato, ni de suntuosidad alguna. Es suficiente que en su texto se den las condiciones del magisterio extraordinario para saber que estamos ante un documento infalible.

No existe ninguna necesidad de extender la infalibilidad del Papa a su magisterio ordinario, puesto que al no requerir el magisterio ex cáthedra de ninguna fastuosidad, nada impide al Romano pontífice ejercer su magisterio ex cáthedra cuantas veces lo considerase necesario.

A la enseñanza del Concilio Ecuménico Vaticano I (y único) que define en Dei Filius dos modos infalibles del magisterio de la Iglesia: Ordinario Universal y Extraordinario, quiso sumar en Pastor Aeternus el magisterio extraordinario o solemne del Romano Pontífice, distinto del que colegialmente se da a toda la Iglesia docente; es decir que la misma infalibilidad de la Iglesia es ejercida también personalmente por el Papa solo, si se dan tres condiciones a la vez, que son:

      1. Que el Romano Pontífice hable como cabeza de toda la Iglesia Universal.
      2. Sobre materia de fe o costumbres.
      3. Que sobre esas materias quiera pronunciar un juicio definitivo que todos los fieles están obligados a creer, a tener, o a rechazar.

Es ilícito aplicar la infalibilidad del Papa cuando habla ex cáthedra-es decir solo y con las condiciones señaladas- a su magisterio ordinario por las siguientes razones:

      1. Si en el magisterio ordinario del Papa éste habla como Obispo de Roma, sin el resto de los obispos, se trataría de magisterio meramente auténtico, el cual no es infalible, no es magisterio ex cáthedra,  como no lo es el de cada obispo en su diócesis.
      2.  Si en el magisterio ordinario del Papa éste habla como Obispo de Roma en unanimidad moral con el resto de los obispos dispersos por el mundo, no estaríamos ante el magisterio ex cáthedra del Papa, sino ante el Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia y no del Papa solo. Por esa razón el Papa Pío XII  pide en la Encíclica Humani Generis asentimiento, y no porque sea Magisterio infalible del Papa, sino porque el Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia es infalible. Luego si la Carta Encíclica participa de la unanimidad de aquel magisterio se le debe asentimiento  «No se ha de pensar que no exigen de suyo asentimiento las enseñanzas que en las Letras Encíclicas se proponen, dado que en ellas los Pontífices no usen la suprema potestad de su Magisterio. Tales enseñanzas proceden del Magisterio ordinario, del que también vale el dicho: El que a vosotros oye, a mí me oye (Denz. 2313). Está hablando del magisterio ordinario de la Iglesia, usando la misma cita que Dei Filius utiliza para hablar de la infalibilidad del colegio, del cual es cabeza el Papa.
      3. Si la Iglesia define la infalibilidad del Papa solo, hablando ex cáthedra, no se debe afirmar erróneamente que también es infalible cuando el Papa, solo, no habla ex cáthedra. Eso sería aplicar las mismas propiedades a cosas diferentes y al fin y al cabo, la misma naturaleza, lo cual además de ser un error es absurdo.

Errores más comunes sobre el magisterio infalible del Romano Pontífice.

      1. Contra los que dicen con error que el Colegio Episcopal comunica la infalibilidad al Papa o los que en su contra aseveran que el Papa comunica la infalibilidad al Colegio Episcopal, decimos que la doctrina de la Iglesia manda creer que una misma e idéntica infalibilidad otorgada por Dios reside en un doble sujeto: El Papa solo, cuando habla ex cáthedra y en el conjunto de la Iglesia docente. Estos dos sujetos no se comunican la infalibilidad entre ambos. Si el Concilio reunido no es infalible sin el Papa, esto no es debido a que éste no les comunique la infalibilidad, sino que en él si falta el Papa no puede estar constituido el Colegio Episcopal Auténtico. Hay que retener, pues, que la infalibilidad proviene de Dios aunque de modo diferente: Al Papa en cuanto persona singular en función pública y a los obispos sólo en cuanto colegio, que para ser tal debe incluir al Papa como cabeza.
      2. Contra los que dicen que uno es el magisterio extraordinario del Papa y otro distinto el magisterio ex cáthedra, se debe creer que no hay tal diferencia ya que es el mismo.
      3. Contra los que dicen que la infalibilidad de los concilios es la misma que la del Papa se debe creer que son dos modos distintos de ejercer una misma infalibilidad que proviene de Dios.
      4. Contra los que dicen que sin el Papa hay Colegio Episcopal, hay que creer que no hay colegio episcopal auténtico sin el Romano Pontífice.
      5. Contra los que dicen que la colegialidad de magisterio de la Iglesia es la misma que la impíamente pretendida colegialidad jurisdiccional, es decir, pretendiendo afirmar una doble potestad en la Iglesia, de una parte el Papa solo y de otra los obispos conformando el colegio, se debe creer que tal afirmación es una herejía puesto que la potestad jurisdiccional en la Iglesia corresponde sólo al Romano Pontífice, en contra de lo que se pretendió en el conciliábulo Vaticano II. Retener que la infalibilidad de los obispos en su magisterio es colegial y no singular y tienen l cargo de apacentar y enseñar, pero no la infalibilidad.
      6. Contra los que confunden el magisterio infalible con el magisterio auténtico, hay que decir que mientras éste se refiere a toda enseñanza proveniente de una autoridad legítima no goza por sí mismo de infalibilidad, aquél impone una doctrina como revelada por Dios constituyéndose en la regla próxima de la Fe.
      7. Contra el gravísimo e impío error de los que dicen que el Papa puede enseñar contra lo definido por otro precedente ya que aquello fue bueno para el pasado pero no para el presente, hay que creer lo contrario y condenar a quien lo dijere:

«No se abra entrada alguna por donde se introduzcan furtivamente en vuestros oídos perniciosas ideas, no se conceda esperanza alguna de volver a tratar nada de las antiguas constituciones; porque —y es cosa que hay que repetir muchas veces—, lo que por las manos apostólicas, con asentimiento de la Iglesia universal, mereció ser cortado a filo de la hoz evangélica no puede cobrar vigor para renacer, ni puede volver a ser sarmiento feraz de la viña del Señor lo que consta haber sido destinado al fuego eterno. Así, en fin, las maquinaciones de las herejías todas, derrocadas por los decretos de la Iglesia, nunca puede permitirse que renueven los combates de una impugnación ya liquidada» (De la Carta Cuperem quidem, del Papa San Sulplicio a Basilisco August., de 9 de enero de 476. DZ 160)

8. Contra el gravísimo e impío error de los que dicen que el Papa puede enseñar la evolución del dogma cómo quiera, primero distinguimos lo siguiente:

En cuanto a la evolución del dogma podemos distinguir dos maneras, a saber:

1ª .- Consiste en el crecimiento de fórmulas, pero permaneciendo el mismo sentido, y a la que se puede denominar evolución homogénea, y por ende, lícita.

2ª.- Consiste en explicaciones nuevas con uso de novedosas fórmulas o sin cambiar éstas, en la cuales no permanece el mismo sentido anterior, y que podemos llamar evolución transformista, y por lo tanto, ilícita. Pues bien, el dogma sólo puede evolucionar de forma homogénea, como bien señaló en una fórmula el Primer Concilio Vaticano: “Crescat igitur…sed in edodem sensu”, es decir, desarrollo sí, pero en el mismo sentido.

Pero ante todo esto podemos interrogarnos ¿Cuándo permanece el mismo sentido? Santo Tomás, Doctor de la Iglesia y con él San Buenaventura, diferencian tres clases de sentidos:

      1.  El sentido explicativo. Ejemplo de sentido explicativo, llamado consunum (conformes), lo tenemos en los conceptos de inmutabilidad absoluta e inmortalidad, pues con sólo penetrar el concepto de aquél, surgirá el de éste.
      2. El sentido diverso. Un ejemplo de sentidos diversos lo tenemos en los conceptos de cualidad y cantidad.
      3. El sentido contrario. Ejemplo de sentidos contrarios lo tenemos en los conceptos de espiritual y material.

aquino-Por lo tanto, podemos decir con todos los doctores de la Iglesia y con ésta misma, que siempre que los conceptos de las fórmulas sucesivas no sean de sentido contrario o diverso, sino mutuamente implícitos (consona=conforme) la evolución es en un mismo sentido, explicativa y verdadera.

Cuando la evolución del concepto es diversa o más grave aún, contraria, la evolución es errónea y la Iglesia nunca se ha arrogado esa atribución evolutiva.

La Iglesia tiene la misión de conservar el depósito de la fe y de explicar dicho depósito. Como la Iglesia no admite el aumento del objeto revelado después de la muerte de los Apóstoles, el desarrollo sólo puede venir del aumento de la explicación, conservando siempre, tanto el objeto revelado como su sentido..

«Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe» (Pastor Aeternus cap. 4 sobre la Infalibilidad del Romano Pontífice)

9. Contra los que enseñan que por «la índole de los documentos, la repetición frecuente de la doctrina y el modo de expresarse», como hace el conciliábulo en L. G 25, se distinguiría cuando el Romano Pontífice habla ex cathedra, hay que creer que tales indicios no aseguran la infalibilidad por sí misma; pues la infalibilidad sólo la aseguran las condiciones señaladas en Pastor Aeternus de las que más arriba hemos hablado; las cuales para unos teólogos son cinco, para otros cuatro, pero ambas posiciones se pueden resumir en tres, ya que éstas contienen todas las demás.

¿Puede caer en herejía y cisma un Papa?

Es de fe definida, pues, que el Romano Pontífice cuando habla ex cáthedra es infalible y que cuando en su magisterio ordinario como cabeza de Colegio Apostólico en unanimidad, al menos moral, con el resto de los obispos esparcidos por el mundo participa de la infalibilidad del Magisterio Ordinario de la Iglesia. Pero quedan dos modos de magisterio que puede ejercer el Papa: 1º  el magisterio meramente auténtico como obispo de Roma y 2º el magisterio ordinario meramente auténtico del Papa si las condiciones de infalibilidad prometidas a él cuando habla ex cáthedra. Estas dos modos no son infalibles, ante lo cual cabe preguntarse ¿si no son infalibles puede errar? La respuesta es sí, puesto que no goza del carisma prometido por Cristo en ese modo. Cabría preguntarse más ¿Puede caer en herejía o en cisma? Sin ánimo de entrar en una polémica sobre la sede vacante, cuándo se produce, o si un Papa que cae en herejía antes o después no era Papa o dejó de serlo, ya que no es éste el objeto del presente artículo, ya de por sí largo en exceso, leamos lo que dicen los propios Romanos Pontífices, santos y doctores de la Iglesia, canonistas de relieve y egregios teólogos. He aquí una selección, tratando de abreviar, dentro  de lo posible:

San León II, Papa (682-683) en una carta de agosto de 682 al Emperador Constantino IV le dice:

“Anatematizamos también a los inventores del nuevo error de: Teodoro Obispo de Pharan, Ciro de Alejandría, Sergio, Pirro… y también Honorio, que no ilustró esta Iglesia apostólica, sino que permitió, por una traición sacrílega, que fuese maculada la fe inmaculada”. (Dz. 563).

Adriano II, Papa (867-872)

(Leyó la frase de San Bonifacio que está en los Decretales de Graciano)

“Que ninguno de los mortales tenga la osadía de pensar que los errores se argüirán en contra de aquel por el cual todos somos juzgados, a no ser que se le sorprendiese desviado de la fe” (Palmieri, Tractus de Romano Pontifici, p.631).

“Leemos que el Pontífice Romano siempre juzgó a los jefes de todas las iglesias (esto es, los Patriarcas y Obispos); pero no leemos que jamás alguien lo haya juzgado. Es verdad que, después de muerto, Honorio fue anatemizado por los Orientales, pero se debe recordar que él fue acusado de herejía, único crimen que torna legítima la resistencia de los inferiores a los superiores, así como, el rechazo de sus doctrinas perniciosas”. (alloc. III lecta in Conc. VIII, Act.7 – Citado por Billot, “Trac. de Eccl. Christi”, tom.1, p.611 – Da Silveira, op. cit, p.149).

Inocencio III, Papa (1198-1216) 

“En tanto en cuanto la fe no sea conculcada, ya que sólo a Dios tengo por Juez del resto de mis pecados, únicamente por el pecado que contra la fe cometiere, puede juzgarme la Iglesia” (Palmieri Trac. de Rom. Pont. , p. 631).

“Prefacio del Sermón del Papa Inocencio III: ‘La fe es para mí a tal punto necesaria que, teniendo a Dios como único Juez en cuanto a los demás pecados, sin embargo, solamente por el pecado que cometiese en materia de fe, podría ser yo juzgado por la Iglesia”. (Citado por Billot, “Tract. de Ecclec. Christi”, tom. I, p. 610 – Da Silveira, op. cit., p. 153).

San Bonifacio:

(Palabras repetidas en el Decretum de Graciano)

 “Ningún mortal tendrá la presunción de argüir al Papa de culpa, pues, incumbido de juzgar a todos, por nadie debe ser juzgado a menos que se aparte de la fe”. (Da Silveira, op. cit. p. 152).

San Bruno

(Luego de que se retractó Pascual II de su error sobre las investiduras por el poder temporal)

“Dios sea loado pues he aquí que el propio Papa condena ese pretendido privilegio que es herético”. (Da Silveira, op. cit. p.151).  

San Roberto Belarmino.

“Sobre eso se debe observar que, aunque sea probable que Honorio no haya sido hereje, y que el Papa Adriano II, engañado por documentos falsificados del VI Concilio, haya errado al juzgar a Honorio como hereje, no podemos sin embargo negar que Adriano, juntamente con el Sínodo romano e inclusive con todo el VIII Concilio general, consideró que en caso de herejía el Pontífice Romano puede ser juzgado”. (Da Silveira, op. Cit. p.154).

 “(…) sobre ese asunto hay cinco opiniones. La primera es la de Alberto Pighi (Hierarch. Eccles., lib.4, cap.8), para quien el Papa no puede ser hereje y por tanto no puede ser depuesto en caso alguno. Esa sentencia es probable y puede ser defendida con facilidad, como después mostraremos en el lugar debido. Sin embargo, como no es cierta, y como la opinión común es la contraria, es útil examinar qué solución dar a la cuestión en caso de que el Papa pueda ser hereje”. (Da Silveira, op. cit. p.155).

 Belarmino“La cuarta opinión es la de Cayetano (cardenal), para quien (De Auctoritate Papae et Concilli, cap. 20 et 21), el Papa manifiestamente herético no está ipso facto depuesto, pero puede y debe ser depuesto por la Iglesia. A mi juicio, esa sentencia no puede ser defendida. Pues, en primer lugar, se prueba con argumentos de autoridad y de razón que el hereje manifiesto esta ipso facto depuesto. El argumento de autoridad se basa en San Pablo (Epist. ad Titum, 3), que ordena que el hereje sea evitado después de dos advertencias, es decir, después de revelarse manifiestamente pertinaz, lo que significa antes de cualquier excomunión o sentencia judicial. Eso es lo que escribe San Jerónimo, agregando que los demás pecadores son excluidos de la Iglesia por sentencia de excomunión, pero los herejes se apartan y separan a sí mismos del cuerpo de Cristo. (…) Este principio es certísimo. El no cristiano no puede ser Papa, como lo admite el propio Cayetano (ibídem, cap.26). La razón de ello es que no puede ser cabeza el que no es miembro, ahora bien, quien no es cristiano no es miembro de la Iglesia, y el hereje manifiesto no es cristiano como claramente enseña San Cipriano, San Atanasio, San Agustín, San Jerónimo y otros; luego el hereje manifiesto no puede ser Papa.” (De Rom. Pont. lib.II cap.30, p.418-420 – Da Silveira, op. cit. p. 167).

 “Luego, la opinión verdadera es la quinta, de acuerdo con la cual el Papa hereje manifiesto deja por sí mismo de ser Papa y cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia; y por eso puede ser juzgado y punido por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los antiguos padres, que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción (…). El fundamento de esta sentencia es que el hereje manifiesto no es de modo alguno miembro de la Iglesia, es decir, ni espiritualmente ni corporalmente, lo que significa que no lo es ni por unión interna ni por unión externa. Porque inclusive los malos católicos están unidos y son miembros espiritualmente por la fe, corporalmente por la confesión de la fe y por la participación en los sacramentos visibles; los herejes ocultos están unidos y son miembros aunque solamente por unión externa, contrario los buenos catecúmenos permanecen en la Iglesia tan sólo por una unión interna, no por la externa; pero los herejes manifiestos no pertenecen de ningún modo, como ya probamos”. (De Rom. Pont. Lib. II, cap. 30, p.420 – Da Silveira, op. cit. p.172-173).

San Alfonso María de Ligorio

 alfonso_ligorio“Muchas opiniones están aquí en presencia: 1°. Aquella de Lutero y Calvino quienes enseñan esta doctrina herética, que el Papa es falible, incluso cuando habla como Doctor universal y de acuerdo con el Concilio. 2°. La segunda, que es precisamente lo opuesto de la primera, es aquella de Alberto Pighius que sostiene que el Papa no puede errar, incluso cuando el habla como doctor privado. 3°. La tercera es aquella de ciertos autores que sostienen que el Papa es falible en las enseñanzas dadas fuera del Concilio. 4°. La cuarta opinión que es la opinión común y a la que nosotros adherimos es la siguiente: Bien que el Pontífice Romano pueda errar como simple particular o Doctor privado, así como en las puras cuestiones de hecho que dependen principalmente del testimonio de los hombres, sin embargo cuando el Papa habla como Doctor universal definiendo ex cathedra, es decir, en virtud del poder supremo trasmitido a Pedro de enseñar la Iglesia, decimos que él es absolutamente infalible en las decisiones y controversias relativas a la fe y a las costumbres. Esta opinión es defendida por Santo Tomás, Torquemada, de Soto, Cayetano, Alejandro de Hales, San Buenaventura, (…) San Francisco de Sales (…)”. (Oeuvres Completes de S. Alphonse de Liguori, Traduites per le P. Jules Jacques. Extrait du Tome IX, Traités sur le Pape et sur le Concile, p.286-287-292).

“Si alguna vez un Papa, como persona privada, cayera en herejía, él perdería inmediatamente el pontificado” (Obras completas)

Aquí conviene resaltar que según San Alfonso María de Ligorio, Pighi se encontraba con su infalibilismo absoluto, en el extremo opuesto a Lutero y Calvino que negaban toda infalibilidad del Papa y esto y lo consideraba una especie de “piadosa” idolatría.

San Francisco de sales

 “Por lo tanto, no decimos que el Papa no pueda errar en sus opiniones privadas, tal como lo hizo Juan XXII, ni tampoco ser totalmente hereje, como tal vez lo fue Honorio. Ahora bien, cuando él [el Papa] es explícitamente un hereje, cae ipso facto de su dignidad y fuera de la Iglesia…”(Francisco de Sales San Francisco de Sales, The Catholic Controversy, edición inglesa, pp. 305-306.

Canonista Prümmer 

“ Los autores enseñan comúnmente que el Papa pierde su potestad por herejía cierta y notoria, pero si fuese otro el caso, es de justicia dudar”(Manuale Iuris Canonici, ed. Herder, Friburgo 1927, p.131).

Canonista Regatillo

 “Simplemente por el hecho de herejía pública: como ya no fuese miembro de la Iglesia, mucho menos podría ser su cabeza”. (Institutiones Iuris Canonici, vol. I, ed. Sal Terrae, Santander 1951, p.280).

Canonista Coronata

Por herejía notoria. Algunos autores niegan el supuesto: puede, ciertamente, darse un Romano Pontífice hereje. Sin embargo, no puede probarse que el Romano Pontífice, como doctor privado, no pueda ser hereje, por ejemplo, si niega contumazmente un dogma definido anteriormente; esta impecabilidad no es prometida por Dios a ninguna persona. Por cierto Inocencio III admite expresamente el caso. Si el caso acontece en realidad, por el mismo derecho divino sin ninguna sentencia ni declaración alguna, se separa del cargo. En efecto, quien profesa abiertamente la herejía, él mismo se pone fuera de la Iglesia y no es probable que Cristo conserve su Primado de la Iglesia a uno con tal indignidad. Así pues, si el Romano Pontífice profiere una herejía, antes de cualquier sentencia, la cual es imposible, queda privado de su autoridad (Institutiones Iuris Canonici, vol. I ed. Marietti, Torino p.373).

Canonista Vermeersch

 “La potestad del Romano Pontífice cesa por muerte; por renuncia libre, la cual es válida sin ninguna aceptación (c.221); por la demencia cierta y ciertamente perpetua; por la herejía notoria” (Epitome Iuris Canonici, tom. I, 1927, p.222).

El Cardenal Juan de Torquemada

(Tío del Primer Gran Inquisidor de España) 

“(…) El cardenal español Juan Torquemada es el vigoroso y más influyente paladín del primado pontificio en el siglo XV, en cuyos escritos todos los futuros defensores del primado fueron a buscar sus argumentos: desde Doménico Jacobazzi y Cayetano, pasando por Melchor Cano, Suarez, Gregorio de Valencia y Belarmino, hasta los teólogos del primer Concilio Vaticano. (…) Para demostrar que el Papa puede ilícitamente separarse de la unidad de la Iglesia y de la obediencia a la cabeza de la Iglesia, y por lo tanto caer en cisma, el cardenal Torquemada usa tres argumentos: ’1° (…) por la desobediencia el Papa puede separarse de Cristo que es la cabeza principal de la Iglesia y en relación a quien la Iglesia primariamente se constituye. Puede hacer eso desobedeciendo a la ley de Cristo u ordenando lo que es contrario al derecho natural o divino. De ese modo se separaría del cuerpo de la Iglesia, en cuanto está sujeta a Cristo por la obediencia. Así, el Papa podría sin duda caer en cisma. 2° El Papa puede separarse sin ninguna causa razonable, sino por pura voluntad propia, del cuerpo de la Iglesia y del colegio de los sacerdotes. Hará eso si no observa aquello que la Iglesia universal observa con base en la tradición de los Apóstoles, según el c.’Ecclesiasticarum’, d.11, o si no observase aquello que fue, por los Concilios universales o por la autoridad de la Sede Apostólica, ordenando universalmente sobre todo en cuanto al culto divino. Por ejemplo, no queriendo personalmente observar lo que se relaciona con las costumbres universales de la Iglesia o con el rito universal del culto eclesiástico. (…) Apartándose de tal modo y con pertinacia de la observancia universal de la Iglesia, el Papa podría incidir en cisma. (…) Por eso, Inocencio dice: ‘De Consue.’ Que en todo se debe obedecer al Papa en cuanto este no se vuelva contra el orden universal de la Iglesia, pues en tal caso el Papa no debe ser seguido, a menos que haya para eso causa razonable. 3° Supongamos que más de una persona se considere Papa y que una de ellas sea verdadero Papa, aunque tenido por algunos como probablemente dudoso. Supongamos que ese Papa verdadero se comporte con tanta negligencia y obstinación en la búsqueda de la unión de la Iglesia, que no quiera hacer cuanto pueda para el establecimiento de la unidad, en tal hipótesis, el Papa sería tenido por fomentador del cisma, conforme muchos argumentaban, aun en nuestros días, a propósito de Benedicto XIII y de Gregorio XII’ “. (Summa de Ecclesia, pars. I, lib. IV cap. 11, p.369 vuelta. Citado por Da Silveira, op. cit. p.186-187).

Melchor Cano

(Uno de los grandes teólogos del Concilio de Trento que combatió la posición de Pighi)

Todos admiten sin dificultas que el Papa puede caer en la herejía como en toda otra falta grave; ellos se preocupaban solamente de buscar por qué y dentro de cuáles condiciones, él puede en ese caso ser juzgado por la Iglesia”. (Infaillibilité du Pape, col. 1715). Y continúa más adelante Dublanchy: “En los comienzos del siglo XVI la opinión del cardenal Torquemada es reproducida por Cayetano (…). Al encuentro de esta afirmación, Pighi afirma que según las promesas de Jesucristo, tomadas en toda su extensión, Mt. 16,18, es imposible que el Papa sea herético porque, el fundamento de la Iglesia cesando de estar unido a Jesucristo sería verdad que las puertas del infierno han prevalecido contra la Iglesia (…). Esta afirmación de Pighi fue pronto combatida por Melchor Cano, quién, después de haber rechazado la mayor parte de las explicaciones dadas por Pighi para justificar a varios Papas con respecto a la fe, concluye que no se puede negar que el soberano Pontífice pueda ser herético, porque en efecto hay un ejemplo o quizás dos. Cano fue seguido por Domingo Soto, Gregorio de Valencia y Bañez”. (DTC. Infaillibilité du Pape. col. 1715-1716).

El Cardenal Journet

 “Los antiguos teólogos (Torquemada, Cayetano, Bañez), que pensaban que de acuerdo con el Decreto de Graciano, que el Papa, infalible como Doctor de la Iglesia podía sin embargo personalmente pecar contra la fe y caer en herejía, con mayor razón admitían que el Papa podía pecar contra la caridad, inclusive en cuanto esta realiza la unidad de la comunión eclesiástica, así caer en el cisma. La unidad de la Iglesia, según ellos decían, subsiste cuando el Papa muere, por lo tanto ella podría subsistir también cuando un Papa incidiese en cisma. (…) En cuanto al axioma donde está el Papa está la Iglesia vale cuando el Papa se comporta como Papa y como jefe de la Iglesia; en caso contrario ni la Iglesia está en él ni el en la Iglesia. (Cayetano, ibídem)”. (Da Silveira, op.cit. p.185). 

Suárez

suarezPor lo tanto, si la fe es fundamento de la Iglesia, es también fundamento del Pontificado y del orden jerárquico de la Iglesia. Esto se confirma por el hecho de que esa es la razón presentada para explicar que Cristo haya pedido a San Pedro una profesión de fe antes de prometerle el papado (Mt. 16). Segunda confirmación: con frecuencia los Padres dicen que quien no tiene fe no puede gozar de jurisdicción en la Iglesia, San Cipriano, San Ambrosio, San Gelasio Papa, Alejandro II, San Agustín, Santo Tomás. Tercera confirmación, a través de un argumento muy simple: El hereje no es miembro de la Iglesia, tampoco es cabeza de ella. Aún más, el hereje ni siquiera debe ser saludado sino que debe ser absolutamente evitado, como enseña San Pablo (Tito 3) y San Juan (II Epístola), mucho menos por lo tanto debe ser obedecido. Finalmente el Pontífice herético, niega a Cristo y a la verdadera Iglesia; luego, niégase también a sí mismo y a su cargo; luego está por eso mismo privado de ese cargo”. (De Fide. Obra citada por Da Silveira, op. cit. 156-157).

 “Y de este segundo modo el Papa podría ser cismático, en el caso de que no quisiese tener con todo el cuerpo de la Iglesia la unión, la conjunción debida, como sucedería si tratase de excomulgar a toda la Iglesia o si quisiese subvertir todas las ceremonias eclesiásticas fundadas en la tradición apostólica como observa Cayetano y con mayor amplitud Torquemada”. (Da Silveira, op. cit. p.187).

Vacandard

“Por si fuera poco todo lo dicho, Vacandard en el artículo Déposition et Dégradation des Clers del DTC dice: “Por último el Papa Inocencio III reconoce solemnemente que, si por sus otros pecados él tiene a Dios únicamente por juez, ‘en materia de herejía él puede ser juzgado por la Iglesia’ propter solum peccatum quod in fide committitur possem ab Ecclesia judicari. Este principio está en efecto fuera de duda. (…) La regla que se aplica a los Papas heréticos se aplica igualmente a los cismáticos, y esta es la segunda excepción que nosotros queríamos señalar”. (Vacandard en el artículo Déposition et Dégradation des Clers del DTC).

Cristobal Colón

(Lo que creían en la Edad Media)

 “No pocos en la Edad Media admitían que el Papa hereje podía ser juzgado por el Concilio; hasta podemos decir que era doctrina comunísima en aquel tiempo inclusive entre los propios defensores del Papa”. (Da Silveira,citando a Mondello op. cit. p.153). Esto es tan cierto que hasta Cristóbal Colón llegó a decir en su testamento, lo cual prueba que era doctrina comunísima en aquel tiempo, recomendándole a su hijo de ponerse: “a los pies del Santo Padre, salvo si fuese herético, (lo que Dios no quiera)”. (Boletín del Ilustre Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y Ciencias del Distrito Universitario de Madrid, n°36, junio 1992, p.11).

Dublanchy 

Se ve obligado a reconocer:

“los dos textos escriturarios Mateo 16,18 y Lucas 22,32, según la argumentación precedentemente establecida y según la interpretación constante de los teólogos prueban únicamente la infalibilidad del Papa enseñando como Pastor y doctor de la Iglesia entera, eso que los fieles están obligados a creer y admitir. Esto es igualmente todo lo que prueba, después de toda nuestra exposición, el testimonio de la tradición católica”. (DTC, Infaillibilité du Pape, col. 1717).

Sean suficientes, pudiendo traer muchas citas más. Casi toda la gran compilación y exposición que hemos venido citando se la debemos a Da Silveira, quien la expone en su magnífico libro “Implicaciones Teológicas y Morales del Nuevo Ordo Missae, bastantes de las cuales  recoge el P. Basilio Méramo en varios de sus  opúsculos “.

Da Silveira, tras su erudito estudio,  señala : “No se encuentran, en la Escritura y en la Tradición, razones que muestren la imposibilidad de que un Papa caiga en la herejía. Por el contrario, numerosos testimonios de la Tradición hablan en favor de la posibilidad de la caída. Siendo así, que debemos considerar como teológicamente posible que un Papa caiga en la herejía, y estudiar las consecuencias que semejante hecho traería para la vida de la Iglesia”. (Da Silveira, op. Cit. 177).

Claro está que el Papa aparte de ser infalible ex cáthedra, lo es también, pero no ya el solo, sino coadunados todos los Obispos del mundo bajo su cabeza, el Romano Pontífice, como colegio episcopal unánimes en su Magisterio Ordinario Universal o reunidos extraordinariamente en Concilio Ecuménico. Tal vez ahora se comprenda mejor el esquema.

infabilibilidad

Resumen y aplicación a la crisis actual.

Resumiendo y aplicando: En la Constitución Pastor Aeternus del Concilio vaticano I – Magisterio Extraordinario de la Iglesia, e infalible- se define que, el Papa solo, es infalible cuando habla ex cáthedra, pero no define que es infalible en su magisterio meramente auténtico y ordinario.  Si en el Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia no hay unanimidad sobre la infalibilidad del magisterio ordinario, sino al contrario, siendo, al menos, doctrina común que este magisterio no goza de la infalibilidad prometida por Cristo a Pedro, es claro que hay que creer como de fe definida que el Papa solo, es infalible únicamente cuando habla ex cáthedra; y que cuando no se envuelve en dicho carisma es doctrina común que puede caer en herejía y cisma e , incluso, perder el pontificado, sin discutir ahora si habiendo llegado el caso, ni el cómo, ni el  cuándo, ni quién, etc. . Pensamos que sólo desde esta claridad es posible una unidad de los católicos que aman la tradición; sólo dejando de lado las opiniones y unidos en torno a lo dogmáticamente definido y aceptando que el Papa puede caer en herejía y cisma sin que por ello deje de cumplirse la Promesa de Cristo a Pedro, es posible combatir el modernismo. Porque así como contra un régimen ilegitimo y tiránico que no busca el bien común de los súbditos, es necesario organizar la respuesta unidos en torno a lo esencial, dejando para más tarde aquello que sólo debe discutirse cuando hay sido vencido el tirano, de la misma manera los católicos deberían asimilarse a lo que la Iglesia ha definido, que es lo esencial, para que se restaure la legitima autoridad que vele por la Gloria de Dios y el bien de las almas, omitiendo lo que es accidental o en que en su caso no haya sido definido como de fe. Lo demás, según mi modesto parecer naturalmente discutible, es adventicio y sólo trae división sin fin.

Sofronio

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