La Bestia que subía de la tierra

Es sabido es que existen dos decretos diferentes de parte del Santo Oficio: uno del año ´41 y otro del ´44. El primero no pasó de ser una respuesta particular al Arzobispo de Santiago de Chile, y el otro, de alcance universal, fue publicado en las Actas de la Sede Apostólica. En ellos de condena de la obra del Lacunza un tipo de mileranismo: el carnal y el mitigado, pero no es espiritual. No obstante, nada dice ni condena el Santo Oficio sobre la exégesis que Lacunza hizo del resto del Apocalipsis, de la cual traemos a la opinión del lector su interpretación sobre la Bestia que subía de la tierra.

He aquí unos extractos del libro del P. Lacunza “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad” (1780 ss)  que dan mucho qué pensar en el presente, materia opinable y con los matices que se requieran, por supuesto,pero, qué duda cabe de que contiene un fondo verdadero.

  1. Y vi otra bestia que subía de la tierra, y que tenía dos cuernos semejantes a los del cordero, mas hablaba como el dragón, y ejercía todo el poder de la primera bestia en su presencia; e hizo que la tierra y sus moradores adorasen a la primera bestia, cuya herida mortal fue curada. E hizo grandes maravillas, de manera que aun fuego hacía descender  del cielo a la tierra a la vista de los hombres. Y engañó a los moradores de la tierra con los prodigios que se le permitieron hacer delante de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra, que hagan la figura de la bestia, que tiene la herida de espada, y vivió. Y le fue dado que comunicase espíritu a la figura de la bestia, y que hable la figura de la  bestia; y que haga que sean muertos todos aquellos que no adoraren  la figura de la bestia. Y a todos los hombres, pequeños, y grandes, ricos, y pobres, libres, y siervos hará tener una señal en su mano derecha, o en sus frentes. Y que ninguno pueda comprar, o vender, sino aquel que tiene la señal, o nombre de la bestia, o el número de su nombre.  Aquí hay sabiduría. Quien tiene inteligencia calcule el número de la bestia. Porque es número de hombre; y el número de ella seiscientos sesenta y seis (Apoc. 13, 11 y ss.) 

211. Esta bestia de dos cuernos, nos dicen con gran razón los intérpretes del Apocalipsis, que será el pseudo-profeta del Anticristo…

Christ aux outrages214. Pues esta bestia nueva, este cuerpo moral, compuesto de tantos seductores, será si duda en aquellos  tiempos infinitamente más perjudicial, que toda la primera bestia, compuesta de siete cabezas, y armada con diez cuernos todos coronados. No espantará tanto al cuerpo, o al rebaño de Cristo la muerte, los tormentos, los terrores y amenazas dela primera bestia, cuanto el mal ejemplo de los que debían darlo bueno, la persuasión, la mentira, las órdenes, las insinuaciones directas o indirectas; y todo con aire de piedad y máscara de religión, todo confirmado con fingidos milagros, que el común de los fieles no es capaz de distinguir de los verdaderos.

215. Es más que visible a cualquiera que se aplique a considerar seriamente esta bestia metafórica, que toda ella es una profecía formal y clarísima del estado miserable en que estará en aquellos tiempos la Iglesia Cristiana, y del peligro en que se hallarán aun los más de los fieles, aun los más inocentes, y aun los más justos.

Con alguna atención, todas las cosas generales y particulares que nos dice San Juan de esta bestia terrible, y me parece que no tendréis dificultad en entender lo que realmente significa, y lo que será o podrá ser en aquellos tiempos de que hablamos la bestia de dos cuernos. El respeto y veneración con que miro, y debemos mirar todos los fieles cristianos a nuestro sacerdocio, me obliga a andar con estos rodeos, y cierto que no meatreviera a tocar este punto, si no estuviese plenamente persuadido de su verdad, de su importancia, y aun de su extrema necesidad.

216. Sí, amigo mio, nuestro sacerdocio; éste es, y no otra cosa el que viene aquí significado, y anunciado para los últimos tiempos debajo de la metáfora de una bestia con dos cuernos semejantes a los del cordero. Nuestro sacerdocio, que como buen pastor, y no mercenario, debía defender el rebaño de Cristo, y poner por él su propia vida, será en aquellos tiempos su mayor escándalo, y su mayor y más próximo peligro. ¿Qué tenéis que extrañar esta proposición? ¿Ignoráis acaso la historia? ¿Ignoráis los principales y más ruidosos escándalos del sacerdocio hebreo? ¿Ignoráis los escándalos horribles y casi continuados por espacio de diez y siete siglos del sacerdocio cristiano? ¿Quién perdió enteramente a los judíos, sino su sacerdocio? Éste fue el que resistió de todos modos al Mesías mismo; no obstante que lo tenía a la vista, oía su voz, y admiraba sus obras prodigiosas. Éste fue el que cerrando sus ojos a la luz, se opuso obstinadamente a los deseos y clamores de toda la nación que estaba prontísima a recibirlo, y lo aclamaba a gritos por Hijo de David, y Rey de Israel. Éste fue el que a todos les cerró los ojos con miedos, con amenazas, con persecuciones, con calumnias groseras, para que no viesen lo mismo que tenían delante, para que desconociesen a la esperanza de Israel, para que olvidasen enteramente sus virtudes, su doctrina, sus beneficios, sus milagros, de que todos eran testigos oculares. Éste, en fin, les abrió la boca para que lo negasen, y reprobasen públicamente, y lo pidiesen a grandes voces para el suplicio de la cruz.

217. Ahora digo yo: ¿este sacerdocio lo era acaso de algún ídolo o de alguna falsa religión? ¿Había apostatado formalmente de la verdadera religión que profesaba? ¿Había perdido la fe de sus Escrituras y la esperanza de su Mesías? ¿No tenía en sus manos las Escrituras? ¿No podía mirar en ellas como en un espejo clarísimo la verdadera imagen de su Mesías, y cotejarla con el original que tenía presente? Sí, todo es verdad; mas en aquel tiempo y circunstancias, todo esto no bastaba, ni podía bastar. ¿Por qué? Porque la iniquidad de aquel sacerdocio, generalmente hablando, había llegado a lo sumo. Estaba viciado por la mayor y máxima parte; estaba lleno de malicia, de dolo, de hipocresía, de avaricia, de ambición; y por consiguiente lleno también de temores y respetos puramente humanos, que son lo que se llaman en la Escrituras la prudencia de la carne y el amor del siglo, incompatibles con la amistad de Dios. Ésta fue la verdadera causa de la reprobación del Mesías, y de todas sus funestas consecuencias, la cual no se avergonzó aquel inicuo sacerdocio de producir en pleno concilio (preguntando): ¿Qué hacemos porque est hombre hace muchos milagros? Si lo dejamos así, creerán todos en él, y vendrán los Romanos, arruinarán nuestra ciudad y nación.

figura del anticristo218. ¿Qué tenemos, pues, que maravillarnos de que el sacerdocio cristiano pueda en algún tiempo imitar en gran parte la iniquidad del sacerdocio hebreo? ¿Qué tenemos que maravillarnos de que sea el únicamente simbolizado en esta bestia de dos cuernos? Los que ahora se admiren de esto, o se escandalizaren de oírlo, o lo tuvieren por un despropósito increíble, es muy de temer, que llegada la ocasión, sean los primeros que entren en el escándalo, y los primeros presos en el lazo. Por lo mismo que tendrán por increíble tanta iniquidad en personas tan sagradas, tendrán también por buena la misma iniquidad. ¿Qué hay que maravillarse después de tantas experiencias? Así como en todos tiempos han salido del sacerdocio cristiano bienes verdaderos e inestimables, que han edificado y consolado la Iglesia de Cristo, así han salido innumerables y gravísimos males, que la han escandalizado y afligido. ¿No gimió todo el orbe cristiano en tiempo de los Arrianos? ¿No se admiró de verse Arriano casi sin entenderlo, según esta expresión viva de San Jerónimo: lamentándose el mundo todo se admiró al reconocerse Arriano? ¿Y de dónde le vino todo este mal, sino del sacerdocio?

219. ¿No ha gemido en todos tiempos la Iglesia de Dios entre tantas herejías, cismas y escándalos, nacidos todos del sacerdocio, sostenidos por él obstinadamente? Y ¿qué diremos de nuestros tiempos? Consideradlo bien, y entenderéis fácilmente cómo la bestia de dos cuernos puede hacer tantos males en los últimos tiempos. Entenderéis, digo, cómo el sacerdocio de los últimos tiempos, corrompido por la mayor parte, pueda corromperlo todo, y arruinarlo todo, como lo hizo el sacerdocio hebreo. Entenderéis en suma, cómo el sacerdocio mismo de aquellos tiempos, con su pésimo ejemplo, con persuasiones, con amenazas, con milagros fingidos, etc., podrá alucinar a la mayor parte de los fieles, podrá deslumbrarlos, podrá cegarlos, podrá hacerlos desconocer a Cristo, y  declararse en fin por sus enemigos: se levantarán muchos falsos profetas, y engañarán a muchos. Y darán grandes señales. Y porque se multiplicará la iniquidad, se resfriará la caridad de muchos. ¡Oh! ¡Qué tiempos serán aquéllos! ¡Qué oscuridad! ¡Qué temor! ¡Qué tentación! ¡Qué peligro! Si no fuesen abreviados aquellos días, ninguna carne sería salva.

220. ¿Qué pensáis que será cuando las simples ovejas de Cristo de toda edad, de todo sexo, de toda condición, viéndose perseguidas de la primera bestia, y amenazadas con la potencia formidable de sus cuernos, se acojan al abrigo de sus pastores, implorando su auxilio, y los encuentren con la espada en la mano, no cierto para defenderlas, como era su obligación; sino para afligirlas más, para espantarlas más, para obligarlas a rendirse a la voluntad de la primera bestia? ¿Qué pensáis que será, cuando poniendo los ojos en sus pastores, como en su único refugio y esperanza, los vean temblando de miedo, mucho más que ellos mismos, a vista de la bestia, y de sus cuernos coronados, por consiguiente los vean aprobando prácticamente toda la conducta de la primera bestia, aconsejando a todos que se acomoden con el tiempo por el bien de la paz, que por este bien de la paz (falsa a la verdad) tomen el carácter de la bestia en las manos o en la frente, esto es, que se declaren públicamente por ella, fingiendo para esto milagros y portentos, para acabar de reducirlas con apariencia de religión? ¿Qué pensáis que será, cuando muchos fieles justos y bien instruidos en sus obligaciones, conociendo claramente que no pueden en conciencia obedecer a las órdenes que saldrán en aquel tiempo de la potestad secular, se determinen a obedecer a Dios, arriesgarlo todo por Dios, y se vean por esto abandonados de todos, arrojados de sus casas, despojados de sus bienes, separados de sus familias, privados de la sociedad y comercio humano, sin hallar quien les dé, ni quien les venda, y todo esto por orden y mandato de sus propios pastores? Todo esto porque no les ve ni en las manos ni en la frente señal alguna de ser contra Cristo. Todo esto porque no se declaran públicamente por Anticristos. Con razón dice San Pablo: que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos… y con razón dice el mismo Jesucristo: si no fuesen abreviados aquellos días, ninguna carne sería salva…

221. Persecuciones de la potencia secular las padeció la Iglesia de Cristo terribilísimas, y casi continuas, por espacio de 300 años, y con todo eso se salvaron tantos, que se cuentan no a centenares ni a millares, sino a millones. Lejos de ser aquellos tiempos de persecución peligrosos para la Iglesia, fueron por el contrario los más a propósito, los más conducentes, los más útiles para que la misma Iglesia creciese, se arraigase, se

fortificase y dilatase por toda la tierra. No fue necesario ni conveniente abreviar aquellos días por temor de que pereciese toda carne; antes fue convenientísimo dilatarlos para conseguir el efecto contrario. Así los dilató el Señor muy cerca de tres siglos, muy cierto y seguro de que por esta parte nada había que temer; mas en la persecución o tribulación horrible de que vamos hablando, se nos anuncia claramente por boca de la misma verdad, que deberá suceder todo lo contrario: Porque habrá entonces grande tribulación, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni será. Y si no fuesen abreviados aquellos días, ninguna carne sería salva. Pensad, amigo, con formalidad, cuál podrá ser la verdadera razón de una diferencia tan grande, y difícilmente hallareis otra, que la bestia nueva de dos cuernos que ahora consideramos, o lo que es lo mismo, el sacerdocio cristiano, ayudando a los perseguidores de la Iglesia y de acuerdo con ellos, por la abundancia de su iniquidad.

223. Si todavía os parece difícil de creer que el sacerdocio cristiano de aquellos tiempos sea el únicamente figurado en la terrible bestia de dos cuernos, reparad con nueva atención en todas las palabras y expresiones de la profecía; pues ninguna puede estar de más. Dice San Juan, que vio esta bestia salir o levantarse de la tierra; que tenía dos cuernos como de cordero; pero que su voz o modo de hablar era no de cordero sencillo e inocente, sino de un maligno y astuto dragón; dice más que con esta apariencia de cordero manso y pacífico, y con la realidad de dragón, persuadió a todos los habitadores de la tierra, que adorasen o se rindiesen y tomasen partido por la primera bestia; que para este fin hizo grandes señales o milagros, todos aparentes y fingidos, con los cuales, y al mismo tiempo con su voz de dragón, o con sus palabras seductivas, engañó a toda la tierra; que obligó en fin a todos los habitadores de la tierra a traer públicamente en la frente o en la mano el carácter de la primera bestia, so pena de no poder comprar ni vender, etc. Decidme ahora, amigo, con sinceridad, ¿a quién pueden competir todas estas cosas, piénsese como se pensare, sino a un sacerdocio inicuo y perverso, como lo será el de los últimos tiempos?

226. Añade, que la vio con dos cuernos semejantes a los de un cordero; la cual semejanza, aun prescindiendo de la alusión a la mitra, que reparan varios doctores, parece por otra parte, siguiendo la metáfora, un distintivo propísimo del sacerdocio, que a él solo puede competir. De manera, que así como los cuernos coronados de la primera bestia significan visiblemente la potestad, la fuerza, y las armas de la potencia secular de que aquella bestia se ha de servir para herir y hacer temblar toda la tierra; así los cuernos de la segunda, semejantes a los de un cordero, no pueden significar otra cosa, que las armas o la fuerza de la potestad espiritual, las cuales aunque de suyo son poco a propósito para poder herir, para poder forzar, o para espantar a los hombres; mas por eso mismo se concilia esta potencia mansa y pacífica, el respeto, el amor y la confianza de los pueblos; y por eso mismo es infinitamente más poderosa, y más eficaz para hacerse obedecer, no solamente con la ejecución, como lo hace la potencia secular, sino con la voluntad, y aun también con el entendimiento.

227. Mas esta bestia en la apariencia mansa y pacífica (prosigue el amado discípulo), esta bestia en la apariencia inerme, pues no se le veían otras armas que dos pequeños cuernos semejantes a los de un cordero, esta bestia tenía una arma horrible y ocultísima, que era su lengua, la cual no era de cordero, sino de dragón: hablaba como el dragón. Lo que quiere decir esta similitud, y a lo que alude manifiestamente, lo podéis ver en el capítulo III del Génesis. Allí entenderéis cuál es la lengua, o la locuela del dragón, y por esta la locuela entenderéis también fácilmente la locuela de la bestia de dos cuernos en los últimos tiempos, de la cual se dice, que como habló el dragón en los primeros tiempos, y engañó a la mujer, así hablará en los últimos la bestia de dos cuernos, o por medio de ella el dragón mismo. Hablará con dulzura, con halagos, con promesas, con artificio, con astucias, con apariencias de bien, abusando de la confianza y simplicidad de las pobres ovejas para entregarlas a los lobos, para hacerlas rendirse a la primera bestia, para obligarlas a que la adoren, la obedezcan, la admiren, y entren a participar o a ser iniciadas en su misterio de iniquidad. Y si algunas se hallaren entre ellas tan entendidas que conozcan el engaño, y tan animosas que resistan a la tentación (como ciertamente las habrá) contra éstas se usarán, o se pondrán en gran movimiento las armas de la potestad espiritual, o los cuernos como de cordero, prohibiendo que ninguno pueda comprar, o vender, sino aquel que tiene la señal, o el nombre de la bestia. Éstas serán separadas de la sociedad y comunicación con las otras, a éstas nadie les podrá comprar ni vender, si no traen públicamente alguna señal de  apostasía: porque ya habían acordado los judíos, dice el evangelista, que si alguno confesase a Jesús por Cristo, fuese echado de la sinagoga. Aplíquese la semejanza.

LO QUE DON MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO

DICE SOBRE EL PADRE LACUNZA

En esta Historia de los HETERODOXOS ESPAÑOLEES el erudito montañés adiciona a su Libro VI, 4 , la cuestión con el siguiente título: ¿ Puede contarse entre los heterodoxos españoles al P. Lacunza? Así habla del tema un católico a carta cabal. D. Marcelino Menéndez Pelayo, cuyos restos descansan en la catedral de Santander:

descargaTradición antigua y venerable así de los hebreos como de los cristianos, aceptada y confirmada por algunos padres Apostólicos y por el apologista San Justino, afirmaba que el estado presente del mundo perecerá dentro del sexto millar. Para ellos lo seis días del Génesis eran, a la vez que relato de lo pasado, anuncio y profecía de lo futuro. En seis días había sido hecha la fábrica del mundo y seis mil años había de durar en su estado actual, imperando luego justicia y verdad sobre la tierra y siendo desterrada toda prevaricación e iniquidad. Este séptimo millar de años llámase comúnmente el reino de los milenaristas o chialistas. San Jerónimo (sobre el c.20 de Jeremías) no se atrevió a seguirla ni tampoco a condenarla, ya que la habían adoptado los santos y mártires cristianos, por lo que opina que a cada cual le es lícito seguir su opinión, reservándolo todo al juicio de Dios. Lo que desde luego fue anatematizado es la sentencia de los ‘milenarios carnales’, que suponían que esos mil años habían de pasarse en continuos convites, francachelas y deleites sensuales.”

“El parecer de los ‘milenarios puros o espirituales’ tuvo en el siglo XVIII un defensor fervorosísimo en el jesuita chileno padre Lacunza, uno de los desterrados, varón tan espiritual y de tanta oración, que de él dice su mismo impugnador, el P. Bestard, que “todos los días persevera inmoble[sin desfallecer] en oración por cinco horas largas, cosido su rostro sobre la tierra”. Ahogose en uno de los lagos de Alta Italia muy a principios de este siglo, y no parece sino que aquellas aguas ahogaron también toda noticia de su persona, aunque esta oscuridad, que no han conseguido disipar los mismos bibliógrafos de su Orden, no alcanza a su doctrina, que tuvo largas resonancias y provocó muchas polémicas, ni a su obra capital, ‘La Venida del Mesías en Gloria y Majestad’. Compúsola en lengua castellana; pero otro jesuita americano la tradujo al latín, y así corrió manuscrita por Europa. Del original hay por lo menos tres ediciones y algunos manuscritos, todos discordes en puntos muy sustanciales. La obra, desde 1824, fue incluida en el ‘Indice’ de Roma, razón bastante para que quedara con nota y sospecha de error. Pero no todo libro prohibido es herético; y, al ver que notables y ortodoxísimos teólogos ponen sobre cabeza el libro del P. Lacunza, como sagaz y penetrante expositor de las Escrituras, por más que no consideren útil su lección a todo linaje de gentes , ocúrrese desde luego esta pregunta. ¿ Fue condenada ‘ la Venida del Mesías..’ por su doctrina milenarista o por alguna otra cuestión secundaria?”

“Cierto que un teólogo mallorquín, Fr. Juan Buenaventura Bestard, comisario general de la Orden de San Francisco en Indias, combatió con acritud el sistema entero del P. Lacunza en unas ‘Observaciones’, impresas a seguida de la prohibición de Roma, en 1824 y 1825,. Pero todos sabemos que la cuestión del ‘mileranismo’ (del espiritual se entiende) es opinable, y, aunque la opinión del reino temporal de Jesucristo en la tierra tenga contra sí a casi todos los padres, teólogos y expositores, desde fines del siglo V en adelante, comenzando por S. Agustín [comentario propio: San Agustín no condenó el mileranismo espiritual, si bien dejo de sostenerlo, como lo había hecho en su primera época, debido, quizá a la opinión de San Jerónimo] y San Jerónimo; también es verdad que otros Padres más antiguos la profesaron y que la Iglesia nada ha definido, pudiendo tacharse, a lo sumo, de inusitada y peregrina la tesis que con gran aparato de erudición bíblica y con no poca sutileza de in genio quiere sacar a salvo el P. Lacunza. Ni ha de tenerse por herejía el afirmar, como él lo hace, que Jesucristo ha de venir en gloria y majestad, no sólo a juzgar a los hombre, sino a reinar por mil años sobre los justos en el el mundo renovado y purificado, que será como un traslado de la celestial Síon.”

Otras debieron ser, pues, las causas de la prohibición del libro del supuesto BenEzra y, a mi entender, pueden reducirse a las siguientes:

1ª.- La demasiada ligereza y temeridad con la que suele apartarse del común sentir de los expositores del Apocalipsis, aun de los más sabios, santos y venerados, tachándolos desde el discurso preliminar de su obra de haber enderezado todo su conato a acomodar las Profecías a la Primera Venida del Mesías.., “sin dejar nada o casi nada para segunda, como si sólo se tratase de dar materia para discurso predicables o de ordenar algún oficio de Adviento”. “

2ª.- Algunas sentencias raras y personales suyas, de que apenas se encuentra vestigio en ningún otro escritutario antiguo ni moderno, v. g., la de que el anticristo no ha de ser una persona particular, sino un cuerpo moral, y la de total prevaricación del estado eclesiástico en los días del anticristo [ es obvio que no hay contradicción entre un anticristo personal que sea la encarnación de un cuerpo moral; la obra fue escrita antes de las tesis de Sloviev y otras que abundan en el cuerpo moral; por otra parte Menéndez Pelayo fue un hombre muy ilustre, quizá el mayor en su época, pero no tenía el don de Profecía y no podía ni imaginarse la situación generalizada de prevaricación de los actuales eclesiásticos, ni la situación de la Iglesia hoy].

3ª.- Las durísimas y poco reverentes insinuaciones que hace acerca de Clemente XIV, autor del breve de extinción de la Compañía [de Jesús].
4ª .- El peligro que hay siempre de tratar tan altas cosas , de misterios y profecías, en lengua vulgar, por ser ocasión de que muchos ignorantes, descarriados por el fanatismo, se arrojen a dar nuevos y descabellados sentidos a las palabras apocalípticas, como vemos que cada día sucede [vaya sí las vemos, D. Marcelino].

Por todas estas razones, y sin ser hereje, fue condenado el P. Lacunza, y por todas ellas debe hacerse aquí memoria de él, salvando sus intenciones y su catolicismo, y no mezclándole en modo alguno con la demás gente ‘non sancta’ de la que se habla en este libro.

La publicación de la Venida del Mesías dio ocasión a varios escritos apologéticos y a nuevas explicaciones y censuras. Por entonces compuso el célebre párroco de San Andrés, de Sevilla, D. José María Roldán, uno de los poetas de la pléyade sevillana de finales del siglo XVIII, un lobro que rotuló ‘El Ángel del Apocalipsis ‘, manuscrito hoy en la Biblioteca Colombina. Roldán en algunas cosas da la rezón al Padre Lacunza; en otras muchas difiere, defendiendo, sobre todo, que el anticristo ha de ser persona humana y no cuerpo político y que el Reino de Jesucristo durante el milenio ha de ser espiritual en las almas de los justos y no temporal y visible. Al mismo parecer, que pudiéramos llamar ‘milenarismo mitigado, se acostó D. José Luyando, Director del Observatorio Astronómico de San Fernando, que envió a Roma un comentario escrito sobre el Apocalipsis, sin logra licencia para la impresión, aunque se alabó su piedad y buen deseo.

Ni fueron estas solas las semillas que dejó el libro de Josafat-Ben-Ezra. Todavía en estos últimos años reapareció lo sustancial de su enseñanza, aumentado con otras nuevas y peregrinas invenciones, en un libro del Arcipreste de Tortosa, señor Sanz y Sanz, intitulado ‘Daniel o la proximidad del fin del siglo’, obra que fue inmediatamente prohibida en Roma por las mismas causas que la del P. lacunza y además por querer fijar fechas a los futuros contingentes, anunciando, entre otras cosas, el fin del mundo para 1895 y dando grandes pormenores sobre el reino de los milenarios, hasta decir que “ en él será restituida al hombre en toda su pureza la imagen de Dios con que fue criado y que llegará a ser perfecto y hermosos, como lo ere Adán al salir de las manos de Dios.”

EL RESUMEN DE D. MARCILINO SERÍA EL SIGUIENTE:

Esto es todo lo que dice D. Marcelino Menéndez Pelayo sobre el Padre Lacunza y el milenarismo, que podemos resumir así.
El Milenarismo espiritual no está condenado, ni puede serlo al ser sostenido por mártires y santos padres hasta el siglo V. El milenarismo carnal está condenado por la Iglesia. El padre Lacunza no es hereje ni sobre el contenido de su libro cae censura de herejía. La puesta en el índice es debido a otras razones distintas del error o la herejía, y posiblemente no pesó poco la crítica que el contiene al papa que expulsó a los jesuitas.

SOBRE L DECRETO DEL SANTO OFICIO Y LA DISTINCIONES QUE HAY QUE HACER, VÉASE LO SIGUIENTE:

Lacunza, el Reino visible y los Decretos del Santo Oficio (I de VIII)

Lacunza, el Reino visible y los Decretos del Santo Oficio (II de VIII)

Lacunza, el Reino visible y los Decretos del Santo Oficio (III de VIII)

Lacunza, el Reino visible y los Decretos del Santo Oficio (IV de VIII)

Lacunza, el Reino visible y los Decretos del Santo Oficio (V de VIII)

Lacunza, el Reino visible y los Decretos del Santo Oficio (VI de VIII)

Lacunza, el Reino visible y los Decretos del Santo Oficio (VII de VIII)

Lacunza, el Reino visible y los Decretos del Santo Oficio (VIII de VIII)

 

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