Historia del colapso litúrgico (III de IV)

AntonMariaPanico

Pío XII y la encíclica “Mediator Dei”

Ya hemos visto, apreciados lectores, las turbias maniobras del episcopado alemán para hacer prevalecer sus tesis. Maniobras denunciadas en su carta pastoral por el Obispo de Friburgo de Brisgovia Mons. Groëber. Pio XII quedó impresionado por esa pastoral e iba a responder a esas inquietudes con dos encíclicas dirigidas a la Iglesia Universal: la Mystici Corporis del 43 y la Mediator Dei del 47 fueron dos enérgicas iniciativas del genio excepcional y de las grandes cualidades del Pastor Angélico. La Mediator Dei es una de las encíclicas más largas que jamás haya salido de la Cancillería Pontificia. Con un discernimiento y una habilidad extraordinarios, el Papa va a retener todo lo que hay de bueno en el Movimiento Litúrgico y a condenar enérgicamente sus desviaciones.

Esta encíclica es admirable, y recomiendo a todos leerla y meditarla. Es una verdadera “Suma Litúrgica”. Un auténtico tratado sobre la Divina Liturgia. Tanto es así que son muchos los sacerdotes de una cierta generación, que como yo mismo, en el Seminario la aprendían de memoria siendo el paradigma de todo lo que debíamos aprender, asumir y vivir como sacerdotes con respecto a la Liturgia.

Sólo una pena, y es que esa carta tan hermosa no haya sido acompañada de medidas concretas incluso sanciones. Creyó habérselas con intelectuales un poco extraviados, cuando se trataba, al menos para algunos, de verdaderos dirigentes revolucionarios. ¿Y podía ser de otro modo cuando esos dirigentes eran presentados, sostenidos y animados por influyentes prelados?. El Papa era mal informado y sería traicionado: no se retendría de la encíclica sino los estímulos por la renovación litúrgica y se callaron las numerosas puestas en guardia del documento. Meses más tarde, el 18 de mayo del 48, se creaba una “Comisión Pontificia para la Reforma de la Liturgia”, legítima pero muy inoportunamente. Emprender una reforma de la liturgia en un periodo que era atacada por todas partes por sus peores enemigos era concurrir a la ruina de la liturgia desquiciando su estabilidad ya bien comprometida. Al Papa le faltaba la perspectiva de la Historia para darse cuenta de esa situación, esa perspectiva era casi imposible. ¿Quién podía darse cuenta que debajo de una púrpura cardenalicia o de un hábito blanco y negro había un discípulo de Loisy? Dom Beuaduin había dado en 1945 la consigna en sus “Normas prácticas para la Reforma Litúrgica” (La Maison-Dieu, ed. du Cerf enero del 45): hacer presentar nuestras demandas por los obispos y los sacrificados miembros de la ACCIÓN CATÓLICA. Se multiplicaron las súplicas a Roma para obtener reformas litúrgicas y suavización de la disciplina sacramental: ayuno, misas vespertinas, reforma de la Semana Santa, introducción de la lengua vernácula para los sacramentos. Las necesidades pastorales eran a menudo reales y Pío XII se creyó con el deber de aceptar esas demandas. Las emprendió con pureza de intención, sin darse cuenta porque no podía ver quién estaba detrás: las desiderata presentadas por el cardenal Bertram eran elaboradas por Beauduin: ese era el complot. Para el Papa se trataban de concesiones legítimas a las exigencias de la salud y de la vida moderna, mientras que para los “neoliturgos” eran las primeras etapas del “cambio”.

Vamos a encontrar exactamente esos mismos elementos en la Reforma de la Semana Santa. A partir de 1946 y 1947 el C.P.L. francés multiplicaron sus actividades y publicaciones con el fin de HACER PARTICIPAR a los fieles en las ceremonias de la Semana Santa, Ceremonias INTERMINABLES, A HORAS INDEBIDAS, ante una ASAMBLEA IRRISORIA DE FIELES. Una vez más un motivo pastoral fue el que hizo actuar a Pío XII: que los fieles puedan asistir en gran número a las más grandes ceremonias de la liturgia. En el 51 se autorizó el cambio de horarios del Sábado Santo, en el 53 se confió a la Comisión el encargo de restaurar los Oficios de Semana Santa, concluidos en el 55. Pero no se restauraron sólo los horarios con el fin de facilitar la frecuentación de los fieles: SE HICIERON PASAR EN LOS RITOS LOS DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS y sus concepciones de la Liturgia. Los “expertos” utilizaron esta reforma como un “banco de pruebas”: comprobando el éxito lo extenderán a toda la liturgia. Así, esas modificaciones de los Ritos fueron extendidas a toda la liturgia en la Reforma promulgada por Juan XXIII en 1960. Son reformas de una perfecta ortodoxia pero que constituyen la primera etapa de una revolución: la auto demolición de la Liturgia Romana.

La muerte de Pio XII fue recibida con alegría delirante por los descarriados del Movimiento: la ortodoxia implacable que el Papa había mantenido en las Reformas no era de su gusto. Hacía falta un Papa que comprendiera el problema del ecumenismo. Beauduin y Roncalli eran amigos desde 1924 y en 1944 es enviado como nuncio a Paris donde permanecerá hasta el 53, en esa época se reencontraron y no dejaron de tratarse. Beauduin conocía muy bien a Roncalli, sabía desde su ascenso al solio pontificio que él consagraría sus esfuerzos al ecumenismo y que convocaría un concilio que hiciera la síntesis del MOVIMIENTO ECUMÉNICO con el MOVIMIENTO LITÚRGICO.

Pero la hora del Concilio aún no había llegado, Juan XXIII quería terminar la obra de su predecesor y extender sus conclusiones a toda la liturgia, por eso esa Reforma del 60-61 es en realidad la conclusión de las Reformas de Pío XII. Pese a algunas dolorosas desapariciones y alguna que otra torpeza, la liturgia católica permanece en ella sustancialmente sin cambios. El GRAN ERROR DE JUAN XXIII será el de confiar al CONCILIO la reestructuración de los PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA LITURGIA. A partir de ese momento, las reformas estarán animadas por una CONCEPCIÓN NUEVA DE LA LITURGIA. Concepción contenida y dominada por la vigilante ortodoxia de Pío XII.

Todas esas reformas preconciliares nos parecen hoy bien superadas y olvidadas, en comparación con las que vinieron con el Concilio y el Post- Concilio, pero no habría que olvidar que esas primeras reformas causaron ya una considerable perturbación de los fieles. ¿La excusa?: EL REJUVENECIMIENTO DE LAS IGLESIAS. ¿El programa?: HACERNOS VOLVER A UNA IGLESIA PRIMITIVA ,concebida de manera falsa y muy protestantizada, NEGANDO QUINCE SIGLOS DE VIDA DE LA IGLESIA. En 1960 el Movimiento Litúrgico descarriado ha ganado ya muchas batallas, pero no ha ganado todavía la guerra. Juan XXIII ha anunciado que la reunión del Concilio Ecuménico tratará, entre otros, los principios de la Reforma Litúrgica.

Ese Concilio, según la expresión del cardenal SUENENS, que no mía, será “EL 1789 EN LA IGLESIA”

Nota explicativa: la hermenéutica de la historia

Me es muy grato, amables y pacientes lectores, proceder a una serie de distinciones con el objetivo de esclarecer el camino recorrido y los objetivos perseguidos hasta este punto. He leído pacientemente en los últimos días todas las cartas recibidas, los comentarios publicados en los diversos blogs y foros, sobre el sentido de esta serie de artículos semanales sobre el Movimiento Litúrgico. Nos queda aún entrar en el proceso de Reforma Litúrgica que este llevó a cabo al amparo del Concilio Vaticano II.

En primer lugar, destaco que reconozco que el estilo que uso no posee ningún recurso de belleza, ni siquiera hace gala de compactez literaria. No hago profusión de citas ni excesivas referencias a la documentación utilizada. (Tampoco está huérfana de ellas). Si quisiera hacer esto, publicaría un libro. Y les aseguro que material no me faltaría. Pero ¿quién de Vds. se habría tomado la molestia de comprarlo y leerlo? Unos cuantos, quizás si. Pero pocos. Siempre pocos. ¿Saben Vds. cuantos están siguiendo el hilo conductor de esta columna en todo el mundo? Por medio de las Cartas al Directorio, en estos días he llegado a conocer a un destacado escritor y columnista. Sus artículos en la Red los he leído, espero que casi todos. Fantásticos. ¿Saben cuánto tardaré en hacerme con algunos de sus libros? Mínimo entre 2 o 3 meses. Y si tengo suerte. ¿Entendéis el mensaje? Internet no es la Biblioteca Vaticana. En segundo lugar, subrayo que hacer una crítica a algún autor o personaje por sus tesis o sus toma de posición en materia litúrgica, no invalidan el conjunto de su obra. A modo de ejemplo: puedo estar en contra del partido tomando por Romano Guardini en la Asamblea de Fulda y eso no quita que sus obras espirituales sean maravillosas. Aún leo y recomiendo sus dos volúmenes de “El Señor”. De la misma manera y con el mismo peso que Lambert y Angelo (Beauduin y Roncalli) hayan sido amigos durante años no implica que por el hecho que este llegó a ser Papa[…], TODA LA OBRA DE BEAUDUIN esté canonizada (solo nos faltaba eso). En tercer lugar, me pregunto ¿es lícito proceder a una HERMENÉUTICA DE LOS HECHOS HISTÓRICOS? ¿Se puede proceder a una CRITICA HISTÓRICA de los aconteceres de la Iglesia? ¿O todo lo que toca a los Papas, a los Concilios y a la misma Historia de la Iglesia está revestido de una pátina de INTOCABILIDAD?

Voy a dar la respuesta. Cuando era estudiante me impresionó muchísimo la lectura de uno de los historiadores más famosos de la Iglesia: Ludwig Von Pastor. Este fue el primer historiador contemporáneo que obtuvo el permiso del Papa León XIII para investigar en el ARCHIVO SECRETO VATICANO. Fue el gran refutador de las tesis de Leopold Ranke, que no dejó de atacar al Papado durante el siglo XIX. El historiador Von Pastor elaboró una HISTORIA DE LOS PAPAS que dudo haya sido jamás superada por otro historiador. (creo que eran al menos 16 volúmenes, no recuerdo bien). Él procede con un taimado y paciente método a DISTINGUIR entre los aconteceres históricos, lo que forma parte de la acción del Espíritu Santo en el devenir de la Iglesia y lo que no han sido más que trazos del espíritu y mentalidad propios de la época, a los que la Iglesia no pudo o no supo sustraerse. Quien haya asumido intelectualmente ese DISTINGUO CRÍTICO realizado hace más de 100 años por Pastor podrá asumir el hilo conductor de EL FIADOR. [El Fiador es el nombre que original que el autor da a esta serie de notas. N. del E.]

(sigue dando explicaciones que editamos, ya que se salen del tema)

Voy a entrar en las próximas entregas en un terreno muy delicado: voy a proceder a INDIVIDUAR los autores, los mecanismos, las acciones de los protagonistas de la REFORMA LITÚRGICA nacida al amparo del Concilio durante el Pontificado de Pablo VI.

En primer lugar: lo voy a hacer de modo SINTÉTICO como hasta ahora. Trataré, sin embargo, de dar más citas accesibles a los interesados en el tema para que todos los que gusten puedan constatar y contrastar la Documentación utilizada. No usaré florilegios literarios. Esto no es un libro de especialización.

En segundo lugar: La crítica a los protagonistas de la Reforma, muy especialmente a los responsables (Annibale Bugnini y el Cardenal Lercaro) la juzgo lícita. Su cercanía a Pablo VI no les concede IMPUNIDAD CRÍTICA (y muchos menos, los reviste de INFALIBILIDAD DOGMÁTICA). Tampoco está revestido de ella en este campo, pues no era su voluntad ya que ni la explicitó ni la quiso el Papa Pablo VI cuando aprobó y promulgó el Misal de 1969. El “distingo” entre la Reforma Litúrgica y los textos conciliares en sí mismos no nos sitúan al borde la comunión de la Iglesia. Faltaría más. Este proceder hermenéutico no será pues ACATÓLICO como vienen insinuando algunos comentaristas. Mostrar la disconformidad con el proceso y los resultados de la Reforma Litúrgica de Pablo VI y descubrir en ella los gérmenes del COLAPSO LITÚRGICO que hoy se vive en buena parte de la Iglesia, no nos coloca fuera de ella. Además, en buena parte del análisis creo coincidir con el realizado por el entonces Cardenal Ratzinger en su obra “El Espíritu de la Liturgia. Una introducción” publicado por HERDER (Friburgo 2000). Y no creo que el Cardenal Ratzinger se situara con ello en una espiral de hermenéutica “acatólica”, al borde de la comunión, digo yo.

Voy a utilizar en mi argumentación de las próximas entregas, un ensayo del Cardenal Alfons M. Stickler, como muchos sabrán (o quizás ignorarán) prefecto emérito de la BIBLIOTECA VATICANA y sus archivos. Actuó como especialista y perito en la COMISIÓN DE LITURGIA del Vaticano II. Fue elevado al Colegio Cardenalicio por Juan Pablo II en el Consistorio del 1985. Publicó el ensayo referido DIE HEILIGE LITURGIE en la Ennsthaler Verlag (colección) de las Edic. Franz Breid (Steyr-Austria 1997). Así que los que estén ávidos de documentación y de citas concretas que vayan procurándose un ejemplar para ir contrastando. (Hay que dominar la noble lengua germánica para ello, claro está. Pero es posible que encuentren ahora, después de 10 años de su publicación, alguna traducción)

Anónimo español - La Misa de S. Gregorio. 1490-1500. 4

La batalla final: los últimos preparativos (I)

En 1960 conocimos los proyectos de Juan XXIII sobre la liturgia reflejados en el Decreto “Rubricarum Instructum” del 25 de julio de 1960: ese decreto que disponía una reforma de detalle apuntaba a una reforma de fondo, la discusión de los principios fundamentales concernientes a la reforma litúrgica será confiada a los padres del Concilio. Faltaban pocos meses para la apertura del Concilio, habrá que actuar con rapidez. Los reformadores acrecientan su actividad y publicaciones. El neo-liturgo será Dom Adrien Nocent, monje benedictino de Mared-sous, nacido en 1913, ex-alumno del INSTITUTO DE LITURGIA DE PARIS, nombrado en 1961 profesor en el PONT. INST. DE LITURGIA DE SAN ANSELMO DE ROMA. En esta venerable Universidad fundada por León XIII, donde Dom Beauduin había enseñado, Dom Nocent preparaba el asalto. Su obra: “El porvenir de la liturgia” (L‘avenir de la liturgie. Ed. Universitaires 1961) fue publicada ese mismo año con el imprimatur de Mons. Suenens. He aquí un extracto de la introducción, con una caricatura del buen fiel y una descripción llena de caridad del católico progresista, y por fin el trazado exacto de la vía media que tomará el Concilio (sólo primera etapa reformas ulteriores). Mirad lo que decía:

No todos los católicos vibran a la espera de un Concilio donde se planteen cuestiones litúrgicas.

Hay inmovilistas que se preguntan por qué razón hay que modificar usos antiguos en los que degustan una “maniaca y cómoda satisfacción” y de los que creen sacar provecho espiritual.

Hay en oposición a este inmovilismo, una actitud demasiado impaciente que ama el cambio por él mismo, como manifestación de suprema vitalidad. A veces hay que perdonar su violencia y explicarla por una ATORMENTADORA ANGUSTIA PASTORAL….

Declara entonces Dom Nocent que ” paralelamente a los PROBLEMAS ECUMÉNICOS, se sabe que en el orden del día del Concilio está inscrita UNA REVISIÓN DE LA LITURGIA y que unas comisiones se han puesto a trabajar. EL PAPEL DEL CONCILIO SERÁ CÓMO TOMAR RESOLUCIONES FIRMES, DAR UN IMPULSO A TAL ORIENTACIÓN PRECISA EN TAL BÚSQUEDA DE ADAPTACIÓN Y CORTAR EL CAMINO A TAL TENDENCIA, LEGITIMA TAL VEZ PERO RECONOCIDA COMO INOPORTUNA.

Me perdonareis el extracto resumido de la introducción a su texto, pero ahí está contenido todo el plan, con dos años de antelación: la oposición tradicionalista es todavía demasiado fuerte en esa época para que se pueda pensar en un trastrocamiento violento de la liturgia, será preciso contentarse en un primer tiempo con PRINCIPIOS DE REFORMA aceptables para la tendencia conservadora para confiar luego la APLICACIÓN de estos principios a representantes de la tendencia PROGRESISTA INNOVADORA.

Adrien Nocent sabe bien que el CONCILIO no podrá aceptar de golpe una nueva liturgia para la Iglesia, pero sabe bien que esta nueva liturgia (en la cual ha trabajado) SERÁ PROMULGADA MÁS TARDE EN NOMBRE DEL CONCILIO. Es por eso que toda la continuación de ese texto trata de la liturgia del porvenir. En 1961 la nueva liturgia está concebida en la mente y los escritos de Dom Nocent, es considerada INOPORTUNA en 1963 y promulgada finalmente en 1969.

El profesor de San Anselmo afirma primeramente el principio y fundamento de la nueva liturgia: “Una gran variedad de celebración sería pues permitida alrededor de un núcleo central siempre respetado y que sería celebrado solo en los días simples” Esa teoría es la que después recogerán en la Introducción a las Nuevas Normas de la Misa, texto publicado por la B.A.C. en 1969, los autores de la presentación al Nuevo Misal para los fieles de lengua española (Martín Patino, Pardo, Iniesta y Farnés)

El altar debe de estar de cara al pueblo, sin mantel fuera de las celebraciones, las oraciones de preparación deben de ser simplificadas, las lecturas multiplicadas, la oración universal restaurada. El ofertorio (después del Credo únicamente recitado el domingo) está muy acortado. El celebrante no ha de elevar sino las hostias en silencio. El cáliz colocado a la derecha de la hostia, la palia facultativa, la incensación rápida. El lavabo no se realiza a menos que el celebrante tenga las manos sucias, “hay que evitar ese simbolismo fácil y sin más interés” (sic). La patena que no se oculte bajo el corporal, permanezca sobre él, el Orate Fratres en voz alta, la secreta en alta voz. El Canon despojado de toda plegaria de intercesión, de los Per Chistum Dominum Nostrum, menos señales de la cruz y menos genuflexiones, Canon en voz alta y lengua vernácula, Padrenuestro recitado por todos, apretones de mano en el Agnus Dei, durante el cual tiene lugar la fracción de la Hostia. La comunión bajo las dos especies, de pie y en la mano. Bendición. Ite Missa est y supresión del ultimo Evangelio y de las oraciones de León XIII.

Nuestro reformador pasa después revista a todos los demás sacramentos y propone reformas que sería demasiado largo repetir aquí, pero que son en sustancia la reforma del ritual de los sacramentos que hemos visto en los años 70.

En 1961, Dom Adrien Nocent conocía perfectamente el plan de la Reforma Litúrgica: el CONCILIO va a hacer un esquema tal que abra la puerta a los innovadores y parezca cerrarla a los ULTRARREFORMISTAS, pero solamente por un tiempo. El plan se desarrollará así:

-Tendencia reformista moderada (reforma de 1964: uso de la lengua vulgar en todos los ritos salvo el prefacio y el canon de la Misa, el salmo “Judica me” y las oraciones después de la Misa desaparecen, modificación de muchas rubricas, y poderes litúrgicos confiados a las CONFERENCIAS EPISCOPALES). Entró en vigor el 7 de marzo del 65

-Acento progresivo y radical de la tendencia (Decreto “TRES ABHINC ANNOS” del 4 de mayo de 1967, que autoriza la recitación del canon de la Misa y el Prefacio en lengua vulgar.

Pero eso no bastaba a los innovadores, la Liturgia Romana codificada por San Gregorio Magno y canonizada en la Bula “Quo Primum Tempore” de San Pio V, incluso mutilada y reformada como nos quedó en el 67, seguía siendo la Misa Católica Romana Tradicional y, por lo tanto, un OBSTÁCULO PARA EL ECUMENISMO, para ese cristianismo universal tan deseado. Había que ceder el paso y por fin dar lugar a los ultrarreformistas. En el próximo capítulo veremos como las singulares características de la Constitución SACROSANCTUM CONCILIUM sobre la Liturgia y la creación el 29 de febrero del 64 del “CONSILIUM ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia” bajo la presidencia del Cardenal Lercaro y la secretaría de Bugnini va a desembocar en la Reforma del 69 y cómo esta va a ser el puerto desde donde partirá y se difundirá el colapso litúrgico actual de buena parte de la Iglesia.

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