¿Misa Católica o misa nueva? Iª (II de XVI): ¿Qué es la Santa Misa?

Parte Iª. ¿QUÉ ES LA SANTA MISA?

En el Catecismo de San Pío X leemos que la Santa Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies de pan y de vino en memoria del Sacrificio de la Cruz. (…) El Sacrificio de la Misa es sustancialmente el mismo de la Cruz (…) 7. Por lo tanto, para comprender la esencia de la Santa Misa –en la medida que se puede comprender, ya que los misterios de fe no se pueden comprender perfectamente, sino más bien exponer y delimitar–, es necesario definir la noción de sacrificio en general y la esencia del Sacrificio de la Cruz.

¿QUÉ ES UN SACRIFICIO?

En el siglo XIII, Santo Tomás no dudaba en afirmar que en cualquier época y en cualquier nación los hombres ofrecieron siempre sacrificios 8. Sin embargo, nuestra época irreligiosa, marcada por la pérdida del sentido de Dios y su reemplazo por el culto al hombre, desconoce la misma noción de sacrificio. Inspirándose de la doctrina del Doctor Común9, el Catecismo de San Pío X enseña que el sacrificio en general consiste en ofrecer una cosa sensible a Dios y destruirla de alguna manera en reconocimiento de su supremo dominio sobre nosotros y sobre todas las cosas10. Expliquemos los elementos de esta definición.

 ¿A quién se ofrece el sacrificio, y para qué?

El destinatario del sacrificio es necesariamente Dios (el Dios verdadero o un dios falso); el sacrificio es por naturaleza un acto de adoración. Es la oblación de algo exterior como testimonio de nuestra sumisión a Dios11. Con este espíritu, el pagano Traseas en el siglo Iº, condenado por Nerón a abrirse las venas, rociaba la sala con su sangre para ofrecerla en libación a Júpiter (considerado por los romanos como el dios supremo): quería manifestar que su vida sólo le pertenece a Dios, y que nadie más puede disponer de ella.

Además de la adoración el sacrificio puede tener otros fines:

– La acción de gracias (en griego: eucaristía). Se trata de agradecer a Dios por los beneficios recibidos. Por ejemplo, los romanos celebraban las victorias importantes entrando triunfalmente en Roma y yendo al templo para ofrecer sacrificios. En el Antiguo Testamento, el sacrificio del cordero pascual conmemoraba el fin de la cautividad de Egipto y el paso del Mar Rojo12.

El pedido o imprecación. Se ofrece el sacrificio con el fin de pedir algunos beneficios. En China, por ejemplo, los emperadores de la dinastía Ming iban tres veces al año al Templo de Pekín para ofrecer animales en sacrificio, pidiendo la lluvia y la protección para gobernar durante un año.

La expiación o satisfacción. Se trata de implorar el perdón divino y ofrecer víctimas para reparar las faltas cometidas. Estos sacrificios se encontraban tanto en los ritos paganos como judíos. Un sacrificio por el pecado se ofrecía todos los días en la religión del Antiguo Testamento, y una vez al año tenía lugar el sacrificio incruento del chivo expiatorio: cargándolo con todos los pecados de Israel, se lo expulsaba al desierto13. Estos sacrificios tenían por finalidad hacer a Dios favorable y propicio a los hombres, de manera que escuche sus súplicas. Por eso se habla también de propiciación.

¿Quién lo ofrece?

Los pueblos siempre nombraron a algún encargado para ofrecer a Dios el sacrificio: el sacerdote. El sacerdote es mediador, esto es, el representante de los hombres ante Dios, y a la vez el representante de Dios ante los hombres. Generalmente es consagrado durante una ceremonia ritual particular, como lo vemos en el caso del sacerdocio judío del Antiguo Testamento14

La acción sacrificial: una oblación, con destrucción de la realidad ofrecida.

El sacrificio consiste en una oblación, cruenta o incruenta, signo del sacrificio interior espiritual, con que el alma se ofrece a sí misma a Dios15. La oblación incluye la destrucción de la víctima, para manifestar el soberano dominio de Dios sobre la creación. Generalmente se presentaban oblaciones cruentas (con efusión de la sangre) en el caso de los sacrificios de expiación y propiciación: con su pecado, el hombre había merecido la muerte y la ira divina; la inmolación del animal reemplazaba la del pecador, manifestando que el hombre reconocía la gravedad de su culpa y su deseo de repararla.

La realidad ofrecida: la víctima

Las realidades ofrecidas en sacrificios fueron muy variadas a lo largo de la historia: objetos, alimentos, animales, y hasta… personas humanas. Asombra ver que casi todos los pueblos de la Antigüedad cayeron en las prácticas abominables del sacrificio humano: aztecas, babilonios, romanos, griegos, habitantes de la India, beduinos, celtas… ofrecieron sus hijos o –más a menudo– sus presos a los dioses.

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Notas:

7 Catecismo Mayor de San Pío X, pregunta nº 655-656.

8 IIa IIae, c. 85, a.1, s.c.

9 IIa IIae, c.85.

10 Catecismo Mayor de San Pío X, pregunta nº 653.

11 IIa IIae, c.85, a.4.

12 Éx. 12.

13 Lev. 16, 10.

14 Éx. 29.

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