¿Misa Católica o misa nueva? 1ª (III de XVI): El Sacrificio de la Cruz

Parte Iª. ¿QUÉ ES LA SANTA MISA?

EL SACRIFICIO DE LA CRUZ.

Hemos aclarado brevemente la noción de sacrificio, primer paso necesario para seguir adelante con nuestro estudio. Puesto que el Sacrificio del Altar es sustancialmente el mismo de la Cruz, en el paso siguiente tenemos que exponer lo que nos enseña la doctrina católica sobre la Pasión de de Jesús. ¿En qué la Pasión fue un sacrificio, y como se encuentra en ella la esencia del sacrificio?

¿Fue la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo un sacrificio?

Con unanimidad, la Tradición enseña que la muerte de Cristo fue sacrificio gratísimo a Dios16. El Concilio de Trento (Ses. XXII, cap.1º) describe de esta manera el drama del Viernes Santo: El Dios y Señor nuestro [Jesucristo], se ofreció una sola vez a sí mismo a Dios Padre en el altar de la cruz, con la interposición de la muerte, a fin de realizar para ellos [los que habían de ser santificados] la eterna redención. Veamos cómo esta descripción contiene los elementos esenciales del sacrificio, tal como los vimos en los párrafos anteriores.

Destinatario y fines de la Pasión de Cristo.

El destinatario de la Pasión fue Dios Padre. El motivo esencial por el que Jesús se entregó a la Pasión fue el amor al Padre: (Cristo) padeció por amor del Padre, según las palabras del Evangelio según San Juan (14, 31): Para que sepa el mundo que amo al Padre, y que obro según el mandato que el Padre me dio, levantaos, vámonos de aquí‘, a saber, al lugar de la Pasión17. Por razón de la perfección del alma y de las virtudes de Jesús, este acto de caridad incluía necesariamente la adoración y gratitud. Sin embargo el fin esencial de la Pasión fue alcanzar la eterna redención. Sobre la Cruz Jesús expió nuestros pecados, nos amó y nos limpió de nuestros pecados por la virtud de su sangre18 y se ofreció como propiciación por nosotros –hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo19–, pidiendo por todos los hombres el perdón y la vida eterna –Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen 20–. Por tanto, es manifiesto que los fines de la Pasión corresponden con los fines de un verdadero sacrificio. Hay que notar que el Sacrificio de la Cruz fue perfectísimo y alcanzó sumamente la expiación y propiciación por los pecados del género humano: Cristo, al padecer por caridad y por obediencia, presentó a Dios una ofrenda mayor que la exigida como recompensa por todas las ofensas del género humano. Primero, por la grandeza de la caridad con que padecía. Segundo, por la dignidad de su propia vida, ofrecida como satisfacción, puesto que era la vida de Dios y del hombre. Tercero, por la universalidad de su Pasión y por la grandeza del dolor asumido (…). Y, por tal motivo, la Pasión de Cristo no fue sólo una satisfacción suficiente, sino también superabundante por los pecados del género humano, según aquellas palabras de San Juan (1 Jn. 2,2): Él es víctima de propiciación por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero21.

El sacerdote y la víctima: el mismo Cristo.

En el Sacrificio de la Cruz, el sacerdote y la víctima son uno solo: el mismo Jesús. Lo afirma claramente el Concilio de Trento –El Dios y Señor nuestro [Jesucristo], se ofreció una sola vez a sí mismo a Dios Padre en el altar de la cruz– y lo repite muchas veces la Sagrada Escritura: Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima a Dios cual incienso (de olor) suavísimo22; Yo soy el buen Pastor (…) y pongo mi vida por mis ovejas23.

Se puede decir con toda verdad que Jesús se inmoló a sí mismo porque dejó que los judíos y romanos lo mataran, mientras, siendo Dios, lo podía impedir: Cristo fue causa de su Pasión y muerte, por-que pudo impedirlas. En primer lugar, conteniendo a sus enemigos, de modo que o no quisiesen o no pudiesen matarle. En segundo lugar, porque su espíritu tenía poder para conservar la naturaleza de su cuerpo, de suerte que no recibiera ningún daño. Tal poder lo tuvo el alma de Cristo porque estaba unida al Verbo de Dios en unidad de persona (…) Por consiguiente, al no rechazar el alma de Cristo ningún daño inferido a su cuerpo, sino queriendo que su naturaleza corporal sucumbiese a tal daño, se dice que entregó su espíritu o que murió voluntariamente 24

La acción sacrificial: oblación cruenta de los sufrimientos y vida de Jesús

El mismo Jesús en la Cruz se ofreció como víctima inmaculada a Dios 25 por caridad y obediencia al Padre eterno. Derramó hasta la última gota de su sangre para manifestar la perfecta expiación de los pecados que iba a alcanzar su muerte.

Por tanto, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo cumple perfectamente con la esencia de un sacrificio: Jesús, Sumo Sacerdote, se ofreció a sí mismo como víctima, derramando su sangre hasta la última gota para alcanzarnos la vida eterna. Nos queda por ver cómo la Santa Misa renueva el Sacrificio del Viernes Santo.

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NOTAS:

15 IIa IIae, c.85, a.2.

16 IIIª c.47, a.2.

17 IIIª c.47, a.2.

18 Apoc. 1, 5.

19 Rom. 5, 10.

20 Lc. 23, 34.

21 IIIª c.48, a.2.

22 Ef. 5, 2.

23 Jn. 10, 14-15.

24 IIIª c.47, a.1.

25 Pío XII, Mediator Dei (1947) nº 1.

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