¿Misa Católica o misa nueva? Iª (V de XVI): Conclusión Iª parte

Parte Iª. ¿QUÉ ES LA SANTA MISA?

CONCLUSIÓN PARTE I:

SUMA IMPORTANCIA DEL SACRIFICIO DE LA MISA

Después de haber recorrido la doctrina católica sobre la Santa Misa, comprendemos algo de la gran importancia del Sacrificio de la Misa con relación a la salvación de los hombres. Los Papas y los Santos no se cansaron de hablar del lugar esencial que tiene el Sacrificio del Altar en la vida cristiana: El Misterio de la Sagrada Eucaristía, instituido por el Sumo Sacerdote, Jesucristo, y por orden suya constantemente renovado por sus ministros, es el punto culminante y como el centro de la religión cristiana (Mediator Dei, nº 65); tiene la máxima eficacia de santificación (nº 26); es el acto fundamental del culto divino y en él se ha de hallar necesariamente la fuente y el centro de la piedad cristiana (nº 199) Conviene (…) que todos los fieles se den cuenta de que su principal deber y su mayor dignidad consiste en la participación en el Sacrificio Eucarístico (nº 79).

La Santa Misa derrama sobre las almas los tesoros de la Redención. Sin la gracia no hay salvación. Sin la Misa no hay gracia. A menudo las almas desconocen y no tienen conciencia de esta realidad sumamente importante, de la que depende su destino eterno. Pero el enemigo más encarnizado de las almas, el ángel de las tinieblas, conoce muy bien la importancia del Sacrificio del Altar: La Misa es lo más bello y hermoso que tiene la Iglesia (…) Por eso el demonio siempre buscó privar al mundo de la Misa, por medio de los herejes, haciendo de ellos precursores del anticristo (San Alfonso de Ligorio)34.

Terminemos esta parte con unas palabras de un gran amante de la Misa: Jamás llegaremos a comprender en profundidad el gran misterio de la Misa. Debemos persuadirnos de que la Misa no es sólo el acto religioso más importante, sino la fuente de toda la doctrina católica, la fuente de la fe, de la moral individual, familiar, social. De la Cruz continuada sobre el altar descienden todas las gracias que permiten a la sociedad cristiana vivir, desenvolverse; secar la fuente significa extinguir todos los efectos 35.

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NOTAS:

34 Oeuvres du Bx Alphonse de Liguori, 1827, p. 182.

35 Un Obispo habla, ed. Nuevo Orden (1977), p. 134 y 116.

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