¿Misa Católica o misa nueva? 2ª (VII de XVI): Desde San Pedro al siglo XVI

Parte 2ª. FORMACIÓN DEL RITO ROMANO TRADICIONAL, LLAMADO “MISA DE SAN PÍO V”.

LA MISA. DESDE SAN PEDRO AL SIGLO XVI

 La Misa en la época de los Apóstoles.

Desde la edad apostólica, la estructura de la Misa fue la que conocemos, con todas sus partes. El cuadro adjunto muestra el perfeccionamiento del rito desde nuestro Señor Jesucristo hasta la época de San Pío V. Todas las partes del rito se desarrollaron y fijaron armoniosamente en torno al núcleo esencial dejado por el Salvador a sus Apóstoles: La Consagración.

El Sacrificio de la Misa fue instituido después de una comida, el Jueves Santo. Por eso, en algunos lugares, se acompañó la celebración del Sacrificio eucarístico con una comida entre cristianos: el ágape. Pero se llegaron pronto a excesos, de los que se quejaba San Pablo (1 Cor. 11), y se comprendió la necesidad de separar la Misa del ágape, manifestando bien la diferencia esencial entre el sacrificio y la comida.

Desde el principio, el carácter sacrificial de la Misa fue netamente marcado, por la presencia del altar: “Tenemos un altar –dice San Pablo– del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en el tabernáculo” 37 (es decir los sacerdotes del templo de Jerusalén). En otro lugar  dice el Apóstol:  “No podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios” 38. El Catecismo del Concilio de Trento explica que “así como por la mesa de los demonios se ha de entender el altar donde se les sacrificaba, así también (para que se concluya con un discurso probable, lo que propone el Apóstol) no puede significar otra cosa la mesa del Señor, que el altar, en que se ofrece Sacrificio al Señor” 39.

Podemos resumir de esta manera las enseñanzas del Nuevo Testamento relativas al rito eucarístico: El primer día de la semana los fieles se reúnen para  “la fracción del pan” 40. Durante la reunión, se leen los Evangelios y las Cartas Apostólicas 41, se predica la palabra de Dios 42, se reza por todos los hombres 43 y se da el beso de paz 44. Después el sacerdote, imitando a Cristo, toma el pan y el vino 45, bendice y da gracias a Dios sobre los elementos eucarísticos 46  y repite lo que dijo Cristo 47. Al final los fieles responden “Amén” 48, y se da la comunión bajo las dos especies 49.

La Misa en la época de San Justino (hacia el año 150)

La primera descripción de la Misa conservada aparte de la Biblia es la de San Justino: “En el día del sol, todos aquellos que viven en las ciudades o en los campos se reúnen en un mismo lugar. Entonces se leen las memorias de los apóstoles y los escritos de los profetas, mientras hay tiempo. Luego, cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para amonestar a los presentes y exhortarles a imitar las hermosas lecciones escuchadas. Después nos levantamos todos y entonamos oraciones, y, como arriba dijimos, se trae el pan, el vino y el agua, y el que preside, eleva oraciones y acciones de gracias según tiene por conveniente, y el pueblo responde Amén. Entonces tiene lugar la distribución de las cosas eucarísticas a cada uno, y se llevan a los ausentes por medio de los diáconos”.

En otro  lugar  San Justino precisa: “Este alimento es llamado por nosotros eucaristía. A ninguno es permitido comer de él, sino a quien cree ser verdadero lo que nosotros enseñamos, ha sido bautizado con el bautismo de la remisión de los pecados y de la regeneración y vive como Cristo manda. Porque nosotros no comemos estas cosas como si fueran pan y bebida vulgares, sino de la misma manera como Cristo nuestro Salvador, por medio del Verbo de Dios, tomó carne y sangre, así también el alimento, hecho eucarístico mediante la palabra que viene de Él – alimento de que nuestra sangre y carne se nutren con vistas a la transformación -, es, según nos han enseñado, la carne y la sangre de Jesucristo encarnado. Los apóstoles, en efecto, en las memorias que escribieron, y que nosotros llamamos Evangelios, nos han referido que a ellos les fue dada esta orden: Jesús, tomando el pan dio gracias y dijo: Haced esto en memoria mía. Esto es mi cuerpo. Y del mismo modo, tomando una copa, dio gracias, diciendo: Esto es mi sangre. Y a ellos solos Jesús dio a gustar… Desde entonces, hacemos siempre entre nosotros conmemoración de estas cosas”.

San Justino habla también del beso de paz; la práctica de la fracción de pan era ya generalizada. Podemos observar la discreción con la que habla de las oraciones consagratorias. Tal actitud es conforme a la regla del secreto que se mantuvo hasta el final de las persecuciones. Por tanto, como lo muestra el cuadro comparativo (en adjunto), vemos que la liturgia descrita por San Justino no acusa novedad ninguna en comparación con las ceremonias descritas en los escritos de los Apóstoles. Constituye un desarrollo progresivo del rito instituido por nuestro Señor Jesucristo el Jueves Santo y corresponde ya, en sus líneas generales, con la estructura de la Misa codificada por San Pío V.

Formación del Canon romano y Misa de San Gregorio.

A. Formación del Canon romano. Resulta difícil establecer la historia exacta del desarrollo del Canon (o Plegaria Consagratoria). Tal como fue ratificado por San Pío V en 1570, el Canon romano ya estaba acabado en la época de San León (400-461). San Gregorio Magno (590-604) lo completó definitivamente agregándole sólo seis palabras: “Diesque nostros in tua pace disponas”, al final  del “Hanc igitur”. Siempre se tuvo una veneración muy grande hacia el Canon: “Es la oración sacrificial de la Iglesia, en la que Cristo, como Sumo Sacerdote, renueva al Padre la oblación perfecta de todo su cuerpo y toda su sangre, inmolado un día sobre el calvario, para la salvación del mundo. Entre todas las fórmulas litúrgicas, la del Canon es, sin duda, la más sagrada y la más veneranda, porque encuadra las palabras divinas de la institución eucarística, y, desde hace dieciséis siglos, en los labios de millares de obispos y sacerdotes, constituye invariablemente la expresión oficial de la oración sacerdotal” 50.

B. Las palabras de la consagración. La fórmula de la consagración contenida en el rito romano es más amplia que la que nos transmitió la Sagrada Escritura. Según la Tradición, referida por Santo Tomás, estas  palabras “derivan de la tradición del Señor,  legada a la Iglesia a través de los Apóstoles” 51. San Alberto Magno pensaba lo mismo, y el Papa Inocencio III lo afirmó  expresamente: “Nos preguntas quién añadió en el Canon de la misa a la forma de las palabras que expresó Cristo mismo cuando transustanció el pan y el vino en su cuerpo y sangre, lo que no se lee haber expresado ninguno de los evangelistas (…) En el canon  de la misa  se halla  interpuesta la expresión “mysterium fidei” a las palabras mismas (…) A la verdad, muchas son las cosas que vemos haber omitido los evangelistas tanto de las palabras como de los hechos del Señor, que se lee haber suplido luego los Apóstoles de palabra o haber expresado de hecho (…) Creemos, pues, que la forma de las palabras, tal como se encuentra en el canon, la recibieron de Cristo los Apóstoles, y de éstos, sus sucesores” 52.

[anexo editorial] Y el Concilio Ecuménico Florentino (Sesión del año 1442), en su “Decreto para los griegos y los armenios”, había reiterado y confirmado,solemnemente, la misma doctrina dogmática de la Tradición, testimoniada por Inocencio III, como está mencionado arriba.

C.La Misa en la época de San Gregorio Magno (Papa de 590 a 604). Si pudiéramos presenciar una Misa cantada por San Gregorio, nos sorprendería su similitud con la Misa codificada por San Pío V en 1570. El cuadro comparativo muestra con evidencia que se trata substancialmente del mismo rito, más desarrollado a lo largo de los siglos.

Últimas modificaciones del rito romano desde San Gregorio hasta el siglo XV

Tres aspectos principales marcan el perfeccionamiento de la Misa entre el siglo VI y el siglo XV:

A. La asimilación de ritos de origen galicano. Cuando murió San Gregorio, todavía el rito romano no era el rito común del Occidente católico. A lado de él existían otros ritos muy antiguos, como el rito ambrosiano (en Italia), el rito mozárabe (en España) y el rito galicano (en Francia). Este último tuvo una influencia particular sobre el desarrollo del rito romano. El Asperges, el Salmo Judica me, el Confiteor, las oraciones acompañando las ceremonias del Ofertorio y las tres oraciones antes de la comunión son todos de origen galicano. Es de observar que la parte central de la Misa, el Canon, no fue retocada. Ya había llegado a su estado de perfección.

B. El desarrollo del Ofertorio. A vista de las vivísimas críticas de Lutero relativas al Ofertorio –como lo veremos pronto–, no será inútil detallar un poco más sus fundamentos.

El Ofertorio, tal como se encuentra en el rito romano actual, ya estaba acabado en siglo XIV. Con las oraciones del Ofertorio, la Iglesia subraya el significado completo del misterio que se va a llevar a cabo y permite a los fieles unirse más íntimamente con él. ¿Qué ocurre en el Ofertorio? ¿Cuál es su sentido profundo? El Ofertorio incluye varios aspectos:

– ES LA OBLACIÓN ANTICIPADA DEL SACRIFICIO DE CRISTO: Durante el Ofertorio se ofrece a Dios la materia del Sacrificio, en cuanto se va transformar unos instantes después en la divina Víctima.

– EXPONE LA DOCTRINA CATÓLICA RELATIVA AL SACRIFICIO DE LA MISA: El Canon es la acción sacrificial; el Ofertorio manifiesta con mucha precisión el dogma católico de la Santa Misa, especialmente en cuanto a la propiciación por los pecados. Es como un “catecismo de la Misa”. De hecho, un protestante contemporáneo no dudaba en decir  que “la parte central del Ofertorio, ‘Suscipe Sancte Pater‘, es una perfecta exposición de la doctrina romana sobre el Sacrificio de la Misa” 53.

– MANIFIESTA Y FOMENTA LA OBLACIÓN INTERIOR DE LOS FIELES, llamados a unirse íntimamente con la oblación de Cristo: el Ofertorio insiste sobre la importancia del sacrificio y oblación interior de los fieles, en unión con la divina Víctima. También recalca las disposiciones necesarias para aprovechar el sacrificio y recibir sus frutos.

Por lo tanto podemos decir que el Ofertorio es como un baluarte doctrinal y espiritual del Santo Sacrificio. Presenta la gran ventaja de introducir y preparar al Sacrificio.

C. El desarrollo del culto eucarístico. Después de San Gregorio,las otras partes de la Misa casi no fueron modificadas. Es de observar que el Canon codificado por San Pío V quedó sin modificarse desde el siglo V.

La recepción de la Eucaristía bajo las dos especies se fue dejando paulatinamente, por varias razones, a la vez prácticas y doctrinales: la comunión a la Preciosísima Sangre requería cuidados especiales e implicaba complicaciones rituales (los inconvenientes eran muchos y entre ellos se cuentan no sólo la “efusión del líquido en los varios trasiegos de los cálices, repugnancia instintiva de algunos, especialmente mujeres, hacia el vino; suciedad de los vasos, barbas largas, que quedaban impregnadas; conservación difícil por el peligro de avinagrarse, costo notable, facilidad de helarse en los duros inviernos septentrionales”54). También lo exigió la protección de la fe en la Presencia real: el hereje Jan Hus (1372-1415) y sus seguidores insistían violentamente sobre la necesidad de comulgar sólo bajo las dos especies, creyendo que Cristo no estaba presente enteramente en ambas con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Afirmaban que en las especies del vino está la Sangre sin el Cuerpo; en las del pan está el Cuerpo sin la Sangre. La supresión de la comunión del Sanguis fue también una respuesta a esta herejía que ha pervivido demasiado tiempo.

Hacia el fin del siglo XII apareció el rito de la elevación después de la consagración. Durante la Edad Media, muchas manifestaciones de piedad hacia la Presencia real de Cristo florecieron, en contra de la herejía de Berengario de Tours, quien fue el primero en poner en duda la transubstanciación. Apareció, por ejemplo, la costumbre de conservar los dedos pulgares e índices unidos desde la consagración hasta la purificación de los mismos después de la comunión, para que no se pierda ninguna partícula de las Sagradas Especies. Con este mismo espíritu se instituyó también la fiesta de Corpus Christi.

El desarrollo del culto eucarístico es un ejemplo llamativo de la preocupación doctrinal de la Iglesia en lo que se refiere a sus ritos. Ve en ellos la profesión y el baluarte de la fe, una respuesta práctica a las herejías.

Forma definitiva del Rito romano

A fines del siglo XII, Inocencio III (1198-1216) promulga un Ordo Missae que refleja el rito en uso en la capilla papal: muestra una identidad casi completa con el que, tres siglos y medio más tarde, se impondrá a toda la Iglesia por San Pío V en la reforma del misal. Las diferencias son pocas y de escasa importancia.55

033 - Jean Poyer - La Misa de San Gregorio. c.1500. Imagen miniada. Libro de Horas de Enrique V (Tours, Francia)NOTAS:

36 Nos inspiramos principalmente de La Messe a-t-elle une histoire? (1997).

37 Heb. 13, 10.

38 1 Cor. 10, 20.

39 Catecismo del Concilio de Trento, nº 486.

40 Hech. 20, 7; 1 Cor. 16, 1-2.

41 2 Cor. 8, 18; Hech. 15, 30; 1 Tes. 5, 27; Col 4, 16.

42 Hech. 20, 7.

43 1 Tim. 2, 1-2.

44 Rom. 16, 16; 1 Cor. 16-20.

45 1 Cor. 11, 23-25; Mt. 26; Mc. 14; Lc. 22.

46 1 Cor. 10, 16; 11, 24.

47 1 Cor. 11, 23-25; Mt. 26; Mc. 14; Lc. 22.

48 1 Cor. 14, 16.

49 1 Cor. 10, 16-22; 11, 26-29; Mt. 26; Mc. 14; Lc. 22.

50 Historia de la Liturgia de Mario Righetti, Tomo II, B.A.C (1956), p.294-295.

51 IIIª c.78 a.3 ad 9um.

52 Carta Cum Marthae circa a Juan, en otro tiempo Arzobispo de Lyon, del 29 de noviembre de 1202.

53 Luther Reed (Pastor Luterano), en The Lutheran liturgy, Fortress Press, Philadelphia (1947) p. 312.

54 Así los enumeraba más tarde Juan Charlier (+1417) al Concilio de Constanza.

55 Las diferencias son realmente unos puntos de detalle: ―a) las oraciones dichas al pie del altar (apologías introductorias) son idénticas a las del misal piano [de San Pío V]. Solamente añaden, después de repetir la antífona ‗Introibo ad altare Dei…‘ el‗Confitemini Domino quoniam bonus. Quoniam in saeculum misericordiam ejus‘. El beso de altar no se da durante la oración‗Oramus te, Domine‘ sino inmediatamente después, pronunciando la jaculatoria ‗A vinculis peccatorum nostrorum absolvat nos omnipotens, pius et misericors Dominus. Amén.‘ b) En la Misa cantada, el celebrante, apenas sube al altar, da la paz al diácono. c) Las apologías del Ofertorio son igualmente idénticas a las actuales; existe alguna variante en las ceremonias. El celebrante se lava la primera vez las manos antes de ofrecer el pan y el vino; mientras se extiende el corporal sobre el altar, debe recitar una fórmula;a oración ‗Offerimus tibi, Domine…‘ que hoy se dice teniendo el cáliz en alto, en el Ordo va precedida de la rúbrica siguiente: ‗quando ponit calicem super altari‘; la fórmula, en fin , ‗Incensum istud…‘ que, según el misal piano, debe decirse sobre la oblata, se recita, en cambio, ‗cum incensatur altare‘, junto con la otra: ‗Dirigatur, Domine, oratio mea…‘ d) El texto y las rúbricas del Canon no presentan ninguna variante notable con respecto a las actuales, fuera de que la pequeña elevación no tiene lugar al ‗Omnis honor et gloria‘ sino al ‗Per omnia saecula saeculorum‘. El Ordo desconoce aún la elevación mayor, introducida poco antes en Occidente. e) La fórmula que acompaña la fracción del pan presenta una variante: ‗Fiat commixtio et consecratio Corporis et Sanguinis D.N.J.C., accipientibus nobis vita aeterna. Amen‘. f) Todas las apologías de la comunión son idénticas a las del misal de San Pío V. g) La fórmula ‗Placeat tibi, Sancta Trinitas‘ está prescrita no para antes, sino para después del ‗Ite Missa est‘; con ella se acaba el Santo Sacrificio. No se hace mención del Evangelio de San Juan‖. Righetti, op.cit., p. 164.

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