¿Misa Católica o misa nueva? 2ª (VIII de XVI): Ataques protestantes contra la Misa

Parte 2ª. FORMACIÓN DEL RITO ROMANO TRADICIONAL, LLAMADO “MISA DE SAN PÍO V”.

ATAQUES PROTESTANTES CONTRA LA MISA

“Cuando la Misa sea trastornada, estoy convencido de que habremos tornado definitivamente al papismo. Efectivamente, el papismo se apoya en la Misa como sobre una roca, todo entero, con sus monasterios, obispados, colegiatas, altares, ministerios y doctrinas, en una palabra, con todo su vientre. Todo eso crujirá necesariamente cuando sea resquebrajada su Misa sacrílega y abominable”56.

Lutero, jefe del protestantismo alemán, anuncia claramente sus intenciones: “Hay que derribar la Misa para herir la Iglesia católica en su corazón” 57.

El heresiarca no se equivocaba. Toda la vida cristiana se apoya sobre la renovación incruenta del Sacrificio del Calvario. Al modificar paulatinamente los ritos y ceremonias tradicionales de la Misa, Lutero llevó insensiblemente a los fieles a un cambio en la fe. Aconsejaba lo siguiente: “Para alcanzar segura y felizmente el objetivo, hace falta conservar ciertas ceremonias de la antigua Misa para los débiles, que podrían escandalizarse por un cambio demasiado brutal”58. Tales cambios visibles de la liturgia responden a conceptos doctrinales totalmente erróneos, especialmente sobre la Santa Misa y el sacerdocio.

La herejía protestante

Lanzada en el año 1517, la herejía protestante fue difundida por Lutero –en Alemania–,Calvino y Zuinglio –en Francia y Suiza- y Enrique VIII –en Inglaterra–. Estos tres hombres fundaron, fuera de la Iglesia católica, tres iglesias disidentes: la iglesia luterana, calvinista y anglicana, llamadas usualmente con el nombre genérico de ‘iglesias’ protestantes. Por eso la palabra ‘protestante’ se refiere a realidades y doctrinas muy distintas. Conviene aquí dar un retrato de ellas, para comprender el origen de los cambios operados en la liturgia por los seudo-reformadores.

A. Lutero. Lo esencial de la doctrina de Lutero se halla en La Confesión de Augsburgo, en la Apología de la Confesión de Augsburgo y en los dos catecismos redactados por él en 1529.

Mientras la doctrina católica considera que la Iglesia enseñante es la única depositaria de la verdad revelada, cuyas fuentes son la Sagrada Escritura y la Tradición oral, Lutero rechaza el poder de enseñar de la Iglesia y, por consiguiente, la Tradición oral. Afirma que la única fuente de la fe es la Biblia, interpretada por la razón individual, iluminada directamente por el Espíritu Santo.

El centro de la doctrina luterana se halla en la interpretación de la naturaleza caída después del pecado original y en la justificación por la gracia.

La teología católica enseña que la salvación se opera por una colaboración estrecha entre Dios y el hombre: Primero, Dios da su gracia; después, el hombre coopera a la obra de Dios, con el uso de su libertad. La sociedad de los fieles, con una estrecha solidaridad, pone sus bienes en común, o sea sus oraciones, sacrificios, sufrimientos, de manera que sirvan al bien, santificación y salvación de todos. Es la llamada ‘Comunión de los Santos’.

Según la doctrina individualista de Lutero, que rechaza dicha comunión, el pecado original corrompió radicalmente la naturaleza humana, de manera que ya no existe la libertad: desde el pecado original, el hombre ya no es libre de hacer el bien. No puede sino pecar. La gracia, según Lutero, no transfigura interiormente al alma  ni hace  de ella el ‘templo del Espíritu Santo’ – como dice San Pablo–, sino que tapa la miseria humana, a modo de un manto. Esta  gracia  “luterana” consigue infaliblemente la salvación, pero no borra en el alma la malicia del pecado.

Al fundarse sobre la negación de la libertad humana, dicha doctrina tiene gravísimas consecuencias doctrinales y morales: El rechazo de la necesidad de las buenas obras, de la oración, del culto a los santos, del purgatorio, de las indulgencias…

Puesto que la única condición exigida para la justificación es la fe, se rechaza también la esencia de los sacramentos. Para Lutero, los sacramentos son puros símbolos destinados a alimentar la fe. También se pueden considerar como ciertas manifestaciones exteriores de que somos justificados, pero en absoluto en el sentido católico, como medios reales de santificación, comunicando y produciendo la gracia.

Finalmente, al afirmar que la salvación proviene directamente de Dios, sin intermediarios, Lutero llega a negar la necesidad de la jerarquía eclesial instituida por Nuestro Señor Jesucristo. Por eso se entregará a los príncipes la autoridad sobre las iglesias.

B. Zuinglio y Calvino. La mayor parte de la doctrina de Lutero se encuentra también en ellos. Sin embargo se observan varias diferencias, especialmente en cuanto al modo de presencia real en la Eucaristía. La característica principal del sistema de Calvino y Zuinglio consiste en la teoría de la predestinación absoluta, según la cual los hombres son predestinados desde toda la eternidad a la beatitud o a la condenación, sin previsión ninguna de sus méritos. Como Lutero, rechazan la jerarquía sacerdotal, pero difieren de él al afirmar la independencia y supremacía de la Iglesia sobre el estado.

C. Enrique VIII y sus sucesores. El caso de la iglesia anglicana es algo distinto: en un principio, la separación con la Iglesia católica se hizo por motivos personales y diplomáticos, no religiosos. El fondo de la enseñanza seguía siendo católico. Pero después de la muerte de Enrique VIII, el poder fue entregado a Mons. Cranmer, Arzobispo de Canterbury, y al Duque de Somerset, ambos allegados a los protestantes de Alemania, que permitieron y fomentaron la difusión de la herejía luterana. Puesto que los ingleses seguían muy aficionados a la fe católica, en primera instancia los reformadores se empeñaron en modificar exteriormente el culto, antes de cambiar abiertamente la doctrina –según la táctica enseñada por Lutero–.

Errores protestantes relativos al culto.

Las consecuencias de las herejías protestantes sobre la doctrina de la Misa son gravísimas. Se resumen en una triple negación:

  1. – del carácter sacrificial y expiatorio de la Misa.
  2. – de la Presencia real por transubstanciación.
  3. – del sacerdocio ministerial del sacerdote.

A. El carácter sacrificial y propiciatorio de la Misa. La teoría de la justificación del hombre por la fe sin las obras llevó a negar que la Misa sea esencialmente un sacrificio de expiación por los pecados. Lutero decía que “el elemento principal de su culto, la Misa, es la mayor de las impiedades y abominaciones; hacen de ella un sacrificio y una obra de bien”59. “La Misa no es un sacrificio, o la acción de un sacrificador. Veamos en ella un sacramento o un testamento. Llamémosla bendición, eucaristía o memoria del Señor”60. “Es un error manifiesto e impío el ofrecer o aplicar la misa por los pecados, como satisfacción, o por los difuntos”61. A veces Lutero  hablará de “sacrificio”, pero  sólo en el sentido de un sacrificio de alabanza o acción de gracias, jamás de un sacrificio de propiciación. Para el heresiarca, la Misa no es sino un simple memorial de la Pasión y de la Cena del Señor. Su fin es instruir a los fieles y recordarles el Sacrificio  del Calvario,  para  provocar en ellos el acto interior de fe: “El Santo Sacramento no fue instituido como un sacrificio ofrecido por el pecado, sino para despertar nuestra fe y consolar las consciencias” 62. Por consiguiente, para alcanzar dicha instrucción, la liturgia de la Palabra debe tener el lugar principal y la comunión un lugar segundario. De sacrificio propiciatorio por los pecados, la Misa pasa a ser una reunión de los creyentes, una conmemoración de la Cena y Pasión del Señor en que Cristo alimenta nuestra fe por Su Palabra y Su Eucaristía.

B. La presencia real por transubstanciación. Los protestantes se opusieron también al dogma de la transubstanciación, con el que la Iglesia católica designa el cambio operado por las palabras de la consagración de toda la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo, sólo permaneciendo las apariencias –llamadas también “especies”– del pan y del vino. Pero entre los reformadores se originó una violenta controversia.

Lutero defendía la tesis de la empanación, según la que la materia del pan y vino permanece después de la consagración: “Ya no es simplemente pan de horno, sino pan-carne, pan-cuerpo o sea un pan que hizo un solo ser y realidad sacramental con el cuerpo de Cristo” 63. Todavía algo quedaba de la presencia real, mientras que Calvino aceptaba solo una presencia virtual: Para él, el pan era sólo un signo, una representación de Cristo, presente realmente en el cielo y en ninguna otra parte.

Es de notar que la presencia más o menos real profesada por ambos proviene del acto de fe de los fieles reunidos, y no de la eficacia de las palabras de la consagración pronunciadas por el sacerdote.

C. El sacerdocio ministerial. Tal concepción de la Misa y de la Eucaristía reduce necesariamente la función del sacerdote. El ministro se vuelve un simple presidente de la asamblea. Ya no actúa más como instrumento de Cristo, en la persona de Cristo. Lutero llegó a negar la distinción fundamental entre los clérigos y los laicos: “Se ha descubierto que el Papa, los obispos y los monjes forman el estado eclesiástico, mientras los príncipes, señores, artesanos, paisanos forman el estado seglar. Es puro invento y mentira. En realidad, todos los cristianos son el estado eclesiástico; no se halla entre ellos ninguna diferencia, sino la función que ocupan (…) Cuando un Papa o un obispo unge, confiere la tonsura, ordena, consagra, se viste de otra manera que los laicos, puede hacer unos embusteros o ídolos ungidos, pero nunca un cristiano o eclesiástico (…) todo lo que sale del bautismo puede jactarse de ser consagrado sacerdote, obispo o Papa aunque esta función no conviene a todos” 64. Por tanto, Lutero defiende el concepto de sacerdocio universal y rechaza el sacramento del Orden sagrado.

La liturgia protestante

 Respecto a las modificaciones exteriores del culto, los protestantes actuaron a propósito de modo progresivo: “El sacerdote se las puede arreglar muy bien, de manera que el hombre del pueblo desconozca siempre el cambio realizado y pueda asistir a misa sin escandalizarse” 65. Aplicando este solapado principio, se operaron los siguientes cambios:

DESAPARICIÓN PROGRESIVA DEL LATÍN. Siendo la “misa luterana” esencialmente un memorial, una reunión para instruir a los fieles y no propiamente un acto sacrificial, el latín no tenía más su razón de ser y se volvía más bien un obstáculo. Tenía que desaparecer.

SUPRESIÓN DEL OFERTORIO: El motivo presentado para eso quedaba en claro: “Esta abominación (…) que llaman ofertorio. Ah, casi todo suena y huele a sacrificio” 66. El Ofertorio, compendio doctrinal de la Santa Misa, no podía sobrevivir a la purga luterana.

USO DEL TONO NARRATIVO, EN VOZ ALTA, PARA LA CONSAGRACIÓN. Al usar dos tonos distintos, el Rito Romano distingue bien el relato de la Institución de las palabras consagratorias. El relato se dice en tono narrativo; las palabras de la consagración se dicen en tono imperativo, para manifestar que ahí opera el mismo Jesús, ofreciéndose por el ministerio del sacerdote. Al ser la misa luterana un simple memorial, el tono imperativo, propio a la acción sacrificial, perdía su razón de ser.

CAMBIO DE LAS PALABRAS DE LA CONSAGRACIÓN: Se suprimió el “mysterium fidei”, porque no se encuentra en la Biblia sino sólo en la Tradición oral, ignorada por Lutero.

SUPRESIÓN DE LOS SIGNOS DE RESPETO A LA EUCARISTÍA: por ejemplo desaparecieron las genuflexiones, la unión de los dedos del sacerdote después de la consagración; se usaron vasos sagrados de materia común (por supuesto sin dorado). El relato de una de las primeras “misas” protestantes refiere que, al caer una hostia sobre el piso, el celebrante “dijo a los laicos que la recogieran, y mientras no lo hacían, sea por respeto o superstición, dijo sólo: “que se quede ahí, mientras no se la pisotee”67.

– COMUNIÓN DE PIE, EN LA MANO.

COMUNIÓN BAJO LAS DOS ESPECIES. Ya que la Misa luterana se volvía esencialmente una reunión, una cena en memoria de la Última Cena, se tenía que comulgar también al cáliz: una comida sin bebida no tiene razón de ser…

– CELEBRANTE CARA AL PUEBLO. Lutero da un lugar preponderante a los fieles. El celebrante ya no se halla a la cabeza del pueblo, dirigido hacia la Cruz del altar, sino hacia los fieles a los cuales tiene que instruir.

– CAMBIO DEL ALTAR POR UNA MESA, para diluir la idea de sacrificio, y reducir la Misa a una reunión en memoria de la Cena. En Inglaterra, se mandó a todos los obispos la siguiente directiva: “el altar tiene que ser sacado inmediatamente de todas las iglesias y reemplazado por una mesa”68. La razón de este cambio no se ocultaba: “La forma de mesa hará mejor pasar a los simples de las opiniones supersticiosas de la Misa papista al legítimo uso de la Cena del Señor. Porque un altar sirve para ofrecer un sacrificio, pero la mesa sirve para comer (…) Nadie puede negar que la forma de mesa es más indicada para participar a la comida del Señor” 69.

ABOLICIÓN DEL CULTO A LOS SANTOS Y A LA VIRGEN MARÍA.

La revolución luterana no podía quedar sin respuesta. La Iglesia tenía que reaccionar. Lo hizo con la reunión de un Concilio ecuménico, en la ciudad de Trento, en Italia.

¿No ven las propiedades de la misa protestante en esta del novus ordo?

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¿No aprecian los mismas características en esta nueva misa de Pablo VI que las descritas para los protestantes?

NOTAS:

56 Lutero, De captivitate Babylonis.

57 Lutero, De captivitate Babylonis.

58 Lutero, t. XII, p. 212.

59 Lutero, De votis monasticis judicium (1521), (t. VIII, p. 651).

60 Lutero, Sermón del Ier domingo de Adviento (t. XI, p. 774).

61 Lutero, De captivitate babylonica (1520), (t. VI, p. 521).

62 Lutero, Confesión de Augsburgo, art. XXIV: de la Misa.

63 Lutero, Oeuvres, VI, p. 127, Labor et Fides, Genève (1969).

64 Lutero, Manifiesto a la nobleza cristiana de Alemania, 1520.

65 Lutero, citado por Jacques Maritain en Trois réformateurs, París, 1925, p. 247.

66 Lutero, Formula missae et communionis (1523) (t. XII, p. 211).

67 Navidad del año 1521, celebrada por Karlstadt; lo refiere Mons. Cristiani en Du Luthéranisme au protestantisme.

68 Directiva de Mons. Cranmer, citada por Messenger en La Réforme – La Messe et le sacerdoce.

69 Nicolas Ridley, Obispo de Londres, Oeuvres, p. 321 et App. VI.

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