Lot huye de la iglesia conciliar

Lo primero la definición de lo que llamamos iglesia conciliar: « La iglesia conciliar es la sociedad de bautizados que siguen las directivas de los papas y de los obispos actuales, aceptando de manera más o menos consciente, la intención de realizar la unidad del género humano y que en la práctica aceptan las decisiones del concilio, aceptan la nueva liturgia y se someten al nuevo Derecho canónico” [Mons. Tissiers de Mallerais]

O también:  «La Iglesia Conciliar es una nueva religión que consiste en un nuevo código canónico (ley), una nueva fe (creencias) y moral y un nuevo culto (liturgia), sancionados por las autoridades vaticanas desde la finalización de Concilio Vaticano II (1962-65). Su finalidad es la destrucción sistemática de la fe y de la moral Católicas tradicionales,  en aras de una “Nueva Evangelización,” dirigida no a convertir a los descarriados, sino  a decirles que dentro de sus creencias pueden ser salvos».

Pues bien, veamos cómo trabajan y lo que proponen gradualmente introducir en su iglesia, que no es la Católica fundada por  Cristo visible en un restos fiel esparcido. Lo hacemos con el siguiente artículo tomado de aquí.

Lot huye del Sínodo

Ya resulta abrumador seguir la crónica diaria de la apostasía oficializada por Roma en esta pantomima de sínodo, glosada en hábil juego pendular, en sus homilías diarias, por ese abusador de las alusiones indirectas que dio en cognominarse Francisco. Así éste,refiriéndose a los «doctores de la ley [que] no entendían los signos del tiempo […] porque estaban encerrados en su sistema [y] habían ordenado la ley muy bien, una obra de arte», añadió que los hábitos de Jesús no les gustaban porque «estaba en peligro la doctrina, esa doctrina de la ley, que ellos, los teólogos, habían hecho a lo largo de los siglos […] Sencillamente habían olvidado la historia. Se habían olvidado que Dios es el Dios de la ley, pero que también es el Dios de las sorpresas».

Este historicismo asociado al factor sorpresa había sido señalado por Tucho, el doctor gnóstico, cuando metió la zarpa en la Evangelii Gaudium para roznar que «el tiempo es superior al espacio», lo que en puridad debe leerse como «superior a la eternidad» o quizás: «la tiranía de los accidentes recusa la inmutabilidad de las esencias». Toda esta enseñanza implícita en una pasajera homilía matinal, lesiva a una con la ética (ley natural y ley divina), la lógica (principio de identidad y no contradicción) y la metafísica (esencia de los seres), resulta oportunamente arrojada a la molida conciencia de los fieles el mismo día en que se emite el documento de “mitad-del-sínodo”, la temible Relatio post disceptationem, en que se lee, entre otras enormidades, que

50. Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades? A menudo desean encontrar una Iglesia que sea casa acogedora para ellos.

51. La cuestión homosexual nos interpela a una reflexión seria sobre cómo elaborar caminos realísticos de crecimiento afectivo y de madurez humana y evangélica integrando la dimensión sexual: por lo tanto se presenta como un importante desafío educativo.

52. Sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas,

Para no detenernos en el encomio de la Lumen Gentium que, con su tesis de que fuera de la Iglesia «se encuentran diversos elementos de santificación y de verdad», permitiría, en virtud del blasonado principio de gradualidad (n. 17), encontrar alguna vía de santificación en familias no consagradas, incluyendo las hoy conocidas como “familias ensambladas”. Ni en el concomitante clamor por «hacer más accesibles y ágiles los procedimientos para el reconocimiento de casos de nulidad» (n. 43), o la posibilidad de acceso de los divorciados re-casados a la Eucaristía precedido, eso sí, «de un camino penitencial –bajo la responsabilidad del obispo diocesano- [como] posibilidad no generalizada, fruto de un discernimiento actuado caso por caso» (n. 47).

Los padres sinodales encargados de la redacción de este documento han logrado el raro prodigio de amancebar unos cuantos errores en unas pocas líneas: desde el nicolaísmo en su versión más vergonzante (aquella que algunos han dado en llamar la “homo-herejía”, o la homosexualidad erigida en sistema) a la más patente “moral de situación” condenada por Pío XII en la Humani generis. Bergoglio se encarga de divulgar sus hallazgos de ellos desde el ambón. Tresdoblada abominación que los tiene por actores, increíblemente ciegos al alud de advertencias que tanto las profecías canónicas como las privadas (oficialmente reconocidas) profieren acerca de la Gran Apostasía y el Ánomos; insensibles, a causa de su soberbia, al indeclinable arracimarse de los signos.

Los medios de masas ya cantan victoria sobre los despojos de la Iglesia. La Sinagoga de Satanás cumple un nuevo hito (¿el penúltimo? ¿cuál no será el documento conclusivo?) en su sigilosa obra de sustitución. [ El artículo lleva el título original “Lot huye del sínodo” tomado de In expectatine]

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