¿Misa Católica o misa nueva? 3ª(XIV de XVI): Inicio de la Reforma litúrgica: El Concilio V2

Parte 3ª. LA FORMACIÓN DEL NOVUS ORDO MISSAE (N.O.M.),
LLAMADO “MISA DE PABLO VI”

EL CONCILIO VATICANO II

O EL INICIO DE LA REVOLUCIÓN LITÚRGICA.

No nos corresponde aquí resumir la historia y doctrina del Concilio Vaticano II 87. Sólo nos interesan las enseñanzas conciliares relativas a la liturgia. Estas se encuentran principalmente en la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC), sobre la liturgia, y en el Decreto Presbyterorum Ordinis (PO), sobre el ministerio y la vida de los presbíteros.

Mons. Annibale Bugnini, del que hablaremos más adelante, no dudaba en decir que “la visión de la liturgia propuesta por el Concilio es totalmente distinta de lo que era antes” 88. ¿Cuál fue la nueva orientación conciliar sobre la liturgia? Unas palabras del R. P. Yves Congar O.P. –uno de los principales teólogos del Concilio y en 1994 creado cardenal– nos la van a aclarar: “Lutero es uno de los genios religiosos más grandes de toda la historia. A ese respecto lo pongo en el mismo plano que San Agustín, Santo Tomás de Aquino o Pascal. En cierta manera aún es más grande. Repensó todo el cristianismo. Lutero fue un hombre de Iglesia” 89. Tal aprecio por Lutero revela una fuerte corriente filoprotestante –y ecumenista, en general– dentro del Concilio, que de hecho se manifestó en los textos referentes a la liturgia:

DEFINICIÓN PROTESTANTIZADA DE LA MISA. Se define a la Santa Misa como “banquete pascual en el cual se come a Cristo” y como memorial de la muerte y resurrección del Señor (muerte y resurrección puestas en el mismo plano), sin mención alguna del dogma de la transubstanciación ni del carácter de sacrificio propiciatorio de la misma Misa (SC 47 y 109). Se trata de una definición que “omite enteramente hacer mención alguna de la transubstanciación, es decir, de la conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo [de Cristo] y de toda la sustancia del vino en la Sangre, que el concilio tridentino definió como artículo de fe y se contiene en la solemne profesión de fe”, y que, en consecuencia, cae, por este título, bajo la condena solemne fulminada por Su Santidad Pío VI en 1794, según la cual una definición de tal género “es perniciosa, derogativa de la exposición de la verdad católica acerca del dogma de la transubstanciación y favorecedora de los herejes, en cuanto que mediante tamaña omisión [la de la transubstanciación], imprudente y temeraria, se oculta el conocimiento tanto de un artículo que pertenece a la fe, cuanto de una voz consagrada por la Iglesia para defender su profesión contra las herejías, y tiende así a introducir el olvido de ella, como si se tratara de una cuestión meramente escolástica” 90.

La índole protestante de esta definición de la Santa Misa se echa de ver con más claridad aún en el art. 106: “La Iglesia […] celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón “día del Señor” o domingo. En este día, los fieles deben reunirse en asamblea a fin de que, escuchando la palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recuerden la pasión, la resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, etc.” El texto latino muestra, sin la menor sombra de duda, que el fin de la Santa Misa lo constituye, para la Sacrosanctum Concilium, el memorial y la alabanza, silenciando el resto de fines.

– SE ADOPTA LA OSCURA NOCIÓN DEL “MISTERIO PASCUAL“, arma privilegiada de la neoteología, de tendencia filoprotestante. El concilio identifica la Santa Misa con el “misterio pascual”, puesto que escribe que la Iglesia se ha congregado siempre desde el principio “para celebrar el misterio pascual” (SC § 6) y que “celebra el misterio pascual cada ocho días” (SC § 106) 91.

INTRODUCCIÓN DE LA IDEA EQUIVOCADA SEGÚN LA CUAL EL SACERDOTE Y EL PUEBLO CONCELEBRAN LA SANTA MISA, con lo que se insinúa la noción luterana del “sacerdocio común”: “[Los fieles] fortalézcanse en la mesa del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, etc.» (SC § 48, e infra § 43).

– REDUCCIÓN DE LA FUNCIÓN DEL SACERDOTE. “Es, pues, la asamblea eucarística, el centro de la congregación de los fieles que preside el presbítero. Enseñan los presbíteros a los fieles a ofrecer al Padre en el sacrificio de la misa la Víctima divina y a ofrendar la propia vida juntamente con ella» (PO § 5). Así, pues, la función de los sacerdotes en la Santa Misa se reduce, al parecer, a “enseñar” (edocent) a los fieles a ofrendar la víctima divina “juntamente” consigo mismos (pero ¿qué significa, en un contexto semejante, “enseñar a ofrecer la Víctima divina”?). Añádase a ello el silenciamiento de una serie de hechos: que la ofrenda la hace ante todo el sacerdote en la persona de Cristo, que se trata de una ofrenda de hombres pecadores, que se hace en expiación de nuestros pecados, y que ha de ser acepta a Dios. Por otra parte, parece manifestarse también aquí la idea de la concelebración del sacerdote y del pueblo, condenada expresamente por Pío XII; una idea que se funda en la errónea concepción protestante según la cual los fieles son todos ya sacerdotes a consecuencia del bautismo.

– DESIGNACIÓN REPETIDA DEL SACERDOTE COMO “PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA”, como si semejante nota fuese la esencial, por lo que hace a la “función” del sacerdote en la Santa Misa (cf. SC § 33; Lumen Gentium § 26 PO § 2 y 5).

– DESVALORIZACIÓN INDEBIDA DE LA DENOMINADA “MISA PRIVADA“: “siempre que los ritos, cada cual según su naturaleza propia, admitan una celebración comunitaria, con asistencia y participación activa de los fieles, incúlquese que hay que preferirla, en cuanto sea posible, a una celebración individual y casi privada” (SC § 27). Lutero se mostró particularmente hostil a la “misa privada” y, cosa extraña, atribuyó al diablo la inspiración que recibió para combatirla…

ESPÍRITU DE INCULTURACIÓN E INNOVACIÓN. El Concilio fomenta la adaptación del rito a la cultura profana (a la índole y tradiciones de los pueblos, a su lengua, música y arte) mediante la creatividad y la experimentación litúrgicas (SC §§ 37, 38, 39, 40, 90, 119) y por medio de la simplificación del rito mismo (SC §§ 21, 34), contra la enseñanza constante del magisterio, según la cual la cultura de los pueblos es la que se debe adaptar a las exigencias del rito católico, sin que nunca deba concederse nada a la creatividad, ni a la experimentación, ni a modo alguno de sentir del hombre del siglo.

– ANARQUÍA Y DEBILITAMIENTO DE LA UNIDAD DE CULTO. Se atribuye la competencia, nueva e inaudita, a las conferencias episcopales en materia litúrgica, que comprende amplias facultades para experimentar formas nuevas de culto (SC § 22 nº2, § 39), contra la enseñanza constante del magisterio, que ha reservado siempre al Sumo Pontífice toda competencia en tal materia, y ha sido siempre hostil a cualquier innovación en el campo litúrgico: “el Sumo Pontífice es el único que tiene derecho a reconocer y legitimar cualquier costumbre cuando se trata del culto divino, a introducir y aprobar nuevos ritos, a cambiar los que estime deben ser cambiados” 92.

– INVITACIÓN A INCREMENTAR EL NÚMERO DE CASOS EN QUE SE PUEDE CONCEDER LA COMUNIÓN BAJO LAS DOS ESPECIES (SC § 55).

EXTENSIÓN DE LA FACULTAD DE CONCELEBRAR, práctica litúrgica reservada antes a algunas ceremonias particularmente solemnes –en especial, ordenaciones sacerdotales– (SC § 57 y 58).

– MITIGACIÓN DE LA SEVERA PROHIBICIÓN DE LA PARTICIPACIÓN A LOS CULTOS NO CATÓLICOS (COMMUNICATIO IN SACRIS): con los “ortodoxos” u “orientales” cismáticos (Orientalium Ecclesiarum §§ 26 a 29) y con los “hermanos separados” en general (Unitatis Redintegratio § 8).

– DISCIPLINA A TENDENCIA ECUMENISTA. Se da la facultad de celebrar la santa Pascua el mismo domingo en que la celebran los “ortodoxos” cismáticos, según su calendario, “para fomentar la unidad entre los cristianos de la misma región o país” (OE § 20). También, “a los orientales separados [los denominados “ortodoxos”] que, movidos por el Espíritu Santo, vengan a la unidad católica, no se les exija más que la simple profesión de lo que la fe católica exige” (OE § 25).

El R. P. Schillebeeckx, teólogo holandés ultra-progresista, calificó la Constitución Sacrosanctum Concilium de “obra maestra”: implícitamente abría la puerta a todos los cambios futuros en la liturgia y pedía la reforma del misal: “Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste con mayor claridad el sentido propio de cada una de las partes y su mutua conexión y se haga más fácil la piadosa y activa participación de los fieles. En consecuencia, simplifíquense los ritos, conservando con cuidado la sustancia; suprímanse aquellas cosas menos útiles que, con el correr del tiempo, se han duplicado o añadido; restablézcanse, en cambio, de acuerdo con la primitiva norma de los Santos Padres, algunas cosas que han desaparecido con el tiempo, según se estime conveniente o necesario” (SC nº 50).

El Presidente de la Comisión preparatoria de la liturgia, el anciano Card. Gaetano Cicognani, se opuso con todas sus fuerzas al texto de la Constitución, que juzgaba muy peligroso. Pero el secretario de dicha comisión, el Padre Annibale Bugnini, reformador convencido y autor del texto sobre la liturgia, se empeñó en conseguir la aprobación del texto por el Cardenal, cuya firma era necesaria para la publicación del documento. Juan XIII le intimó para que lo firmase. “Al anciano Cardenal –relata Ralph Wiltgen– casi se le saltaban las lágrimas cuando blandió el documento en el aire y dijo: “quieren que firme esto, pero yo no sé si quiero hacerlo‘” . Luego, apoyó el documento sobre su mesa, tomó una pluma y le puso su firma. Cuatro días después falleció” 93.

PabloVI

NOTAS:
87 Sobre los problemas doctrinales planteados por el Concilio, se leerá útilmente la revista Sí Sí No No, Sinopsis de los errores del Concilio Vaticano II y el libro del R. P. Bourmaud, Cien años de modernismo, Genealogía del Concilio Vaticano II. Sobre la historia del Concilio, se puede consultar El Rhin desemboca en el Tíber de Ralph Wiltgen.
88 Annibale Bugnini, Documentation Catholique nº1491 (4 de enero de 1967).
89 Padre Yves Congar, citado por Louis Salleron en La Misa Nueva, Iction (1978), p.221.
90 Pío VI, Auctorem fidei, 1794.
91 Sobre la teología del ―misterio pascual‖, subyacente de toda la Reforma litúrgica, se puede leer “El problema de la Reforma litúrgica”,
92 Pío XII, Mediator Dei (1947) nº57.
93 Ralph Wiltgen, El Rhin desemboca en el Tíber, ediciones Criterio Libros (1999), p. 163.

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