¿Misa Católica o misa nueva? 3ª(XV de XVI): La misa de Pablo VI

Parte 3ª. LA FORMACIÓN DEL NOVUS ORDO MISSAE (N.O.M.),
LLAMADO “MISA DE PABLO VI”

EL NOVUS ORDO MISSAE O “MISA DE PABLO VI”

Aplicando las directivas reformadoras del Concilio, el 3 de abril de 1969 Pablo VI publicó el “Novus Ordo Missae”. Unos meses después, el 19 de noviembre, ante la tumultuosa recepción del nuevo misal, el Papa decía durante una audiencia que el “cambio” operado por la introducción del nuevo rito “tiene algo de sorprendente, de extraordinario, dado que la Misa es considerada la expresión tradicional e intangible de nuestro culto religioso, de la autenticidad de nuestra fe”. Pedía que “se entienda bien que nada se ha cambiado de la sustancia de nuestra misa tradicional (…) No hablamos de nueva misa –dice como conclusión– sino de nueva época en la vida de la Iglesia”. El Papa se salvaba difícilmente de la contradicción: el nuevo rito era un “cambio”, pero no cambiaba “la sustancia de la misa”; no se trataba de “nueva misa”, sino de “nueva época”.

El Rvdo. P. Bugnini, principal autor del N.O.M., fue más categórico: “No se trata solamente de retocar una valiosa obra de arte sino, a veces, de dar estructuras nuevas a ritos enteros. Se trata, en realidad, de una restauración fundamental, diría casi de una refundición y, en ciertos puntos, de una verdadera creación nueva” 94.

¿”Nueva época” o “creación nueva”? ¿”Crecimiento y progreso” o “grave fractura”?95 El estudio detallado del rito de 1969, de sus orígenes, fines, ceremonias y esencia, nos permitirá llegar a un juicio objetivo sobre el asunto 96.

1. ¿Quién hizo el N.O.M.?

Quien promulgó y supervisó la elaboración del Novus Ordo Missae fue el Papa Pablo VI. Pero la composición del rito no fue la obra directa del Papa, sino de un grupo de expertos nombrados por él: el Consilium ad exequendam Constitutionem de Sacra Liturgia. ¿Qué sabemos de esta comisión y de sus miembros?

A. EL CONSEJO PARA LA APLICACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN SOBRE LA SAGRADA LITURGIA (Consilium).

El 26 de febrero 1964 Pablo VI crea una comisión para aplicar la Constitución sobre la liturgia, cuyo secretario será el R.P. Bugnini. La creación del dicho órgano no era algo normal: Pablo VI “instituyó una comisión expresamente para la ejecución de la reforma litúrgica: el “Consilium ad exequendam Constitutionem de Sacra Liturgia”, con el Cardenal Giacomo Lercaro como presidente y el liturgista Monseñor Annibale Bugnini -auténticamente directriz- como secretario. Un procedimiento extraño y anómalo, no cabe duda, pero que le permitía a Pablo VI pasar por encima de la Sagrada Congregación de los Ritos, a la cual le habría debido corresponder el cometido, como era lógico: la presidía el Cardenal Larraona, a quien se reputaba por demasiado “tradicionalista” y, por ende, difícil de manejar con vistas a la delicada operación litúrgico-doctrinal de trasplante de corazón que debía practicársele a la Santa Iglesia” 97.

Felizmente, la historia conservó el testimonio de dos testigos directos de los trabajos de dicha Comisión. Son de mucho interés para conocer el ambiente, los autores y la seriedad de la preparación de la reforma litúrgica.

1º. El Cardenal Antonelli 98, experto en liturgia y miembro del Consilium, relata lo siguiente 99: “No me entusiasman los trabajos (…) Una agrupación de personas harto incompetentes, pero, en mayor grado aún, aventajadas en la línea de las novedades. Discusiones apresuradísimas. Discusiones a base de impresiones; votaciones caóticas. Lo que más me desagrada es que los Memoriales expositivos y las preguntas relacionadas con ellos se encuadran siempre en una línea vanguardista, y se hacen a menudo en forma capciosa. Dirección débil”.

“Repugna el espíritu, demasiado innovador; repugna el tono de las discusiones, demasiado rápido y tumultuario a veces; repugna que el presidente [el Card. Lercaro] no haya hecho hablar a todos, preguntándole a cada uno su parecer. Brevemente: las cosas por hacer son graves; no sé si éste es el momento oportuno”.

“No me gusta el espíritu: reina un espíritu de crítica y de intolerancia para con la Santa Sede que no puede traer nada bueno, y todo un afán de racionalizar la liturgia, unido con una despreocupación absoluta por la verdadera piedad. Temo que llegue el día en que se haya de decir de toda esta reforma (…): “accepit liturgia recessit devotio‘ [esto es, la liturgia fue bien acogida pero la devoción se desvaneció]”.

“Se multiplican los esquemas sin llegar a una forma verdaderamente pensada… El Card. Lercaro no es capaz de dirigir una discusión. Al P. Bugnini no le interesa más que ir adelante y acabar. Peor es el sistema de votación. Ordinariamente, se vota a mano alzada, pero nadie cuenta quién la alza y quién no; nadie dice: tantos a favor y tantos en contra. Una auténtica vergüenza. En segundo lugar, nunca se ha podido saber, pese a haberse planteado la pregunta multitud de veces, qué mayoría es necesaria, si la de dos tercios o la absoluta. (…) Otra carencia grave estriba en que no se levanta acta de las sesiones; a mí al menos no me han hablado de ninguna, y tampoco nunca se ha leído una”

A fines de 1967 el Cardenal escribe en su Diario: “Confusión. Nadie posee ya el sentido sagrado y vinculante de la ley litúrgica... en los proyectos a mayor escala continúa el trabajo de desacralización, que ahora llaman secularización; por aquí se echa de ver que la cuestión litúrgica (…) se inserta (…) en una problemática mucho más vasta, doctrinal en el fondo; de ahí que la gran crisis sea la crisis de la doctrina tradicional y del magisterio“.

Todo eso entraña, con la connivencia de Pablo VI, el fracaso de toda sana renovación litúrgica. Es la liturgia subyugada por la demolición doctrinal. El P. Antonelli ya se ha dado cuenta de ello y registra su sufrimiento: “Lo más triste, sin embargo (…) es un dato de fondo, una actitud mental, una posición prestablecida; es decir: que muchos de los que han influido en la reforma (…) y otros no sienten ningún amor, ninguna veneración por lo que se nos ha transmitido. Desprecian de entrada todo lo que hay en la actualidad: he ahí una mentalidad negativa, injusta y dañina. Por desgracia, el Papa Pablo VI está algo de su parte. Abrigarán todos las mejores intenciones, pero con semejante mentalidad se sienten inclinados a demoler, no a restaurar”.

2º) El Canónigo Andrea Rosa100. Teólogo y experto en liturgia, también fue miembro del Consilium. Refiere que “algunos abogaban en el Consilium por el retorno a la gran tradición cuando les convenía. Francamente, estoy de acuerdo con que se hagan algunas pequeñas reformas, pero lo que se llevó a cabo fue abiertamente radical”. Respecto a los otros miembros, nos hace una asombrosa revelación:“Está claro que algunos del Consilium no creían ya en el diablo”101

Incompetencia, espíritu innovador y desacralizador, crítica e intolerancia para con la Santa Sede, desprecio por la doctrina y los ritos tradicionales, sin hablar de una clara falta de fe: tales parecen ser las “cualidades” de los que fueron encargados de reformar la liturgia, o por lo menos de muchos de ellos.

Entre los consultores del Consilium muchos eran también allegados al movimiento litúrgico decadente del C.P.L, como por ejemplo los Padres Martimort, Botte, Bouyer, Gy, Jungmann. Esto explica muchas cosas…

Ahora tenemos que hablar del principal obrero de la reforma, el Padre Annibale Bugnini, y de la extraña colaboración de seis expertos protestantes a la elaboración de la nueva liturgia.

B. ANNIBALE BUGNINI (1912-1982). ¿Quién era el Padre Bugnini? Director de las Ephemerides liturgicæ, el Padre Annibale Bugnini, C.M. había sido miembro de la Commissio piana (1948-1960) y luego Secretario de la comisión preconciliar (1960-1962). Vale la pena mencionar que también era un profundo admirador de los trabajos del Centro de Pastoral Litúrgica francés, de cuyo espíritu innovador hemos hablado102. Pero en 1962, a instancias del Cardenal Larraona, Presidente de la comisión conciliar de la liturgia, Juan XXIII relevó a Annibale Bugnini de su cátedra de docencia de liturgia en Letrán —“me acusaban de iconoclasta”, confesó Bugnini103—. Juan XXIII no quiso guardarlo en sus funciones de secretario de la comisión conciliar y nombró en su lugar al Padre Ferdinando Antonelli. Pero Pablo VI nombró a Bugnini Secretario del Consilium en 1968.

Un conocido arzobispo solía contar a sus seminaristas una anécdota104: En diciembre de 1967, durante una asamblea de la Unión Mundial de los Superiores Generales a la que asistió este prelado, el Padre Annibale Bugnini fue invitado a exponer su misa normativa. Lo hizo con gran tranquilidad: para la participación de los fieles —dijo— había que cambiar toda la primera parte de la misa, suprimir el Ofertorio (que sobraba al lado del Canon) y las oraciones del sacerdote antes de la comunión, cambiar y diversificar las oraciones eucarísticas, etc. “Mientras oía esa conferencia, que duró una hora —contaba —, me decía a mí mismo: “¡No puede ser que ese hombre tenga la confianza del Santo Padre, y que el Papa lo haya elegido para hacer la reforma de la liturgia!” Teníamos ante nosotros a un hombre que pisoteaba la liturgia antigua con un desprecio y un descaro inimaginables. Yo, que suelo tomar la palabra con facilidad, como lo había hecho en el Concilio, no tuve valor para ponerme de pie; estaba consternado; las palabras se me atragantaban. Sin embargo, se levantaron dos Superiores Generales. El primero dijo: “¡Padre, si entiendo bien, después de suprimir el Confiteor y el Ofertorio, acortar el Canon, etc., una misa privada durará entre diez y doce minutos!”El Padre Bugnini respondió: “¡Siempre se puede añadir algo más!” Bien se veía la poca importancia que le daba a la Misa y a la manera de decirla. “El segundo, un abad benedictino, intervino: “La participación activa, ¿es una participación corporal o espiritual?” (Buena pregunta). “La misa normativa está prevista en función de una asistencia de los fieles, pero nosotros, benedictinos, que decimos nuestra misa sin fieles, ¿qué haremos ahora?” La respuesta de Bugnini fue la siguiente: “A decir verdad, no habíamos pensado en ello”. Eso dice bastante sobre el espíritu de esa reforma”.

Otro día, escuchó de boca de Monseñor Cesario D’Amato, Abad de San Pablo Ex-tramuros105: “Monseñor, no me hable del Padre Bugnini, sé demasiado sobre él, ¡no me pregunte quién es!” Ante la insistencia del Prelado, el Abad le repitió: “No puedo hablarle de Bugnini”.

Pero ¿Quién es este Bugnini? Se preguntaban muchos . El Card. Antonelli, cuyo testimonio ya hemos referido, decía de él: “Podría decir muchas cosas de este hombre. Debo añadir que siempre ha sido sostenido por Pablo VI. No quisiera equivocarme, pero la laguna más notable en el P. Bugnini es su falta de formación y de sensibilidad teológica”106. El Canónigo Andrea Rose, que trabajó a su lado, decía que “Bugnini carecía de profundidad de pensamiento. Fue grave nombrar a un veleta como él en el puesto que desempeñaba. ¡Que la gestión de la liturgia estuviera en manos de un hombre semejante, de un superficial…! (…) Manipulaba a Pablo VI: iba a informarle, pero le contaba las cosas a su sabor. Luego volvía diciendo: “El Santo Padre desea esto, el Santo Padre desea aquello”; pero era él quien, por debajo de cuerda…”107

En una visita al Cardenal Amleto Cicognani, que aún era Secretario de Estado, en febrero de1969, para expresarle su inconformidad por los nuevos cánones, el ex Superior General de los Padres del Espíritu Santo le preguntó: “Eminencia, ¡no puede dejar pasar esto! Es una revolución en la liturgia y en la Iglesia”. “¡Ya lo sé, Monseñor! —le respondió el Cardenal, con la cabeza entre las manos—, pienso exactamente igual que usted. Pero ¿qué quiere que haga? ¡El Padre Bugnini entra y sale del despacho del Santo Padre y le hace firmar lo que quiere!”. Pasando luego a la Congregación de Ritos, habló de la comunión en la mano (cuyo decreto de autorización estaba en preparación en el Consilium) con el Cardenal Gut, que le confesó: “Soy Prefecto de la Congregación de Ritos, pero no soy yo quien manda aquí. Adivine usted quién es el que manda…” El omnipotente Padre Bugnini…

La influencia de Annibale Bugnini sobre Pablo VI y el modo “dictatorial” de sus decisiones, pasando por encima de los prefectos de la Congregación de Ritos, siguen siendo un enigma. “Es indudable que entre el Santo Padre y los organismos que están en manos de Monseñor Bugnini han sucedido algunas cosas inadmisibles. Algún día se sabrá todo”, dijo el Arzobispo fundador de Ecône. El prelado creyó “saberlo” cuando Pablo VI, con motivo de la fusión de la Congregación del Culto Divino con la de los Sacramentos, el 11 de julio de 1975, puso fin a las actividades de Monseñor Bugnini, para nombrarlo, sólo seis meses después, Pro-nuncio en Teherán. Corrió la noticia de que una cartera comprometedora, que Annibale Bugnini había extraviado, revelaba su pertenencia a la masonería. Sin embargo, él aseguró a Pablo VI que no sabía nada sobre la masonería, “ni qué es, ni qué se hace, ni cuáles son sus fines” 108. En el año 1976 circuló la correspondencia apócrifa entre Bugnini y un supuesto Gran Maestre, y también circularon listas de afiliaciones de muchos prelados de la Curia y otros a una sociedad secreta romana, de 1963 a 1971. Bugnini, “Buan” para los iniciados, se habría inscrito el 23 de abril de 1963. Muchos dieron crédito al rumor y a esos documentos sospechosos, y se decía hasta en publicó lo siguiente: “Nos hemos enterado en Roma de que quien fue el alma de la reforma litúrgica es un masón”. El misterio o la mistificación perduran.

Incompetente, sin formación doctrinal, superficial, manipulador, sospecho de masonería, “iconoclasta” y lleno de desprecio por la liturgia tradicional: tales parecen ser las “cualidades” del principal autor del N.O.M. Que se nos perdone la ironía, pero se nos viene a la mente el dicho: “A tal palo, cual astilla…”

C. SEIS EXPERTOS PROTESTANTES: La Documentation catholique del 3 de mayo de 1970 publicaba en portada una sorprendente fotografía de Pablo VI (sonriente) con seis investigadores protestantes (ultra- sonrientes, y con razón más que sobrada para ellos): el Dr. Georges, el Canónigo Jasper, el Dr. Shepard, el Dr. Konneth, el Dr. Smith y el Hermano Max Thurian, que habían sido invitados, no a título personal sino en calidad de representantes oficiales del Consejo Ecuménico de las Iglesias, de la Comunidad Anglicana y Luterana y de la de Taizé. Su calificación oficial era la de “observadores” en los trabajos de la comisión litúrgica que había erigido Pablo VI para la elaboración de la nueva misa. Sin embargo muy pronto se supo que el sexteto protestante no se había limitado a observar, sino que había tomado parte activa, con sus sugerencias, en la elaboración de la Misa de Pablo VI. Era lo que reveló a boca llena Mons. W. Baum (más tarde creado cardenal), que era responsable a la sazón de la Comisión para el Ecumenismo en el seno de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos de América:”Ellos no está allí como meros observadores, sino también como consultores y participan plenamente en las discusiones relativas a la renovación litúrgica católica. No tendría mucho sentido que sólo escucharan, por lo que hacen también sus contribuciones”109. Otro testigo, Mons. Boudon, escribía, en el relato de la octava sesión del Consilium: “Como en la precedente sesión en octubre 1966, tuvimos la alegría de aprovechar la presencia activa de observadores delegados por las otras iglesias cristianas. Al participar a nuestros trabajos, pudieron aportar el testimonio de sus propias investigaciones y confrontarlas con las nuestras. La reforma litúrgica se elabora en un clima de ecumenismo eminentemente provechoso para cada uno, y, a largo plazo, por la unidad de la Iglesia”110. No sin motivo el Cardenal Antonelli llegó a anotar en su diario: “Tengo la impresión de que se han hecho muchas concesiones a la mentalidad protestante, sobre todo en materia de sacramentos“111.

2. ¿Para qué se hizo el N.O.M?
¿Por qué un nuevo rito?

El mismo Pablo VI expresó la razón de ser de la Reforma litúrgica el 24 de mayo de 1974: “La adopción del N.O.M no se deja para nada a la libre decisión de los sacerdotes o fieles (…) El N.O.M. ha sido promulgado para tomar el lugar del antiguo rito, después de una madura deliberación, para llevar a cabo las decisiones del Concilio”. Por lo tanto, el fin del nuevo era… ¡Hacer desaparecer el antiguo! ¡Nada menos! Parece enorme pero se comprende perfectamente a la luz de la tendencia dominante de toda esta reforma: el ecumenismo. Siendo profundamente católico y anti-protestante, el rito romano tenía que dejar el lugar al N.O.M, intento ecumenista para acercar el rito de la Misa a la Cena protestante. Acusación excesivamente grave, pero innegable a la luz de la historia. Dicha tendencia ecumenista se encontraba ya en el Concilio y fue característica del Pontificado de Pablo VI.

A. El ecumenismo en el Concilio Vaticano II. No podemos aquí hacer un estudio completo sobre la tendencia al falso ecumenismo, condenado por Pío XI, en los textos del Concilio Vaticano II. Sólo destacaremos algunos puntos esenciales que influyeron en la elaboración del N.O.M.:

Valor de las otras (falsas) religiones cristianas para la salvación eterna. El Concilio desarrolla el concepto falso según el cual el acervo de valores de los “hermanos separados” comprende “mu- chos elementos de santificación y de verdad” (Unitatis Redintegratio § 3). Dichos “elementos de santificación y de verdad” son, según se dice: “la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad y algunos dones interiores del Espíritu Santo y elementos visibles” (UR § 3). Por lo que habría de concluirse de ahí que “aunque creemos que las iglesias y comunidades separadas tienen carencias [la herejía y el cisma se han convertido en meras “carencias”], no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación. Porque el Espíritu de Cristo no rehuyó servirse de ellas como de medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad que se confió a la Iglesia católica” (UR § 3).

– Colaboración con los herejes y cismáticos. La Iglesia tiene que ofrecer “al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal [¿en lugar de convertirlo a Cristo?] (Gaudium et Spes § 3); se exhorta a los católicos para que colaboren con los herejes y cismáticos (los “hermanos separados”) a fin de elaborar traducciones comunes de la Escritura Sagrada (Dei Verbum § 22); para que colaboren en la obra del apostolado cristiano, en nombre del “patrimonio evangélico común”, que entraña, según parece, “el común deber del testimonio cristiano” (Apostolicam Actuositatem § 27; UR § 24); para que “reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados” (UR § 4), y para que se unan en la oración con ellos en ciertas circunstancias especiales (UR § 8).

Este nuevo enfoque renovó la esperanza de la masonería, cuyos principios veía, al fin, comprendidos. De ahí la alegría en las logias, al observar el cambio de rumbo de la Iglesia en ocasión del Concilio. Citemos, por ejemplo, a Yves Marsaudon, alto dignatario masónico de la Gran Logia de Francia: “Hacemos voto de todo corazón por el éxito de la Revolución de Juan XXIII (…) Los cristianos no deberán olvidar que todo camino [toda religión, n.de la r.] lleva a Dios (…) y habrán de mantenerse en esta valiente noción de libertad de pensamiento que se ha extendido magníficamente sobre la cúpula de San Pedro –puede hablarse verdaderamente al respecto de una revolución que partió de nuestras logias masónicas– (…) todo masón digno de tal nombre (…) no podrá por menos de alegrarse sin la menor reserva de los resultados irreversibles del Concilio”112.

B. El ecumenismo de Pablo VI. El pontificado entero de Pablo está salpicado con actos ecumenistas: Declaraciones comunes con los “hermanos separados”113, exhortaciones al ecumenismo 114, encuentros con los representantes de las otras confesiones115, creación de comisiones para las relaciones con las otras religiones116, buenas relaciones con la masonería117, etc. Este mismo espíritu ecumenista fue el que lo guió en la aprobación de la reforma litúrgica. Tenemos al respecto un testigo privilegiado: Jean Guitton, filo- modernista e íntimo de Pablo VI, afirmó que “la intención de Pablo VI respecto a la liturgia, respecto a la denominada vulgarización de la misa, era la de reformar la liturgia católica de suerte que coincidiese, sobre poco más o menos, con la liturgia protestante […] con la cena protestante“. Y más adelante: “[…] repito que Pablo VI hizo todo lo que estuvo en su mano para acercar la Misa católica –más allá del Concilio de Trento– a la cena protestante”. Guitton respondió lo siguiente a la protesta de un sacerdote: “La misa de Pablo VI se presenta ante todo como un banquete, ¿no es así? E insiste mucho en el aspecto de participación en un banquete, pero mucho menos en la noción de sacrificio, de sacrificio ritual […] En otras palabras, Pablo VI albergaba la intención ecuménica de cancelar –o, al menos, de corregir o atenuar– lo que había de demasiado ‘católico’, en sentido tradicional, en la Misa, y acercar la Misa católica –lo repito– a la misa calvinista”118. No se podía hablar más claramente.

Este testimonio coincide con el del principal autor de la reforma litúrgica, el Padre Bugnini: “Se pensó que era necesario afrontar este trabajo [la reforma de las oraciones solemnes del Viernes Santo; n. de la r] para que la oración de la Iglesia no fuera un motivo de malestar espiritual para nadie (…) A la Iglesia la guiaba el amor a las almas, así como el deseo de hacer todo lo que estuviera en su mano para facilitar el camino de la unión a nuestros hermanos separados, en la remoción de toda piedra que pudiera entrañar para éstos aunque sólo fuera la sombra de un riesgo de tropiezo o de pesar”119.

Con razón pudo escribir un autor contemporáneo que “el problema real para los reformadores no era si el Nuevo Orden de la Misa mantenía lo bastante de su carácter católico como para ser aceptable al creyente católico, sino si era suficientemente ‘ecuménico’ como para satisfacer a los protestantes”120.

3. ¿Cuáles son los ritos del N.O.M?

En 1967 el Padre Bugnini ya había anunciado el programa: “No se trata solamente de retocar una valiosa obra de arte sino, a veces, de dar estructuras nuevas a ritos enteros. Se trata, en realidad, de una restauración fundamental, diría casi de una refundición y, en ciertos puntos, de una verdadera creación nueva”121. Siguiendo las conclusiones de los Cardenales Ottaviani y Bacci en el Breve Examen crítico, podemos decir que las ceremonias y cambios operados en el N.O.M. tienden a borrar la expresión de las tres verdades esenciales relativas a la Santa Misa: la presencia real por transubstanciación, el sacerdocio ministerial y el sacrificio propiciatorio.

A. La Presencia real. “La Presencia Real perdió su lugar verdaderamente central (tan esplendoroso en la antigua Misa)” (Breve Examen crítico nº IV). Citemos algunos de los tantos cambios o supresiones del nuevo rito en comparación con la Misa codificada por San Pío V: ( tengáse en cuenta que con la posibilidad dada a las Conferencias Episcopales de traducir los misales, las evidencias aquí señaladas, son aún mayores, según el país)

– Supresión de las genuflexiones. Quedan 3 en lugar de 12.

– Supresión de la genuflexión del sacerdote inmediatamente después de la consagración-antes de la elevación-de cada una de las dos especies. Mientras que la Iglesia Católica enseña que en la Misa nuestro Señor Jesucristo se hace realmente presente sobre el altar en virtud de las palabras pronunciadas por el sacerdote en el momento de la consagración, para los luteranos, en cambio, no son las palabras de la consagración, sino la fe de los presentes, lo que produce durante la “cena” cierta presencia espiritual de Cristo; de ahí la mudanza introducida por los ecumenistas en el nuevo rito católico. En el rito romano tradicional, el sacerdote se arrodilla de inmediato y adora a su Dios después de la primera consagración, consciente de tener entre sus manos, no ya el pan, sino el verdadero Cuerpo de Cristo; se levanta a continuación, eleva la hostia consagrada y la presenta a la adoración de los fieles; por último, la adora de nuevo luego de haberla depositado sobre el corporal. Todo eso cambia en la misa según el rito nuevo: como si nada hubiera cambiado en virtud de las palabras consagratorias, el sacerdote, sin el menor gesto de adoración, eleva la hostia de inmediato y la muestra a los presentes; luego la pone sobre la patena, y sólo entonces se arrodilla, y en la práctica sólo algunos tras la elevación del Caliz. ¿Qué dedujeron los protestantes de tamaña mudanza? Que la Iglesia católica le daba la razón a Lutero contra el Concilio de Trento: es la fe de los presentes, no las palabras de la consagración, lo que hace a Cristo espiritualmente presente durante la cena; por eso el sacerdote presenta primero la hostia a los fieles en el nuevo rito, y sólo después se arrodilla y adora, eso sí es que lo hace.

Supresión de la ablución de los dedos sobre y dentro del Cáliz como si Cristo no estuviese entero en cada partícula.

Supresión de la preservación de los mismos dedos de cualquier contacto profano después de la consagración. Santo Tomás decía claramente que “el hecho de juntar, después de la consagración, los dedos pulgares e índice, con los que había tocado el Cuerpo de Cristo consagrado, es para que no se desprendan de ellos las partículas que podían habérseles adherido. Está dentro del respeto debido al sacramento”122.

Se retiró el sagrario, frecuentemente relegado a un rincón del templo.

Supresión de la palia, que protegía la Preciosísima Sangre de Cristo.

Ya no es necesario el dorado de los vasos sagrados…

– … ni la consagración del altar móvil…

– … ni la piedra sagrada y las reliquias en el altar móvil.

– Sólo queda un mantel de altar en lugar de tres.

Recepción de la comunión de pie, en la mano. La comunión en la mano fomenta los sacrilegios, causa la indiferencia y pérdida de la fe en la Presencia real, y disminuye el respeto debido al Santísimo Sacramento.

– Postura de pie después de la consagración, que se ha generalizdo al mismo momento de la consagración. Tal postura no manifiesta la adoración debida al Rey de reyes que acaba de hacerse presente en el altar.

– Eliminación de las palabras de la consagración de la oración mystérium fidei que iba entre “eterno testamento” y la oración “que será desarramada por vosotros y por muchos…” , y que varios papas han enseñado que son las pronunciadas por Jesús, y que se nos han tranmitido por la Tradición Apostólica.

– Ambigüedad después de la consagración. La aclamación asignada al pueblo para decir después de la Consagración (“Anunciamos tu muerte, Señor, etc., hasta que vengas”) introduce, bajo la apariencia de escatologismo, una nueva ambigüedad sobre la Presencia Real. En efecto, se proclama oralmente la expectación de la segunda venida de Cristo en la consumación de los tiempos, en el mismo momento en el que Él se halla verdadera, real y substancialmente presente sobre el altar, como si sólo aquélla última fuera su verdadera venida, pero no ésta.

Cambio de las palabras de la consagración, sustituyéndolas por otras que Cristo no dijo, ni constan en las epístolas, ni en la tradición de la Iglesia. En el antiguo Misal se conservaban las palabras de Cristo. “Qui pro vobis et pro multis” (Por vosotros y por muchos); en el N.O.M. ha sido sustituido en casi todos los misales del mundo por “por vosotros y por todos los hombres”; el sentido católico de las verdaderas palabras de Cristo es claro: Él muere por todos, pero no todos aprovechan. El sentido del cambio es el del protestantismo luterano: a todos aprovecha; una concepción de la misericordia, que no tiene en cuenta la justicia divina y fácilmente conduce a la justificación de seguir pecando. Lutero dijo: “peca mucho, pero cree más”.

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Nueva misa o misa de Pablo VI

B. El sacrificio propiciatorio en memoria de la Cruz. “El fin ordinario del Sacrificio es el propiciatorio. En cambio, en el Novus Ordo, este fin se aparta de su verdadera senda, pues ya no se pone más el acento en la remisión de los pecados, sea de los vivos, sea de los difuntos, sino en la nutrición y santificación de los presentes” (Breve Examen de los cardenales Octaviani y Bacci nº III). Tal cambio se manifiesta con los siguientes ritos:

– Orientación del altar hacia el pueblo: El sacerdote ya no se vuelve a Dios para ofrecerle el divino Sacrificio en favor de los fieles, sino hacia el pueblo, en el ámbito de una mera reunión de oración. Nótese que tampoco en la antigüedad el altar estuvo jamás vuelto “hacia el pueblo”, sino hacia Oriente, símbolo de Cristo, como, por lo demás, lo atestigua hasta la orientación topográfica de muchas antiguas basílicas. El altar, o por mejor decir, la “mensa” vuelta “hacia el pueblo”, es, por el contrario, una creación enteramente personal de Lutero y de los demás pseudorreformado-res del siglo XVI123.

Disposición del altar casi siempre en forma de “mensa” o sea, mesa para cenar. La Misa no es ya un sacrificio expiatorio sino que se vuelve una simple cena fraternal. El altar, en efecto, se ordena a la idea de sacrificio ofrecido a Dios, mientras que la “mensa” remite a la de comida en común en el ámbito de un simple “memorial”. Por eso se usa siempre, en los “templos protestantes”, una mesa, pero nunca un altar.

– Gran importancia dada a la “Liturgia de la Palabra”, tal como lo deseaba Lutero.

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Laica leyendo la Epístola en top less durante la misa de Karol Józef Wojtyła, Juan Pablo II

Sustitución del Ofertorio por una “preparación de los dones”, perfectamente compatible con la teología protestante de la Cena. Ahora, en el ofertorio del N.O.M. el “presidente de la asamblea” ofrece sólo pan y vino a fin de que se conviertan en un indeterminado “pan de vida” y en una más que vaga “bebida de salvación”; se ha cancelado cuidadosamente la idea de sacrificio expiatorio. “Se llegó a suprimir todo, todo lo que era plegaria de ofertorio, porque, según se decía, el sacrificio venía después. Pero eran ésas opiniones espirituales harto racionalistas, en fin de cuentas”124.
– Supresión de muchas oraciones que aludían al sacrificio propiciatorio por los pecados: Oraciones al pie del altar, “Misereatur”, “Indulgentiam”, “Nobis quoque peccatoribus”, “Libera nos”, “Placeat”, etc.

– Supresión de numerosas señales de la cruz (8 en lugar de 47). Santo Tomás decía que: “La consagración de este sacramento, la aceptación del sacrificio y el fruto de éste proceden de la eficacia de la Cruz de Cristo. Por eso, dondequiera que se hace mención de alguna de estas cosas, el sacerdote hace una cruz”125. Pero la misa nueva no resalta que es esencialmente un Sacrificio en memoria de la Cruz sino una reunión en memoria de la Cena…

– Presenta la consagración como una narración, un relato: En todas las “plegarias eucarísticas” del nuevo rito de Pablo VI (la primera inclusive) se hizo desaparecer el punto tipográfico que precedía a las palabras de la consagración. En el antiguo Misal Romano, este punto y aparte obligaba al sacerdote a interrumpir la pura y simple “memoria” de los sucesos de la última Cena para empezar a “obrar”, esto es, para comenzar a renovar, incruenta pero realmente, el divino Sacrificio. El presbítero-presidente del novus ordo missae se halla ahora en presencia de dos puntos tipográficos, que acabarán por empujarle –psicológica y lógicamente– a seguir haciendo memoria y nada más.

Los mismos protestantes pudieron decir que “las nuevas oraciones eucarísticas (…) tienen la ventaja de matizar la teología del sacrificio que teníamos el hábito de atribuir al catolicismo. Esas plegarias nos invitan a volver a encontrar una teología evangélica [o sea, protestante] del sacrificio”126.

– Sustitución de las palabras originales de S. Mateo y San Lucas, para significar una puerta de salvación amplia, donde nadie ya se condena, y por lo tanto, sin casi necesidad de secundar la gracia. Gracias a Dios, Benedicto XVI se ha dado cuenta de la gravedad y ha mandado por segunda vez a los obispos, que siguen sin obedecer, poner las palabras de Jesús como en el Rito Tradicional; así dice: “la Santa Sede ha decidido que, en la nueva traducción del Misal, la expresión «pro multis» deba ser traducida tal y como es, y no al mismo tiempo ya interpretada. En lugar de la versión interpretada «por todos», ha de ponerse la simple traducción «por muchos»

C. Respecto al sacerdocio ministerial: Los ritos del N.O.M. diluyen la noción católica del Sacerdote – ministro e instrumento de Cristo para renovar su Sacrificio–, e insisten sobre la participación y sacerdocio de los fieles, igualándolos al sacerdote:

Supresión sistemática de las balaustradas que delimitaban el espacio sagrado del presbiterio. “El área de este último, que se reservaba en un principio para los sacerdotes y los demás ministros sagrados, como revela el propió vocablo, se vuelve ahora una pasarela para la exhibición de los seglares, hombres y hasta mujeres aveces vestidas sin pudor, enfermos de protagonismo. Resultado: supresión del concepto de “lugar sagrado”, desacralización del sacerdote y progresiva equiparación práctica del clero y el laicado”127.

La supresión del altar por una mesa cara al pueblo, acentúa la función de “presidente” del sacerdote, que da la espalda contantemente a Cristo- el único importante- en el tabernáculo. allá donde no le hayan retirado aún a una esquina.

En el centro del presbiterio, generalmente en el lugar del tabernáculo, se sitúa ahora el asiento del sacerdote celebrante. “El hombre ocupa en la actualidad el puesto de Dios, mientras que la misa se vuelve casi nada más que un encuentro fraternal entre la asamblea y su “presidente‘, o sea, el nuevo concepto de sacerdote, el cual se reduce de ahora en adelante a ser nada más que un director, un animador litúrgico”128.

– Abolición del lenguaje sagrado, que manifestaba bien el misterio y que el sacerdote se dirige primero a Dios, no al pueblo. De hecho, tal supresión se opone a la misma voluntad del Concilio Vaticano II (Sacrosanctum Concilium nº 36 y 54; Optatam totius nº 13). El latín manifiesta que la Misa es una acción sagrada, misteriosa, no una reunión fraterna, una comida. Además, con su relativa inmutabilidad, permite conservar incambiada la expresión de la doctrina. No es por casualidad que Lutero lo quiso abolir

– Supresión del doble Confiteor. En la oración del Confiteor, que se recita ahora sólo en forma colectiva, el sacerdote ya no es más juez testigo y mediador ante Dios; por consiguiente, no se imparte más al pueblo la absolución sacerdotal que existía en el antiguo rito. En efecto, el sacerdote viene simplemente connumerado entre los “hermanos”. De donde incluso el mismo monaguillo que ayuda en una “Misa sin pueblo” lo llama con este nombre de “hermano”.

Se concede la facultad de tocar los vasos sagrados a los mismos monaguillos (y también sin discriminación a los mismos laicos que se acercan a la comunión bajo ambas especies o para su distribución).

– Las lecturas bíblicas pueden efectuarlas también los simples laicos, tanto hombres como mujeres (hoy podríamos decir, más bien, que son ellos los que las realizan invariablemente). “Todo ello contra una prohibición que se remontaba a la Iglesia de los primeros siglos, la cual siempre había reservado tal cometido a solos los miembros del clero a partir del lectorado, que era ni más ni menos que una de las órdenes menores- eliminadas por Pablo VI- a través de las cuales se hacía uno clérigo. Entre los protestantes, en cambio, no existe clero, sino sólo ministros y ministerios… 129

– Administración de la comunión por los fieles, hombres y mujeres.

– Supresión de las oraciones del sacerdote en voz baja. Dicho tono de voz manifestaba el oficio propio del sacerdote. Escuchemos a Santo Tomás: “hay cosas que las dice el sacerdote solamente: son las que pertenecen al propio oficio del sacerdote, o sea, al oficio de ofrecer dones y preces por el pueblo, como se dice en Heb. 5,1. Algunas de estas cosas las dice en voz alta: son las que pertenecen al sacerdote y al pueblo conjuntamente, como son las oraciones comunes. Otras, sin embargo, pertenecen solamente al sacerdote, como es la oblación y la consagración. Y, por eso, las fórmulas que se refieren a estos ritos son recitadas por el sacerdote en voz baja”130.

– De una manera general, supresión en las oraciones de la distinción entre el sacerdote y los fieles131.

No podemos terminar nuestro breve examen de los ritos del N.O.M. sin hacer mención del increíble cambio de las palabras en la fórmula de la consagración, a imitación de la fórmula luterana. Se suprimieron, como dijimos, las palabras “mysterium fidei” , las cuales, según la Tradición ya citada, nos vienen del mismo Jesús…

4. ¿Cómo se define a sí mismo el N.O.M?

Cuando un pintor alcanzó una obra lograda, no necesita precisar lo que quiso expresar: un conjunto de casas rodeando una iglesia, un cielo oscuro con rayos y una lluvia abundante bastan para evocar un pueblo bajo una tormenta. El error es imposible, a menos de estar ciego o de no haber visto nunca una tormenta o un pueblo.

Lo mismo se puede decir de la misa nueva: el estudio de sus ceremonias bastaría para enseñarnos su naturaleza; alcanzarían para demostrar que es un rito ambiguo y ecumenista, capaz a la vez de ser interpretado de un modo católico y de un modo protestantizado. Pero muchos no llegan a este juicio, generalmente no por ceguera, sino porque no saben lo que es un culto protestante. Para iluminarlos, queda un medio: hacer hablar al mismo pintor, para que nos explique su trabajo. Si él mismo presenta su obra como un pueblo bajo la tormenta, no queda motivo alguno para no creerlo. Es lo que haremos en esta parte, al examinar la explicación del N.O.M. que fue dada por sus autores.

El 3 de abril de 1969, el mismo día de la promulgación del N.O.M., Pablo VI publicó una introdución al nuevo rito, llamada Institutio Generalis Missalis Romani, reemplazando las rúbricas del misal de San Pío V. Este largo documento no era una simple guía para la celebración, sino, según dijo su autor, el Padre Bugnini, “una amplia exposición teológica, pastoral, catequística y rubrical, una introducción a la comprensión y celebración de la Misa”132. Por lo tanto podemos referirnos a este texto para conocer la teología de la misa nueva.

3a

Ahora bien, desde el mismo día de su publicación, este texto provocó un escándalo. Ante tamaña oposición, se publicó en 1970 una edición un poco mejorada, pero el mismo rito no fue modificado. Sobre eso se dijo en una conferencia : “El haber hecho la corrección de la Institutio Generalis sin cambiar el Novus Ordo, es como si hubiesen corregido los planos de una casa, después de construirla, sin hacer en lo edificado las correcciones correspondientes…”133 Para más claridad, nos vamos a referir a la primera versión del Institutio Generalis, la de 1969, examinando cuatro puntos esenciales: 1º) la transubstanciación; 2º) el carácter propiciatorio del sacrificio; 3º) el ministerio sacerdotal del sacerdote; 4º) la definición de la Santa Misa.

A. Omisión absoluta de la palabra transubstanciación. La palabra transubstanciación” no aparece en ninguno de los 341 artículos de la Institutio Generalis134. Ahora bien, como ya lo hemos señalado, el Papa Pío VI, en 1794, condenó como “favens haeresim” (“favorecedor de la herejía”) una proposición del sínodo de Pistoya por la sola razón que omitía usar la palabra “transubstanciación”, mientras recordaba la doctrina católica. Por tanto, la Institutio Generalis parecería merecer, por lo menos, el calificativo teológico de “favens haeresim”.

Decimos “por lo menos”, porque en la Institutio Generalis hay cosas mucho peores. El sínodo de Pistoya recordaba la doctrina católica, mientras que la Institutio Generalis ya no lo hace. Tampoco figuran en el texto las palabras “presencia real”. Cierto que algunos artículos dicen que “las ofrendas se vuelven el Cuerpo de Cristo”, que en la comunión “los fieles reciben el Cuerpo de Cristo” y que “aun bajo una sola de las dos especies, se recibe a Cristo entero, sin que falte nada, y al sacramento en toda su verdad”135, Pero todas esas afirmaciones podrían ser admitidas por los protestantes, quienes admiten cierta presencia (espiritual) de Cristo en las especies del pan y del vino. Lo que rechazan los protestantes es la presencia real por modo de transubstanciación, que es lo que aquí no se afirma.

Además el contexto vuelve borrosos esos artículos, ya que parecen igualar la presencia eucarística de Cristo y su presencia espiritual en la “Palabra de Dios” o en la asamblea: “Cuando se leen las sagradas Escrituras en la Iglesia, Dios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio” (art. 9). “Concluido el canto de entrada, el sacerdote de pie, en la sede, se signa juntamente con toda la asamblea con la señal de la cruz; después, por medio del saludo, expresa a la comunidad reunida la presencia del Señor” (art. 28). “En las lecturas (…) Cristo mismo, por su palabra, se hace presente en medio de los fieles” (art. 33).”La lectura del Evangelio constituye la cumbre de la Liturgia de la Palabra (…) con sus aclamaciones [los fieles] reconocen y profesan la presencia de Cristo que les habla” (art. 35).

¡Cómo, después de eso, no interpretar como una presencia espiritual lo que se dice en el artículo 48!: “La última Cena, en que Cristo instituyó el memorial de su muerte y resurrección, se hace siempre presente en la Iglesia cuando el sacerdote, representando a Cristo Señor, renueva lo que el mismo Señor hizo”…

Esta ambigüedad se ve reforzada por el artículo 8, que parece poner al mismo nivel la “Liturgia de la Palabra” y la “Liturgia Eucarística”136, y sobre todo con el artículo 7, del que hablaremos más adelante.

B. Desaparición del carácter propiciatorio del Sacrificio. La palabra “sacrificio” aparece unas diez veces en la Institutio Generalis. Pero el Concilio de Trento afirma que no es suficiente usar la palabra “sacrificio”: “Si alguno dijere que el Sacrificio de la Misa sólo es de alabanza o de acción de gracias, o mera conmemoración del sacrificio cumplido en la Cruz, pero no propiciatorio (…): sea anatema” (Sesión XXII del Concilio de Trento, Can.3º).

Ahora bien, la palabra “propiciatorio” no aparece en ninguno de los artículos137. Varios artículos mencionan el sacrificio de acción de gracias y el memorial, pero el aspecto propiciatorio no aparece. Además la Institutio Generalis insiste sobre el hecho de que la Misa no es sólo el memorial de la Pasión, sino también de la Ascensión y Resurrección. Es verdad, pero sólo en cuanto la Resurrección y la Ascensión de Cristo son el acabamiento necesario de su misión redentora, la consecuencia de su Sacrificio. La Misa es principalmente la renovación del Sacrificio de Cristo. Al no precisarlo cuando se habla de la Misa como “memorial de la Pasión y Resurrección de Cristo” o como “memorial del Señor”, la Institutio tiende a diluir su aspecto sacrificial.

Tampoco se puede silenciar la ambigüedad del término “memorial”; la teología católica lo empleaba, pero precisando con cuidado su significado: se trataba de un memorial sacramental, y lo propio del sacramento, según la teología católica, es hacer realmente presente la realidad sobrenatural (invisible) que significa con un signo visible. No se trata sólo de “hacer memoria” sino de hacer presente el Sacrificio de la Cruz gracias a las palabras consagratorias. Ahora bien, no se dan esas precisiones. El artículo 55 trata de la consagración como “relato de la institución” sin precisar que no se trata sólo de un relato, tiende también a borrar la realidad del sacrificio.

Peor todavía, se desplaza el aspecto sacrificial al segundo plano. Para la Iglesia, la Misa es primera y principalmente un sacrificio. Se la puede llamar “comida” sólo al hacer referencia al sacrificio: la “comida” es esencialmente un medio para unirse con la Víctima del Sacrificio (como la manducación de la víctima en el Antiguo Testamento).

Ahora bien, mientras se usa unas diez veces la palabra “sacrificio” en la Institutio, el aspecto “comida” es omnipresente: se habla permanentemente de “festín”, “mesa del Señor”, “alimento espiritual”, etc. La lectura de la Institutio no permite comprender que la Misa es esencialmente un sacrificio, tal como lo enseña la Iglesia.

Una vez más, la influencia protestante es evidente. La teología sobreentendida en la Misa nueva está al servicio de un concepto ecuménico distinto a la doctrina sobre el mismo, expresado, por ejemplo, en Mortalium Animos del Papa Pío XI. No niega explícitamente ninguna verdad de fe, sino que dice otra cosa en lugar de la verdad o la silencia.

C. El debilitamiento del ministerio sacerdotal. Ya hemos estudiado en la primera parte cuál es la doctrina católica relativa al sacerdocio ministerial: en la Misa Jesús se inmola a sí mismo por las manos del sacerdote. En la Institutio nada recuerda con precisión esta doctrina, sino que se tiende a disimular el carácter propio del sacerdote, al acentuar la noción de “presidencia”. Nunca se dice que el sacerdote actúa como instrumento propio de Jesús para renovar su Sacrificio y que eso lo distingue esencialmente de los fieles: “El sacerdote preside la asamblea en representación de Cristo” (art. 10). “La sede del sacerdote celebrante debe significar su ministerio de presidente de la asamblea y de moderador de la oración” (art. 271).

Además algunas expresiones atacan la noción católica del sacerdocio: “Entre las cosas que se asignan al sacerdote, ocupa el primer lugar la Plegaria Eucarística, que es la cumbre de toda la celebración. Vienen en seguida las oraciones (…) El sacerdote que preside la asamblea en representación de Cristo, dirige estas oraciones a Dios en nombre de todo el pueblo santo y de todos los circunstantes. Con razón, pues, se denominan “oraciones presidenciales” (art. 10). Es muy grave, porque aunque una parte de la “Plegaria Eucarística” es efectivamente rezada “en nombre de todo el pueblo santo”, no es el caso de la parte central de esa plegaria: la Consagración. Esta se reza sólo en el nombre de Cristo. Este artículo ataca el dogma católico según el que Jesús es el Sacerdote principal, ofreciendo el Santo Sacrificio por las manos de su ministro.

En el artículo 12 se dice que “la naturaleza de las partes ‘presidenciales‘ exige que se pronuncien con voz clara y alta, y que todos las escuchen con atención”. Ahora bien, en el artículo 10 se dijo que la Consagración pertenece a esas “oraciones presidenciales”. A la vez de negar el carácter propio del sacerdote, este artículo contradice netamente el Concilio de Trento, que decía: “Si alguno dijere que el rito de la Iglesia Romana por el que parte del canon y las palabras de la consagración se pronuncian en voz baja, debe ser condenado (…): sea anatema” (Ses. XXII, can. 9º).

El artículo 271, al preconizar la Misa cara al pueblo, contradice la Tradición de la Iglesia y manifiesta una concepción errónea de la función del sacerdote. De mediador entre Dios y los hombres, sacrificador haciendo las veces del Verbo encarnado, el sacerdote pasa a ser el presidente de una comida festiva. En lugar de estar totalmente dirigida hacia Dios, la Misa se vuelve un cara a cara humano. ¿Será una casualidad esta coincidencia con la teología del hereje Lutero: el primero que se rebeló contra la Misa versus Deum?

En la Institutio no se niega directamente la doctrina católica sobre el ministerio sacerdotal. Pero se la silencia, tanto como el sacrificio propiciatorio y la transubstanciación, tendiendo a una visión protestante de presidencia de la asamblea.

D. Una definición protestante de la Misa. El artículo 7 de la Institutio presenta de manera sintética todos los aspectos desarrollados en el resto del documento sobre el significado de la Misa. Es como la clave de la Institutio resumiendo los otros artículos: “La Cena del Señor, o Misa, es una sinaxis sagrada, o sea la reunión del pueblo de Dios, bajo la presidencia del sacerdote, para ce- lebrar el memorial del Señor. De manera que para esta reunión local de la santa Iglesia vale eminentemente la promesa de Cristo: ‘Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos‘(Mt 18, 20)”. Este artículo provocó inmediatamente una fuerte reacción, al presentar una definición propiamente herética de la Santa Misa. Se la presenta esencialmente como una cena, una reunión, un memorial con una presencia puramente espiritual de Nuestro Señor Jesucristo. Lutero hubiera podido firmar esta definición sin escrúpulos

El escándalo provocado llevó a cambiar este artículo claramente herético. Pero, “modificar los planos de una casa después de construirla no arregla para nada los errores de construcción…”. La Misa de Pablo VI fue planteada a modo de acercarse a la cena protestante. Para hacer de ella una Misa que expresara la fe católica, haría falta reconstruirla enteramente….

NOTAS:
94 Annibale Bugnini, Declaración de la Congregación de Ritos y del Consilium de liturgia del 4 de enero de 1967, citado por Louis Salleron en La Misa Nueva, Iction (1978), p. 217.
95 Citas de Benedicto XVI y del Breve Examen Crítico, cf. introducción de nuestro estudio.
96 Para este estudio usaremos de un modo particular el excelente libro La Messe a-t-elle une histoire? ya citado.
97 Revista Sí Sí No No de diciembre de 2007, La revolución litúrgica de Pablo VI.
98 Relator General de la Sección Histórica de los Ritos, creada por Pío XI; miembro, desde 1948 a 1960, de la Comisión Pontificia para la Reforma Litúrgica, instituida por Pío XII; Promotor General de la Fe, desde 1959, en la Sagrada Congregación de los Ritos; perito y secretario de la Comisión de la Sagrada Liturgia en el Concilio Vaticano II; y, por último, miembro del Consilium
99 Todas las siguientes citas están sacadas de la revista Sí Sí No No de abril 2000, Preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica.
100 Canónigo titular de la catedral de Namur (Bélgica), Andrea Rose fue teólogo y liturgista. Se cuentan entre sus obras multitud de artículos sobre el oficio divino y las lecturas bíblicas. El canónigo Rose fue asimismo consultor del Consilium ad exequendam constitutionem de sacra liturgia. Su papel en la revisión de la liturgia lo desempeñó principalmente en el ámbito del Oficio Divino, pero alcanzó también el de las lecturas bíblicas, las oraciones y los prefacios de la Santa Misa.
101 La dos citas están sacadas de la Revista Sí Sí No No de marzo de 2005, Otra preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica.
102 Al visitar dicho el C.P.L., el Padre Bugnini le había dicho al P. Duployé: ―Admiro lo que Uds. hacen, pero el mayor favor que les pueda hacer es no hablar nunca una palabra en Roma de todo lo que acabo de escuchar‖ o sea, las innovaciones de las que hemos hablado en el capítulo sobre el movimiento litúrgico. Les origines du C.P.L., p. 320.
103 Citado por Mons. Tissier en Marcel Lefebvre, une vie, Clovis (2002).
104 Citada por Mons. Bernard Tissier de Mallerais en Marcel Lefebvre, une vie, Clovis (2002), p. 414-425.
105 Nombrado en 1960 miembro de la comisión preparatoria para la reforma litúrgica, de la que formaban parte Antonelli y Bug- nini.
106 Revista Sí Sí No No de abril 2000, Preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica.
107 Revista Sí Sí No No de marzo de 2005, Otra preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica.
108 Carta a Pablo VI, 22 de octubre de 1975, citada por el mismo Bugnini en La reforma, p. 81.
109 Citado por la revista Sí Sí No No de diciembre de 2007, La revolución litúrgica de Pablo VI.
110 Citado por el R.P. Célier en La dimension oecuménique de la Réforme liturgique, Ed. Fideliter (1987), p. 26-27.
111 Revista Sí Sí No No de abril 2000, Preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica.
112 Yves Marsaudon, L‘œcuménisme vu par un franc-maçon de tradition, ed.1964, p. 42 y 121.
113 Por ejemplo, el 10 de mayo de 1973, con el Patriarca de los coptos Chenouda III; en 1971 con el Patriarca Sirio Ortodoxo de Antioquía, Ignatius Jacob III; el 29 de abril de 1977, con el Arzobispo de Contorbery, Donald Coggan.
114 Por ejemplo, la exhortación Evangelii Nuntiandi del 8 de diciembre de 1975.
115 Son muchas. Ya hemos citado algunas (cf. nota 115). Se puede agregar el encuentro de Pablo VI y el Arzobispo anglicano Michael Ramsey, los días 23 y 24 de marzo de 1966.
116 Con el protestantismo, anglicanismo, judaísmo, cismáticos griegos, etc.
117 Recibió por ejemplo a los representantes del B’naï B’rith, la masonería judía, el 2 de junio de 1971, a los cuales saludó: ― ¡Mis queridos amigos!‖ (Documentation Catholique n°1593 p. 849); los recibió de nuevo el 10 de mayo de 1978. También, el 4 de octubre de 1965, visitó a la O.N.U., sede de la masonería mundial. Por eso el Gran maestre del Gran Oriente masónico de Italia, pudo escribir, en loa del difunto Papa Pablo VI: ―Es, pues, para nosotros, la muerte de quien hizo caer la condena [de la masonería] de Clemente XII y sus sucesores; o sea que es la primera vez, en la historia de la masonería moderna, que muere el jefe de la mayor religión occidental no en estado de hostilidad con los masones. (…) Por primera vez en la historia, los masones pueden rendir homenaje al túmulo de un Papa sin ambigüedades ni contradicciones‖ (Giordano Gamberinim editorial de La Rivista Massonica, año 1978, nº5, pág. 290).
118 Debate Lumière 101 de Radio-Courtoisie del 19 de diciembre de 1993.
119 Osservatore Romano del 19 de marzo de 1965, Citado por la Revista Sí Sí No No de diciembre de 2007.
120 Augusto del Río en El Drama litúrgico, p. 70.
121 Annibale Bugnini, Declaración de la Congregación de ritos y del Consilium de iturgia del 4 de enero de 1967, citado por Louis Salleron en La Misa Nueva Iction (1978), p. 217.
122 IIIª c.83, a.5, ad 5um.
123 Es muy verosímil que la misa celebrada cara al pueblo nunca existió en la antigüedad. Ciertas basílicas romanas dan la impresión que el sacerdote celebraba dirigido hacia el pueblo, pero en realidad estaba dirigido hacia el Oriente. Cuando la basílica estaba orientada hacia el oeste, el sacerdote se dirigía hacia el este durante el Canon, porque se veía en el sol de la alborada un símbolo de Cristo resucitado, según las propias plabras de lo Evangelios y Apocalipsis. Por tanto el sacerdote tenía efectivamente al pueblo ante sí, pero como la misma asistencia se dirigía hacia el este, el sacerdote estaba detrás de todos. Todos rezaban dirigidos hacia el Señor. De todas formas, tenemos la certeza que la misa cara al pueblo no era la regla general. Si ocurrió, no fue con la intención de enfrentar el pueblo con el sacerdote, ya que es un invento de Lutero.
124 Canónigo Andrea Rose, citado en la Revista Sí Sí No No de marzo de 2005, Otra preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica.
125 IIIª c.83, a.5, ad 3um.
126 Consistorio superior de la confesión de Augsburgo y Lorena, llamada Iglesia―evangélica‖ (o sea, protestante), 8 de diciembre de 1973, citado por Louis Salleron en La Nueva Misa, Iction (1978), p. 190.
127 Revista Sí Sí No No de diciembre de 2007, La revolución litúrgica de Pablo VI.
128 Revista Sí Sí No No de diciembre de 2007, La revolución litúrgica de Pablo VI.
129 Revista Sí Sí No No de diciembre de 2007, La revolución litúrgica de Pablo VI.
130 3ª c.85, a.5, ad 6um.
131 Para un estudio comparativo de las oraciones del N.O.M. con el rito romano tradicional, se puede consultar útilmente El Drama litúrgico, de Augusto del Río.
132 Conferencia general del Episcopado latino-americano del 30 de agosto de 1968.
133 Conferencia espiritual en Ecône del 24 de junio de 1981.
134 La palabra será agregada en el preámbulo de la versión de 1970.
135 Institutio Generalis, Art. 48, 49, 55, 56 y 241.
136 ―En la Misa se prepara la mesa, tanto de la Palabra de Dios, como del Cuerpo de Cristo, de la cual los fieles son instruidos y alimentados.
137 También se agregó la palabra en la edición de 1970, para desarmar las críticas tradicionalistas…

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