Anticristos

Viendo cómo tantos se vienen a rasgar las vestiduras, precisamente ahora, ante las escandalosas propuestas del Sínodo de la Familia, pienso que a todos nos es conveniente meditar sobre lo ocurrido.

Las vírgenes negligentes.

Por una parte, los recién arribados guardaron silencio durante estas pasadas décadas ante las heréticas doctrinas del Concilio Vaticano II – a cuyas enseñanzas siguen prestando una obsequiosa obediencia-. Callaron cuando Montini-Pablo VI- cambió el rito de todos los sacramentos; de los siete.

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Aún son muchos, entre éstos, los que, criticando al Sínodo- muy bien-, no entienden aún por qué  algunos fieles sólo quieren ir a la Misa Católica y no a la nueva misa de Bugnini;  “¡Si no la entienden!”,  dicen, y lo explican así: ora porque no saben latín, ora porque el Canon es dicho por el sacerdote en silencio. Conferidos a sí mismos el título de maestros por su propia autosuficiencia, son ciegos que pretenden entender la Misa en lengua vernácula, sin saber que sólo se puede comenzar a entender algo de la Misa cuando con humildad, ya curado el hombre que está  enfermo de protagonismo, confiese que nada puede  comprender de tan augusto Misterio. Han carecido y se obcecan en negar que un buen principio de la sabiduría es confesar que «Solo sé que no sé nada»; es decir, lo que ignoro de este misterio es infinitamente mayor a lo que nuestro entendimiento puede percibir.

Cuando el eterno Verbo del Padre encarnado en las entrañas purísimas de la Madre de Dios, en cada verdadera Misa y con el pecho de amor muy lastimado por las almas abre sus brazos bellos para ser asido a un árbol y místicamente muere actualizando el único Sacrificio del Calvario ¿Qué pretenderá decir nuestra torpe lengua ante el más grande milagro que Cristo nos ha dejado en la tierra? ¿Qué canto saldrá de nuestras gargantas manchadas por tantas vanas palabras que dé satisfacción al que engendra eternamente al Hijo? ¿Qué cuerdas desafinadas de guitarreros darán satisfacción al que engendra y no es engendrado? ¿Cuál será el entendimiento soberbio y orgulloso que diga que ha entendido lo que en el altar ocurre? ¿Quién osará ser mayor que la dulcísima Virgen María, medianera de todas las gracias que manan del Corazón de Cristo, y que en Calvario no dijo ni una palabra, cuando rasgándose el velo quedo expedita la puerta para nuestra justificación? ¿Quién será tan arrogante que se erija por encima del discípulo amado, elegido por Cristo, que en el Gólgota no pronuncio ni una sola frase? ¿Quién se considerará mejor que Santa María Magdalena, que de su pecho compungido sólo brotaron lágrimas aquel Santo Viernes de nuestra Redención? ¿O, tal vez, querrán arrojar la primera piedra, esto es, pedir como el poeta filo comunista la paz y la palabra?(1)

Línea conservadora y pepera

Línea conservadora y pepera

Sólo Dios en oblación basta para satisfacer a Dios; Sólo Dios basta, nada falta; lo único que podemos y debemos hacer es expandir nuestro corazón y dilatarlo para unir íntimamente la pastora, nuestra alma, por la que Cristo, el Pastor, renueva su muerte sacramentalmente  y dejar que estalle en nuestro pecho por tanta dicha y gozo ante el infinito Amor clavado en el Árbol que contemplamos ¡oh, cuánto daño ha hecho el activismo de la moderna devotio desviada! El Calvario sacramentado, eso es la Misa verdadera. En aquellos tiempos de Poncio Pilato, el lugar estaba lleno de ruidos; unos gritaban, otros se alegraban, había quién insultaba, Caifás daba órdenes porque quería cerciorarse de que Cristo estaba bien muerto antes de los preparativos de la Pascua y finalmente otros dialogaban entre sí, comentando lo ocurrido. En medio del barullo, María, la Madre de Jesús, guardaba silencio meditando todo en su corazón, confiaba ante el Misterio de nuestra salvación; así permanece Ella hoy también en el Canon de la verdadera Misa ¡Qué contradicción tan grande la de aquellos que  vienen a rasgarse las vestiduras ahora y no antes! Quieren hablar y ser protagonistas donde, y cuando no deben, pues es el momento más sagrado; y guardan silencio cuando deben denunciar las herejías del magisterio conciliar y la reforma litúrgica protestantizante; al contrario de la Virgen María. Y aún se atreven a decir: «Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!» (Mt. 23,29). «Colmad, pues, la medida de vuestros padres» (Mt., 23, 30-31) .

Todas la vírgenes negligentes estuvieron durante estos últimos cincuenta años comprando salvoconductos a precio de saldo en el mercado,  pero no es eso lo peor; lo pésimo es que luego de tanta compra de baratija, han vuelto, al fin, pero sin el aceite para las lámparas ¡y el Esposo ya está a la puerta!.

Pero además debemos meditar sobre el trasfondo.

La causa de nuestra lucha no se basa en oponernos sólo al concepto matrimonial, verdadero esperpento, de este Sínodo; no se fundamenta en denunciar sólo los ordinarios abusos cometidos en una misa cuyo rito ha sido fabricado para contentar a los calvinistas y protestantes y que de por sí ya es un el gran abuso; no radica tampoco en apoyar a un cardenal hereje contra otro cismático, dilema bien falso;   y ni siquiera en la supuesta verdad de una ‘vidente’ cuyas palabras no han sido aprobadas por la Iglesia. La raíz de nuestra lucha es la confesión de Pedro a Cristo: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16).Pues «no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal, que habitan en los espacios celestes» ( Ef.6,12). Nuestra lucha es, pues, contra los que desde fuera y desde dentro, mucho más peligrosos y nocivos, tienen el propósito de negar que Cristo es Dios. Esos son anti Cristos. «Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.  Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre.…»( Jn, 12, 22-23).

Quiénes son los que niegan la divinidad de Cristo.

Tres maneras usan para negar la divinidad de Cristo y la naturaleza de Dios revelado, a saber:

  1. Directamente
  2. Negando la inerrancia de los Santos Evangelios.
  3. Diluyendo la singularidad de Cristo en la naturaleza de las criaturas.

Empecemos por el hombre que más portadas ha ocupado en los medios eclesiales últimamente, el Cardenal Kasper, en el cual se muestran con nitidez las tres maneras.

En su obra Jesus der Christus (2) escribe sobre Nuestro Señor:

«Cristo jamás se hace llamar a sí mismo Hijo de Dios; lo cual demuestra, indudablemente, que la afirmación de su filiación divina nace de la fe de la Iglesia». En otra parte de su libro escribe:  «Probablemente Jesús nunca se designó a sí mismo como Mesías, ni como servidor de Dios, ni como Hijo de Dios, y tampoco como Hijo del Hombre»

Para este propósito apóstata no le quedará al Card. Kasper, que ya había escrito esto cuando recibió el capelo de Juan pablo II, otro camino que negar la resurrección de Jesús, para lo cual le será imprescindible atacar antes la verdad de sus milagros, en especial las resucitaciones de la hija de Jairo, del hijo de la viuda de Naím y de Lázaro. De esa manera quiere decirnos que, si no tenía poder para resucitar a otros, menos lo tenía para resucitarse a Sí mismo. Sigamos el orden de su lógica infernal, para comprender mejor a qué nos enfrentamos:

La explicación de los milagros para Kasper tiene su razón en una « transposición de motivos no cristianos en la persona de Jesús, con el fin de destacar su grandeza y poder[…] Algunas narraciones de los milagros resultan del método histórico-crítico como proyecciones retrospectivas de experiencias pascuales integradas en la vida terrena de Jesús, respectivamente como representaciones anticipadas del Cristo glorificado.. De esta forma, los milagros referentes a naturalezas físicas, son el resultado de añadidos posteriores a la tradición original».

Trasladémoslo a un lenguaje cristiano por si algún lector se ha perdido. Kasper dice que los milagros sobre las naturalezas físicas, como la resucitación de Lázaro, etc., son un invento de la comunidad cristiana primitiva que no conoció personalmente a Jesús; es decir, una fantasía piadosa que los primeros cristianos achacaron al Jesús histórico pensando que, si tenía poder en el cielo, bien podía haber hecho esas cosas en su paso por este mundo. El cardenal Kasper está negando que Cristo hizo milagros y afirmando que lo que nos cuentan los Evangelios es un invento piadoso y que, por lo tanto, mienten, aunque por buenos motivos.  Sólo le resta pues al impío negar la Resurrección de Nuestro Señor, Jesucristo. Así que, comentando la narración más antigua de la Resurrección de Nuestro Señor en Mac 16, 1-8, escribe:

«No se trata de un rasgo histórico sino de una figura de estilo destinada a llamar la atención y a generar expectación».

Amable lector, el cardenal Kasper está diciendo que la Resurrección de Cristo no ocurrió en la historia, que María Magdalena no le vio con sus ojos, que Santo Tomás no metió su mano en las  llagas de Cristo; que no se apareció a los doce en el Cenáculo.. y que tanto los doce como San Pablo usaban de ese mito, según kasper, para llamar la atención y sorprender a los judíos y a los paganos para que prestaran atención a sus palabras. Niega, pues, este preferido de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, un dogma fundamental de nuestra santa Religión.  Pero eso no es importante para su cuadrada cabeza hegeliana alemana, porque para él, según dice en otro de sus libros, Einführung in den Glauben (3), los dogmas pueden ser:

 «unívocos, superficiales, discutibles, estúpidos y precipitados».

Queda meridianamente claro que, para el Cardenal Kasper de la iglesia conciliar, Cristo no tenía poder para hacer milagros, no resucitó de entre los muertos a nadie, porque todo eso sería una invención y que, por lo tanto, Cristo no resucito, porque no tenía el poder Dios. Primer paso imprescindible para crear la Nueva Religión mundial sincretista para la paz en el mundo, cuyo escaparate se mostró por primera vez a todos en 1986 por Juan Pablo II en Asís. He aquí la gran ramera encima de la bestia que se embriagaba con la sangre de los santos.

Pero si, para Kasper, Cristo no es Dios ¿cuál es su dios? Sin duda alguna su concepción debe servir a su nueva religión, el falso profeta que, con la Bestia salida del mar, el poder secular, sirvan al Dragón del infierno. Leamos lo que dice sobre su dios:

«Ese Dios que reina como ser inmutable por encima del mundo y de la historia, constituye un reto para el hombre. Por amor al hombre hay que negarlo, puesto que reclama para sí mismo la dignidad y el honor que son debidos al hombre […] Debemos defendernos contra un Dios semejante, no solamente por amor al hombre, sino también por amor a Dios. Ese no es un Dios verdadero, es un ídolo miserable. Un Dios, pues, que se halla al margen y por encima de la historia, que él mismo no es historia, es un Dios limitado. Si designamos a ese ser como a Dios deberíamos, por amor al absoluto, hacernos ateos. Un Dios así corresponde a una visión fixista del mundo; es el garante de las cosas establecidas y el enemigo de las novedades»

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Card. Kasper

Contra el cardenal de la iglesia conciliar, afirmamos con la Iglesia católica, de la cual ha sido expulsado por Dios este blasfemo cardenal,  que Dios es inmutable en su esencia, atributos y consejo. Si no lo fuera, es decir, si en Dios pudiera haber mudanza no habría suma perfección en Él, porque  todo lo que muda lo hace, o para para perfeccionarse (con lo cual antes sería menos perfecto) o para corromperse (con lo cual disminuiría su propia perfección). Si no fuera inmutable no sería la suma perfección, pero  Dios es puro acto, ya que en Él no hay distinción entre potencia y acto, distinción propia en los seres corruptibles; es decir, en todas las criaturas. Pero además, ni no fuera inmutable no sería eterno. Kasper concibe a un Dios en movimiento con lo cual niega consecuentemente, además,  la eternidad de Dios. Pues siendo la eternidad la posesión total, simultánea y perfecta de la vida interminable, no puede ser medida por el tiempo. Porque, como explica el Aquinate «en efecto, como en todo movimiento hay sucesión y una de sus partes viene después de otra, por el hecho de contar el antes y el después del movimiento, adquirimos la noción del tiempo, que no es más que lo anterior y posterior en el movimiento, y, en cambio, no es posible distinguir un antes y un después en lo que no tiene movimiento y permanece siempre en el mismo ser. Por consiguiente, así como el concepto de tiempo consiste en enumerar el antes y el después del movimiento, el de eternidad proviene de concebir la uniformidad de lo que en absoluto está exento de movimiento» (5).

Aparte de blasfemar contra Dios llamándole miserable, se erige en cabeza de la rebelión llamando a los demás a declararse ateos. ¿puede decir alguien que este es miembro de la Iglesia de Cristo? Quién lo dijera habría perdido la cabeza.

No se ha llegado a la negación directa de la divinidad de Cristo y de la naturaleza revelada de Dios de golpe, sino a través de un pensamiento teológico y filosófico herético que, finalmente, triunfó en el Concilio Vaticano II.

Veamos, ahora, como Benedicto XVI niega la historicidad de la Resurrección de Cristo en su libro Jesús de Nazaret:

«Una ayuda para la comprensión de las misteriosas apariciones de Jesús resucitado puede, creo yo, ser proporcionadas por las teofanías del Antiguo Testamento.».

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Los teólogos católicos dicen que en todos los casos, tales como (Génesis XVIII: 1-33, Josué V, 13-15, Jueces VI: 11-24 y en otros del Antiguo Testamento, estas apariciones fueron hechas por los ángeles que, obviamente, no eran verdaderos hombres, aunque se revistieron de tal apariencia, pudieron aparecerse como hombres.

«El lenguaje mitológico expresa, por un lado, la cercanía del Señor, en cuanto que él mismo se revela en forma humana, y, por otro lado, su otredad, ya que él está fuera de las leyes de la existencia material.”»(Pág. 267-268).

Aquí se está diciendo que el lenguaje es mitológico, es decir, que el lector común entenderá por un “un cuento chino”.

«Entonces es esencial, el hecho de que la resurrección de Jesús no es sólo que un individuo fallecido vuelve a la vida en un cierto momento, sino que hay un salto ontológico que afecta al ser en cuanto tal, con la apertura a una dimensión que nos afecta a todos, creando para todos nosotros un nuevo espacio de vida, un nuevo espacio de estar en unión con Dios.» (página 274).

Un salto ontológico, significaría que Cristo resucitado sería alguien o algo diferente a quien era antes de la resurrección. Pero esto es un error grave, porque si era otro ser diferente ya no tiene el mismo cuerpo, sangre y alma, lo cual sería pura herejía.Acaso, para Raztzinger ¿el sagrado Corazón de Jesús ya no es humano, el mismo traspasado por la lanza, ahora glorificado? Un salto ontólogico, evolutivo, como dice en otra parte de su libro constituiría un ser distinto, lo cual es inadmisible para un católico.

Por supuesto Bendicto XVI es muy inteligente y en estas citas les será difícil, a los fieles que nunca leyeron la verdadera doctrina católica, captar sus herejías, ya que hábilmente evita caer en la condenación directa de Lamentabili: Veamos, no obstante,  cómo el sentido de estas palabras de Ratzinger, Benedicto XVI, están condenadas por el ultimo papa santo, Pío X ,en su decreto Lamentabili: «La resurrección del Salvador no es propiamente un hecho de orden histórico, sino un hecho de orden puramente sobrenatural, ni demostrado ni demostrable, y que la conciencia cristiana gradualmente extrae de otras fuentes» [proposición condenada, nº 36]. Igualmente condena la siguiente proposición «La fe en la resurrección de Cristo tuvo su comienzo no tanto del hecho de la resurrección en sí misma, como de la vida inmortal de Cristo en Dios» [Proposición condenada, nº 37]. Comprobamos, pues, que la fe de Benedicto XVI que expone en su trilogía Jesús de Nazaret no es católica.

Luego Ratzinger acusa a San Lucas de exageración y de contradecirse a sí mismo, negando el hecho de que la Sagrada Escritura no puede contener errores, porque está inspirada por el Espíritu Santo, y es la Palabra de Dios. En segundo lugar, pone de manifiesto su disgusto interior por cualquier pensamiento  acerca de Cristo con  verdadero cuerpo físico, humano, aunque glorificado.  El que coma un pez es demasiado “físico” para Ratzinger. ¿Alguna vez ha pensado, como le ha ocurrido a los comentaristas católicos, que se comió el pescado, precisamente con el fin de probar su condición física, el hecho de que tenía un verdadero cuerpo humano?. Veamos la negación de la inerrancia del Evangelio de San Lucas que hace Ratzinger:

“La mayoría de los exegetas son de la opinión de que Lucas, exagerando en su afán apologético, con una declaración de este tipo parece hacer volver a Jesús  a la física empírica  que había  superado por la resurrección. Así, Lucas termina contradiciendo su propia narrativa, en la que Jesús aparece de repente en medio de los discípulos con un físico que ya no está sujeto a las leyes del espacio y el tiempo. “(Página 269.

Benedicto XVI niega la inerrancia de las Sagradas Escrituras. Sobre el dogma católico de la inspiración y de la inerrancia de la sagrada Escritura, hay que decir que es de fe divina y católica. La contraria y contradictoria es herejía. Cae bajo la condena de herejía al negar la inerrancia y no sólo en San Lucas, dentro de su trilogía. Tal negación está condenada en  Lamentabili (D2011, EB202] Lo mismo condena BENEDICTO XV, («Spiritus Paraclitus»: D 2186; EB 452) y Pío XII («Divino afflante Spiritu»: EB 538-540; y «Humani generis»: D 2315; EB 612). San CLEMENTE VI enseñó que no hay en la Escritura absolutamente ningún error al escribir (año 1351) sobre los errores de los Armenios: «XIV. Si creíste y crees que el Nuevo y el Antiguo Testamento, en todos los libros que la autoridad de la Iglesia Romana nos ha transmitido, contiene la verdad indudable en todo» (D 570 r; EB 46).Tal obsesión de Benecicto XVI  provenía de muy atrás, ya en 1986 decía:

“La resurrección de Cristo no puede ser un acto histórico en el mismo sentido que la crucifixión”.

Esta negación de la verdad de los Evangelios para evitar toda referencia a la unión del alma con el cuerpo cadáver que afirma en el verbo de Dios encarnado su naturaleza humana y su concepción sobre la Resurrección de Cristo, condenada por San Pío X, tiene consecuencias en el dogma de la resurrección de la carne y en el dogma de la transustanciación. Veamos lo que dice Ratzinger respecto a éste último: 

 «La devoción eucarística tal como se manifiesta en las visitas silenciosas que hacen los devotos en las iglesias no debe considerarse como una conversación con Dios. Esto supondría que Dios está presente allí localmente de una manera espacialmente confinada”. ..  “Justificar esto muestra una falta de comprensión de los misterios cristológicos del mismo concepto de Dios. Lo cual repugna a un pensamiento maduro del hombre que conoce la omnipresencia de Dios. Ir a la iglesia creyendo que uno puede visitar a Dios presente allí, es un sin sentido que el hombre moderno con razón rechaza». (Ratzinger, luego Benedicto XVI. Die Sakramentale Begrundung Christlicher Existenz 1966, Kyrios Publishing, Freising-Meitingen-Germany).

Contra esto cae la siguiente censura de la Iglesia: «Si alguien dijera que después de la consagración no está totalmente el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en el sacramento de la Eucaristía y en las hostias consagradas   o  que en las  que se reservan [en  el tabernáculo]  no permanece el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor» SEA ANATEMA..” (Concilio de Trento, Canon 4 – 1545  a 1563)

Santo Tomás, contra el juvenil entendimiento infeccioso de Ratzinger, lo explica así: «Como se ha dicho ya (a.1), cada una de las partes de Cristo está en este sacramento de dos modos: uno, en virtud del sacramento; otro, por natural concomitancia. En virtud del sacramento, no se encuentra, ciertamente, en este sacramento la cantidad dimensiva del cuerpo de Cristo. Porque en virtud del sacramento se encuentra en él lo que directamente es el punto de llegada de la conversión. Ahora bien, la conversión que tiene lugar en este sacramento tiene como punto de llegada directamente la sustancia del cuerpo de Cristo, y no sus dimensiones. Lo cual se demuestra por el hecho de que la cantidad dimensiva permanece después de la consagración, cambiándose solamente la sustancia. Con todo, puesto que la sustancia del cuerpo de Cristo no queda despojada realmente de su cantidad dimensiva ni de los otros accidentes, por real concomitancia está en este sacramento toda la cantidad dimensiva del cuerpo de Cristo y todos los demás accidentes».

Siendo Cristo Dios, ¿o no lo creía así Ratzinger?, la sustancia de su Cuerpo y su Sangre está total y sustancialmente presente en la Hostias consagradas que se reservan y puesto que, por concomitancia, están en ellas todos los accidentes de Cristo, que es Dios, visitar el lugar donde está el Cuerpo y la Sangre de Cristo sacramentalmente es visitar a Dios. Por ello reciben culto de latría las especies consagradas; este error en la ‘fe’ del futuro Benedicto XVI se trasladó a la nueva misa suprimiendo genuflexiones, eliminado las cruces, trasladando el tabernáculo, retirando los comulgatorios

Podríamos seguir poniendo muchos más ejemplos, pero centrémonos en la otra figura, últimamente muy alabada.

En 2002 Müller publicó el libro “La Misa, fuente de la vida cristiana” (St. Ulrich Verlag, Ausburg) en el cual habla del Santísimo Sacramento. Pero desaconseja el uso de términos “cuerpo y sangre” para los dones eucarísticos. Según Müller estos términos podrían producir “malentendidos”:

«La esencia del pan y del vino debe ser definida en un sentido antropológico. El carácter natural de estos dones (pan y vino) como frutos de la tierra y del trabajo humano, como productos naturales y culturales, consiste en la designación del alimento de las personas y de la comunidad humana en el signo de una comida común (…). El ser natural del pan y del vino es transformado por Dios en el sentido que este ahora demuestra y realiza la comunión salvífica».

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card. Müller

Müller niega la Presencia real de Jesús Vivo y Verdadero en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía: es sólo una transformación del pan y del vino en un signo; según él, el  signo de la comida y el descanso de los hombres, pan y vino, es transformado en un signo de unión fraterna la comunidad humana; nada hay en este texto sobre la gracia del sacramento: la unión con Cristo; sólo “El ser natural del pan y del vino, signo, es transformado por Dios en otro signo antropológico”, no es un cambio de la sustancia del pan y del vino. No es que la sustancia del pan y del vino desparezcan y se ponga el Cuerpo y la Sangre de Cristo, junto con Su Alma y Su Divinidad. Es más bien, cambiar eso material en algo ‘divino’: la comunidad humana, bendecida por Dios, permaneciendo la cosa material, el pan y el vino. No existe, en su creencia,  transustanciación alguna sino, ora impanación ora transignificación. Se mueve más bien apoyándose ahora en Lutero, luego en  Calvino ¡He aquí el máximo defensor de la Fe católica, luego de Bergoglio!. Esta concepción implica una teología muy común hoy entre los teólogos conciliares. Para ellos, en  definitiva, es lo material, esto es, el hombre el que se hace divino. Es el hombre el que se diviniza, ya no es el Verbo que se hace carne. El hombre Jesús ha sido divinizado, dicen muchos, lo cual es una herejía, porque Jesús es siempre Dios. Herejía que necesitan para despojar de la divinidad a Cristo. Cristo no es Dios, se concluye de este pensamiento, sino un hombre que, por su excepcionalidad, ha sido revestido de una vestidura divina.

Esta concepción estaba ya en Juan Pablo II, quien predicó la divinización de todo hombre, porque Cristo está unido a todo hombre para siempre. Juan Pablo II; Redemptor Hominis:

«Se trata de cada hombre, porque cada uno ha sido incluido en el misterio de la Redención y Jesucristo está unido a cada uno para siempre, a través de ese misterio».

Sólo una nota crítica más; Cristo no puede estar unido a cada hombre para siempre, pues eso supondría estar también unido a los condenados, por lo que además de una herejía es una blasfemia. En Redemptor Hominis 13, y en casi todas las encíclicas repite:

 «mediante la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre”.

Juan Pablo II explica siempre que al asumir la naturaleza humana, Cristo se ha unido a a todo hombre; pero Cristo al encarnarse no asume la naturaleza de todos los hombres, sino una sola numéricamente. JP2º ensalzará sobre todas las cosas, no a Dios, sino a la dignidad del hombre y en eso hará consistir la misión de la Iglesia; ya no en predicar el Evangelio, sino en cantar esa dignidad conseguida por la unión de Cristo a la naturaleza de todo hombre: Lo que es una forma de disolver la divinidad de Cristo en todos los hombres, para apuntar al culto que se desea: el del hombre y que ya había anunciado su predecesor con precisión.

Más todo esto es un sueño, o más bien una pesadilla para nosotros, de los modernistas desde el Concilio. He aquí el programa en palabras de Pablo VI.

«¿No llegará, un día (…), el hombre moderno, detrás del rostro mudo de la materia, a tender el oído a la voz maravillosa del Espíritu que palpita en ella?

¿No será ésta la religión del mañana?».

«Toda esta riqueza doctrinal (del Concilio) no mira sino a una cosa: servir al hombre».

«Nuestro Humanismo se vuelve Cristianismo y Nuestro Cristianismo se vuelve teocéntrico, tanto que podemos igualmente afirmar: ¡para conocer a Dios, hay que conocer al hombre»!

«El hombre se nos revela gigante. Se nos revela divino. Se nos revela divino no en sí, sino en su principio y en su destino. ¡Honor al hombre, honor a su dignidad, a su espíritu, a su vida”! “Honor al hombre; ¡honor al pensamiento! ¡Honor a la ciencia!… Honor al hombre, Rey de la Tierra y ahora también Príncipe del cielo!».

«El humanismo laico y profano ha aparecido, finalmente, en su terrible estatura y ha desafiado, en cierto sentido,  al Concilio. La religión del Dios que Se ha hecho hombre se ha encontrado con la religión del hombre que se ha hecho Dios…Nosotros más que cualquier otro, NOSOTROS TENEMOS EL CULTO DEL HOMBRE!».

Espero que haya entendido, amable lector, en qué debe consistir la verdadera lucha. Si aún no lo ha captado, he aquí resumido el programa de los anticristos:

  1. Negar la inerrancia de los Evangelios y los dogmas infalibles de la Tradición de la Iglesia, lo que posibilitará el diálogo y acuerdo ecuménico con las iglesias herejes y cismáticas.
  2. Negar la Resurrección de Cristo, y por lo tanto su condición de único salvador, lo que ayudará al diálogo con otras religiones y traerá como consecuencia inmediata y simultánea:
  3. La negación de la esencia trinitaria en Dios, que conducirá al preludio de la apoteosis de la Nueva Religión con un falso dios mezcla de masónico, panteismo y judeo-cabalístico y quizá con connotaciones místicas sufíes musulmanas.
  4. El hombre es colocado, oficialmente, en el lugar de Dios, porque él se nos ha revelado “divino”, según dijo Pablo VI

La causa de nuestra lucha, pues, no es otra que confesar de Jesús. «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Contra esta confesión han arremetido todos los herejes en la historia y en estos tiempos: cambiando el rito de la misa y los sacramentos, el nuevo magisterio que se inauguró en el Concilio Vaticano II y fue empeorando sucesivamente con un nuevo catecismo herético, un nuevo Código de Derecho Canónico propio de heresiarcas. Todo lo han hecho mal y nuevo, puesto que Dios no es inmutable, según dicen. Pero como necesitan acelerar el programa, convencidos deque los fieles ya estaban listos porque tragaron todas las herejías de Montini,  Wojtyła y Ratzinger,  necesitaban ya, no una lenta pala excavadora, sino un ferrari, vehículo bien rápido; ese es el papel de Francisco. Las palas excavadoras (Roncalli, Montini,  Wojtyła y Ratzinger) desbrozaron, aniquilaron, removieron todos los obstáculos  y arrasaron la tradición, y retirado el obstáculo, ahora piensan que pueden ir más rápido; he ahí y para eso al ferrari Bergoglio. El Sínodo es sólo una primera aceleración de este rápido automóvil.

La velocidad de la apostasía será mayor cada vez, lo que indica, para nuestro gozo, que el Esposo, Cristo, el Unigénito de Dios, está cerca y casi llamando a la puerta. En esta esperanza firme descansa nuestro seguro triunfo. Jesús con su venida desbaratará todo su plan infernal con el aliento de su boca ¿Pero, no lo han previsto los destructores de la fe? Sólo quien tiene Fe cuenta con la venida del Señor, pero como hemos demostrado, muchos de ellos la han perdido y hace bastante tiempo, transformándose en anticristos.

Ven, Señor Jesús

Sofronio

  1. Título de un poema de Blas de Otero.
  2. Revista Tradición Católica nº mayo-agosto 2014; pag. 24 y 25
  3. T. Iª q.10 a.1 Santo Tomás
  4. “Principios de Teología Católica”, publicado en 1982, Mons. Oliver Oravec cogió los textos de Ratzinger y los publicó en “Catholics forever” (Connecticut; 06468; P. O. Box 283, U. S. A)
  5. T. Iª q.10 a.1 Santo Tomás
  6. “Principios de Teología Católica”, publicado en 1982, Mons. Oliver Oravec cogió los textos de Ratzinger y los publicó en “Catholics forever” (Connecticut; 06468; P. O. Box 283, U. S. A)
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2 comentarios en “Anticristos

  1. Estimados, me parece muy extraño que Ratzinger haya repetido TEXTUALMENTE la cita condenada en Lamentabili, en su libro “Jesús de Nazareth”. Están seguros de que esa cita es exacta?

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