Doctrina católica sobre el Limbo

La enseñanza sobre el destino de los niños muertos sin bautizar se encaja entre dos flancos que no pueden traspasarse, si se quiere evitar caer en la herejía o en el error. A un lado está el dogma de que toda persona humana, excepto la Virgen María, nace con el pecado original. Del otro, el dogma de que fuera de la Iglesia no hay salvación; de la cual se forma parte sólo por el bautismo de agua o de deseo o de sangre.

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Toda enseñanza que ataque cualquiera de los flancos dogmáticos es un error grave contra la Fe católica.

La hipótesis de Sauras que afirma que obtienen la gloria por el voto (deseo) real del bautismo es, pues, falsa porque, salvo que se demuestro lo contrario, quien no ha llegado al uso de razón no es capaz de tener pecado actual, por lo tanto tampoco de voto real de pertenencia a la Iglesia. Si no se le imputa la culpa, tampoco el mérito.

La hipótesis de Laurenge es falsa; opina éste que van al cielo pero en razón de una opción personal después de la muerte. Es un error porque los actos meritorios sólo se dan en el estado de viadores;  después de la muerte, según San Pablo, viene el juicio.

La hipótesis de García-Plaza  es falsa porque supone una iluminación extraordinaria que les obliga a hacer un acto de caridad perfecta. La razón del error es que olvida que para la caridad perfecta hace falta la fe sobrenatural. Pero la Fe requiere un acto de la voluntad libre para asentir al don infuso en el entendimiento; y si no hay acto,  al no recibir el bautismo tampoco reciben la virtud como hábito, que es la reciben los niños que se bautizan.

La hipótesis de Schell es falsa porque cree que se les computa la propia muerte como martirio, etc. Falsa porque el martirio requiere la muerte a causa de la fe. Sólo en algunos casos podría aplicarse como bautismo de sangre, tal como en los santos inocentes pero no en la inmensa mayoría.

Otras hipótesis hoy reinantes, entre muchas,  salidas del desgraciado juanpablismo y de la Comisión Teológica Internacional son aún más falsas, por muy extendidas que estén entre los que se han tragado el veneno del concilíabulo Vaticano II, porque sitúan a todos los niños muertos sin bautizar directamente en el cielo por efecto de la misericordina esparcida por Wojtyła y proclamada en todo púlpito pagano por Bergoglio. Niegan así, explícitamente, la necesidad de la Iglesia para la salvación e, implícitamente, la existencia del pecado original que sólo se puede borrar por el bautismo. Para éstos lo revelado por Cristo, según dice la Contitución GS 22 , o carece de importancia o nos dejó en la ignorancia sobre los medios necesarios para la salvación. Tesis muy propia de la mentalidad neopagana de la New Age que ha infiltrado casi toda la jerarquía y de ella, ha bajado a los súbditos.

El lector pudiera objetar: “Pero el niño sin uso de razón bautizado no puede tener la gracia y las virtudes Teologales (Fe esperanza y caridad)”. Ahora bien, a esto  respondemos con Santo Tomás,” la causa de este error está en que los que plantean esta objeción no saben  distinguir entre el hábito y el acto ( para entender la diferencia ver aquí). Y así, al comprobar que los niños son incapaces de un acto de virtud, pensaron que después del bautismo no había en ellos ninguna virtud. Pero esta incapacidad de obrar no procede en ellos de la carencia de hábitos, sino del impedimento corporal, como es el caso de los que duermen, que, aunque tengan los hábitos de las virtudes, no los pueden ejercitar a causa del sueño” (Suma teológica – Parte IIIa – Cuestión 69, 6.).

Naturalmente que frente a todos éstos falsarios está la doctrina común de los teólogos hasta el conciliábulo del S. XX, Vaticano II, sobre el Limbo,que muestra la gran misericordia de Dios a la vez que su infinita justicia,  la cual respeta escrupulosamente ambos dogmas, pues en Dios no hay contradicción: La existencia del pecado original y la necesidad de la pertenencia a la Iglesia para poder ser salvos. Veamos la doctrina católica muy contraria a los errores y hasta herejías que hemos citados más arriba difundidos sobre todo por Wojtyła, la C. I.T. y su corifeos y palmeros: los neomovimientos liberales, tales como el Opus, Comunión y Liberación; Camino Neocatecumenal; Carismáticos, Focolares, Comunidad de San Egidio, etc… y la inmensa mayoría de sacerdotes conciliares seculares o regulares:

Santo Tomás de Aquino sobre el Limbo .

 

Santo Tomás de Aquino, quizá el más grande de los teólogos, creció en su comprensión del Limbo al pasar de los años.  En 1255 Santo Tomás dijo que los niños están al tanto de su destino perdido pero no sienten ninguna lamentación.  En 1265 él dijo que ellos no sienten ninguna pesadumbre porque ellos no tienen idea de lo que han perdido:

“Santo Tomás, está claro, descartó cualquier dolor de sentido como un castigo del pecado original.  Pero el dolor de sentido no es el más grande tormento de los condenados.  Por decreto divino los niños en el Limbo están eternamente exiliados de la visión de Dios.  ¿Se rebelan ellos contra la providencia que los desterró? Santo Tomás aquí tuvo un problema más difícil que el que tuvo al tratar el dolor de sentido.  S. Agustín y S. Juan Crisóstomo habían insistido que la pérdida del cielo era un tormento mucho más grande que los fuegos del infierno.  ¡Y seguramente esta pérdida se sentiría mucho más agudamente por alguien que sea inocente de cualquier culpabilidad personal!  ¿Cómo, entonces, podrían los niños no resentir su exilio, y la providencia que lo decretó? Santo Tomás dio dos respuestas a la pregunta a través de un período de unos diez años; y al hacerlo varió notablemente.
     “En el año 1255 Santo Tomás completó su comentario sobre las Sentencias de Pedro Lombardo.  En ese tiempo comentó que nadie lamenta la pérdida de algo que le es  completamente imposible de tener.  Un hombre puede lamentar la pérdida de su casa, su familia, su buen nombre; pero ningún hombre razonable se permite a sí mismo estar dolido por su inhabilidad de volar como una golondrina.  La analogía se podría aplicar a un niño en el Limbo.  El niño sabría que él estaba destinado para la Visión Beatífica; él sabría también el porqué perdió su oportunidad de tenerlo, pero no le causaría dolor.  Él vería muy claramente que no tendría ninguna habilidad natural para disfrutar de la Visión Beatífica.  La visión intuitiva de la naturaleza divina está más allá aún del alcance que tendría de volar un carnicero.  Es concebible, por supuesto, que hay personas que se incomodan por su inhabilidad de volar como pájaros; pero tales personas están confinadas en instituciones (mentales).  No los encontramos en el mundo razonable del Limbo. (II Sent. d. 33, q. 2, a. 2)
     “Unos diez años más tarde, Santo Tomás tuvo un segundo pensamiento sobre este problema.  (De Malo, q. 5, a. 3) . Los niños, decidió él finalmente, no estarían perturbados por su pérdida simplemente porque ellos no sabrían lo que han perdido.  Ellos pasarán la eternidad ajenos a su destino sobrenatural, sin saber nada del pecado que les causó que estuvieran lejos de una felicidad más allá de su alcance.  Ya que no tienen el conocimiento de la fe sobrenatural, nunca adivinarán el decreto divino que admitiría al hombre a la visión de Dios; y lo que no conocen, no les herirá.  Ellos pasarán la eternidad contemplando a Dios en cuanto su naturaleza les permite, nunca soñando que ellos estaban destinados para algo inmensurablemente mucho más glorioso.  
          “Santo Tomás dice que los niños en el Limbo pueden estar felices, a pesar de su exclusión del Cielo.  Es cierto que ellos están separados de Dios en cuanto a que no disfrutan de la Visión Beatífica, pero ellos están unidos a Dios por su habilidad innata de conocer y de amarlo; y en esto ellos encuentran su felicidad.”

Los Franciscanos: San Buenaventura y Duns Scotus

 

Según el Padre Dyer, “No podemos encontrar a ningún teólogo del siglo trece que pensara que los infantes sufrieran el dolor de sentido en castigo por el pecado original.  Parecía haber un acuerdo propagado, también, en que los infantes no sufrirían congoja alguna debido a la separación del Reino de Dios [S.Tomás Aquino, S. Buenaventura, Alejandro de Hales, Pedro de Tartentaise, Richard Middleton, Giles de Roma, Guido de Orchellis, Pedro Olivi, etc.].”

San Buenaventura,

A veces llamado el segundo fundador de la Orden Franciscana, creyó que los que estaban en Limbo no sentían tristeza, ni dolor físico.

Los niños en el Limbo, dijo él, disfrutan un balance perfecto entre su conocimiento y sus deseos, gracias a los buenos oficios de su Creador.  Ya que tristeza implicaría una falta de balance, no puede formar parte de las vidas de estos niños.  Ellos están a mitad de camino entre los benditos y los condenados, y entonces comparten algo de cada estado de vida.  Como los condenados, ellos son exilados del Cielo; como los benditos, ellos no conocen tristeza.  (II Sent., d. 33, a. 3, q. 2)”

Duns Scotus,

El teólogo acreditado con haber explicado correctamente las sutilezas teológicas de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, también creyó que los niños en el Limbo eran felices:  

“Duns Scotus, otro notable Franciscano, fue un poco más sutil en su acercamiento al problema.  Los niños, dijo él, mueren en un estado de inocencia personal; por decreto divino ellos permanecerán así por toda la eternidad.  Si lamentasen su pérdida del Cielo, ellos perderían su inocencia, o al murmurar contra Dios se hundirían en  desesperación.  Esto es claramente imposible.  Ya que murieron sin falta personal, ellos permanecerán así por toda la eternidad.  Por lo tanto no puede haber ninguna infelicidad entre ellos por lo que son o por lo que han perdido.” (II Sent., d. 33, q. 1) 

El teólogo Jesuita Francisco Suárez 

“En la providencia de Dios, dice Suárez, llegará un momento cuando Cristo será reconocido por todos los hombres como el Príncipe y Juez del mundo.  Y aunque los niños tienen que pagarle este homenaje, ellos tendrán su parte  tanto la resurrección de los muertes como en el Juicio Final de la humanidad.


“Ellos murieron como infantes, pero resucitarán como adultos y poseerán no solamente el uso de su razonamiento sino, también, una completa madurez física.  Como adultos jóvenes ellos estarán de pie ante el tribunal de Cristo para ver allí por primera vez el Patrón divino dentro del cual sus vidas han sido planeadas.  Los niños estarán todos presentes en el Juicio Final para ver y honrar la majestad de Cristo, dice Suárez, porque la Gloria de Cristo exige que Él sea adorado y reconocido por todos como el Príncipe, el Juez Supremo del mundo.  Ellos no podrían rendirle tributo propio a Cristo, sin embargo, si ellos estuviesen ajenos a lo que ocurriría en esta extraordinaria tribunal.  Cuando vean la sentencia de condenación otorgada a los malos como también el gozo de los justos, ellos reconocerán la justicia de Dios.  Su propio destino también, fijándolos como lo hace sobre el camino medio entre la condenación y la gloria, se revelará como otra manifestación de la perfecta justicia de Dios.” [23]

Los Jesuitas han hecho una contribución significativa a la discusión del Limbo.  “En los tres siglos que siguieron al Concilio de Trento la controversia del Limbo constantemente estaba a punto de hervir, y algunas veces hervía.  Los Agustinos y los Jansenistas negaron la existencia de Limbo; los Jesuitas lo defendieron.  Los Jansenistas detestaban a los Jesuitas, los Jesuitas reciprocaban, y los Agustinos no les gustaban a ninguno de los dos.  El aire estaba cargado con sospechas y a veces con difamaciones.  Los Jesuitas fueron denunciados como Pelagianos; los Agustinos como Jansenistas; y los Jansenistas, correctamente, como herejes.” [George J. Dyer, S.T.D., Limbo: Unsettled Question] El Padre Dyer, de hecho, cree que la teología sobre el Limbo alcanzó su máximo desarrollo en el teólogo Jesuita, Francisco Suárez. No obstante acabaremos con una explicación del limbo, aún más preciosa.

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Papas sobre la necesidad del bautismo

No nos extenderemos en muchas citas, ya que la doctrina de la necesidad del bautismo para ser parte de la Iglesia la pueden consultar en nuestro artículo en el cual le trasladamos íntegra la Bula domática Cantate Domino en este mismo blog. Sólo añadiremos algunos datos más, sobre lo que es sabido.

  “La Iglesia, hasta donde la evidencia demuestra, desde el segundo hasta el séptimo siglo universalmente creía que era revelado que un infante quien moría antes de tener cualquier uso de razón, y no bautizado, no podía alcanzar la Visión Beatífica.”
– Padre Bernard Leeming, “¿Realmente es Necesaria su Bautismo?” Revista: The Clergy Review (1954), p. 84.

Una carta atribuida al Papa Siriacus que más tarde fue enviada a Pepino y a Carlomagno, indicaba la práctica de la Iglesia durante su época.  Esta carta implicaba que cualquiera “que moría sin la fuente sagrada perdería el Reino y la vida eterna.” (PL 13, c. 1135) [13] 

El Papa San Leo el Grande en su carta a los obispos de Sicilia escribió que el bautismo usualmente era conferido en la Pascua y en Pentecostés pero agregó que si existiera peligro de muerte, debería ser conferido en cualquier momento, ya que nadie debe ser negado este “singular remedio.” (PL 54, c. 701) [14]

Según el Padre Dyer, “En el siglo octavo, el Papa Gregorio II hizo más explícitas las directrices de San León Magno.  El Bautismo, dijo, tiene que ser administrado durante la Pascua y Pentecostés.  En casos donde existiese peligro de muerte, sin embargo, el sacramento debería ser administrado inmediatamente ‘para que [las almas] no perecerían en la eternidad’” (PL 89, c. 503) [15] 

El Papa Inocencio III fue uno de los Papas más a menudo citados en el debate sobre Limbo:

“Cincuenta años antes de que Santo Tomás llegara a París, el Papa Inocencio III escribió una carta al Arzobispo de Arles, respondiendo a una dificultad que había sido propuesta.  En el curso de esta carta Inocencio III habló del castigo adecuado para el pecado actual y el original.  Pecado actual, escribió el papa, es castigable por el tormento sin fin del infierno; pero el pecado original es castigable por la pérdida de la visión de Dios.” (“Majores Ecclesiae,” DB, n. 410) 

 

Concilios y concilios provinciales de la Iglesia 

El Segundo Concilio de Lyón fue convocado en 1274 con la esperanza de arreglar el Cisma de Oriente.  Entre las doctrinas así definidas por el concilio encontramos lo siguiente: ‘Sin embargo, las almas de los que mueren en pecado mortal, o solo con pecado original, van rápidamente al infierno, para ser castigados sin embargo, con diferentes castigos.’” [George J. Dyer, S.T.D., Limbo: Unsettled Question

El Concilio de Florencia:

El Concilio de Florencia en su Decreto para los Jacobitas, febrero de 1442, declaró que el Bautismo debe ser pospuesto por cuarenta u ochenta días, como era la costumbre de algunas personas.  La razón dada por el Concilio era ‘el peligro de muerte, que puede suceder a menudo, porque no hay otro remedio disponible para estos [infantes] excepto el sacramento del Bautismo, que los libra de los poderes del demonio y los hace hijos adoptados de Dios.’  Se tienen que contestar dos preguntas al evaluar una afirmación de esta clase: ¿Cuál es su sentido exactamente?  ¿Cuál es su preciso peso dogmático?  Aunque tenemos aquí un texto tomado de un concilio ecuménico debidamente aprobado por el Papa Eugenio IV, la declaración en sí no es parte de una definición dogmática, sino más bien un accesorio a ello; y ya que la afirmación no fue endosada por el grado más alto de la autoridad de enseñanza de la Iglesia, no es infalible. Charles Journet, uno de los teólogos ‘conservadores’, está de acuerdo que la declaración de Florencia no es una definición dogmática, pero concluye que ciertamente tiene un alto grado de valor doctrinal.” [18]

El provincial Concilio de Cartago (418):

“Este concilio del quinto siglo claramente declaró que  ‘sin Bautismo ellos no pueden entrar al reino del cielo, el cual es la vida eterna.’” [19]

El provincial Concilio de Colonia:

“La Fe nos enseña que los infantes, ya que no son capaces de este deseo, están excluidos del reino del Cielo si mueren [no bautizados].” (Collectio Lacensis, V. 320) [20]

Incluso el erróneo y herético  Catecismo de la Iglesia Católica -hasta un reloj averiado da la hora exacta dos veces al día-, punto ante 2052, a propósito de la fórmula catequética de los diez mandamientos, cita en la nota a pie de página número 274 el «Catechismus Catholicus, cura et studio P. Card. Gasparri concinnatus (Typis Polyglottis Vaticanis 1933)», siendo que «las citas, en letra pequeña, de fuentes patrísticas, litúrgicas, magisteriales o hagiográficas tienen como fin enriquecer la exposición doctrinal» (Catecismo de la Iglesia Católica, 21).

Veamos qué enseña a propósito del Limbo el Catechismus Catholicusdel Emmo. y Rvdmo. Sr. Card. Pietro Gasparri, que constituye una obra de primer orden como resumen de la doctrina cristiana; catecismo «aprobado por la Sede Apostólica», publicado por la mismísima Typis Polyglottis Vaticanis en 1933 y que ha merecido ser citado como «fuente de enriquecimiento de la exposición doctrinal» del actualCatecismo de la Iglesia Católica:

Catechismus Catholicus
cura et studio P. Card. Gasparri concinnatus
(Typis Polyglottis Vaticanis 1933)

Cap. IX. De los sacramentos.
Sección 2ª. De los sacramentos en particular.
Art. 1. Del sacramento del Bautismo.

359. ¿Qué será del alma de aquellos que mueren sin Bautismo, con solo el pecado original?

«El alma de aquellos que mueren sin Bautismo, con sólo el pecado original, carece de la visión beatífica de Dios a causa de este pecado, pero no sufre las otras penas con que son castigados los pecados personales.

El lugar y el estado de estas almas suele llamarse Limbo, muy diverso del Limbo de los Santos Padres de que se habla en la pregunta 106».

106. ¿Qué se entiende aquí por infiernos?

«Por infiernos se entiende aquí no el Infierno, ni el Purgatorio, sino elLimbo de los Santos Padres, donde las almas de los justos esperaban la redención prometida y ardientemente deseada».

Aclaración V, pregunta 359 (Catecismo Católico)

«Acerca de los niños que mueren con sólo el pecado original, es hoy común la doctrina expuesta en el catecismo, a saber: que carecen de la visión beatífica y así sufren la pena debida al pecado original, esto es: la pena de daño; pero no la pena de sentido, que es la que corresponde al pecado personal. Esto supuesto, cabe preguntar si tienen noticia de la privación de la visión beatífica, y si se responde afirmativamente, si sienten o no dolor por ello. En esta cuestión no todos los teólogos son de idéntico parecer.

En primer lugar está la opinión de Santo Tomás. El Angélico había enseñado [Sum. Theol., in 2, dist. 33, q. a. 2] que las almas de los niños saben que están privadas de la vida eterna, y la causa por que lo están; pero no por ello sienten aflicción alguna. Pero después, en De malo, q. 5, a. 3, mudó de parecer, aunque saca la misma conclusión: a saber, las almas de los niños son castigadas con la misma privación de la visión beatífica, y por esta privación, que ignoran, no sufren dolor ninguno:

“Las almas de los niños no están en verdad privadas del conocimiento natural, como corresponde a un alma separada en conformidad con su naturaleza, pero carecen del conocimiento sobrenatural, que aquí se nos infunde por la fe, puesto que no tuvieron la fe en acto, ni recibieron el sacramento de la fe.

Ahora bien, pertenece al conocimiento natural el que el alma sepa que ha sido creada para la felicidad, y que la felicidad consiste en la consecución del bien perfecto. Pero supera el conocimiento natural el saber que este bien perfecto, para el cual fue creado el hombre, es la gloria que poseen los Santos.

Por eso dice el Apóstol que ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre alguno por el pensamiento cuáles sean las cosas que Dios tiene preparados para aquellos que le aman, a lo cual añade: ‘A nosotros, empero, nos lo ha revelado Dios por medio de Su Espíritu’; la cual revelación pertenece en verdad a la fe.

Y por lo tanto las almas de los niños no saben que están privadas de tal bien, y por esto no sienten de ello dolor, mas poseen sin dolor lo que tienen por naturaleza”.

Este parecer no fue admitido por otros teólogos. Así Belarmino […] y los wiceburguenses […]. Nosotros, en el catecismo, hemos enseñado en esta controversia lo que los teólogos admiten comúnmente, apoyados en la autoridad de Inocencio III, Pío VI, Pío IX».

Textos de los Romanos pontífices, 359 (Catecismo Católico)

Inocencio III, Epist. Maiores Ecclesiae causas, sub finem 1201, ad Ymbertum Archiep. Arelatensem (Decretales Gregorii IX, l. III, tit, 42, cap. 3):

«… La pena del pecado original es la privación de la vista de Dios; la pena del pecado actual es el tormento del infierno eterno».

Pío VI, Const. Auctorem fidei, 28 agto. 1794, prop. 26 inter damnatas, contra errores Synodi Pistoriensis (Bullarii Romani Continuatio, ed. Taurinem., XV, 2711 s.):

«Es falsa, temeraria, injuriosa a las escuelas católicas la doctrina que rechaza como pelagiana aquel lugar de los infiernos, designado generalmente por los fieles con el nombre de limbo de los niños, en el que son atormentados con la pena de daño, mas no con la de sentido, las almas de los que mueren con la culpa original, como si por el mismo hecho de excluir la pena de fuego, indicasen que aquel lugar es como un estado medio, libre de culpa y de pena, entre el reino de Dios y la eterna condenación, según imaginaron los pelagianos».

Pío IX, Enc. Quanto conficiamur, 10 agto. 1863, ad episcopos Italiae (Acta Pii IX, I, 111, 613):

«Y aquí, amados Hijos Nuestros y venerables Hermanos, conviene recordar y reprobar de nuevo un error gravísimo, en el que han caído miserablemente algunos católicos, según los cuales pueden alcanzar la vida eterna los hombres que viven en los errores y lejos de la verdadera fe y de la unidad católica. Lo cual ciertamente se opone en gran manera a la doctrina católica.

Es cosa sabida de Nos y de vosotros que los que se encuentran en ignorancia invencible respecto de la santísima religión y guardan diligentemente la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en todos los corazones, llevando una vida honesta y recta, pueden conseguir la vida eterna en virtud de la luz y gracia divinas, porque Dios, que ve perfectamente, escruta y conoce la mente, el ánimo, los pensamientos y los hábitos de todos, no permitirá en modo alguno por Su suma bondad y clemencia, que sea castigado con las penas eternas quien no haya cometido culpa voluntaria.

Pero es también conocidísimo el dogma católico que ninguno puede ya salvarse fuera de la Iglesia católica, y que no pueden conseguir la saludeterna los rebeldes a la autoridad y a las definiciones de la misma Iglesia, y los pertinaces en la separación de la unidad de la misma Iglesia, y del sucesor de Pedro, el Pontífice Romano, a quién confió el Salvador el cuidado de la viña».

 La preciosa y ortodoxa doctrina común de los teólogos católicos sobre limbo

En 1954, el Jesuita inglés Bernard Leeming escribió una explicación esperanzadora de la reunión de un niño no bautizado y sus padres bautizados.  El Padre Leeming:  “sugirió la posibilidad de una reunión en la eternidad de un niño y sus padres.  Los padres disfrutarían de la Visión Beatífica y el niño no, pero esto no evitaría una libre asociación entre ellos…  La teoría del Padre Leeming quizá es mayormente apreciada en la ilustración que él ofrece.  Supongamos que una madre y su pequeño hijo están caminando en un museo de arte.  A medida que caminan sostenidos de la mano, el joven obviamente está fascinado con los brillosos pisos de mármol, los muy iluminados cuartos, la combinación de colores, y, más que todo, de su madre.  Por otro lado, la madre aprecia todo esto y mucho más.  Debido a su madurez y su educación, ella puede ver en las pinturas un mundo entero de ideas que está cerca de su hijo.  La madre y el hijo están en el exacto mismo ambiente, pero con un efecto bastante diferente.” En efecto, esta teoría respeta los dos dogmas que franquean este misterio.

Conclusión 

Como previamente citado, el Catecismo Romano afirmó explícitamente que los infantes serán excluidos del reino del Cielo “si ellos mueren no regenerados por el Bautismo”.  Además, el Papa Pío XII hizo comentarios sobre este tema que algunos teólogos creen ponen punto final al debate del Limbo.  El 20 de Diciembre, 1951, el Papa Pío XII dio la siguiente alocución durante la convención de comadronas italianas:

“Todo lo que hemos dicho sobre la protección y cuidado de la vida natural es con aún más grande razón la verdad de la vida sobrenatural, que el recién nacido recibe con el Bautismo.  En la actual dispensación no hay otro medio de comunicarle esta vida al niño, quién aún no tiene el uso de razonamiento.  Y, sin embargo, el estado de gracia es absolutamente necesario para la salvación: sin él la felicidad supernatural, la Visión Beatífica de Dios, no podría obtenerse.  En un adulto un acto de amor pudiera bastar para obtenerle gracia santificadora y así suplir la falta de Bautismo; para el niño aún no nacido, o recién nacido, este camino no está abierto.  Si, entonces, recordamos que la caridad hacia nuestro vecino nos obliga a asistirlo en caso de necesidad; que esta obligación es aún más grave y más urgente según la grandeza del bien que será procurado o del mal que será evitado, y según la inhabilidad del necesitado para ayudarse a sí mismo; entonces, es fácil comprender la importancia de proveer el Bautismo de un niño, libre del uso de razón y en grave peligro o aún certeza de muerte.” (Acta Apostolicae Sedis, 20 de Diciembre, 1951, p. 854)  [24] 

La posición conservadora insiste que la voluntad salvadora de Dios encontrará su expresión en el sistema sacramental.  El sacramento del Bautismo es necesario para la salvación, y ya que los infantes son incapaces del deseo del mismo, su necesidad por el sacramento del Bautismo es absoluta y no calificada.  Cuando tales niños mueren sin ser bautizados, la voluntad salvadora de Dios cesará de operar para ellos, y ellos pasarán su eternidad en el Limbo. [25] 

El Padre Dyer cita a dos teólogos, quienes creen que el Papa Pío XII abrazó la posición conservadora concerniente a la existencia Limbo.

“La Iglesia, hasta donde demuestra toda la evidencia, desde el segundo hasta el séptimo siglo universalmente creyó que debe ser revelado que un infante que muere antes de tener cualquier uso de razón, y no estando bautizado, no puede obtener la Visión Beatífica.” (B. Leeming, “Is Their Baptism Really Necessary? (¿Realmente es Necesaria Su Bautizo?)” The Clergy Review (1954), p. 84) .

Concerniente a la existencia del Limbo, el distinguido teólogo Abbe Michel escribe: “Es una virtualmente revelada verdad,” dijo Michel, “una doctrina común de la cual sería imprudente separarse.” (A. Michel, L’Ami du Clergé, 52, p. 660)  [28]

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Un comentario en “Doctrina católica sobre el Limbo

  1. Esto del Limbo es algo confuso, por ejemplo, si los padres tienen intención de bautizar a su hijo pero se muere de repente ¿el deseo de los padres basta para que no vaya al Limbo?
    Y ¿no hay alguna forma de suplir la falta de Bautismo a esos niños? ¿No valdría donar oraciones, sacrificios o buenas obras a esas almas para qué pudieran suplir esa falta de Bautismo? Ya que no pueden hacer por sí mismas ninguna obra satisfactoria para suplir esa falta, a lo mejor si se les donan las obras satisfactorias de uno mismo…..

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