La cuestión del papa Liberio

Con la victoria de los arrianos, que  habían mandado al destierro a San Atanasio y colocado en su lugar y como sucesor suyo en la sede de Alejandría al intruso Jorge de Capadocia, los herejes se dirigieron contra las columnas de la cristiandad queriendo atraer a su causa al Papa Liberio. A tal fin el emperador Constancio envió un legado al papa Liberio con muchos donativos, que Liberio rechazó. Entonces fue apresado el papa y enviado ante el emperador Constancio a Milán, donde le papa se mantuvo firme en la defensa de San Atanasio y la fe de Nicea. A los tres días fue enviado al destierro en Berea de Tracia, donde fue objeto de vejaciones, hasta que, dos años después, en el 358 pudo volver a Roma. ¿Qué hizo el Papa Liberio para poder volver a Roma? Esta es la cuestión debatida.

Tracia, lugar del exilio de Liberio

Para entenderla conviene tener presente algunos hechos referentes al desarrollo del arrianismo que resumimos, conforme a B. Llorca, S.J. (1):  En primer lugar, durante este periodo se había marcado una triple división entre los arrianos: unos, llamados anomeos defendían el arrianismo puro, según los cuales, Cristo no era en nada semejante al Padre; otros, los homeos, distinguían alguna semejanza, pero limitándola a la voluntad y actividad; otros, los homeusianos admitían una semejanza en todo, incluso en la esencia aunque de una forma aún muy ambigua y evitando siempre el término ortodoxo “homousios . Los dos últimos grupos se llamaban semiarrianos y eran los predominantes. Consecuencia de este estado de división entre los arrianos fueron las diversas fórmulas que se publicaron. En el año 357 se hizo pública la segunda fórmula de Sirmio, rígidamente arriana y por lo tanto herética. En el año 358, en Ancira, se publicó la tercera fórmula de Sirmio que era ambigua pero no era herética  ¿Cuál firmó el Papa Liberio para que pudiera volver a Roma del exilio al que le había sometido Constancio? ¿La segunda fórmula o la tercera?

Sigamos ahora  la Gran enciclopedia Rialp, que asegura que para poder volver a Roma en el 358, Liberio tuvo que plegarse a los deseos del Emperador  Constancio, abandonando a su amigo S. Atanasio y suscribiendo una fórmula de la fe, presentada por los semiarrianos, al parecer de ortodoxia discutida. ¿Cómo calificar la conducta de Liberio en este tema? ¿Fue solamente una falta de firmeza o cedió en un punto de doctrina? Ésta es la famosa «cuestión del papa Liberio» que ha suscitado no pocas discusiones entre historiadores eclesiásticos y teólogos.

 Los intentos de solución a este delicado problema han sido numerosos, pero pueden reducirse a dos:

  1. a) Los que consideran que Liberio claudicó, no sólo abandonando a Atanasio sino negando la fe de Nicea y admitiendo doctrinas arrianas; según esa postura, Liberio cayó en la herejía al firmar la 2ª fórmula de Sirmio. En apoyo de esta teoría se traen los testimonios de S. Atanasio (Hist. arian. ad mon. 41; Apol. contra arian. 89), de S. jerónimo (De viris illustribus, 97) y de S. Hilario de Poitiers (Contra Constantium, 11), que hablan de una caída de Liberio. Con ocasión de las discusiones sobre la infalibilidad (v.) pontificia en el Conc. Vat. I, ésta fue una de las dificultades más esgrimidas por los adversarios de la definición del dogma; los defensores alegaban que, como veremos a continuación, no está demostrado que fuera una caída doctrinal, y que aun suponiendo un error en Liberio, se trataría de una caída meramente personal, no de un error enseñado ex cathedra, y, por tanto, no constituía obstáculo serio para la definición del dogma.
  2. b) La mayor parte de los críticos, historiadores y teólogos, afirma que aunque Liberio fue débil no cayó en herejía, ya que no firmó la 2ª fórmula de Sirmio, sino la 3ª que era defendida por los semiarrianos, pero que no era doctrinalmente herética, sino ambigua. En otras palabras, Liberio abandonó a S. Atanasio y dejó de usar la palabra homousios, canonizada por el Conc. de Nicea (v.), pero no cayó en el error. Según cuenta Sozomeno (Hist. Eccl. 4,25) Liberio quiso además poner a salvo su ortodoxia personal añadiendo: «Quien no acepte que el Hijo es semejante al Padre según la esencia y en todo, sea anatema». .Con esa actitud, no se puede hablar propiamente de un error dogmático, pero el comportamiento de Liberio arroja una luz desfavorable sobre su persona, que se agrava además si en realidad proceden de él las 4 cartas «de la cautividad» que han sido trasmitidas bajo su nombre (cfr. S. Hilario, Fragm. hist. 4,1; 5,5-6; 5,8-9; 5,10-11) y en las que expresa el motivo de su decisión, que era el deseo de librarse de la tristeza del exilio y de poder volver a Roma. Así, pues, Liberio cedió ante sus adversarios admitiendo la fórmula que le presentaban. Esto suponía de alguna manera abandonar la causa que con tanto ardor defendía; pero no era claudicar en la fe, porque esa fórmula no era herética.

Sirmio de Panonia

Veamos la gravedad de asunto, según el gran historiador Hubert Jedint : “Mucho más grave fue el cambio de postura de Liberio, que seguramente debe situarse ya en fecha anterior. Existen cuatro cartas, sin duda auténticas, del obispo romano, en las que, abatido por el exilio de Tracia y bajo la presión de obispos arrianos, abandonó su actitud anterior y al fin condenó a Atanasio, aceptó la comunión con los adversarios de éste e incluso suscribió un fórmula de fe rechazada hasta entonces, que probablemente es idéntica a la de Sirmio del año 351 y no debía ser interpretada necesariamente en sentido herético. Al mismo tiempo rogó que se obtuviera del emperador el permiso para regresar a Roma. Liberio expiaría amargamente aquella condescendencia, que más que un fallo en teología significaba una falta de carácter y una flaqueza humana. Cuando en 358 le permitió el emperador regresar a Roma le requirió a compartir con su «sucesor» Félix (antipapa) el cargo y la dignidad de obispo de Roma” (Manual de la Historia de la Iglesia publicada de Hubert Jedint, publicada  por Herder -10 volúmenes. Volumen II. Barcelona 1980).

Las cartas que la Historia de la Iglesia de Jedint asegura ser  auténticas ¿lo eran en verdad? Veamos las opiniones recogidas en la gran obra Enciclopedia Católica sobre dichas cartas.

La principal: “Studens paci”

En los Fragmentos de San Hilario de Poitiers (Doctor de la Iglesia) están incluidas una serie de cartas de Liberio. El Fragmento IV contiene una carta, “Studens paci”, junto con un comentario de  San Hilario. La carta ha sido usualmente considerada una falsificación desde que Cesare Baronio (2da. Ed.), y Duchesne expresaron la opinión común cuando dijeron en su “Histoire ancienne de l’Eglise” (1907) que San Hilario quería que entendiésemos que era espuria.

Pero el sacerdote y gran historiador  católico Tillemont defendió su autenticidad, y su tesis ha sido apoyada por el historiador Schiktanz y Duchesne (1908), ambos escritores católicos.

En este documento Liberio es presentado como dirigiéndose a los obispos arrianos de Oriente, y declarando que al recibir una epístola de los obispos orientales contra San Atanasio, la cual había sido enviada a su predecesor Julio, él había vacilado en condenarlo pues su predecesor lo había absuelto, pero que él había enviado legados a Alejandría para citarlo en Roma. Atanasio se había negado a ir a Roma y Liberio, al recibir nuevas cartas de los herejes de Oriente contra Atanasio, lo había excomulgado, y ahora Liberio estaba ansioso de comunicarse con el partido arriano. Duchesne piensa que esta carta fue escrita en el exilio al comienzo de 357, y que Liberio ciertamente había enviado a un embajador (en 352-53), sugiriendo que Atanasio debía venir a Roma; ahora en su exilio habría recordado que Atanasio se había excusado, y lo alegó como pretexto para condenarlo.

Sin embargo, el punto flojo es que parece inconcebible que después de apoyar heroicamente a Atanasio por años, y llevando en el exilio ya más de un año, Liberio  motivara su debilidad y condena a Atanasio fundándose en la desobediencia del santo, contra el cual no se conocía resentimiento alguno hasta ese momento.

“Obsecro” y otras cartas

San Hilario apela a documentos que siguientes, además de a la carta antes mencionada: “Obsecro”, en la cual Liberio testifica que el recibió la defensa de los egipcios (San Atanasio) al mismo tiempo que la acusación de los arrianos a San Atanasio. La carta “Obsecro” forma el fragmento V, y parece que en la obra original estaba inmediatamente seguida por el fragmento VI, el cual comienza con la carta de Liberio a los confesores, “Quamuis sub imagine” (probando cuan firme era en apoyar la fe), seguida por citas de cartas a un obispo de Espoleto y a Osio, en la cual el Papa deplora la caída de Vicente de Arles. Estas cartas son incuestionablemente genuinas.

Éstas cartas continúan en el mismo fragmento con un párrafo que declara que, cuando Liberio estaba en el exilio, revocó todas estas promesas y acciones, y le escribió a los arrianos las tres cartas que completan el fragmento, que al parecer son falsas :”Pro deifico timore” que es una parodia de “Obsecro”; “Quia scio uos”, que es una revocación de todo lo dicho en “Quamuis”; y la tercera, “Non doceo“, es una palinodia, dolorosa de leer. Estas tres, al parecer falsificadas, apoyan la autenticidad de la carta Studens paci”.

En Fin, al margen de tanto laberinto, por una parte  Rufino nos dice que dichas cartas fueron  interpoladas; el mismo San Hilario en una obra posterior,   “Contra Valente y Ursacio”, parece querernos persuadir que dichas cartas eran una interpolación, tal vez de los luciferinos.. Sin embargo, San Jerónimo que parece estar siguiendo las cartas falsificadas y que  conocía el libro de San Hilario “Contra Valente y Ursacio”, se negó a aceptar la afirmación de Rufino de que habían sido interpoladas y por lo tanto eran falsas. En su relato sobre Fortunatio (De Viris Illust., XCVII) San Jerónimo dice que este obispo “era infame por haber tronchado la fortaleza de Liberio y haberlo inducido a firmar la herejía, y esto en su camino al exilio”. Claro que no se vería cómo, entonces, estuvo en el exilio dos años Liberio, si podría haber quedado antes libre; este es el punto débil. Los defensores de Liberio acusan a San Jerónimo de ser muy descuidado en historia e incluso de ser torpe para entender las citadas cartas, luego de haberlas leído ¡Por la ideología, algunos empecinados, llegan al insulto a un doctor de la Iglesia y la blasfemia contra los santos!

La ya citada Enciclopedia Católica considera una visión más moderada la representada por Hefele, quien negó la autenticidad de las cartas, pero admitió la verdad sobre la historia de Sozomen, considerando la unión del Papa con los semiarrianos como un error deplorable, pero no una caída en la herejía. Él es seguido por Funk y Duchesne (1907), mientras que el protestante Krüger está indeciso. La opinión más reciente, brillantemente expuesta por Duchesne en 1908, es que Liberio  en el año 357 (porque el prefacio del “Liber Precum” coloca a Constancio hablando en Roma en abril a mayo como si Liberio ya hubiese caído) escribió la carta estultamente  “Studens paci”, y encontrando que no aún no satisfacía al emperador, osó firmar la indefinida e insuficiente fórmula de 351 que intencionadamente carecía del termino “homousios”, y escribió las otras tres disputadas cartas; los líderes arrianos todavía no quedaron satisfechos, y Liberio sólo fue reinstalado en Roma cuando los semiarrianos pudieron influenciar al emperador en 358, después que Liberio había acordado con ellos, según relata Sozomeno. La teoría moderada, no está exenta, sin embargo de algunos puntos débiles, pero parece consensuar la de los santos doctores, Atanasio, Hilario y Jerónimo, las cuales coinciden en la caída de Liberio; caída que niegan los papólatras.

Con esta explicación basada en distintas fuentes- hemos usado ensayos católicos distintos sobre la Historia de la Iglesia- nos parece que queda  explicado a qué nos referimos con la “cuestión del Papa Liberio”.  Podemos, pues, tratar de exponer las distintas soluciones que los historiadores han venido dando a la cuestión, sin pretender zanjar el asunto desde un punto de vista historiográfico, que no es el motivo del presente artículo, sino desde la perspectiva dogmática, cuya tesis coincide con la definición de la infalibilidad del papa en los términos del Concilio Vaticano I y en contra de la papolatría reinante. Porque, en efecto, si Liberio firmó la segunda fórmula no lo hizo ex cátedra, y aunque cayó en  herejía, no habría comprometido la infalibilidad; Si firmó la tercera fórmula, tampoco lo hizo ex cátedra, pero su ambigüedad favoreció la herejía, pues dicha fórmula no citaba expresamente el término “homousios” de Nicea; era pues reprensible en su actitud aunque no podía ser culpado del delito de infidelidad. Todo lo cual viene a demostrar una vez más, que el papa no es infalible cuando eructa, sino sólo cuando habla ex cátedra, lo cual no hace con frecuencia, y eso a pesar de tanto alocado juanpablista ahora berbogliano.

Para entender correctamente el dogma de la infalibilidad ir aquí

Otros artículos sobre el tema aquí aquí

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