El Misal de San Pío V (II de III)

SUBSIGUIENTE HISTORIA DEL MISAL

Padre Ceriani

Mediator Dei

Después de 1570, el Misal Romano sufrió modificaciones bajo los pontificados de Clemente VIII (Bula Cum sanctisimum Eucharistiae, del 7 de julio de 1604), Urbano VIII (Bula Si quid est, del 2 de septiembre de 1634).

Estas modificaciones consistieron, generalmente, en cambios de rúbricas, en la adición de las misas de nuevos Santos y en la inclusión de algunos prefacios.

Durante los siglos XVII y XVIII, bajo el influjo del jansenismo, del galicanismo, del quietismo y de la ilustración, especialmente en Francia y en Italia, se hicieron intentos de renovación y de reforma del Misal.

Junto con el rechazo de la Romanidad, se deseaba una mayor participación del pueblo, la introducción de la lengua vernácula, un mayor uso de la Escritura, la revisión de algunos textos del Misal, una mayor sobriedad de los ritos y la desaparición de las prácticas de piedad durante la Misa, objetivos que después volvió a tomar el “movimiento litúrgico desviado” y que se han hecho realidad en la reforma litúrgica del Vaticano II.

San Pío X quiso hacer una revisión general del Misal, similar a la reforma realizada en el Breviario, pero su muerte en 1914 le impidió impulsar la tarea.

Hasta Pío XII no volverá a haber más cambios.

En efecto, sorprendentemente, después de su Encíclica Mediator Dei, de 1947, el Papa Pío XII instituyó en 1948 una Comisión para la reforma litúrgica, en la que figuraba ya un hombre que sería clave en los trabajos preparatorios del Vaticano II en el campo litúrgico, y después del Concilio en la reforma litúrgica: Aníbal Bugnini.

La comisión creada por Pío XII tuvo doce años de vida, realizando su tarea en el más absoluto secreto.

Frutos de sus trabajos fueron la restauración de la Vigilia Pascual en 1951, la reforma de toda la Semana Santa en 1955 y la publicación del Código de Rúbricas en 1960, esto último por mandato del Juan XXIII.

La reforma de la Semana Santa se incluyó en la última edición típica del Missale Romanum efectuada en 1962.

LA BULA DIVINO AFFLATU DE SAN PIO X

Consideremos ahora la reforma del Breviario, que fue promulgada por San Pío X mediante la bula Divino Afflatu, del 1º de noviembre de 1911.

Es muy importante señalar la íntima unión que existe entre Breviario y Misal. Los simples fieles no se dan cuenta de este detalle. Cuando consideremos la reforma de Juan XXIII este punto aparecerá más claro.

La reforma de San Pío X trata sobre la revisión del Salterio litúrgico, cuya recitación hebdomadaria pretende.

“Antaño ha sido establecido, dice el Papa, por los decretos de los Romanos Pontífices, por los cánones de los concilios y por las reglas monásticas, que los miembros de uno u otro clero cantarían o recitarían el salterio cada semana. Y esta ley, herencia de nuestros Padres, nuestros predecesores, revisando el breviario romano la han conservado religiosamente. Por esto, todavía hoy, en el curso de cada semana, el salterio debería ser rezado en su integridad, si los cambios ocurridos en el estado de las cosas no impidiesen frecuentemente este rezo. En efecto, en la continuación de los tiempos, constantemente se ha incrementado entre los fieles, el número de aquellos que la Iglesia, después de su vida mortal, acostumbra inscribir entre los bienaventurados y propone ante el pueblo cristiano como protectores y modelos.

En su honor, los oficios de los santos se multiplicaron, poco a poco, a punto que los oficios del domingo y de las ferias casi no se rezaban más, por lo que luego, numerosos salmos eran descuidados”.

La idea de San Pío X era devolverle a los Salmos su lugar tradicional en la oración pública: “con precaución, sin embargo, para que la recitación integral del Salterio cada semana no disminuya en nada el culto de los Santos, y por otra parte que no disminuya, en lugar de aumentar, las obligaciones de los clérigos obligados al Oficio Divino”.

Los principales caracteres de la reforma pueden resumirse en dos ideas generales:

1) incluir en la semana la recitación del salterio y, para esto, abreviar el Salterio ferial;

2) resolver el conflicto entre el Temporal y el Santoral, sobre todo restableciendo los antiguos Oficios de los domingos.

En concreto:

se redujo la duración de los oficios del Breviario;

el Salterio se distribuyó de modo que fuese rezado íntegramente cada semana, sin suprimir las fiestas de los Santos. Esta distribución de los salmos es totalmente nueva y sigue sólo en parte la costumbre de la antigua tradición de la Iglesia.

se restableció la liturgia propia de domingos y fiestas.

se privilegiaron las lecturas de la Sagrada Escritura propias de los tiempos del año.

En el tema que estamos estudiando, lo que nos interesa es que en la Bula Quod a Nobis, equivalente a la Quo primum tempore, San Pío V decía: “Establecemos que este Breviario en ningún tiempo debe ser modificado, sea en su totalidad, sea en parte, y que no debe agregársele ni quitársele nada” (Statuentes Breviarium ipsum nullo unquam tempore vel totum, vel ex parte mutandum, vel ei aliquid addendum, vel omnino detrahendum esse).

“Establecemos que todos aquellos que deben decir y salmodiar las Horas Canónicas estarán desde ahora absolutamente obligados a perpetuidad a decir y salmodiar esas Horas según las prescripciones y ordenanzas de este Breviario Romano” (Ad dicendum el psallendum posthac in perpetuum Horas ipsas ex huius Romani Breviarí preescripto et ratíone omnino teneri).

Y, por su parte, San Pío X en la Bula Divino afflatu dice: “Por lo cual, por la autoridad de estas Letras, abolimos ante todo el orden de los Salmos tal como se encuentra hoy en el Breviario Romano y prohibimos su uso” (Ante omnia Psalteríi ordinem abolemus eiusque usum omnino interdicimus).

“0rdenamos que todos aquellos que recitan las Horas canónicas según el Breviario Romano editado por S. Pío V y revisado por Clemente VIII, Urbano VIII y León XIII, observen religiosamente el nuevo orden del salterio, con sus Reglas y sus Rúbricas, tal como Nos lo hemos aprobado y hecho publicar por la imprenta Vaticana. 0rdenamos que este salterio sea empleado y que sus Reglas y Rúbricas sean observadas inviolablemente. Tal es lo que ordenamos, declaramos y sancionamos, decretando que estas Nuestras presentes letras son y serán siempre válidas y eficaces, no obstante todas las constituciones y disposiciones apostólicas, generales o particulares, y todas las otras que les fueren contrarias”.

Pero hubo más cambios. Paralelamente a esta Bula, varios documentos fueron promulgados en los meses de julio y agosto de 1911.

Estas disposiciones redujeron las fiestas de precepto: las 36 fiestas de precepto en vigor fueron reducidas a 8 por el Motu proprio Supremi disciplinae, del 2 de julio de 1911.

Y el 23 de octubre de 1913, San Pío X completó la Bula del 1º de noviembre de 1911 por el Motu proprio Ab hinc duos annos, que modificó el calendario.

Ninguna fiesta debía permanecer fijada en domingo, con excepción de las fiestas del Santísimo Nombre de Jesús y de la Santísima Trinidad (más tarde se agregarían la Sagrada Familia y Cristo Rey).

Las Octavas fueron igualmente simplificadas.

MOTU PROPRIO RUBRICARUM INSTRUCTUM

De Juan XXIII sobre las rúbricas del Breviario y del Misal

del 25 de julio de 1960

El texto es el siguiente:

La Sede Apostólica ha definido y ordenado continua y minuciosamente, sobre todo después del Concilio de Trento, el conjunto de rúbricas que ordenan y regulan el culto público de la Iglesia.

Por esto, todo el sistema de las rúbricas se ha ido acrecentando a causa de las numerosas correcciones, cambios y adiciones introducidos en el transcurso del tiempo, no siempre con un orden sistemático, y por tanto, no sin detrimento de la sencillez y claridad primitivas.

No es extraño, pues, que nuestro Predecesor Pío XII, de feliz memoria, acogiendo numerosas peticiones de Obispos, decidiese simplificar, por lo menos parcialmente, las rúbricas del Breviario y del Misal romano, lo cual se llevó a cabo por el Decreto general de la Sagrada Congregación de Ritos con fecha 23 de marzo de 1955.

Al año siguiente, mientras progresaban los estudios preparatorios para la reforma de la Liturgia, nuestro Predecesor quiso oír el parecer de los Obispos acerca de una futura reforma litúrgica del Breviario romano.

Así, después de examinar atentamente las respuestas de los Obispos, decidió se abordase el problema de una reforma general y sistemática de las rúbricas del Breviario y del Misal, confiándolo a la Comisión especial de expertos, a la cual ya se le había encomendado el estudio de la reforma general de la Liturgia.

Nos, después de que, por inspiración divina, decidimos convocar el Concilio Ecuménico, más de una vez hemos pensado qué sería más conveniente hacer de esta iniciativa de nuestro Predecesor. Y después de haberlo ponderado bien, nos hemos determinado que se deben proponer a los Padres del futuro Concilio los principios fundamentales referentes a la reforma litúrgica, pero que no se debe diferir por más tiempo la reforma de las rúbricas del Breviario y del Misal romano.

Por ello, Motu proprio, con plena conciencia, con nuestra Autoridad apostólica hemos decidido aprobar el cuerpo de las rúbricas del Breviario y Misal romano, preparado por algunos expertos de la Sagrada Congregación de Ritos y examinado diligentemente por la Pontificia Comisión para la reforma general de la Liturgia, disponiendo lo que sigue:

1-. Mandamos que todos los que siguen el rito romano observen, desde el 1 de enero del año 1961, el nuevo código de rúbricas del Breviario y del Misal romano, dividido en tres partes: Rubricae generales, Rubricae generales Breviarii Romani y Rubricae generales Missalis Romani (Rúbricas generales, Rúbricas generales del Breviario romano y Rúbricas generales del Misal romano), así como Calendarium Breviarii et Missalis romani (el Calendario del Breviario y Misal romano), que en breve promulgará la Sagrada Congregación de Ritos.

Los que sigan otro rito están obligados a atenerse cuanto antes ya al nuevo código de rúbricas, ya al Calendario en todo aquello que no es exclusivo de su rito.

2-. El mismo día 1 de enero de 1961 dejan de tener vigencia las Rubricae generales del Breviario y del Misal romano, así como las Additiones et Variationes a las rúbricas del Breviario y del Misal romano conforme a la Bula Divino afflatu de nuestro Predecesor San Pío X, que ahora se encuentran al comienzo de esos libros litúrgicos.

Del mismo modo cesa de tener vigencia el Decreto general de la Sagrada Congregación de Ritos sobre la simplificación de las rúbricas, del 23 de marzo de 1955, que ha sido refundido en el nuevo texto de las rúbricas.

Quedan abrogados también los decretos y respuestas a las dudas de la misma Sagrada Congregación, que no se compaginan con la nueva redacción de las rúbricas.

3-. Asimismo quedan revocados los estatutos, privilegios, indultos, las costumbres de cualquier clase, aun seculares e inmemorables, incluso las dignas de mención espacialísima y particular que se opongan a estas rúbricas.

4-. Los editores de libros litúrgicos, debidamente aprobados y permitidos por la Santa Sede, pueden preparar nuevas ediciones del Breviario y Misal romano en conformidad con el nuevo código de rúbricas. Mas, para asegurar la necesaria uniformidad de las nuevas ediciones, la Sagrada Congregación de Ritos facilitará las indicaciones necesarias.

5-. En las nuevas ediciones del Breviario y del Misal, omitidos los textos de las rúbricas, de que se habla en el núm. 2, insértese el texto de las nuevas rúbricas, a saber: en el Breviario, las Rubricae generales y las Rubricae generales Breviarii romani; en el Misal, las Rubricae generales y las Rubricae generales Missalis romani.

6-. Por último, todos a quienes concierne procuren que los Calendarios y Propios, tanto diocesanos como religiosos, sean revisados lo más pronto posible conforme a las normas y al espíritu de la nueva redacción de rúbricas y del Calendario, y sean aprobados por la Sagrada Congregación de Ritos.

Después de haber decretado cuanto precede, creemos conforme a nuestro oficio apostólico añadir algunas exhortaciones.

Con la nueva compilación de las rúbricas, por una parte, queda redactado en forma más perfecta el conjunto de rúbricas del Breviario y Misal romano, dispuesto con más claro orden y reunido en un texto único; por otra, se introducen modificaciones oportunas, que reducen algún tanto la extensión del Oficio divino.

Este era el deseo de muchísimos Obispos, en atención a muchos sacerdotes, que hoy están más agobiados por las preocupaciones pastorales. Por lo cual, exhortamos con ánimo paternal, a éstos y a todos los obligados a recitar el Oficio divino, a que procuren compensar lo que se ha abreviado con mayor diligencia y devoción en el rezo del Oficio divino.

Y puesto que a veces se ha acortado algún tanto las lecciones de los Santos Padres, exhortamos insistentemente a todos los sacerdotes a que tengan asiduamente en sus manos, como texto de lectura y meditación, las obras de los Padres, llenas de tanta sabiduría y piedad.

Sea ratificado y firme todo lo que hemos decretado y establecido con estas nuestras Letras dadas motu proprio, sin que obste cualquier disposición en contrario, incluso digna de especialísima y particular mención.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 25 de julio de 1960, segundo año de nuestro pontificado.

misal

LA INSERCIÓN DEL NOMBRE DE SAN JOSÉ

EN EL CANON DE LA MISA

El Padre Wiltgen nos cuenta cómo se insertó el nombre de San José en el Canon de la Misa:

El último orador en tomar la palabra el 30 de octubre de 1962 fue Monseñor Sansierra, obispo auxiliar de San Juan de Cuyo en Argentina. Expresó la esperanza de que no se olvidaría “el deseo que tienen un gran número de obispos y sacerdotes” de ver el nombre de San José en el canon de la Misa.

El 5 de noviembre, la misma petición fue hecha, aunque con más detalles, por Monseñor Cousineau, obispo de Cap Haïtien, en Haití, antiguo superior del Oratorio de San José en Montréal, el cual solicitó que “el nombre de San José, esposo de la Santísima Virgen María, sea introducido en la Misa cada vez que se mencione el de la Santísima Virgen”.

Al final de la décimo octava congregación general, tenida el 13 de noviembre, el cardenal secretario de Estado hizo una declaración a este respecto. Dijo que el Santo Padre deseoso de conformarse al voto “manifestado por numerosos Padres conciliares”, había decidido insertar el nombre de San José en el Canon de la Misa, inmediatamente después del de la Santísima Virgen María.

Esta medida debía servir en adelante para recordar que San José había sido el Patrono del Concilio Vaticano Segundo. “Esta decisión del Santo Padre –añadió el Cardenal– entrará en vigor el próximo 8 de diciembre y mientras tanto la Sagrada Congregación de Ritos preparará los documentos necesarios”.

El cardenal Montini debía decir más tarde que esta iniciativa inesperada había sido “una sorpresa dada al Concilio por el Papa”.

Este decreto no era sino el resultado de campañas, esporádicas pero intensas, llevadas a cabo desde 1815: cientos de miles de firmas de obispos y de laicos habían llegado al Vaticano.

Esas campañas habían sido especialmente intensas cuando se anunció la convocatoria del primer Concilio Vaticano por Pío IX y la del segundo Concilio Vaticano por Juan XXIII.

La principal responsabilidad de la medida tomada por Juan XXIII incumbía, sin embargo, a los Padres de la Santa Cruz Roland Gauthier y Guy Bertrand, directores del centro de investigación y documentación del Oratorio de San José de Montréal, que en 1961 habían escrito un folleto de 75 páginas en el que se reseñaba la historia de estas campañas. En él se exponía cómo la inserción del nombre de San José después del de la Santísima Virgen María en el Canon de la Misa tendría como efecto, doctrinal y litúrgicamente, el reconocimiento oficial de la preeminencia de la santidad de San José sobre la de todos los santos, excepto María.

A mitad de marzo de 1962, habían sido remitidos seis volúmenes de peticiones firmadas por 30 cardenales, 436 patriarcas, arzobispos y obispos y 60 superiores generales a Juan XXIII, quien, después de haber examinado las firmas, dijo: “Algo se hará por San José”.

El 13 de noviembre se anunció en el aula conciliar “la soberana decisión” de Juan XXIII.

Ese mismo día un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos, firmado por el Cardenal Larraona, prefecto, y Monseñor Dante, secretario, la hacía pública y obligatoria.

Fue ésta la única modificación que se hizo a la edición típica del Misal Romano de 1962, hasta la reciente de Ratzinger,Benedicto XVI cambiando el formulario de la oración solemne del Viernes Santo por los judíos.

INSTRUCCIÓN Inter Oecumenici

Se trata de la Primera Instrucción general, del 26 de septiembre de 1964 (pontificado de Pablo VI), para aplicar debidamente la Constitución Sacrosanctum Consilium, sobre la liturgia, publicada por la Sagrada Congregación de Ritos y el Concilio Vaticano II.

Advirtamos algunos cambios expresivos y emblemáticos que debemos tener en cuenta para comprobar que el Misal de Juan XXIII el un puente utilizado para llegar a la Nueva Misa y cuál debe ser nuestro juicio sobre él:

3. Se permiten o se establecen algunas disposiciones que se pueden llevar a la práctica desde ahora, sin esperar la reforma de los libros litúrgicos.

4. Lo que se establece que ha de ponerse en práctica inmediatamente no tiene otro fin que procurar que la liturgia responda cada vez mejor a la intención del Concilio de promover la participación activa de los fieles.

Además, la reforma general de la liturgia será mejor recibida por los fieles, si se va realizando por grados y progresivamente

15. Celébrese todos los días la Eucaristía, centro de toda la vida espiritual, empleando distintas formas de celebración que sean las más aptas y respondan mejor a la condición de los participantes.

Los sacerdotes podrán concelebrar

VII. La función que cada uno debe desempeñar en la liturgia (Constitución, núm. 28)

32. El celebrante no repite en privado las partes que corresponden a la schola y al pueblo, si es que las cantan o recitan estos.

33. Asimismo, el celebrante no lee en privado las lecturas que lee o canta el ministro competente o el ayudante.

IX. Simplificación de algunos ritos (Constitución, núm. 34)

36. A fin de que las acciones litúrgicas resplandezcan con aquella noble simplicidad que responde mejor a la mentalidad de nuestra época:

a) Los saludos al coro por parte del celebrante y de los ministros sólo se harán al principio y al fin de la acción sagrada.

b) La incensación del clero, a excepción de los Obispos, se hará colectivamente con tres golpes de incensario a cada parte del coro.

c) Solamente se incensará el altar en que se celebra la acción litúrgica.

d) Se omitirán los ósculos de la mano y los de los objetos que se dan o se reciben.

El “Ordo” de la Misa (Constitución, núm. 50)

48. Mientras se reforma íntegramente el Ordo de la misa, se observará desde ahora lo siguiente:

a) Las partes del Propio que cantan o recitan la schola o el pueblo, el celebrante no las dice en privado.

b) Las partes del Ordinario las puede cantar o recitar el celebrante juntamente con el pueblo o con la schola.

c) En las preces al pie del altar, al principio de la misa, se omite el salmo 42. Y se omitirán todas las preces al pie del altar siempre que preceda inmediatamente otra acción litúrgica.

d) En la misa solemne, el subdiácono no sostiene la patena, sino que se deja sobre el altar.

e) En las misas con canto, la oración secreta o sobre las ofrendas será cantada; en las demás se dirá en alta voz.

f) La doxología final del canon, desde las palabras Per ipsum hasta el Per omnia saecula saeculorum. R/. Amen inclusive, se cantará o se dirá en alta voz; durante toda la doxología el celebrante sostiene un poco elevado el cáliz con la hostia, omitiendo las señales de la cruz, y hace genuflexión al final, solamente después que el pueblo haya respondido: Amen.

g) En las misas rezadas, el pueblo puede recitar conjuntamente con el celebrante el Paternoster en lengua vernácula. Y en las misas con canto puede asimismo cantarlo, juntamente con el celebrante, en latín, e incluso, si así lo determinará la autoridad eclesiástica territorial, en lengua vernácula, con melodías aprobadas por la misma autoridad.

h) El embolismo que sigue a la oración dominical se cantará o dirá en alta voz.

i) En la distribución de la sagrada comunión se usará la fórmula Corpus Christi. Al pronunciar estas palabras, el celebrante sostendrá la hostia un poco elevada sobre el copón, mostrándola al que va a comulgar, quien responde: Amen, y después recibe la comunión del celebrante, el cual omite la señal de la cruz con la hostia.

j) Se omite el último evangelio y se suprimen las preces leoninas.

k) La misa con canto se puede celebrar con solo el diácono.

l) Si fuera menester, los Obispos pueden celebrar la misa con canto al modo de los presbíteros.

Lecturas y cantos interleccionales (Constitución, núm. 51)

49. En las misas celebradas con el pueblo, las lecturas, la epístola y el evangelio se leerán o cantarán de cara al pueblo.

50. En las misas no solemnes celebradas con el pueblo, un lector idóneo o un acólito puede leer las lecciones y la epístola con los cantos interleccionales, que el celebrante escuchará sentado.

52. Al leer o cantar las lecciones, la epístola, los cantos interleccionales y el evangelio, se procede de esta manera:

a) En la misa solemne, el celebrante escucha sentado las lecciones, la epístola y los cantos interleccionales.

Escucha el evangelio desde su sede

b) Se comporta del mismo modo el celebrante en las misas cantadas o rezadas, cuando las lecciones, la epístola, los cantos interleccionales y el evangelio los canta o lee el ministro de que se hablo en el número 50.

Tuvo lugar la introducción de la lengua vernácula en algunas partes de la misa con asistencia de fieles.

El altar mayor

91. Conviene que el altar mayor se construya separado de la pared, de modo que se pueda girar fácilmente en torno a él y celebrar de cara al pueblo.

La sede del celebrante y de los ministros

92. La sede para el celebrante y los ministros se colocará de tal forma que, según la estructura de cada iglesia, sea bien visible a los fieles, y el celebrante aparezca realmente como el presidente de toda la comunidad de los fieles.

Los altares laterales

93. Los altares laterales serán pocos; es más, en cuanto lo permita la estructura del edificio, es muy conveniente que se coloquen en capillas separadas de algún modo del cuerpo de la iglesia.

95. Se puede celebrar la misa de cara al pueblo, aunque encima del altar mayor este el sagrario, en cuyo caso este será pequeño, pero apropiado.

Padre Ceriani

R. Cristiandad

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