Las “Indulgencias” de Montini

 En la Constitución Apostólica, de 1 de enero de 1967, sobre las indulgencias, Pablo VI cambió en cierto modo el acento de la doctrina anterior. Montini evita el uso de la palabra «méritos» en relación tanto de la Virgen María como de los santos; aunque habla, más bien, del valor ante Dios de las buenas obras de la Virgen, y señala que ella y los santos cooperan en la salvación de sus hermanos dentro del Cuerpo Místico , según parece ya no se muestra el «tesoro de la Iglesia» como una acumulación material de méritos, sino más bien como «el valor infinito… que los méritos de Cristo tienen delante de Dios» Probablemente es un intento de acercamiento ecuménico a los luteranos para quienes «Los tesoros de la Iglesia, de los cuales otorga el papa las indulgencias, no son los méritos de Cristo y de los santos».

En relación a este cambio de la doctrina de las indulgencias me ha parecido muy clarificador el comentario que  personalmente me remite un conocido y erudito sacerdote diocesano, para quien las nuevas indulgencias  establecidas según la letra y el espíritu de la Constitución Indulgentiarum de 1 de enero de 1967, serían un verdadero tapón que impediría acoger el Tesoro de la Iglesia. Les dejo su comentario en color rojo; el mío en negro.

indulgencias

Estaba yo hoy reflexionando sobre las Indulgencias y si de una u otra manera era salvable la reforma que de ellas hizo el Papa Montini. Reconozco que intento siempre aceptar cuanto tiene la Iglesia incluso después del Concilio y sólo lo rechazo cuando veo claramente probado que es inaceptable. Creo que es una actitud prudente, en la que parto de la validez indiscutible de la Tradición, que tomo como medida de todo lo demás. Y este tema de las Indulgencias tiene su interés. Veamos.

Las indulgencias parciales se computan tradicionalmente por días, años, etc. Esto como bien sabes significa que la Iglesia concede por tal obra tanta satisfacción por los pecados como la que aquellos antiguos padres del yermo alcanzaban en cincuenta días, un año, tres años etc de sus penitencias. Muy generoso por parte de la Iglesia. Ahora bien, en el n. 5 de las normas que el Papa Montini publicó a 1 de enero de 1967 con la Constitución Indulgentiarum Doctrina, se elimina la división por días y años en las Indulgencias parciales, y se dice que el fiel cristiano que realiza una obra enriquecida con Indulgencia parcial la Iglesia le concede tanta satisfacción por sus pecados como la que ya recibe por la obra que realiza. Es es la nueva medida de las Indulgencias parciales y el resultado práctico es que la misma oración que rezada antes de Papa Montini conllevaba pongamos que un año de indulgencia -tomando como medida las penitencias de los antiguos- con la reforma de ese Papa recibirá tanta satisfacción como la que vale esa oración en la devoción del fiel y no más. O sea, una absoluta miseria y para eso no hacían falta indulgencias, con hacer la misma obra dos veces recibiría la misma indulgencia que me da Montini, y lógicamente para alcanzar un año de indulgencia habrá que hacer un año de penitencia. Toma nísperos.

Pero lo mejor está en el n. 7, en el que junto a las condiciones tradicionales para lucrar la Indulgencia plenaria se añade una nueva, es decir, que se excluya todo afecto al pecado, incluso venial. Esta condición, inexistente en la Tradición, hace que la Indulgencia nunca sea plenaria, porque es imposible para cualquier viador excluir el afecto al pecado, que es lo mismo que el fomes peccati. El resultado es que la Indulgencia plenaria es así siempre parcial pues se recibe como tal la plenaria que no se pudo recibir como tal. Pero ojo, esa Indulgencia parcial ha de computarse no con arreglo a las normas tradicionales sino a las nuevas. Y así, si por un Rosario que conllevaba Indulgencia plenaria la recibí parcial por fallar una condición, con las normas tradicionales recibiría cincuenta años de Indulgencia, y con las nuevas recibiré lo que ese Rosario valió ante Dios y no más.

Me abstengo de comentarios, sencillamente el Papa Montini taponó, literalmente, las gracias que bajaban del Cielo con las Indulgencias, convirtiendo un rio más caudaloso que el Amazonas en un riachuelo esclerótico y miserable. Este tema merece estudio porque además es perfectamente cuantificable, posiblemente el único entre todos los demás. Porque tú no puedes cuantificar cuánto peor es el Misal del Papa Montini que el Tradicional, o el Código del 83 que el del 17, pero en el tema de las Indulgencias es pura matemática y deja a nuestro amigo Montini con el culo al aire: fue directamente a taponar las Indulgencias. Esa es, al menos, mi opinión, y, por supuesto demuestra que las nueva normas son nulas porque la Ley sólo se puede dar para el bien, y esa ley nueva es objetiva y evidentemente nociva y contraria al bien de las almas. Supongo que habrá habido más personas que hayan tratado este tema, yo sólo te comunico lo que acabo de ver, antes no me había dado cuenta.

 

El nuevo Catecismo de la Iglesia católica de Wojtyla -Juan Pablo II- recoge estas mismas doctrinas de Montini CCE 1476-1477) [y de forma similar la bula de indicción del Jubileo del año 2000 Incarnationis mysterium].

Lutero_wojtyla

Dada la sensibilidad de los protestantes en todo lo que se refiere a los méritos y las buenas obras, los conciliares precisan hablar siempre con discreción y ambigüedad sobre el tesoro de la Iglesia, subrayando la complacencia de Dios en los méritos de Cristo, a la vez que su discrecionalidad en la valoración de las obras buenas de la Virgen María y los santos. El único camino para seguir avanzando ecuménicamente  en esta materia no es predicar la verdad sobre el tesoro de la Iglesia, sino ahondar en  una novedosa comprensión de la comunión de los santos y del Cuerpo de Cristo , sacando unas consecuencias más acordes a la herética comprensión de Lutero, contra la que tanto luchó Cayetano.

Si el sacerdote que ha traído este oportuno comentario tiene razón y todo parece que así es, el concepto teológico thesauri Ecclesiae usado, quizá  por primera vez, por el magisterio de Clemente VI (1342-1352), en la bula en la que establecía la celebración del jubileo cada cincuenta años, según la cual el papa describe la sangre de Cristo como un gran tesoro adquirido para la Iglesia militante, en los que los méritos de Cristo son infinitos, y a ellos se añaden los méritos de María y los de todos los justos, siendo este tesoro  encomendado a san Pedro, que posee las llaves, y a sus sucesores y que ha de aplicarse compasivamente (salubriter) para la remisión de las penas temporales debidas al pecado,….ya no se aplica desde Pablo VI dado que no parecen creer en Él.

Otro tema grave en relación a los medios de santificación en la “iglesia” conciliar ¿Y van ya..?

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5 comentarios en “Las “Indulgencias” de Montini

  1. Yo iría más allá, en el fondo puede anidar la voluntad de oscurecer, basado en una probable y oculta negación a priori, el valor satisfactorio de las buenas obras, y todo parece apuntar a que esa reforma de la materia indulgencial iba encaminada a una posterior eliminación total de las Indulgencias. Para los protestantes, como sabes, todas las obras, incluso las buenas, son pecado, y no son ni meritorias ni satisfactorias. Ahí radica también la gran diferencia entre Cena del Señor y Misa, ésta tiene un fin satisfactorio que jamás aceptarán los protestantes. Evidentemente si dejas las Indulgencias reducidas a unas proporciones ridículas habrás dado el primer paso para su posterior desaparición. Y en cuanto al tema de los méritos de la Virgen y de los Santos, la variación en la doctrina queda claramente reflejada en la oración que el sacerdote reza tras la absolución sacramental. En la fórmula tradicional la oración dice: “La Pasión de nuestro Señor Jesucristo, LOS MERITOS de la Santísima Virgen y de todos los Santos…” y en el nuevo ritual de la Penitencia se lee: “La Pasión de nuestro Señor Jesucristo, LA INTERCESION de la Santísima Virgen y de todos los Santos…” Más claro…

    • Cuando se medita en todo lo que significan estos cambios, uno puede preguntarse. ¿Creían REALMENTE en el santo sacrificio de la Misa con fe católica?. Pues todo parece indicar que no.
      Hace tiempo que tenía esta duda con las indulgencias, me daba la impresión que ya no se consideran tan relevantes, y más bien como un detalle puntual. He recibido distintas respuestas. Algunos me han dicho que ya no vale la antigua disciplina y por tanto solo gano “indulgencia parcial”, no puedo ganar los 50 años, 300 días, etc; otros me han dicho que siguen teniendo valor las antiguas indulgencias. Conozco oraciones que tienen muchísimos, muchísimos años de indulgencia, son realmente un tesoro de indulgencias, me apesadumbra pensar que ya no tienen ningún valor y que solo quedarían como “Indulgencia parcial”.

  2. ¿Hasta cuando con el maldito ecumenismo de la iglesia conciliar? ¿Como pueden ser tan desgraciados?
    Y luego invocan la caridad, eres un orgulloso, soberbio, no obedeces como los santos, criticas y solo criticas, etc.
    La pregunta, y ojalá si alguien me pudiera responder es. ¿Es valida y por tanto aplica esta nueva ley canónica? ¿Puedo lucrar válidamente ante Dios, las indulgencias plenarias y “parciales”(50 años, 300 días, 1 año, etc), conforme a la antigua normativa?. Y ni hablar que estos miserables ¿borraron válidamente?, un sin fin de indulgencias preciosas, por ejemplo, después de la comunión, rezar el Rosario, que daba indulgencia plenaria, otorgada por Pio XI. ¿Son válidos esos cambios? ¿Puedo aprovechar esas indulgencias?

    • Pienso que si Pablo VI fue verdaderamente Papa, entonces sí tiene autoridad para hacer los cambios. En cambio si fue antipapa, junto con los que le siguieron, entonces estos cambios no son válidos.

      • O sea, usted dice lo siguiente:

        2+2=5 es verdadero si quien lo dice tiene autoridad para hacer los cambios, es decir, es un verdadero papa. Ahora bien, si quien lo dice no es verdadero papa, la fórmula es falsa.

        Pero la realidad es exactamente al revés, 2+2=4 es verdadero siempre y nunca podrán ser 5 aunque quien lo diga tenga autoridad y sea papa verdadero o catedrático de matemáticas. Nadie puede negar la realidad,la verdad; ni un papa verdadero ni uno falso. Es evidente que no hay ninguna persona humana, en particular, necesaria para que la verdad sea verdad, porque la comunidad de razón humana (verdades comunes a todos los hombres que no necesitan demostración, tales como las geométricas metafísicas y morales) depende de un ser superior que nos ilumina a todos: Dios; esa evidencia es, precisamente, una las pruebas de la existencia de Dios en la Teodicea de Balmes.

        Sinceramente, su forma de plantear el tema, si bien supongo que inadvertidamente, es la propia de un católico conciliar o de un sedevacantista absolutista; al fin y al cabo los argumentos de ambos son los mismos y están basados en que el papa nunca puede errar (lo cual no es el dogma de fe de la infalibilidad del papa cuando habla ex cáthedra, tal como se expresa en el infalible concilio Vaticano I, sino una interpretación abusiva y casi idolátrica y sectaria de muchos).

        Lejos quedaría su razonamiento de la posición más moderada de los que seriamente y sin idolatrar a ninguna persona humana han llegado a la conclusión serena y reflexiva de que la sede está vacante y que el papa cuando no habla ex cátedra puede errar, como lo ha demostrado la Historia.

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