El muerto al hoyo y el vivo al bollo

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Los autores del siguiente artículo lo han publicado bajo el titulo “Estado laico, dineros nacionalcatólicos”, pero me ha parecido más didáctico titularlo “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”, que expresa mejor, según mi parecer, la estrategia habitual del Opus: ir siempre a favor de la corriente, que es la posición que llena la alcancía. Así, cuando Franco vivía, no dudaron en asaltar sus gobiernos para conducir el tardofranquismo, envejecido el Caudillo y casi abandonado por todos y traicionado,  al liberalismo. Laureano López Rodó, Mariano Navarro Rubio, Alberto Ullastres, Gregorio López Bravo, Juan José Espinosa, entre otros, fueron miembros del Opus y ministros liberales en posesión de las carteras ministeriales donde había y se manejaba más peculio, dinero, pelas, plata..; es decir, en los Ministerios de Hacienda, Comercio, Industria, Vivienda…; pero cuando ya había muerto el Caudillo,  ni esa abyecta posición liberal y traidora les beneficiaba ante el novedoso espíritu socialdemócrata , y les fue menester borrar todas las huellas así como los compromisos que les “salpicaban”, por lo que se les fue necesario mentir sobre su historia. De Roma soplaban vientos distintos y los mandatos eran nítidos: “acabar con los estados confesionales católicos” que defendían el catolicismo;  y España Colombia, Italia… y algunos cantones Suizos resultaban demasiado tradicionales, demasiado católicos.  La doctrina, condenada por la Iglesia en el Syllabus sobre la libertad religiosa había triunfado en el conciliábulo Vaticano II. Montini ponía a su alfil al frente del episcopado español, Tarancón, como brazo ejecutor del liberalismo secundovaticanista y, a decir de algunos historiadores, la tarea tendría especial empeño dada la animadversión que, desde que fuera arzobispo de Milán, sentía Montini por el Generalísimo Franco. El Opus olió primero que nadie el cambio y con vientos a popa-pues liberal fue ya su fundador, dado que él mismo lo reconoció en varios escritos- y a toda vela, navegó ya sin disfraces que escondieran su auténtico rostro liberal-neosaduceo-. Sólo les restaba reconstruir la historia para consumo de tanto bobo conciliar y desmemoriado liberal.

He aquí, pues, una parte del artículo del blog infocaotica sobre el asunto, al que he añadido algún comentario siempre entre paréntesis.

“El Opus Dei dice no tener escuela teológica propia. Y es posible que no la tenga de iure, pero sí de facto. Porque en ciertas cuestiones sus teólogos y canonistas cierran filas para defender posiciones comunes. Sobre todo cuando estas interesan a la institución. Así, por ejemplo, no conocemos a ningún canonista del Opus Dei que se aparte de la opinión –minoritaria y casi exclusiva de los miembros de la Prelatura- que afirma que las prelaturas personales pertenecen a la estructura jerárquica de la Iglesia. En cambio, la doctrina sostiene con amplio consenso -incluido Ratzinger- que no son entes jerárquicos sino fenómenos asociativos.

En un tiempo en que los vientos vaticanos eran favorables a la confesionalidad católica del Estado, desde el Opus Dei se promovía esa doctrina. En ese contexto, se entiende la carta de Escrivá a Franco, del año 1958, con motivo de la aprobación de las Leyes Fundamentales. La carta fue silenciada por el Opus Dei (parece una práctica típica de estos neosaduceos, pues también escondieron las “campadas; cualquier cosa con tal de que no se dañe la hucha-alcancía-.) pero reproducida por la revista Razón Española y posteriormente divulgada por el sitio opuslibros. Ante esta realidad, los historiadores oficiales de la Prelatura reaccionaron minimizando el valor del documento: “Es sólo una carta de cortesía, como las que otros pastores de la Iglesia enviaron en ese momento al jefe del Estado”.

Después del Vaticano II, pero sobre todo a partir del cambio de régimen político ocurrido en España en 1978, el Opus Dei inició su proceso de desenganche (mentir sobre su pasado). Una de sus consecuencias fue un progresivo olvido, tergiversación y hasta rechazo de la doctrina católica tradicional sobre las relaciones entre el Estado y la Iglesia, que sin embargo el Vaticano II ( haciendo saltar por los aires el principio de no contradicción) declara dejar íntegra (cfr. Dignitatis humanae, n. 1). Esto último puede verificarse en numerosos trabajos publicados por autores pertenecientes al Opus Dei. Su común denominador es la defensa como ideal de una laicidad aconfesional de la comunidad política, teniendo como superada –por clerical o integrista– la doctrina tradicional acerca del Estado católico (por lo que se salen fuera de la Iglesia católica, a la  que en la apariencia les mantiene unidas la “pela” $$$, ero ya no la doctrina). Así presentan como ideal el “modelo norteamericano”, contra el magisterio de León XIII (que es el de toda la Iglesia).

Además, no resulta extraño que el Opus Dei procure reescribir su historia institucional en función de lo que resulta política o eclesialmente correcto en determinadas circunstancias. Ya dimos cuenta en nuestra bitácora de las biografías edulcoradas de Álvaro del Portillo.

El sitio opuslibros ha dado a conocer la copia de una carta de Álvaro del Portillo, de 1949, dirigida al Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Franco, pidiendo ayuda económica para la construcción del Colegio Romano de la Santa Cruz. Lo que no deja de ser al menos llamativo, dado que el pedido se realizó a un Estado confesional católico al que numerosos miembros de la Prelatura ahora califican de totalitario, cosa que la Iglesia nunca hizo……”

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