Las doce mortificaciones (4) :La mortificación del amor desordenado. Diferencias de amor.

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Las doce mortificaciones (4) :

La mortificación del amor desordenado. Diferencias de amor.

La cuarta es la mortificación perfecta de toda pasión de amor: mundano, natural y adquirido. Y esto porque toda percepción amorosa suscita en el corazón imágenes muy vivas, especialmente al procurar reconcentrarse en Dios. Causan distracción, turban la paz, manchan el corazón y lo indisponen para el servicio de Dios. En cambio, si amásemos de todo corazón al Señor y por amor de Él diéramos de mano a todas las criaturas, incluso al amor propio, nuestra imaginación estaría más llena de lo celestial y la atención a Dios nos cautivaría hasta sentirnos absortos en el amor divino.

Amor mundano

Distintas son las maneras de mortificar el amor, como diferentes son sus clases. Ante todo está el amor mundano, así llamado porque se propone complacer al mundo y teme disgustarle. Muchas obras resultan defectuosas y viciadas por el afán de complacer a la gente. Se hacen en realidad para recibir honores o evitarse humillaciones, y no para agradar a Dios. Estas acciones carecen de valor. Otros que las hacen por Dios gustan, sin embargo, de que redunden en alabanza y honor personal, más por la propia honra y alabanza que por el amor de Dios y edificación del prójimo. De igual modo cometen, o están dispuestos a cometer, muchos defectos y pecados y dejan de practicar las virtudes con su progreso consiguiente, con tal de evitar la pérdida de bienes materiales, honras, favores, amistades. No aguantan a sufrir confusión, burla, reprensión y desprecio por amor de Dios y bien de los demás. De todos éstos dice David: «Pues Dios dispersa los huesos del apóstata, se les ultraja porque Dios los rechaza» (Sal 53,6).

Amor natural

Otro es el amor con que nos amamos a nosotros mismos, al padre, a la madre, a los hermanos, hermanas y demás parientes. Dios no prohíbe este amor, porque brota como exigencia natural; pero es una de las mayores virtudes orientarlo conforme a la recta razón bajo el amor de Dios, porque nuestra naturaleza es sutil y se busca a sí misma en todas las cosas. Resulta dificil superar las pruebas del amor natural hacia los parientes, desde el momento que este amor es por si mismo bueno. Dios probó a Abrahán mandándole sacrificar a su hijo por amor de Él. Y porque el amor divino sobrepujó todo amor natural (pues estaba dispuesto a inmolar a su hijo Isaac en su honor) Abrahán mereció llamarse amigo de Dios (Gén 22).

* Lo amable y lo aborrecible en el hombre

Si queremos conseguir nombre tan feliz, es necesario que no amemos en el hombre ninguna otra cosa más que a Dios y cuanto a Él divinamente se refiere, es decir: las virtudes y la gracia. De igual modo debemos aborrecer solamente los vicios. Sin acepción de personas, padre, madre, amigo, consanguíneo, vecino, enemigo. Nadie aplaudirá las faltas de un amigo por mucho que le quiera, ni le adule, o desee su presencia, conversación y familiar compañía, si no es con la esperanza de poder ayudarle a conseguir la salvación. Por otra parte, tampoco le considere tan enemigo que odie en él su natural y virtudes o se avinagre contra él, mientras pudiera haber esperanza de salvación. Sirva de ejemplo Cristo Jesús, quien «con lágrimas y fuerte voz pidió perdón al Padre Celestial para sus enemigos» (Lc 23,34).

* Criterio

Ten esto como norma general: todo amor (natural o cualquiera que sea) que produce desasosiego en el corazón, alterando su paz con imaginaciones, especialmente en el tiempo de la oración, y que pone deseos de ver, hablar o tener ante sí a la persona amada es amor desordenado. Cabe la única excepción de que ello sea motivado por la salvación e instrucción espiritual del alma. Desagrada a Dios y causa daño grave a los que desean aprovechar en la vida espiritual.

Amor adquirido

El tercero es el amor adquirido, y esto de dos maneras. Primero, por los encuentros frecuentes y conversaciones. Luego, por los regalos, servicios, ayudas y pruebas de amistad mutua. Estos dos amores son buenos, pero tienen el peligro de inducir a los hombres fácilmente hacia un amor desordenado, que puede llevarlos hasta el pecado o distraerlos del progreso en la virtud.

Amor racional

Al cuarto se le llama amor racional. Se origina y aumenta con la consideración de las virtudes de otros santos, especialmente en el caso de Nuestro Señor. Mediante esto, la razón nos estimula a amar la virtud y sus frutos. Y así acontece que algunos, por inclinación natural o por el constante ejercicio personal, tienen vivos deseos de amar al Sumo Bien, que es Dios, hasta anhelar la muerte por El. Puede ocurrir, sin embargo, que todo ello provenga de la naturaleza, sin la virtud de la caridad ni gracia de Dios. Por tanto, la devoción y amor basado en los sentidos no es garantía de perfección, porque el amor de Dios se robustece en la medida que el alma sabe negarse a sí misma practicando los mandamientos y consejos evangélicos. No hay otro camino.

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