El contrato para remediar “la necesidad”

«6743e-icec2ben2broma2b02Estamos a mitad de camino entre dos momentos del “sínodo” de obispos “católicos” en la Santa Sede romana, en el que se pretende hacer oficial la nueva doctrina sobre el divorcio católico y elogiar el pecado contra natura como una forma apreciable del amor entre primates evolucionados y dialogantes. Estamos, pues, en el intermedio, en la hora del café, en la que, entre pasillos y presiones, se pacta el resultado final de las votaciones en el próximo octubre. “No hay un modelo católico de familia, aunque una pareja casada y fiel siga siendo el ideal de desarrollo que propone la Iglesia”, ha dicho el “obispo” de Havre, Jean-Luc Brunin, recientemente designado por Bergoglio miembro del Sínodo ordinario para que sus simiescos chimpancés sean mayoría en la segunda parte del evento; o sea, la segunda parte de lo que empezó en el pasado año. No hay mucho que agregar. Hay otros modelos de familia… Esto, de un modo menos brutal –aunque no tanto- es otra forma de blasfemar.

¿Qué posición triunfará? ¿La anticatólica del Card.  Kasper en consonancia, al parecer, con la de Bergoglio y el joven Ratzinger o la también anticatólica del Card. Müller? Ambas, tanto monta monta tanto, son una traición a Cristo, y un puro ejercicio de hipocresía judaica.

Una síntesis superadora de ambas posiciones que integre tanto la comunión de los divorciados vueltos a casar(Kasper) y las nulidades a todo el mundo (Müller),  más una valoración positiva de los ayuntamientos contra natura-queridos por ambas partes-, será, si Dios no lo impide, la nueva doctrina de la iglesia conciliar, contraria, también en esto, a la moral de la Iglesia Católica. En este largo café en los pasillos, el de Santa Marta no cesa de colocar sus peones en las diócesis y en el Sínodo para asegurar su victoria; que no la de Cristo.

El matrimonio va pareciéndose más cada día, en la iglesia conciliar, a un contrato de alquiler, tal como lo concebía Lutero. Por cuya razón no está de más que recordemos qué pensaba el monje glotón de instintos primarios irrefragables que fue el gran heresiarca Lutero. Sigo para ello un breve resumen elaborado por Luigi Villa para Chiessa Viva.

Lutero siempre representó al Papa como el enemigo número uno del “matrimonio” de alquiler, que era la concepción del heresiarca. Escribe, en efecto:

«Si él tuviera el poder de crear, no habría hecho ni siquiera la sombra de una mujer, y no dejaría una sobre la tierra».

Y así, como reacción contra los papistas, los cuales «mandaban el matrimonio al diablo», por asociación de sentimientos con sus connacionales tedescos, los cuales no conciben al hombre si no como padre de familia, Lutero tiene expresiones siempre llenas de entusiasmo hacia la familia y el matrimonio. Y sus palabras y su ejemplo de esposo y padre de seis hijos, tuvieron y tienen hasta hoy una grave influencia en el protestantismo.

Sin embargo, mientras la Iglesia católica da al matrimonio un carácter religioso y espiritual, para Lutero, en cambio, el matrimonio está a la par con la fornicación y con el adulterio, pecados que – dice Lutero – Dios no imputa a los esposos..

No todos los protestantes, aún los modernos, son entusiastas de este sentir de Lutero. O. Scheel, por ejemplo, en su comentario al “De votis monasticis iudicium”, hace resaltarque la teología protestante moderna no se inspira más, en este punto, en la idea de Lutero.De este modo, señala que el Comité de la “Sociedad para la historia de la Reforma”, a pesar de tener el ánimo de iniciar un estudio detallado sobre este punto, también para responder a las acusaciones de E. Denifle, no se llevó a cabo, siendo demasiado claro y evidente el pensamiento del Reformador en sus enseñanzas acerca del matrimonio, al que siempre definió como substancialmente malo.

Sin embargo, dirá Lutero, aunque fundamentalmente viciado, el matrimonio es siempre un mandato de Dios, que lo ha constituido como medio único para remediar “la necesidad”[ Hasta el punto de que no duda Lutero en apoyar la bigamia del langrave Felipe de Hesse, por lo que sí que podamos preguntarnos, si fue mayor su desviación moral respecto al matrimonio o su fariseísmo y doble vara de medir]

«No se trata, aquí – dice Lutero – de un capricho o de un consejo, sino de una necesidad mandada por la naturaleza que el hombre debe tener una mujer y una mujer debe tener un hombre.. Porque la palabra de Dios: “Creced y multiplicaos” no es un precepto; es más que un precepto, es una operación divina que no está en nuestro poder omitir o realizar; esta operación me es necesaria en tanto que hombre, y más necesaria que comer, beber, ir al retrete, escupir, dormir y despertarme».

Es natural, entonces, que, para Lutero, el matrimonio no sea indisoluble. Ya en su “De captivitate babylonica ecclesiae”, admitía el divorcio, confirmándolo nuevamente, después, con más fuerza, en el “Sermón sobre el matrimonio”, donde enumera tres casos de divorcio: la impotencia –el adulterio – la negación del deber matrimonial.

  1. a) Impotencia: Lutero se preguntaba qué debía hacer una mujer que, unida a un impotente, no pudiese vivir en continencia y no quisiese echar a correr el rumor con el pedido de nulidad del matrimonio. Y bien, Lutero responde «pedir el divorcio a su marido» para poder casarse nuevamente. Si este se negara, ella debería unirse a otro – aunque con su consentimiento – por ejemplo a su cuñado; pero casarse con matrimonio secreto, y, teniendo hijos, estos deberían ser atribuidos al marido; que si no se la dejara actuar ni siquiera de este modo, entonces – dice siempre el Reformador – en lugar de admitir que deba ser atormentada por deseos impracticables o volverse adúltera, yo le diría que se casara nuevamente y se fuera a un lugar desconocido y lejano.

Pero Lutero tiene también otra solución:

«¡colgar al marido que ha engañado de este modo a la mujer!».

  1. b) Adulterio: para Lutero, la parte inocente puede contraer nuevo matrimonio; pero, ¿y si la otra parte «no puede observar la castidad», qué debe hacer? Es por esto – decía Lutero – que en la ley, Dios había mandado lapidar a los adúlteros, a fin de que no fueran a suscitar esta cuestión.

«Hoy todavía, la autoridad temporal debería condenarlo a muerte. Si descuida este deber, el adúltero puede huir a otro país extranjero y, si no puede mantenerse casto, volver a casarse».

Francisco y don Ciotti

  1. c) Negación del deber conyugal:

«Hay mujeres tan tercas – escribe Lutero – que se obstinan en negarse a su marido. Si cayeran diez veces en la incontinencia, ellas no se preocuparían en absoluto. Entonces, para el marido, es el caso de decir: “Tu no quieres, bien, otra lo querrá”. “La señora no quiere, sea la sierva”. Si la mujer descuida su deber, la autoridad temporal la debe obligar, o aún condenarla a muerte. Si la autoridad no cumple con ello, el marido debe decirse a sí mismo “que los ladrones han robado y matado a la mujer y que, desde entonces, puede unirse a otra”».

En seguida, Lutero agrega también otros dos casos de divorcio: la diversidad de religión y el mal carácter de uno de los cónyuges.

Par la diversidad de religión, Lutero se aferra fraudulentamente a cuanto establece San Pablo (1 Cor. 7,15), el cual expone el caso en el cual uno de los cónyuges es bautizado y el otro no. Lutero, en cambio, habla de cónyuges entrambos bautizados.

En el “Sermón acerca del matrimonio”, Lutero había ya hablado del caso del mal carácter de uno de los cónyuges, a los cuales permite la “separación” sin el derecho, sin embargo, de contraer otro matrimonio. Pero, a continuación, no estando esto en la lógica de sus ideas, estableció que, hecha la separación, si una parte quisiera reconciliarse y la otra no, entonces, la primera tenía el derecho devolver a casarse.

La razón es siempre la misma: la imposibilidad de vivir castamente. Por esto Lutero dice que el matrimonio no es otra cosa que un contrato de alquiler, luego rescindible según la voluntad delas partes. Lógico, entonces, que negase al matrimonio la dignidad de sacramento, que él dice ser una invención humana, «un acto exterior y físico, del género de las otras ocupaciones ordinarias».

Por fortuna, los alemanes no lo siguieron, en esto, hasta el fondo. El buen sentido y el substrato de cristianismo que habían tenido, ¡los llevaron a observar una conducta más sabia que las tontas argumentaciones de su Reformador!

Pues, en efecto, al paso que caminan obispos y cardenales de la iglesia conciliar es muy probable que para la celebración conjunta de los 500 años de la protesta de Lutero, en 2017, Bergoglio haga pública su doctrina de que el matrimonio es un contrato de alquiler para remediar la necesidad o sedar la concupiscencia: Aunque, ciertamente, haber invertido el orden de los fines del matrimonio, no será mérito del porteño alojado en Santa Marta, sino de sus predecesores, luego del conciliábulo. Sí lo será el cambio de contrato.

«No todos los Obispos son Obispos.

Piensa en Pedro,

pero piensa también en Judas».

(San Jerónimo)

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