Las doce mortificaciones (9):Mortificación del desorden en la dulzura interior y en la curiosidad del entendimiento.

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Las doce mortificaciones (9):

Mortificación del desorden en la dulzura interior y en la curiosidad del entendimiento.

La novena es la perfecta mortificación de todos los deseos y deleites internos tanto del espíritu como del sentido.

Se entiende por deleites interiores las gracias sensibles: devoción, amor y dulzuras internas que se reciben y disfrutan en las potencias inferiores del alma. La naturaleza y sentidos del hombre participan por redundancia. Algunas veces los reciben también personas que viven y permanecen en pecado mortal; pero comúnmente lo experimentan aquellos a quienes Dios quiere apartar del mundo y del pecado. Algunos ponen todo su empeño y oración en disfrutar de esta gracia sensible, devoción y dulzura. Mientras no la consiguen creen que no son capaces de hacer nada bueno; les parece sin valor todo lo que hacen. Precisamente porque piensan que el amor de Dios consiste en la devoción y afecto sensible, pero se equivocan a menudo de medio a medio.

Razón de las gracias sensibles

Es un regalo de Dios que sirve sólo para ayudar al hombre a mortificarse, apartarle de toda criatura y alegría mundana y abandonarse al beneplácito de la voluntad de Dios. Pedir a Dios y buscar esta gracia sensible, devoción dulzura, podría justificarse únicamente como medio para aprender a morir a sí mismos y entregarse más y mejor al amor de Dios. Pero los que lo piden ansían y buscan solamente por el placer que produce, y pretenden descansar en ello para acrecentar sus gustos, ofenden seriamente al Señor. De poco les serviría abandonar los placeres mundanos por esta causa. Equivaldría a un simple cambio del gozar sensitivo por los dos deleites interiores, que producen mayor gozo. Sucede, en efecto, que tales personas, como no aciertan a vivir sin sus gustos sensitivos, buscan los deleites exteriores apenas les faltan los interiores.

Nadie debe tenerse por santo

Nadie debe creerse santo por el hecho de que experimenta gusto sensible en el amor de Dios; devoción, suavidad y, a veces, como inundado de gracia. Estas cosas ocurren de ordinario por nuestra flaqueza y poca mortificación, ya que de otro modo no buscaríamos a Dios con diligencia, ni le serviríamos, ni nos desprenderíamos totalmente del mundo.

Inconstancia natural

Prueba de ello es que el hombre siente estas devociones al principio de su conversión. También es debido a los apetitos naturales. Efectivamente, hasta cumplir los cuarenta años, la naturaleza es muy inestable, frágil, complaciente y afectuosa. Busca en sus ejercicios el consuelo de gustos y deleites interiores, hasta el punto de que muchos atribuyen a gran santidad ejercicios cuyo origen tan sólo radica en la inclinación y gusto natural. Podemos comprobar diariamente cómo el corazón de dos enamorados, al encontrarse frecuentemente, llega a encenderse de tal modo que les parece estallar. Así éstos. Cuando se creen inflamados en el amor divino, no hacen más que acrecentar su gusto natural. Serán realmente santos en la medida que aprendan a morir a si mismos, conforme a estas doce mortificaciones que voy explicando. Ni más ni menos.

Canon

Ten como norma general que todo lo que podemos pretender, si no va ordenado a la desnuda mortificación de si mismos por amor de Dios, tiene mucho de origen meramente natural y se ordena al egoísmo. Como se ve, las tendencias naturales levantan cabeza buscándose a sí mismas aun en aquellas cosas que parecen muy santas. Se creerían estar ya sometidas a la gracia y al punto vuelven furtivamente buscándose, sin darnos cuenta. Por eso, también son pocos los que se conocen a fondo y se superan perfectamente.

Curiosidad del entendimiento

En segundo lugar, se entiende por gustos del espíritu la satisfacción que cualquiera recibe en las facultades intelectuales, o sea: por visión, imaginación o conocimiento, contemplando a Dios en su esencia. Nótese de paso que algunos se contentan con entender y discurrir, pero no se ejercitan en el amor. No pretenden inflamarse en el amor divino. Buscan tan sólo la curiosidad de aumentar sus conocimientos de cualquier modo que fuere; por ejemplo: cómo fue la concepción de Cristo, el nacimiento, la crucifixión, la ascensión, jerarquías celestes, distinción de personas en el Misterio Trinitario y cosas semejantes. Se recrean interiormente en esos pensamientos, convencidos de que llevan vida de contemplativos. En realidad están muy lejos de ella.

Fundamento de la vida contemplativa

Es preciso fundamentaría en un ardiente e infinito amor de Dios. Cada uno debe desear unirse a El y en Él fundirse de corazón, para que todo aquello en que difiere de Dios se transforme con el fuego de una perfecta mortificación de si mismo. Tales personas desean también indagar y tener conocimiento de muchos secretos divinos; por ejemplo: comprender unas veces con su natural ingenio; otras, recibir algunas comunicaciones de Dios, o en los sentidos o en las facultades internas, inferiores o superiores.

Lazo del diablo

Un caso: les parece ver, con visión corporal, ángeles en el cielo, al Niño Jesús en el Sacramento y cosas semejantes. Simulan oír cantar a los ángeles o que experimentan dulzura sensible en el Sacramento, y así por el estilo con los demás sentidos. Lo mismo pretenden en su interior con toda noticia espiritual o conocimiento esencial de Dios, que se puede tener por visión.

Al poner sus gustos y preferencias en estas cosas, trabajan mucho en balde, y corren peligro de ilusionismo. Porque Dios permite que el demonio se entere y los engañe con múltiples visiones, perceptibles por los sentidos o interiormente, como en los sueños. EIIos, en cambio, anhelan estas cosas y se gozan en ello; se creen con derecho a tenerlo y se glorían de recibir tales dones. Se engríen, se creen muy importantes, se tienen por sabios, se vuelven obstinados, hijos del demonio.

Ejercicio seguro

Por eso, el que quiera vivir fructuosamente debe ordenar todos sus actos a fin de ejercitarse de veras en el amor de Dios y no para tener profundo conocimiento de cosas innecesarias. Y si Dios le regalare con alguna noticia, no deberá, sin embargo, complacerse en ello o ser crédulo en demasía, a no ser que primeramente haya procurado, con discreción y humildad, consultar sobre esto a quienes tienen discreción de espíritu. Hallará la paz únicamente estando dispuesto a vivir en completo abandono por amor de Dios.

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