La brutal transformación del Breviario Romano

Tratando de editar en español los Maitines del Viernes Santo para la vigilia de un grupo que no conoce el latín durante la noche de Jueves a Viernes Santo, me he dado cuenta que la reforma del Oficio Divino operado por Montini, Pablo VI, ha consistido en la destrucción absoluta de una tradición más que milenaria. Por ejemplo, de los 9 salmos que había que rezar se ha quedado en 3 más el invitatorio y de 9 lecciones, a sólo 2.  Se cargó las tres de Jeremías,  las tres de san Agustín y las tres de la Carta de San Pablo a los Hebreos y arrasó con los tres Paternoster, de forma que no quedó en lo que hoy se llama Oficio de Lecturas ni un solo Padre Nuestro. El rezo de Maitinis que duraba unos 45 minutos, se redujeron a tan sólo unos doce a catorce minutos.

En efecto, en la ahora denominada Liturgia de las Horas destruyeron todo, y al igual que que en el Misal, en el Breviario de Montini no hay ni una oración, ni una antífona, ni una lectura en su sitio, es algo absoluto y total, no queda nada, allí donde pisó aquel bárbaro “no volvió a crecer la hierba”.

brevarioIsabel

Breviario de Isabel la Católica

Las grandes transformaciones del siglo XX

Por otra parte, y en cuanto a los Maitines del Triduo sacro, precisamente esa es la Hora del Oficio canónico que más ha cambiado en las reformas del s. XX. Originalmente la Vigilia o Maitines del Rito Romano constaba de veinticuatro salmos completos los domingos, y doce el resto de los días, comenzando el domingo por el Salmo 1, y siguiendo por riguroso orden ascendente para concluir el sábado por el salmo 108, y que por su uso se denominan serie matinal.

Se exceptuaban los Salmos que servían para nutrir las Laudescinco (reducidos por Montini a 3) que se repetían invariablemente todos los días, es decir, 62, 66 -juntos hacían el tercer salmo-, 148, 149 y 150 -juntos formaban el quinto salmo-, otro que variaba a diario -el segundo- más el primero que en los domingos y fiestas era el 92, y en las ferias el 50- y exceptuados también los cuatro salmos de Completas (reducidos por Montini a 1 sólo salmo) que se repetían a diario, así como el 53, que se rezaba siempre en Prima. En Vísperas se seguía de cinco (reducidos por Montini a 3) en cinco la serie vespertina, comenzando en las Vísperas de domingo por el Salmo 109 y acabando en las Vísperas del sábado por el 147.

Para las horas menores se rezaba a diario, dividido entre Prima, Tercia, Sexta y Nona el Salmo 118 (el más largo de los salmos). Esta ordenación, tan sencilla como primitiva, se dice que se debe a San Jerónimo. San Gregorio Magno, en algún momento de su pontificado -590 a 604- eliminó seis salmos de los Maitines dominicales, pues eran largos en exceso, y dejando en consecuencia tres nocturnos de 18 salmos -12+3+3- y nueve lecciones los domingos. Los seis salmos que había quitado de Maitines los pasó a Prima del mismo domingo, pues la tradición de la Iglesia romana era rezar un Salterio completo por semana. Así quedó el Salterio semanal hasta que San Pio V distribuyó los seis salmos añadidos por San Pio V a Prima del domingo entre la misma Prima de todos los días, a descontar el sábado por ser sólo seis salmos. Esta ordenación llegó intacta hasta 1911. Ahora, en las fiestas ya desde antiguo se rezaban unos Maitines de nueve salmos -3+3+3– y nueve lecciones. Por no alargarme baste decir que por ser el Oficio festivo más breve que el ferial acabó prevaleciendo, a base de la multiplicación de fiestas de nueve lecciones, octavas etc, sobre el rezo de las ferias y, en consecuencia, a fines del s. XIX muy pocos días al año se rezaba oficio de domingo o de feria, con lo cual y de hecho el rezo semanal del Salterio había quedado cancelado. San Pio X lo que hizo fue acomodar el Salterio al modo como de hecho se rezaba el Breviario en su tiempo, y así distribuyó los Salmos de Maitines por tres series de tres cada día, y con los Salmos sobrantes alimentó las horas menores, dejando en ellas sólo para el domingo el 118. Estableció además los llamados oficios mixtos, de tal forma que a partir de ese momento en los Dobles mayores, menores y Semidobles ya no se tomarían los salmos del Común, como hasta entonces, sino los del Salterio ferial del día correspondiente. Así se recuperó el rezo semanal del Salterio sin alterar ni el Propio del Tiempo, ni el de los Santos, ni los Comunes. Juan XXIII mandó reducir los Dobles mayores, menores y Semidobles a una única III clase que dejó con un único Nocturno con los nueve Salmos diarios de San Pio X y tres lecciones, dos de Escritura y una hagiográfica. Lo mismo hizo los domingos. Hasta aquí llega la Tradición. A partir de aquí viene la Liturgia de las Horas, en la que eliminaron los Salmos y partes de Salmos desagradables al gusto moderno, y los demás los distribuyeron en cuatro semanas, cosa nunca antes vista. Para Oficio de Lectura, el nuevo nombre de los Maitines, dejaron tres Salmos, a veces muy breves, y dos lecciones más largas. Ni los Salmos, ni las Lecciones, ni los Responsorios ni las Oraciones coinciden prácticamente en ningún Oficio con el Breviario Romano.

Y para que se hagan una idea, con el Breviario de San Pio V el rezo diario de una fiesta conllevaba, de Maitines a Completas, 454 versículos salmódicos de media, con San Pio X queda en 387 -bajó muy poquito-, con Juan XXIII queda inalterado, y en la Liturgia de las Horas desciende a 150, justo la tercera parte del Breviario de Trento. Y así andamos.

breviariomoderno

La nueva “Liturgia de las Horas” de Pablo VI, o la auténtica destrucción de la salmodia

El resultado es plenamente consecuente, he rezado con esos cuatro libros y he calculado el tiempo que se tarda en rezar el Oficio diario (yendo rápido, que no es lo apropiado) con cada uno. Con el Breviario de San Pio V, dos horas y cuarto; con el de San Pio X, hora y tres cuartos; con el de Juan XXIII, hora y media; con la Liturgia de las Horas, tres cuartos de hora. A los Papas ya desde 1870, en el Concilio del Vaticano, los Obispos y Cardenales se les quejaron por la situación del Breviario. En parte tenían razón, pues prácticamente todos los días se repetían los mismos salmos, lo cual resulta tedioso. La solución de San Pio X fue bastante airosa porque sin tocar las líneas maestras del Breviario puso en normal funcionamiento el Salterio semanal. A partir de ahí el problema ya no es que el Breviario sea aburrido, sino el modo de acortarlo lo más posible poniendo como excusa la disminución del clero y las muchas obligaciones que tenían. Pero no era verdad, ni siquiera las dos horas y cuarto del Breviario de San Pio V se pueden considerar excesivas, pues se reza dividido en partes durante el día, lo que ocurría es que los traidores querían disminuir la oración canónica porque sabían las gracias que bajaban del Cielo por la oración oficial de la Iglesia, cuanto más corto fuera el Breviario, menos gracias bajarían y más débil sería la Iglesia para enfrentar el ataque que preparaban. Esto, unido a las pocas ganas que tenía el clero de rezar -el Breviario es el libro litúrgico más reformado antes del Vaticano 2- resultó a la postre desastroso. Pero el gran gol llegó con la Liturgia de las Horas. Aquellos liturgistas apóstatas afirmaban que la Liturgia se había clericalizado y era preciso devolvérsela al pueblo. Hasta entonces el rezo del Breviario sólo era oficial y canónico, y por tanto Liturgia en sentido estricto, cuando lo cantaba una comunidad obligada a coro, o lo rezaba en particular alguien que había recibido el mandato de la Iglesia, como sacerdotes y religiosos. Oh, no, eso es clericalismo, clamaba Bugnini, hay que “devolver” al pueblo la oración litúrgica. Claro, un Oficio que pudiera ser rezado por los fieles tenía que ser mucho más breve y experimentar una enorme simplificación. Así se hizo y aprovechando que el Ebro pasa por Zaragoza no dejaron piedra sobre piedra. El problema es que el Espíritu Santo, sabedor de que muchos seglares no suelen rezar o rezan muy poco, había inspirado a la Iglesia un Breviario que, rezado por sacerdotes y religiosos, sirviera para suplir lo que los seglares no rezan. Por eso tenía que ser tan largo e impuesto a quienes estaban obligados a él bajo las más severas penas, porque representaba la oración de toda la Iglesia, la de quienes rezan y la de quienes no rezan. Ahora resulta que ni los seglares rezan la Liturgia de las Horas, a pesar de que está compuesta para ellos, ni la Liturgia de las Horas, en su brevedad, sirve para realizar aquella suplencia de la oración de los seglares para la que sí servía el Breviario. El resultado es tan desastroso que no hay más que ver la situación de la Iglesia para comprender las consecuencias de que menos sacerdotes recen mucho menos. Y eso gracias a Bugnini y a Montini.

A quienes quieran rezar el Triduo Santo pueden encontrar una semanilla, que era un librito para uso de los fieles que contenía todos los Oficios y Misas de la Semana Santa. No sé si lo habrá ya acomodado a la reforma de Pio XII, pero para quien lo interese lo puede buscar en libros antiguos, hay mucho en internet, pero no voy a realizar aquí publicidad de ellos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s