La verdad “aérea” del “Papa”: Paternidad irresponsable

A grande guerra

Durante el encuentro que el “papa” Bergoglio mantuvo con los periodistas, en el viaje de regreso a Roma, siempre a 8 mil metros de altura, se habló de demografía, de la sobrepoblación planetaria, de la perspectiva paramaltusiana, de la familia y, finalmente, como corolario del Sínodo reciente, de la paternidad responsable.

El pontífice fue claro, clarísimo: acabemos con las super familias que, en contextos pobres como las“periferias” del mundo, como pueden ser Filipinas, o Brasil, donde viven, por así decir, cantidad de chicos en la calle, que a los ojos del progresismo representan más un castigo que una bendición de Dios. La familia que hoy debería tenerse como modelo, canónicamente debería constar como máximo, de tres hijos.

Sí, porque, como explica un supuesto teólogo –Vito Mancuso, La República, 20/1/2015: el pastor del pueblo –para los medievales omne trinum est perfectum.”

Por eso, amados padres, daos una regla: consultad expertos, psicólogos, sacerdotes, frecuentad centros de asistencia pero no exageréisa parir como conejos” (Usa ¡figliare   un verbo que se utiliza para los animales! N.del T.)

¿No os parece también, a vosotros, queridos lectores, estar leyendo o escuchando   una proclama de la“Paternidad responsable” masónica?

¡Un “Papa” que se pone a regular los nacimientos!

Finalmente, la prensa mundial se congratula diciendo que esto es hablar francamente, una expresión popular que tanto gusta y que nunca habría sido adoptada por un JP II o un Benedicto XVI anclados al plural majestuoso, glosa siempre Mancuso, lenguaje que, sin cambiar el orden del divino Creador y sin caer abiertamente en el maltusianismo, advierte que “traer al mundo tantos hijos es tentar a Dios” especialmente  allí donde reina la pobreza. Recuerda, como refuerzo  a sus observaciones –poco  discretamente, él que ha censurado la “charlatanería” – de haber reprendido a una señora que había concebido su octavo hijo, después que el anterior había nacido por cesárea. “¿Querías dejar huérfanos a tus hijos? ¡Tientas a Dios!

Como se ve, una sabiduría maltusiana sazonada por un buen sentido económico que, al preocuparse por la salud de la mujer y del futuro de los hijos, desconfía de la Providencia Divina que se preocupa  por todo lo creado. “Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni amasan los granos, sin embargo vuestro Padre celestial las alimenta. Pues ¿no sois vosotros mucho más que ellas? (Mat.VI,26)

Por lo tanto, haber paragonado la función materna aún no llegada a término, en el contexto de un riesgo, como“un tentar a Dios”, nos parece, y lo es, signo de desfachatez y de desconfianza en Dios y en su  Providencia y su relativa confianza en la moderación humana. “Tú no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres”(Mat. 16, 23) le dijo Jesús a Pedro.

La equiparación, de la generosa pluralidad paterna con la de los conejos es índice no solo de lenguaje vulgar,  plebeyo o de pensamiento banal, sino que es una burla manifiesta de aquel sagrado y misterioso don, dado directamente por Dios al hombre capacitándolo para reproducir la vida racional. El que habla, es el “Papa”, desgraciadamente, con autoridad  diciendo disparates, especialmente cuando hace magisterio en Santa Marta y en  los aviones, pero que habría hecho mejor dirigir  sus autorizados apóstrofes a los políticos de ese país, las Filipinas, en su mayoría católica, exigiendo la adopción de medidas para apoyar y proteger la familiaen lugar de tachar a los cónyuges de conejos e irresponsables.

La prensa no ha contemplado este aspecto porque prefirió solazarse groseramente en la hilaridad por la analogía empleada por Francisco. Una evidente inversión de la lógica cristiana.

Bajo el filo de esta censurable reprimenda pensé en mis desaparecidos padres y, así, se me ocurrió mentalmente esta  dolorida y amarga carta dirigida a ellos.

“Queridos papá y mamá: sólo ahora, 20 de junio de 2015, a la avanzada edad de 73 años durante los cuales os he amado  como parte de mí mismo y aún mucho más, sólo ahora, decía, comprendo la superficialidad con la que habéis desempeñado vuestra función de padre y madre. Es ciertamente verdad que para excusaros han jugado muchos factores negativos porque en vuestros tiempos estuvieron: ausentes la televisión, una información oportuna, los movimientos pro aborto, la pastilla del día después, el divorcio, la “nueva teología”, pero estuvieron presentes tanta pobreza y tanta santa ignorancia que no encontrasteis nada mejor que hacer y trajisteis ocho –digo ocho- hijos al mundo.

Es cierto que a ellos no le hicisteis faltar nunca el pan aunque fuera a veces poco y seco, es cierto que no supisteis darles una decorosa educación libresca pero sólo aquella de la simpleza y de la honestidad y de la oración; es cierto que tú, papá, no pudiste hacer posteriormente mejor porque te fuiste a los 41 años devorado por el feroz cáncer y del incurable dolor por la precedente pérdida del más chico de tus hijos, de solo cinco años, atropellado por un automóvil; es cierto que, igualmente tú, madre, no supiste entonces hacer otra cosa que tener fe en el Señor trabajando hasta reventar de cansancio, mandando a tus dos hijas poco menos que adolescentes, a ganarse el pan, una en un estudio médico y la otra con un sastre del lugar, los otros dos hermanos míos a aprender un oficio artesanal y a mí  me enviaste al colegio de los Hermanos Maristas. 

Todo esto, amados padres, a costa de sacrificio y lágrimas que ahora, después de esta revelación del “Papa”, sé que podrían habernos sido ahorradas si solamente hubierais sido “más responsables” y no “hubierais tentado a Dios” produciendo un hijo tras otro.

Con una pizca de madurez, aquella que señala el “Papa”, os  habríais evitado sufrimientos, preocupaciones y problemas para la sobrevivencia y a nosotros otros tantos sufrimientos, preocupaciones, privaciones y problemas existenciales.

Ahora que,  tú papá y tú mamá, estáis allá en lo altosiempre creo y espero que DIOS no les haya imputado el bergogliano pecado de “temeraria irresponsabilidad”, rodeados por cinco de vuestros hijos, mis hermanos, os habéis liberado de las trabas de este mundo y me habéis dejado, con la otra hermana y el otro hermano, para debatirme en este valle de lágrimas.

Por lo tanto, debería sentir hacia ustedes un sentimiento desagradable de pena y de compasión, velado reproche, ahora que el Pastor del “Catolicismo”, Fe en la cual milito, me ha hecho comprender cuan ligeros y desconsiderados fuisteis trayéndonos al mundo y haber, sobretodo, obligado al Señor a empeñarse para protegernos y custodiarnos.

Bastaban tres, los primeros tres hijos de los cuales dos, ya al cabo de un año y medio, se fueron víctimas de la influencia.  Nosotros, los otros cinco, no concebidos. no tendríamos que haber soportado desgracias, impedimentos y dolores.  Habríamos sido la pura nada, una nada y yo no estaría aquí reprochándoos vuestra falta de criterio. He aquí, queridos papá y mamá: si debiera seguir la doctrina de este “Papa” que habla francamente, yo tendría que acusaros de haber causado, con vuestra irresponsabilidad, dramas y odiseas gratuitas, nunca deseadas.

Pero no es realmente así, para nada, y lo sabéis.

Habéis sido, en vuestra simplicidad padres analfabetos, los mejores, pues erais ricos con esa sonrisa del pobre que se contenta con poco, ricos en la fe en Dios, ricos con el buen sentido  pedagógico, amoroso y severo en justa manera, ante los cuales se desvanecen los más refinados y eruditos sistemas educativos laicos.

Recuerdo aquel sentido de ingenua y festiva felicidad cuando todos, alrededor de la mesa, esperábamos que tú, mamá, nos sirvieras la escasa cena. Unión y amor, confianza e inocencia. Vuestra acción ha ido siempre por el sendero de la honestidad, de la sinceridad, de la buena voluntad, de la moderación, de la prudencia y del respeto.

Nos educasteis de acuerdo a estos valores, no desear por demás, no robar, no practicar ningún vicio y en los momentos de tristeza supisteis confortarnos dándonos la esperanza de que todo cambiaria en bien. Aún hoy, a la distancia de decenios, vuestros rostros están vivos en nuestro ser y presentes en mi casa, retratos en dos pequeñas telas, por mi realizadas amorosamente, colocadas al lado de un cuadro de la Virgen María con el Niño.

Que “obispo de Roma” diga lo que le dé la gana , pero el Señor lejos de imputaros culpas, os acoge en su gloria, y es cierto porque tú, papá, luego de una vida, demasiado breve, trascurrida desde la infancia entre secas estopas de grano y polvorientas minas, moriste joven invocando su Santo Nombre y confiándote a tu predilecta Santa Rita, y tú mamá, nacida el sábado de un 25 de marzo, llamada Anunciata, te reuniste con él el sábado de un 13 de mayo, día de Nuestra Señora de Fátima.

Os quiero bien, hoy más que nunca, ¡amadísimos irresponsables!

Vuestro agradecido hijo, séptimo de ocho.

Traducción: Gentileza de la Srta. Delia Cabrera

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Prof. Luciano Pranzatti

CHIESA VIVA N° 481

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