El que sube y los que bajan

El Card. Robert Sarat afirma: ” Existe hoy una oposición y una rebelión contra Dios, una batalla organizada contra Cristo y su Iglesia. ¿Cómo  se puede entender que pastores católicos (se refiere sin nombrarlos, con toda probabilidad,  a Bergoglio y otros cardenales y obispos) sometan al voto la doctrina, la ley de Dios y la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad, el divorcio y el segundo matrimonio, como si la Palabra de Dios y el magisterio tuvieran que ser autentificados, aprobados por el voto de la mayoría?……”
balanza

El siguiente texto extraído de la obra publicada en 2015, Dios o Nada, del Cardenal Robert Sarah, sorprende por lo que dice y que alguien habrá tomado como un puñetazo en la nariz. La doctrina es clara aunque no se comprende como “alguien como tú esté en un lugar como ése”. Vale decir que ande con tan malas compañías. Lo ofrezco a la consideración de los lectores] [Mesaje de la Hna.María con el texto siguiente]

¡AL FIN UNO QUE SE ACLARA !

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Textos editados de la obra  dieu ou rien (2015)
del Cardenal Robert Sarah    
Prefecto de la Congregación para el 
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 
y actual presidente del 
Pontificio Consejo Cor Unum
 
 

MISERICORDIA SIN CONVERSIÓN

 
[Fuente]No nos equivocamos al constatar que existe una forma de rechazo a los dogmas de la Iglesia, o una distancia creciente entre los fieles y los dogmas. Concretamente acerca de la cuestión del matrimonio existe un abismo de diferencia entre cierta posición mundana y la de la Iglesia. Frente a ello, la pregunta al final es muy simple: ¿Es el mundo el que debe cambiar de actitud o la Iglesia su fidelidad a Dios? Porque si los fieles aún aman a la Iglesia pero no aplican su doctrina y no cambian para nada su vida ¿qué futuro podemos esperar?
Muchos fieles se alegran de oír hablar de la misericordia divina y esperan que la radicalidad del Evangelio pueda mitigarse también en favor de quienes han hecho la elección de vivir en ruptura con el amor crucificado de Jesús. Piensan que a causa de la infinita bondad del Señor todo es posible, aún decidiendo no cambiar en nada sus vidas. Para muchos es normal que Dios vierta sobre ellos su misericordia mientras habitan en el pecado. No entienden que la luz y las tinieblas no pueden coexistir, a pesar de las palabras preclaras de San Pablo: «¿Qué diremos entonces? ¿Que debemos seguir pecando para que abunde la gracia? ¡Ni pensarlo!» (Rm 6, 1-2).
Esta confusión exige respuestas rápidas. La Iglesia no puede seguir adelante como si la realidad no existiera: no puede contentarse con entusiasmos efímeros que duran el espacio de grandes encuentros o de asambleas litúrgicas, por muy bellas y ricas que sean. No podemos evitar por más tiempo una reflexión práctica sobre el subjetivismo como raíz de la mayor parte de los errores actuales. ¿De qué sirve saber que la cuenta twitter del Papa es seguida por centenares de miles de personas si los hombres no cambian sus vidas de manera concreta? ¿De qué sirve conformarse con las asombrosas cifras de las multitudes que se convierten ante los Papas si no estamos seguros de que dichas conversiones sean reales y profundas?
Para poner en marcha un cambio radical de la vida concreta, la enseñanza de Jesús y de la Iglesia debe alcanzar el corazón del hombre. Hace dos milenios los apóstoles siguieron a Cristo, dejaron todo y su existencia ya no fue la misma. El camino de los apóstoles sigue siendo también hoy el modelo a seguir.
La Iglesia debe volver a encontrar su visión. Si su enseñanza no es entendida, no debe temer el volver a exponerla cien veces poniendo a prueba su capacidad. No se trata de ablandar las exigencias del Evangelio o de cambiar la doctrina de Jesús y de los apóstoles para adaptarse a las modas evanescentes, sino de volver a interpelarnos sobre la manera con la que nosotros mismos vivimos el Evangelio de Jesús y presentamos el dogma.
Francisco ha titulado un capítulo de su exhortación: “La realidad es más importante que la idea”. […] Algunos temen que esta concepción del Papa ponga en peligro la integridad del magisterio. El reciente debate sobre el problema de los divorciados que se han vuelto a casar está a menudo guiado por este tipo de tensión.
Por mi parte, no creo que el pensamiento del Papa sea poner en peligro la integridad del magisterio. Efectivamente, nadie, ni tan siquiera el Papa, puede demoler o cambiar la enseñanza de Cristo. Nadie, ni tan siquiera el Papa, puede oponer la pastoral a la doctrina. Sería rebelarse contra Jesucristo y su enseñanza.
Según mi experiencia, después de veintitres años como arzobispo de Conakry y nueve como secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, la cuestión de los creyentes divorciados o vueltos a casar por lo civil no es un desafío urgente para las Iglesias de África y Asia. Al contrario, se trata de una obsesión de ciertas Iglesias occidentales que quieren imponer soluciones llamadas “teológicamente responsables y pastoralmente apropiadas”, que contradicen de manera radical la enseñanza de Jesús y del magisterio de la Iglesia.
En este sentido, no es posible imaginar una distorsión entre el magisterio y la pastoral. La idea basada en poner el magisterio en un bello cofre separándolo de la práctica pastoral, que podría evolucionar según las circunstancias, las modas y las pasiones, es una forma de herejía, una peligrosa patología esquizofrénica.
Por consiguiente, afirmo solemnemente que la Iglesia de África se opondrá firmemente a cualquier rebelión contra la enseñanza de Jesús y del magisterio.
Los mártires son el signo de que Dios está vivo y está siempre en medio de nosotros. En la muerte cruel de tantos cristianos fusilados, crucificados, decapitados y quemados vivos se cumple “el derramamiento de Dios contra sí mismo” para consuelo y salvación del mundo. Pero mientras allí los cristianos mueren por su fe y su fidelidad a Jesús, en Occidente algunos hombres de Iglesia intentan reducir al mínimo las exigencias del Evangelio.
Llegamos incluso a usar la misericordia de Dios, sofocando la justicia y la verdad, para «acoger – según los términos de la Relatio del último sínodo– las dotes y las cualidades que las personas homosexuales tienen que ofrecer a la comunidad cristiana». El documento prosigue afirmando que «la cuestión homosexual nos exige una reflexión seria sobre cómo elaborar caminos realistas de crecimiento afectivo y madurez humana y evangélica integrando la dimensión sexual». En realidad, el verdadero escándalo no es la existencia de pecadores, pues la misericordia y el perdón existen siempre para ellos, sino la confusión entre el bien y el mal obrada por los pastores católicos. Si hombres consagrados no son capaces de entender la radicalidad del Evangelio e intentan anestesiarlo, nos desviaremos del camino. He aquí la verdadera falta de misericordia.
Mientras centenares de miles de cristianos viven cada día sumidos en el miedo a terribles sufrimientos por la fe, algunos quieren evitar que sufran los divorciados que se han vuelto a casar, porque se sentirían discriminados al ser excluidos de la comunión sacramental. A pesar de una situación de adulterio permanente, a pesar de un estado de vida que testimonia un rechazo al Evangelio, que eleva al matrimonio sacramental a la condición de Signo Revelador del Misterio Pascual de Cristo, algunos teólogos quieren dar acceso a la comunión eucarística a los divorciados que se han vuelto a casar. La supresión de esta prohibición de la comunión sacramental a los divorciados que se han vuelto a casar, que se han autorizados ellos mismos pasando por encima de la Palabra de Dios –“Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”– significa claramente la negación de la indisolubilidad del matrimonio sacramental.
Existe hoy una oposición y una rebelión contra Dios, una batalla organizada contra Cristo y su Iglesia. ¿Cómo  se puede entender que pastores católicos  sometan al voto la doctrina, la ley de Dios y la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad, el divorcio y el segundo matrimonio, como si la Palabra de Dios y el magisterio tuvieran que ser autentificados, aprobados por el voto de la mayoría?
Los hombres que edifican y estructuran estrategias para matar a Dios y demoler la doctrina y la enseñanza seculares de la Iglesia, serán ellos mismos engullidos, precipitados por su victoria en la gehena eterna. 
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Un comentario en “El que sube y los que bajan

  1. La misma rebelión del vaticano dos que ese cardenal hizo la vista gorda, no me convence don cardenal, usted no levantó la voz cuando jp2 hacía desastres ecumaníacos y le preparaba el terreno en las almas (aflojándoles la Fe) para que reciban con los brazos abiertos a bergoglio. Mejor sería que se calle cardenal usted es tan modernista como bergoglio.
    Todo lo que está pasando es por la libertad religiosa masónica que ustedes aceptan desde el conciliábulo.
    El neocón Sarah conserva los errores del vaticano dos pero como buenos mencheviques no quieren nuevos. Además que África es un verdadero desastre en todos los sentidos.

    minuto 50:00
    Ratzinger, un buen menchevique..

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