[3] Vaticano IIº. Giro de 180º: ¿Por qué un “nuevo Concilio”?

V O L V E R   A L   Í N D I C E

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El Papa y los Obispos, en 1962, declararon unánimemente que la Iglesia estaba en buenas condiciones: la Fe intacta, ningún error que la amenazase; la vitalidad era segura, su unidad, su paz, su irradiación en el mundo más que cierta. Juan XXIII, en su discurso del 11 de octubre de 1962, culpó a “los profetas de desgracias” y Paulo VI lo repetirá en la apertura de la Segunda Sesión.

Pero entonces, ¿por qué un Concilio pastoral? Tal vez para no hacer obra dogmática, no tocar lo esencial de la Fe, sino solo ¿para rejuvenecer el rostro de la Iglesia?

Un “Aggiornamento”, entonces, ¡que fuera un “Nuevo Pentecostés”, que inaugurara una maravillosa “Primavera de la Iglesia”!

Fue un optimismo bonachón el de Juan XXIII, indudablemente ciego para no ver que comenzaba la lucha del Modernismo ¡para apoderarse del Concilio, con una revolución que escondía su nombre!

Aquí, veremos los elementos que van más allá de las apariencias para mostrar, para ocuparnos de los “errores” de sabor modernista, de ambigüedad, de lenguaje equívoco, de frases vacías, de doctrinas funestas, más allá de los errores inequívocos contra el Magisterio de siempre.

En todo texto del Vaticano II, faltan las definiciones dogmáticas y los correspondientes anatemas contra quien niega la doctrina de las respectivas definiciones. ¡Pero el Vaticano II no ha definido nada!

En términos de derecho, entonces, el Vaticano II se presenta “sospechoso de herejía”, también por haber ignorado deliberadamente la doctrina de la “Mediator Dei” de Pío XII, como también la encíclica “Pascendi” de Pío X y el “Syllabus” de Pío IX, que condenaban (en el nº 15 y en el nº 24) los errores de los que el Vaticano II es culpable, en el nº 1 (hacia el final) y en el º 2, primer párrafo, de la “Declaratio de Libertate Religiosa”.

Es evidente, entonces, el fraude contra los derechos de Dios creador y revelante, y contra la enseñanza del Magisterio solemne de la Iglesia, expresado en el “Syllabus” de Pío IX.

El Vaticano II, por su carácter “pastoral”, casi en polémica con el carácter “dogmático” de todos los Concilios ecuménicos, es como una de esas culturas que esterilizaron el campo.

Después de 60 años de período postconciliar, es muy fácil sintetizar los graves “errores” que han invadido la Iglesia. Es claro ya, que los Autores del Vaticano II querían, como objetivo, un nuevo humanismo, como lo deseaban ya los Pelagianos y los progresistas del Renacimiento.

Varios cardenales, Montini, Bea, Frings, Liénard, etc., quisieron buscar una vía nueva para humanizar la Iglesia para volverla más aceptable al mundo moderno, inmerso de falsas filosofías, de falsas religiones, de errados principios políticos y sociales, para realizar una unión universal de culturas e ideologías bajo la guía de la Iglesia. Luego, la “Verdad” no será más el criterio de la Unidad, sino un fondo de sentimientos religiosos, de pacifismo, de libertad, de reconocimiento de los derechos del hombre.

Ahora, para poder realizar aquel universalismo, se debía suprimir todo lo que es específico de la Fe, mediante el ecumenismo, para poner en contacto con la Iglesia todas las agrupaciones humanas de religiones y de ideología.

En consecuencia, se debía modificar la Liturgia, la Jerarquía, el Sacerdocio, la enseñanza del catecismo, la concepción de la Fe Católica, el Magisterio en las universidades, en los seminarios, en las escuelas, etc. ; modificar la Biblia por una Biblia “ecuménica”; suprimir los Estados Católicos; aceptar el “derecho común”; atenuar el rigor moral, sustituyendo la ley moral con la conciencia. Para reducir los obstáculos se deberá abandonar la filosofía escolástica por una filosofía subjetiva que no obliga más a someterse a Dios, a sus leyes, sometiendo la “Verdad y la Moral a la creatividad y a la iniciativa personal.

Las reformas del Vaticano II fueron realizadas en esta onda: la búsqueda, la creatividad, el pluralismo y la diversidad. El Vaticano II, en realidad, ha abierto horizontes prohibidos, antes, por la Iglesia: aceptar el falso ecumenismo; la libertad de cultura, de religión, de conciencia, poniendo el error en el mismo plano de la verdad; y la revocación de toda excomunión reservada a los errores, a la inmoralidad pública con todas sus consecuencias incalculables.

El “nuevo humanismo”, que el Papa Paolo VI proclamó solemnemente en su discurso de clausura del Vaticano II, el 7 de diciembre de 1965, ya tratado en el discurso del 11 de octubre de 1962, se puede sintetizar en estas principales “herejías”:

1. El culto del hombre

«Nos, más que nadie, Nos tenemos el “culto del hombre.» (Paulo VI)

Pero desde entonces, la Fe Católica en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas divinas, no es más que un punto fijo en torno al cual el humanismo secular puede acceder a su doble ideal: de perfección de la persona humana, en toda su dignidad y de unidad mundial en la paz terrenal.

Pero estos dos fines últimos “huelen a herejía”.

En el Evangelio, en realidad, leemos:

«Vosotros no podéis servir a Dios y a Satanás, y al dinero, y al Mundo.» Son herejías, entonces, que atañen a los dos fines últimos, que expresan la ruptura con el Cristianismo que profesa la necesidad de creer en Jesucristo, no para mejorar la vida humana, sino para escapar del infierno y ganar, en su lugar, el Paraíso.

2. Una “nueva religión”

Es un “error” señalado por el iluminismo pentecostal, ínsito en el discurso de Juan XXIII en San Pablo Extramuros, el 25 de enero de 1959, en el que habla de “inspiración”, confirmada de “un esplendor de luz celeste, y el Papa no esitó en comparar el Vaticano II con “un segundo Cenáculo”, insinuando que el “primer” Cenáculo fue el día de Pentecostés, mientras el “segundo” sería el “Concilio ecuménico” de Roma. Pero este iluminismo de Juan XXIII es “carismatismo”, porque el Papa declaró el valor sobrenatural de las oraciones de los herejes y de los cismáticos, y de sus frutos abundantes y saludables, aunque ellos estén “fuera del seno de la Iglesia”. Y si esto nadie lo puede afirmar, se puede decir, sin embargo, que se salvan si se convierten, de otra manera, se debería decir ¡que el Vaticano II ha fundado una “nueva religión”!

3. Los “nuevos profetas” de la alegría

El Papa Juan XXIII condenó a los “profetas de desgracias”, una condena que contiene la tercera ruptura con la tradición de los “profetas” de todos los tiempos, desde Elías a Lucía, la vidente de Fátima, que tienen por Patrono al mismo Jesucristo y por Patrona a la Virgen del Rosario, a la de La Salette y a la de Fátima. Estos “profetas de desgracias” predican la penitencia, la conversión de corazón, el retorno a la verdadera Fe en Cristo y a su verdadera Iglesia, mientras los “profetas de la alegría” del Papa Juan XXIII, no quieren alegrías debilitantes que no lleven ciertamente a la Felicidad y no sean ciertas de inspiración de Dios.

El desprecio, la ironía, el sarcasmo del discurso de Juan XXIII pudo tener esta explicación: en 1960, todo el mundo esperaba que fuese publicado el “Tercer Secreto” de Fátima, pero Juan XXIII no lo quiso conocer, prefiriendo en su bonhomia y con su carácter bonachón, decir: ¡que El de esas cosas tristes no quería saber!

Es cierto, el Papa no habló “ex cathedra”, no comprometiendo, entonces, su autoridad Papal, pero eso no impidió que su maldición contra los “profetas del mal” se convirtiese en una especie de pasaje para el Diablo, ¡que se volvió. Sin embargo, contra El (el Papa) y sus partidarios!

4. Idolatría del mundo

Lo podemos decir como un corolario de lo precedente. La Iglesia, Esposa de Cristo, antes del Vaticano II, siempre había trabajado “en el mundo” solo para su Señor. Hoy, al contrario, con “el aggiornamento”, se aggiornó hacia un mundo por el que “Jesucristo no rezó” (Jn. 17, 9), pero que Paulo VI, en su lugar, dijo que había que volverse con «una simpatía sin límites.» Pero este es un espíritu de adulterio que somete la Fe divina a los caprichos de las masas, inspirado por el “Príncipe de este mundo” (cfr. II Tim. 4,3). ¡Una actitud, por lo tanto, que sabe más a “mercado” que a “aggiornamento”!

5. El “Modernismo”

Esta “herejía” satánica del Modernismo triunfó en el Vaticano II, encapuchada en el principio que había establecido Juan XXIII: «los hombres están, cada vez más convencidos que la dignidad y la perfección de la persona humana son valores muy importantes que exigen duros esfuerzos.»

Pero esto significa traicionar el “depósito de la Fe”, porque implica el axioma de Juan XXIII: «Se debe presentar nuestra doctrina cierta e inmutable, de modo que responda a las exigencias de nuestros tiempos.» Paulo VI, luego lo subrayó al decir: «En efecto, uno es el depósito de la Fe, o sea la verdad contenida en nuestra venerable doctrina, y otra es la forma bajo la cual es anunciada esta verdad.» Ahora, ¡esta intención fue puesta como fundamento de la “Reforma” que trastornará todo el dogma sin respetar el sentido y el alcance del dogma de la Fe! Nosotros, esto, lo vemos en la Constitución dogmática “Lumen Gentium”, donde se la presenta como el más grande texto que el Espíritu Santo nunca ha inspirado al Magisterio católico (cfr. también “Gaudium et Spes”, nº 62).

6. La “Libertad religiosa”

Esta nueva ruptura con la Fe católica es entonces la que hemos ya descrito en el capítulo precedente, siempre del Papa Juan XXIII: «Los hombres están, cada vez más convencidos que la dignidad y la perfección de la persona humana son valores muy importantes que exigen duros esfuerzos.»

Aquí, la Declaración “Dignitatis Humanae” ha explicitado esta proposición de Juan XXIII, y la Constitución pastoral “Gaudium et Spes” sacó todas las consecuencias, que pueden deducirse así: la dignidad y la perfección de la persona humana son tales que no permiten usar más la violencia o los conflictos, pero que, en su lugar, exigen que se reconozca a todos la libertad, la responsabilidad íntegra de sus pensamientos, de sus elecciones y de sus compromisos sociales y políticos.

7. El ecumenismo

Aquí, la herejía está en el atribuir a Jesucristo un deseo de unión que El nunca ha tenido, porque su verdadero designio de unión lo hará El mismo reuniendo a todos los pueblos en un solo rebaño, ¡el Suyo! Desde Pentecostés, en realidad, no ha habido ninguna otra iglesia más que la Iglesia de Cristo y fuera de Ella, no hay ninguna otra religión, nadie puede salvarse “fuera de Ella”.

8. La salvación garantida a todos

El principio director de la Declaración “Nostra Aetate” es precisamente aquel del cual Karol Wojtyla proporcionará la justificación declarando que todos los hombres están unidos a Cristo por el solo hecho de la Encarnación del Verbo. Ahora, esto significa no saber que toda “irreligión”, disidente de la Iglesia Católica, todos los sistemas de ateísmo o de agnosticismo, tendrían derecho a pertenecer a la Iglesia de Cristo, que contradice, sin embargo, la fe católica, tanto en la forma como en el contenido. Pero esta “apocatastasis” de un paralelismo de diversas “fes” y morales, todas estas creencias personales o de grupos religiosos, excluyen toda estima a nuestra santa religión y son como un desprecio de esta.

Por lo tanto, estos principios de la Revolución Conciliar ya estaban contenidos en el Discurso de apertura de Juan XXIII del 11 de octubre de 1962, y no son ideas nuevas en absoluto, sino la formulación audaz y autoritaria de “errores” ya condenados, como la opinión de Orígenes que pensó incluso en una eliminación total y definitiva del mal por la conversión de los mismos condenados, luego, el “retorno” universal de las criaturas a Dios. Tal hipótesis, sin embargo, fue condenada por el Sínodo de Constantinopla en 543 (DS 409411).

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Teilhard de Chardin, el “alma” del Vaticano II.

 

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Karl Rahner, la “mente” del Vaticano II.

 

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«¡Sed fuertes! No se debe ceder donde no se necesita ceder…Se debe combatir, no con medias palabras, sino con coraje; no ocultos, sino en público;no a puertas cerradas,sino a cielo abierto.»

(San Pío X)

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Un comentario en “[3] Vaticano IIº. Giro de 180º: ¿Por qué un “nuevo Concilio”?

  1. Estimado Sofronio. Muy buena serie este texto de Luigi Villa sobre el impío y blasfemo Vaticano II, que es presentado como lo que realmente es. Una nueva, falsa, idolátrica, masónica religión del hombre.
    Sobre el punto de Gaudium et Spes 22, que es como el corazón de la nueva religión conciliar, he leído que San Gregorio de Nisa enseñaba una idea muy similar pero que esta refutada y existen además defectos en este Doctor porque en esa época no se había desarrollado la doctrina de la Persona en toda su precisión, por lo que parecería una apocatastasis, sin embargo, ccreo que ya en la epoca de San Gregorio de Nisa se podía afirmar que era una doctrina temeraria. Pero ya el Concilio de Constantinopla en el siglo VI condeno la tesis origenista que es muy parecida. Los defensores de Juan Pablo II y el Vaticano II, “hermenéutica de la continuidad” alegarán que es excesivo afirmar la herejía en ese pasaje, que solo sería temerario a lo más, que es “discutible”;”sostenido por algunos Padres”, etc.
    Me parece haber oído que Santo Tomás de Aquino la consideraba incluso una herejía y sin duda no me cabe duda que GS 22 es una gigantesca herejía.
    Sería bueno aclarar este punto porque realmente el GS 22 en sus consecuencias es quizás el más peligroso y diabólico de los errores y herejías de dicho peculiar “Concilio Ecuménico”(que no “Ecumenista”).

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