[8] Vaticano IIº. Giro de 180º: La nueva liturgia : Finalidad y esencia del sacrificio

V O L V E R   A L   Í N D I C E

Es claro: el actual culto está destrozado, sobre todo en estos dos puntos: la “finalidad de la Misa” y la Esencia del Sacrificio.

bugnini

En marzo de 1965, en el diario del Vaticano L’Osservatore Romano , Bugnini fue citado diciendo: “Hay que despojar de nuestras oraciones católicas y de la liturgia católica todo lo que puede ser la sombra de una piedra de tropiezo para nuestros hermanos separados, es decir para los protestantes “. En 1974 anterior a su segunda caída, Bugnini orgullosamente había proclamado que el Concilio Vaticano II  es un “gran conquista de la Iglesia Católica “.

 

1. Finalidad de la Misa

  1. a) La “finalidad última”, o sea el “Sacrificium laudis” a la Ssma. Trinidad, según la explícita declaración de Cristo (Ps. XL, 79; en Hebr. 10, 5) está desaparecida del Ofertorio, del Prefacio y de la conclusión de la Misa (“Placeat tibi Sancta Trinitas!);
  2. b) La “finalidad ordinaria”, o “Sacrificio propiciatorio”, está desviada: en lugar de poner el acento en la remisión de los pecados de los vivos y de los muertos, está puesta sobre la nutrición y santificación de los presentes (nº 54). Cierto, Cristo en estado de víctima, nos une a su estado de víctima, a su estado victimal; pero esto precede a la “manducación”, tanto es verdad que el pueblo, asistiendo a la Misa, no requiere comunicarse sacramentalmente:
  3. c) La “finalidad inmanente”, es decir: el solo sacrificio 5 Cfr. del libro: Tradición y progreso”, editado en Graz. deseado y aceptable de parte de Dios es solo el de Cristo. En el nuevo “Ordo Missae”, en cambio, (misa bugninianapaulina) se desnaturaliza esta “ofrenda” en una especie de intercambio de dones entre el hombre y Dios. El hombre lleva el “pan”, y Dios lo cambia “en pan de vida”. El hombre lleva el “vino”, y Dios lo cambia en “bebida espiritual”.

Pero este “panis vitae” y “potus spiritualis” son una verdadera vaguedad ¡que puede significar cualquier cosa! He aquí, el idéntico y capital equívoco de la definición de Misa; allí, el Cristo, presente solo espiritualmente en aquel “pan y vino” ¡espiritualmente mutados!

Es un juego de equívocos. Por eso fueron suprimidas las dos estupendas oraciones: “Deus qui humanae substantiae mirabiliter condidisti…” y “Offerimus tibi, Domine, Calicem salutaris…”. Luego, ¡no hay más distinción entre sacrificio divino y humano! Por eso, habiendo suprimido la “finalidad real”, han inventado una ficticia: “ofrendas para los pobres”, “para la iglesia” y ofrenda de la hostia para inmolar. Así, la participación en la inmolación de la Víctima divina es convertida en una especie de reunión entre filántropos, en una especie de banquete de beneficencia…!

2. Esencia del Sacrificio

  1. a) “Presencia Real”: mientras en el “Suscipe” era explicitado el “fin” de la ofrenda, aquí ninguna mención. Entonces la mutación de formulaciones revela una mutación de doctrina.

Es decir: la noexplicitación del Sacrificio significa – ¡quiérase o no! – la supresión del rol central de la “Presencia Real”. En realidad, a esta “Presencia Real” y permanente de Cristo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, no se hace ya ninguna alusión. ¡La misma palabra “transubstanciación” es completamente ignorada!

  1. b) “Fórmulas consecratorias”: La fórmula antigua de la Consagración no era “narrativa”, como, en cambio, la de las “nuevas fórmulas consagratorias”, pronunciadas por el sacerdote como si fuera “una narración histórica” y no como expresando un juicio categórico y afirmativo, proferido por Aquel en cuya persona El actúa: “Hoc est Corpus Meum”, y no “Hoc est Corpus Christi”. Entonces, las palabras de la Consagración, cual están insertas en el contexto del “Novus Ordo”, pueden ser válidas en virtud de la intención del ministro, pero también pueden no ser válidas, porque no lo son más “ex vi verborum”, esto es, en virtud del “modus significandi” que tenían, hasta ayer, en la Misa.

Por lo tanto, podremos también preguntarnos: los sacerdotes de hoy, que confían en el “Novus Ordo” para “hacer lo que hace la Iglesia”, ¿consagrarán entonces válidamente…?

***

Termino. Continuando el examen de los elementos constitutivos del Sacrificio (Cristo, sacerdote, Iglesia, fieles), en el “Novus Ordo” habría una serie de omisiones, supresiones, modalidades extrañas y profanaciones que constituyen un complejo de más o menos graves desviaciones de la teología de la Misa católica.

Es evidente, entonces, que el “Novus Ordo” ha roto con el Concilio de Trento, y digamos también, ¡con nuestra Fe católica de siempre!

NOVUS ORDO MISSAE

Fue el 30 de noviembre de 1969 que se impuso la obligación de adoptar el NOVUS ORDO MISSAE.

La Conferencia Episcopal Italiana, estrenó, respecto a las otras Conferencias Episcopales del mundo, la imposición de la obligación de la adopción del ‘Novus Ordo Missae celebrandae’, a partir de la fecha del 30 de noviembre de 1969, haciendo violencia al derecho inviolable de los sacerdotes católicos de Italia, a su libertad de conciencia, que les compete legítimamente (también de acuerdo a la Declaración de libertad religiosa, nº 2, del Vaticano II) de permanecer fieles en el modo más riguroso, al Ordo Missae de todos los siglos precedentes, restaurado e impuesto por la Suprema Autoridad del Papa San Pío V.

El Novus Ordo Missae, inspirado todo en los principios doctrinales inquietantes (infectado con peste de segura herejía) de la “Institutio Generalis Missalis Romani”), no representa solamente una sorprendente y colosal imprudencia Pastoral, realizada a la sombra (también inquietante en todo sentido) de la Reforma de la Liturgia según el dictado “fluido, ambiguo, incierto” (y entonces insidioso) de la Constitución: “Sacrosantum Concilum” del Vaticano II, sino, sobre todo, ha suscitado una serie formidable de interrogantes, de dudas gravísimas y de peligros espantosos, que interesan la integridad de la Fe Católica en el dogma Eucarístico íntegro, y la validez misma, en muchos casos de la celebración de la Misa, y a la larga, la perspectiva imaginaria, que se llegue gradualmente a la extinción de la misma Jerarquía de la Iglesia, seguida por la invalidez de la concesión de las Sacras Ordenaciones (Sacerdotales y Episcopales).

Es, en efecto, de meridiana evidencia que las gravísimas incriminaciones de la Fe Eucarística, aportadas por las increíbles falsificaciones de la doctrina dogmática Tridentina, sobre la naturaleza de la Misa (naturaleza insidiosamente, y para sorpresa, falsificada precisamente por la Constitución litúrgica, en el art. 6, donde se lee, con infinito estupor e indignación, la temeraria y arbitraria interpretación del pasaje paulino de la I Epístola a los Corintios, 11, 26 (mencionada a continuación en el nº 18, de la misma Constitución litúrgica) en la que figura textualmente:

«… quotiescumque enim manducabitis Panem hunc et Calicem bibetis: mortem Domini annuntiabitis, donec veniat…»

con estas otras palabras del texto conciliar:

«… similiter quotiescumque cenam manducant…».

(Ah, ese término “cenam” manducant, en lugar de “panem et “Calicem”, que no explica el mismo concepto de Cena, porque lo prohíbe el Canon 1º de la Sesión XXIIª del Concilio de Trento, bajo pena de anathema sit para quien pretenda confundir las cosas (¡incluido, por lo tanto, el Vaticano II!).

Las gravísimas fisuras en la fe Eucarística, repito, llevan en su seno (en oculta gestación), el demonio de la duda angustiante en el ánimo de los sacerdotes (vergonzosamente engañados por la Autoridad de un Concilio), dudas que, “sesin sine sensu”, pueden conducir directo a la pérdida de la Fe, a secas”, y a influir en el determinar, de a poco, la “no intención” misma, en el momento de consagrar la Eucaristía.

Donde falte la intención de consagrar (hipótesis, no imposible en un sacerdote, o incluso en una masa de sacerdotes, que hayan perdido la Fe en la Eucaristía, en la naturaleza sacrificial de la Misa, ¡y en la misma presencia real bajo las especies consagradas!) está terminada la validez de la Misa y, mañana la validez de las Ordenaciones sacerdotales y Episcopales, realizadas por Obispos prevaricadores en la Fe, y entonces siempre “sospechosos” de no tener intenciones de consagrar, o de otro modo, de uso arbitrario de fórmulas consagratorias sustancialmente falsificadas, al igual que las que hubo en el siglo XVI, después de la apostasía de Cranmer y de todo el Episcopado inglés.

Por todos estos motivos, el Novus Ordo Missae está en el paradigma condenado en la primera proposición errónea de la doctrina Morale Laxioris, en el decreto del 2 de marzo de 1679, sancionado por la Autoridad del Papa Inocencio XI, proposición de la que leemos:

«Non est illicitum, in sacramentis conferendis… sequi opinionem probabilem… relicta tutiore…» (v. Denzinger 2101)

Por lo tanto, es obligatorio “sub gravi” guardar y seguir la “pars tutior”, rechazando el Ordo Novus Missae celebrandae, que pone todo en peligro, de ilicitud y de invalidez.

Por eso, todo sacerdote tiene derecho de reivindicar el uso exclusivo del Ordo Missae de todos los siglos pasados y de hacer propios los conceptos desarrollados en la Dedica Latina, fijada en el interior de la tapa de un Misal Romano según la Restauración y Obligación, mandada a perpetuidad por la suprema autoridad de San Pío V.

La constitución Litúrgica: “Sacrosanctum Concilium”

Fue promulgada el 4 de diciembre de 1963, dieciséis años después de la encíclica “Mediator Dei” de Pío XII de 1947. En aquella encíclica, Pío XII defendió firmemente algunos principios doctrinales infranqueables, por fundados en el dogma y la Tradición bimilenaria y por necesarios a la preservación de la propia Fe de violaciones o abrogaciones. En su encíclica, Pío XII definió la Liturgia así:

«La Sacra Liturgia es el culto público que Nuestro Redentor, Cabeza de la Iglesia, ofrece al Padre Celestial, y que la comunidad de los fieles de Cristo, rinde a su Fundador y, por intermedio de El, al Eterno Padre; brevemente, es todo el culto público del Cuerpo Místico de Jesucristo, Cabeza de los miembros.»

Ahora, la revolución litúrgica, dentro del “Rito Romano” de la Iglesia Católica, logró destruir no solo aquel rito, sino también la Fe Católica de muchos fieles. Los ejemplos son innumerables; he aquí uno.

El Arzobispo Dwyer de Portland, escribía en una carta:

«Los comulgantes se arrodillan en la balaustrada de la Comunión con toda suerte de vestimenta, en cortísimos pantalones cortos, casi tan poco vestidos como en traje de baño… La música, es ya de jazz, en ritmo de rockandroll, muchos no hacen más la genuflexión. También muchos, aunque adultos, deambulan por la iglesia, para sentarse luego en los bancos sin hacer siquiera una inclinación de cabeza como reconocimiento a Nuestro Señor en el Tabernáculo. Pero la revolución va siempre más adelante. Muchos obispos no solo toleran, aprueban e incluso promueven tales aberraciones, sino también toman parte. El “The Catholic Herald Citizen”, en la arquidiócesis de Milwaukee, habla también de la “Misa Gospel” (Gospel = Evangelio, N. del T.), que es el tipo de celebración que manda sacudir los brazos extendidos y la columna vertebral, y que suscita alegres aplausos y lágrimas de conmoción.

Las ropas que llevaban habían sido diseñadas para acentuar sus proporciones.

Y no se puede ocultar que hombres y mujeres, en muchas iglesias de los Estados Unidos, han ostentado públicamente también su entrega al pecado impuro, como medio de publicitar sus perversiones y para encontrar nuevos compañeros de vicio.»

Ahora, el texto de la “Constitución de la Liturgia” del Vaticano II, responde al nombre del P. Annibale Bugnini, quien en fecha 23 de marzo de 1968, en “L’Avvenire di Italia”, escribió un largo artículo, en el que dijo, claro y redondo, que la Comisión Conciliar sobre Liturgia tuvo intenciones específicas de engañar, mediante un modo de expresarse cauto, fluido, a veces incierto, y preparó el texto de la Constitución para dejar, en la fase de aplicación, las más amplias posibilidades y no cerrar la puerta a la acción vivificante del Espíritu (sin el atributo divino de : “Santo”). ¿¡Si esto no es un “fraude”…!?

En aquel documento “operativo” en “Il Sabato” del 23 de marzo de 1968, el P. Bugnini escribió que la Constitución litúrgica «no es un texto dogmático, sino un “documento operativo”.» ¿Está claro? Es un “documento operativo” en materia dogmática, aunque era el primer texto redactado por el Vaticano II en “Spiritu Sancto legittime Congregatum”. Lamentablemente, fue el texto que ha dado el tono de lo que serían, luego, todos los otros documentos, y, por lo tanto, ¡no infalible!

Un documento, entonces, que arrancó como programación de la “Reforma”, que hace recordar la “Reforma” de Lutero. Una expresión, entonces, de “marca protestante”, que resultó, después de cuatro siglos, la palabra de orden del Vaticano II, para un programa nefasto para la Fe Católica.

Leemos, en efecto, en la Constitución Litúrgica que:

«cualquiera puede ver la estructura de una construcción gigantesca que, sin embargo, llama a los organismos postconciliares, a determinar los detalles.»

Ahora, el cacareado renacimiento de la Iglesia, en la “estructura de una construcción gigantesca” ya la habíamos visto actuar ¡en la gigantesca devastación, operada por la “Institutio Generalis Missalis Romani!” que ha vuelto “a los organismos postconciliares para determinar los detalles”, ¡como si fuera a pedir perdón, por los textos más o menos calientes!

Al leer el argumentar fraudulento de Bugnini, se puede notar la monstruosidad jurídica, descripta con cara de piedra:

«… el mismo modo de explicarse (de la Const. Lit.) … cauto… a veces fluido… y después incierto, en ciertos casos (y el lo sabe bien porque era parte…) elegido por la Comisión conciliar, que preparó el texto de la Constitución para dejar, en la fase de aplicación, las más amplias posibilidades… y no cerrar la puerta a la acción vivificante del Espíritu…”»

No osó decir “Espíritu Santo”, porque este es solo “Espíritu de verdad”, el que no pudo ciertamente avalar el arte de mentir…”

Una “Nueva Liturgia”, entonces, ¡como ahora veremos!

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Mons. Annibale Bugnini, autor de la Reforma Liturgica

 

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