La verdad oculta sobre Lutero

 

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La cara de Lutero en su muerte, a partir de una máscara de yeso

Por espacio de 13 años estuve trabajando en un ambiente de carácter internacional en el que un 95% eran protestantes y de ellos más de un 33% eran masones, alguno muy relevante. Tuve allí ocasión de cambiar impresiones, en diálogo bastante profundo, con pastores protestantes ingleses y norteamericanos. En este tiempo devoré, más que leí, analizándolas, 7 biografías de Lutero, 4 de ellas escritas por protestantes y hurgué en documentos que se conocen poco y sobre importantes puntos que se han hecho del caso. Pude contemplar y observar muy de cerca la vida de unas 100 familias, sus gustos, cultura, inclinaciones, reacciones, grado de espiritualidad y religiosidad, su idiosincrasia… y creo poder afirmar que conozco bastante bien a los luteranos. Y lo primero que puedo afirmar categóricamente es: NINGUNO DE ELLOS CREE EN LA DIVINIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.
Por eso me formé un concepto claro, cabal y objetivo del hereje “suicida beodo de Wittenberg” y quisiera dar unas pinceladas que pusieran de manifiesto sus rasgos más característicos:
Sin rodeos ni ambages digo que Lutero fue un vicioso solitario (masturbador) en sus primeros años. El vicioso solitario pierde ante todo la sinceridad, tornándose embustero y farisaico. Pecado vergonzoso “contra naturam”, vergonzoso y abominable ante Dios y los hombres (los animales no llegan tan bajo) esta aberración siega de raíz toda flor de piedad y barre cualquier vestigio de espiritualidad (¿qué vestigios religiosos y espirituales fue a buscar a Asís Juan-Pablo II?) sumergiendo al sujeto en un estado de torpe amoralidad, despareciendo la sonrisa de su rostro, volviéndose hosco, taciturno, malhumorado, no pocas veces violento y agresivo y, en proporción ascendente, siempre sensual y vicioso y más EGOISTA.
Es natural que un sujeto así no pudiese cumplir con la regla, pero se requemaba de envidia al ver que sus hermanos sí podían hacerlo. Lleno de despecho les llamaba “borregos” e hipócritas. Sólo le quedaba una salida: exclaustrarse. Porque era El demasiado “santo” para hacer vida religiosa. Entonces, conculcando sus votos de castidad, se amancebó con la monja apóstata Catalina de Boré. ¿Para ir a llevar una vida santa y digna y de esta suerte encontrar la paz?… ¡quia! ya lo dijo un gran profeta: “Esto dice el Señor: ¡NO! no hay paz para los impíos, que son como un mar alborotado que no puede estar en calma, cuyas olas rebosan en cieno y lodo” (IS. LVII – 20 y 21). En efecto, poco tiempo después se ufanaba y se jactaba de sostener relaciones impúdicas con 4 concubinas, y fue entonces cuando acuñó esta sentencia o frasecita que es la base o piedra angular del protestantismo: “CREDE FORTITER ET PECCA FORTITER”: “NO, no hay infierno. Todo el mundo se salvará. Basta la fe sin obras”. Y esto es lo que propagan los partidarios de la “NUEVA TEOLOGIA” como Urs Von Balthasar, Blondel, H. de LUBAC, Hans Küng y su banda, bendecida por cierto y aclamada por Juan Pablo II que elevó a cardenal a su miembro más destacado, al prócer H. de Lubac, en tanto que excomulgaba a Mos. Marcel Lefebvre y a Mos. Castro Mayer. ¿Por qué? ¿por desobediencia? ¡NO! por cierto, esto son excusas de mal pagador, para despistar a los ingenuos: la excomunión es ilegítima e inválida. ¿porqué, pues? Les excomulgó por presiones de la Logia y por confesar valiente y abiertamente la divinidad de Cristo y sostener que hay un infierno, suplicio de fuego eterno, como nos reveló Nuestro Señor Jesucristo, según leemos en MT. XXV – 31 al 46 y en muchas otras partes del Evangelio.
“EL HOMBRE ES POLIGAMO POR NATURALEZA” afirmaba con risa sarcástica Lutero, pero… cuando se ha abusado de la naturaleza por excesos sexuales y por practicas que van contra la misma, ésta pasa factura: así, en breve proceso se halló sumido de forma irreversible, en impotencia funcional en lo más florido de la edad, según confesión de su primera amante Catalina de Boré. Y el hombre, que se sabía un ser frustrado, se volvía loco y quería correr, huir… ¿hacia dónde, Martín, si no tienes donde asirte porque lo has derrumbado todo? quería olvidar, evadirse, y él, que había llamado “borregos” a sus hermanos porque cumplían la regla, ahora caía como un “borreguito” en las garras del alcohol. Sí, fue un borracho incurable hasta el fin de sus días. Sus inspiraciones y revelaciones y mociones y cuanto salió de aquella mente podrida no era por inspiración del ESPIRITU SANTO, sino por obra del ESPIRITU VINICO o del alcohol etílico, y, llegando al paroxismo al fin de sus días, como Judas, se suicidó, ebrio como una cuba, como en él era habitual, colgándose de la cabecera de su cama. Así acabó el “Suicida borracho de Wittemberg” a quien Jorge de Sajonia llamó “PASTOR DE CERDOS”:
Daniel LE ROUX dice: “La embriaguez, la avaricia, el ocio, la cólera y la lujuria impregnan su vida de inmoralidad, según su propio testimonio”.
Y el oratorio TH. BOZIO en su obra “De signis Ecclesiae” de 1592 escribe que se enteró por un criado de Lutero que éste había sido encontrado colgado de las columnas de su cama después de una borrachera.
Y el franciscano SEDULIUS, en una obra publicada en Amberes en 1606, tiene muy en cuenta la declaración de este criado y dice que la vida de Lutero no da la imagen de un hombre de Dios, sino la de un monje libertino y hereje.
El Dr. G. CLAUDIN en “Chronique Medicale” (D. Raffard de Briene – Op. cité, p. 4) publica esta declaración, de la cual he aquí un extracto:
“Para la gloria de Cristo, yo descubriré a la luz del día, lo que yo mismo VI y ANUNCIE a los príncipes de Eisleben: MARTIN LUTERO se dejó caer al suelo como un saco, de manera que tuvimos que llevarle a la cama totalmente borracho como en él era habitual. Al día siguiente, al tratar de ayudarle a vestirse, lo encontré (oh, dolor) COLGADO de su cama y estrangulado: SE HABIA SUICIDADO. Fui a dar cuenta de ello a los príncipes y ellos me hicieron JURAR bajo fuertes amenazas, que tenía que guardar total silencio respecto al hecho”.
Todos los médicos que han analizado su vida convienen unánimemente que Lutero no fue otra cosa que un enfermo. Pero la pregunta que siempre me he formulado es ésta: ¿fue vicioso porque nació enfermo, o acabó enfermo por causa del vicio?… Sin ningún género de dudas fue lo segundo.
Sobre el alcoholismo se ha escrito mucho. Sólo quiero remarcar que, además de atacar a las neuronas y disolver parte de ellas con el consiguiente trauma, con salpicaduras hereditarias, debilita de tal suerte la voluntad que practicamente llega a anularla. Ello tiene lugar cuando el sujeto se hace drogadicto.
Hay un vino alegre, festivo y otro amargo, agrio. El alcohol al llegar al organismo de Lutero se convertía en ácido acético, quiero decir con ello que su vino era tremendamente agrio, de aquellos que rompen muebles y enseres, pegan a la mujer y a los hijos, se vuelven violentos contra cualquiera que les contradiga, llevando amargura en su interior y tristeza a su alrededor.
En la mirada introspectiva que el heresiarca se dio a sí mismo, se autodefinió como una piltrafa psicosomática: carecía de fuerza de voluntad ¿corolario?: negó el libre albedrío. Su error fue medir al resto de los mortales con el mismo rasante con que se midió a sí mismo: todos somos masturbadores, todos impotentes, todos alcohólicos carentes de fuerza de voluntad, porque “piensa el ladrón que todos son de su condición”. Pero allá le opondré yo un Francisco de Asís o un José Cupertino o Alonso Rodríguez o Martín de Porres o Margarita de Cortona o Catalina de Siena o Teresa de Jesús o María Goretti o a tantos otros, que forman legión, los cuales tuvieron iguales y aún mayores embates de la carne, pero se arrodillaron con humildad, fueron devotos de la Virgen, suplicaron ayuda de lo alto, se hicieron fuerza, lucharon y vencieron, manteniendo puros sus cuerpos como templos que son del Espíritu Santo.
Es aleccionadora la anécdota del Serafín de Asís: “Hermano asno —le decía a su cuerpo— te daré los granos de cebada necesarios para que te sostengas de pie y puedas cumplir con tu cometido. Ni uno menos, pero ni uno más”. Es el “tanto cuanto” de Ignacio de Loyola, es el equilibro del jinete que domina al caballo hacia la meta final para que no se desboque y caigan ambos en un precipicio. En Lutero el vicio rompió las riendas y dio al traste con el equilibrio.
Que es el diablo quien mueve los hilos de estas marionetas se hace evidente al contemplar los paralelismos que existen con otro hereje que traduce a lenguaje siglo XX los mismos principios que aquel crápula-degenerado sentara en el siglo XVI:
“Si perdida la fe —escribe—un día tuvieses que escoger entre un Dios-Personal-Trascendente y la bondad e infalibilidad del mundo, escogería a esta última”. Y todos sabemos que escogió la MATERIA y escribió un himno a la misma:
“dios” (en letra minúscula) no puede crear —añade— fuera de la evolución, pero como ésta no tiene dirección definida, no podemos decir consecuentemente ni que haya bien, ni que haya mal”. Y en los últimos meses de su vida pregunta a todo el mundo con ojos desorbitados y como un loco: “Eso del bien y eso del mal ¿qué es?”. Él no sabe, o no quiere saber, que hay una Revelación y un Decálogo ¡gnosticismo puro! Por eso, a través de sus obras y escritos, yo he contado 18 (diez y ocho) citas en las que niega formalmente el pecado original.
En otra ocasión escribe: “Declaro CON SINCERIDAD que jamás he podido sentir piedad por un Crucifijo, ni comprender la esterilidad del sacrificio de la Cruz por un pecado que el hombre no pudo jamás haber cometido (porque le niega al hombre el libre albedrío) o que Dios, por no tener necesidad de él, pudo haber evitado” (Teilhard: c.f.: “Christologie et Evolution”). Y en su obra “El Medio Divino” tiene la osadía de presentarse como un iluminado, como un profeta al que Dios le ha revelado que “ningún hombre se ha condenado jamás y que el infierno, si existe, está vacío”, negando formalmente su existencia.
“Mis votos y mi vocación —escribe más adelante— los he revestido, y esta es mi fuerza y mi felicidad, de la aceptación y divinización de las fuerzas de la naturaleza, al término de las cuales está la carne, y para el hombre la carne es la mujer”. Conculca el voto de castidad como hizo Lutero (el paralelismo resulta evidente) lo cual es la antítesis de la sublime aspiración evangélica de los “eunucos voluntarios por el Reino de Cristo” que tanto alabó el Divino Maestro. Pero ¡non serviam! contestan los profetas del Anticristo: ¡Abajo el celibato sacerdotal!.
¿Quién es, pues, ese Cristo histórico de Belén y del Calvario? El lo ignora, pero cuando se lo preguntan en el antro caliginoso de una Logia de París el sábado 6 de diciembre de 1919, después de haber pisoteado un Crucifijo (según informe de dos testigos presenciales: Juan Antonio Portell Alomá y Francisco de A. Dorca Vilá) y de haber recibido la Investidura, contesta con el TALMUD: “¡Un impostor!”, y lo repite 3 veces; pues para él, como para su maestro PABLO ROCA, “Su cristo” —el de Marx Engenls— no es el del Evangelio y del Vaticano, sino “el cristo-solar-fantasmal de la Cábala, oculto dentro de las potencias del cosmos”, a las que da el nombre de “cristo” para acomplejar y engañar a cuatro bobalicones que presumen de sabios y avanzados.
Tal sujeto no fue un alcohólico como Lutero, ni, probablemente, un impotente funcional, pero sí era francmasón y mujeriego, camuflado hasta el fin de sus días con el hábito de S. Ignacio de Loyola: era TEILHARD DE CHARDIN, el numen del Concilio Vaticano II.
A partir del 6 de diciembre de 1919 las mujeres le rodearon como cerco fatal. Voy a dar los nombres de las que mayor influencia ejercieron en su vida: 1) Nicole DE JEANTAL DUVALIER: la fascinante espigadita de ojos rasgados que fue la primera que le zancadilleó y le introdujo dentro de la Logia; 2) Madeleine BARTHELEMY MADAULE: que puso en sus manos el libro “LA CREATION” de Jacques de Boyer, que fue la base de su metafísica (gnóstica); 3) Leontine ZANTA: que colaboró en su libro “La evolución de la castidad”; 4) Jeanne MORTIER: la bella secretaria a la que dejó legataria universal de todas sus obras y escritos; 5) Maryse CHOISY: su última protectora en cuya casa vivió y recibía allí a todas sus amistades (según testimonio del Dr. Ramón Rogué). En su libro “Lo femenino y lo unitivo” hay un párrafo que no tiene desperdicio y lo explica todo. Véanlo:
“… en la historia de mi vida interior, tal como la refieren estas páginas, faltaría un elemento y una atmósfera ESENCIAL, si no se mencionara, al acabar, que a partir del momento CRITICO en que, desechando viejos moldes familiares y religiosos… empecé a despertar y a formulármelo verdaderamente a mí mismo: nada se ha desarrollado en mí más que bajo mirada e influencia de mujer. Por tanto no se espere de mí, aquí, otra cosa que el homenaje general, de ADORACION, que surge de lo más profundo de mi ser, hacia aquellas cuyo CALOR y ENCANTO ha pasado, gota a gota, a la sangre de mis ideas más queridas”.
Creo que huelgan comentarios. Pero volvamos a Lutero: Este niega el libre albedrío, se rebela contra los Mandamientos y contra el espíritu del Evangelio con su formula subjetiva del “cree y peca”; entroniza el EGO (que más tarde metodizara Renato Descartes) proclamando el libre examen: ya no hay nada sólido para asirnos, todo es relativo y cambiante; desprecia y pisotea los sacramentos; manifiesta su odio a la Santísima Virgen, que transmite a otros, como corolario obligado a su estado de crápula-degenerado; cierra el puño y se levanta contra el Papa y contra todo principio de autoridad, pues en el fondo aspira a que no haya más autoridad que la suya; dándose cuenta de que la Santa Misa es la columna vertebral que sostiene al Catolicismo, proclama: “Matemos la Misa y la Iglesia se derrumbará”; quiere aplastar al infame, diciendo: “Matemos al Papa y lavemos nuestras manos con su sangre” (lo cual fue repetido más tarde por el impío Voltaire), hace una parodia de traducción de la Sagrada Escritura, escupiendo sobre Ella, desechando lo que no le conviene, interpolando términos, suprimiendo otros, cambiando el orden de las palabras en un mismo versículo y en una misma oración para que le resulte con artificio y fraude no lo que dice la Biblia, sino lo que a él le conviene decir; suprime libros que no se adaptan a sus conveniencias, como, por ejemplo “Los Macabeos”, es decir, la obra de un falsario; tiene siempre a flor de labios la palabra “fe”, pero él nunca supo lo que es fe (dime de qué alardeas y te diré de qué careces, dice el refrán), porque la fe —como definió San Pío X— es obra de la gracia y la gracia sólo se obtiene suplicándola de rodillas, de rodillas, Martín, de rodillas y tú te erguiste ante Dios y ante su legítima Autoridad. San Agustín dijo: “A Dios sólo se va de rodillas, pero el hombre es demasiado orgulloso y fatuo para doblarlas” y tú solamente rezumas orgullo, fatuidad y vicio. Y la gracia sólo la alcanzan los sencillos y los humildes como Teresita de Lisieux, por ejemplo.
¿Y llaman a esto reformar una religión? ¡esto no es reforma, sino demolición con piqueta hecha por un crápula, impotente, alcohólico y suicida, cuyo tufo de alcohol aún apesta después de 400 años. ¿Y esto es lo que Juan Pablo II va a buscar a Asís? ¡qué copete, Dios mío!.
Yves-and-Ratzinger

Yves Congar y Ratzinger, progresistas en el Concilio Vaticano II, 

Hay otra vertiente a estudiar en la llamada “Reforma del siglo XVI” de carácter menos religioso y más civil con causas muy profundas y negras: la figura luterana fue exaltada por los enemigos de la Iglesia que convirtieron al frailecito en “mingo de billar” o marioneta, cuyos hilos eran manejados desde un antro muy sombrío. En efecto, muchos príncipes ambicionaban apoderarse de los bienes de la Iglesia, ambicionaban poder y mucho poder. El fómite, pues, era la ambición, el robo y el odio que estos principies tenían a Jesucristo y a su Cuerpo Místico la Iglesia. El “monje libertino” era para ellos como una herramienta para destruir y abrirse paso. Y sólo se puede manejar bien a un enfermo de cuerpo y alma, verdadero POSESO DIABOLICO en el más amplio sentido de la palabra. Quien no sepa ver en ello la mano del Espíritu del Mal, es que está terriblemente ofuscado y ciego, como, por ejemplo, Yves CONGAR, otro luterano enmascarado con el hábito de Santo Domingo, cuya capucha se arrancó en el instante en que Juan XXIII abrió las puertas del redil, convocando el Vaticano II, y entonces enseñó sus colmillos de lobo rapaz. En este siglo XX tenemos un hecho similar: TEILHARD es un ignorante con pretensiones, escéptico, ateo y masón. Y sin embargo la Masonería, que controla los medios de comunicación, le presenta como un cerebro extra-planetario, y muchos bobalicones, que presumen de sabios, caen en la trampa.

 

 

Theilard

El Papa Ratzinger citó a de Chardin, concluyendo su misma visión cosmica, lo que hizo decir al vocero del Vaticano, Lombardi: ““Ahora nadie imaginaría decir que Teilhard es un auto heterodoxo que no debería de ser estudiado”. El discípulo de Teilhard, el teólogo Vito Mancuso, le dijo a los reporteros que “estaba agradablemente sorprendido” y que las palabras de Benedicto XVI “tienen gran importancia”.

Analicemos someramente el libre examen, que es fundamento del protestantismo y piedra angular de la democracia: tantas cabezas, tantos sombreros; tantos individuos, tantas opiniones. El pluralismo prolifera como setas. Se destruye la unidad de la cual dimana la fuerza vital de vivir y sobrevivir. Por esto nos hallamos ante más de 400 sectas, como podrían ser 800 ó las que Uds. quieran. De las 400 (anabaptistas, evangélicos, anglicanos, metodistas, Testigos de Jehová, mormones, cuáqueros, etc.) 399,9 de ellos están en el error y se contradicen unos con otros: ¡oh, el libre examen! Se me arguye que cada una posee PARTE de la verdad, pero ¿qué quieren decirme con ello? ¿qué si se juntaran y pegaran o unieran formarían el TODO como ocurre con esos juegos de “rompecabezas” de los niños? ¡ridículo e infantil sofisma! Redarguyo: ante todo falta el pegamento y encontrarlo es una de las mayores utopías que pueden ser concebidas. Por otra parte, si poseen parte de la verdad, están inmersos, en cambio, en crasos errores y, en el instante en que se tratara de juntar el error con la verdad, ésta dejaría de serlo y se daría paso a un contubernio execrable que sólo podría generar un híbrido, un engendro monstruoso, como está ocurriendo a partir del Vaticano II. “Nadie puede servir a dos señores” —ha dicho el Divino Maestro— y San Pablo nos dirá: “¿qué tiene que ver la santidad o justicia con la iniquidad? o ¿qué compañía puede haber entre la luz y las tinieblas? o ¿qué concordia entre Cristo y Belial? o ¿qué parte tiene el fiel con el infiel? o ¿qué consonancia entre el templo y los ídolos?” (II Corintios, VI-14, 15).

 

Cien mujeres feas, sumadas, jamás darán o podrán formar una mujer hermosa; por el contrario, la suma se hará cada vez más monstruosamente fea, porque la belleza, que es la verdad, no es cuestión de cantidad, ni de pluralismo, sino de unidad, de calidad, de selección, de armonía, de orden. EL PROTESTANTISMO NO ES RELIGION, SINO ANTIRRELIGION y es falso y perverso en su misma base, tómenlo por el lado que quieran. Lo tengo comparado con ciertos parásitos del cuerpo humano (piojos, pulgas, chinches, ácaros, sarna…) que viven porque él vive: si muriera, ellos morirían automáticamente. Son, pues, términos negativos, son las avanzadillas de Satanás para disolver primero y hacer morir después a la Iglesia Católica, es decir ANTIRRELIGION, como han dicho Bossuet y Balmes.
La Sagrada Biblia es el libro más antiguo que se conoce. De inspiración divina se ha revelado al hombre a través de formas y medios humanos. Son muchos los autores que han intervenido en épocas que se distancian de siglos y aún de milenios en pueblos distintos, con costumbres, lengua y geografía diferentes. Los doctores en la Sagrada Escritura se las ven y se las desean no pocas veces para poder aquilatar y determinar el exacto sentido de una voz y para discernir lo simbólico y didáctico de lo verdaderamente histórico. Si historiadores, especialistas en lenguas orientales que consagraron toda su vida al estudio, encuentran no pocas dificultades, ¿qué va a hacer el hombre de la calle, el ignorante sin formación o con formación en disciplinas y ramas distintas de lo estudios bíblicos?… Es realmente irracional y una vesania diabólica el juego del libre examen. Por esto Jesucristo nos dio un guía, un maestro único que explicara lo oscuro y el alcance de determinadas expresiones y situaciones y fuera para los hombres faro y luz: es la Iglesia Católica. Pero Lutero cerró el puño (gesto de odio) y lanzó, como Luzbel, el grito de rebeldía contra la legítima Autoridad. ¿Se daba cuenta de las dificultades antes apuntadas? ¡claro que sí! la prueba es que él quiere declararse la única autoridad en Sagrada Escritura, quiere deponer la legítima para ocupar su puesto ¡el orgullo ante todo! ¿quién no ve en ello la insidia diabólica? Por eso a cuantos se quieren separar de su opinión o quieren contradecirle o siquiera discutirle algo, les obsequia con epítetos que no pueden transcribirse —como dijo BALMES— sin manchar el papel: “…cochinos, marranos, cerdos, puercos…”, llegando a insultar a sus propias madres con el lenguaje más soez, viperino y obsceno que se conoce, propio tan sólo de un cerdo, alcohólico, agrio y degenerado.
“¿Pero, en qué quedamos? ¿no habías proclamado tú el libre examen y abierto la era de la acracia?… Pues este es el Lutero al desnudo. Cuanto se ha hecho para arroparle, suavizar y excusar determinadas conductas, no es otra cosa que eufemismo, mentira y fraude, que es lo que ha hecho Yves CONGAR, un luterano cobardemente disfrazado con el hábito de Santo Domingo, pero que se arrancó de cuajo al sonar las trompetas ecuménicas del Vaticano II.
El egocentrismo de Lutero, metodizado luego por Renato DESCARTES, que tanto influyó en las escuelas filosóficas, va a parar recto a la Enciclopedia, con los Bayle, Voltaire, Rousseau, Robespierre, Diderot… que hace estallar la Revolución Francesa, hija del Hereje de Wittemberg, en la que se conculca todo principio de autoridad y constituye el hecho más execrable de la Historia, mientras sus epígonos se devoran unos a otros. Pero el germen de la acracia no muere y nos hallamos ante dos guerras apocalípticas que asolaron Europa y al mundo en el siglo XX. El después ya lo palpamos: subversiones, delincuencia, asesinatos, terrorismo, secuestros, violencias y violaciones, drogas, pornografía y hedonismo a escala mundial, tensiones internacionales, triunfo del mal… con densos nubarrones sobre el Continente Apóstata que un día, al abrazar la Cruz Redentora, iluminó al mundo… mientras que una espada de Damocles pende sobre la Tierra y amenaza con raer de su faz las tres cuartas partes de la Humanidad.
Yo no sé si el Anticristo se encarnará en una sola persona que se come crudos a los niños con sus grandes colmillos (esto es sólo alegoría) o bien en una institución o movimiento social como podrían ser el Comunismo o la Masonería. Personalmente mejor creo esto último. Pero sí sé de cierto que los tres tiempos y medio, señalados por el profeta DANIEL, empezaron ya y que el primer profeta del Anticristo fue Martín Lutero y, con él, empezó la época de “La Gran Apostasía”, señalada por San Pablo, y que finalizó a las puertas del llamado Vaticano II. Y es aquí donde empieza la verdadera ERA DEL ANTICRISTO: una corriente espiritual diabólica se enseñoreará de los hombres, haciéndolos malignos e inicuos: “EL HOMBRE DE INIQUIDAD” (expresión que entraña plural) penetrará en el seno de la Iglesia (y esto lo confirmó Juan Bta. MONTINI con estas palabras: “El humo (espíritu) de Satanás ha penetrado dentro de la Iglesia y sus hijos la están demoliendo”, cumpliéndose a la letra el Salmo XXI – 17: “Quoniam circumdederunt me canes multi, CONCILIUM MALIGNANTIUM obsedit Me, foderunt manus meas et pedes meos” con los satánicos dogmas de la colegialidad, el ecumenismo y la libertad religiosa, y, ese “hombre de iniquidad” (plural) —como nos advirtió la Santísima Virgen— escalará las más altas cumbres de la Iglesia a la que llegará a gobernar (FATIMA) y Roma perderá la fe y llegará a ser la sede del Anticristo (LA SALETTE). No son, pues tiempos venideros, antes bien tiempos en parte ya pasados y sobre todo totalmente PRESENTES: los vemos y los palpamos: al comienzo del llamado Vaticano II, una gran lista de modernistas y progresistas se habían vuelto luteranos o eran comunistas o masones. Eran los Congar, Chenu, Cardonel, Montini, Meyerber, Rahner, Schillebeekx, de Lubac, Wojtyla, Küng, Lienard, Villot, Bugnini… que como manada de alimañas, estaban agazapados y escondidos como hienas y chacales prestos a echarse encima de su presa (la Iglesia Católica) para morderla y desgarrarla, como atisbó el santo Obispo irlandés George Warrens. Entonces una parte de la manada izó la bandera de LUTERO, como los Congar y compañía, y la otra parte izó la de TEILHARD, como de Lubac y su banda. Y este binomio LUTERO-TEILHARD fue el numen del Conciliábulo llamado Vaticano II, cuyos frutos están podridos y hieden, como anunció Nuestra Señora de Fátima.
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En octubre de 1983, Juan Pablo II hablando de Martín Lutero declaró : “Nuestro mundo experimenta incluso hoy su impacto en la historia”[107]. Y el 14 de junio de 1984, Juan Pablo II elogió a Calvino como alguien que quería “hacer que la Iglesia fuera más fiel a la voluntad del Señor”[108]. Elogiar a los peores herejes de la historia de la Iglesia es ir más allá de la herejía. 

A principios de 1936 tuve varios contactos con el Pastor protestante Rdo. Dr. Jeremy O’HIGGINS, profundo historiador y autor de la obra “Luther life and work”, editada en Londres en 1913. Dicho Pastor me confirmó el suicidio del hereje, pero lo que más me sorprendió en él fue que estaba impresionado y realmente obsesionado por las palabras de BOSSUET que estigmatizó por siempre jamás al luteranismo con esta sentencia: “Tú (protestantismo) no eres religión, sino antirreligión, pues, TU VARIAS, Y LO QUE VARIA NO ES VERDAD”. En efecto, la religión verdadera une, construye, alumbra; la antirreligión separa (ahí quedan las 400 sectas) destruye, ofusca. Y lo que separa, destruye y ofusca es antirreligión, como han señalado Bossuet y Balmes.
Al comienzo de nuestra Cruzada de Liberación (digo de liberación porque buena parte de España había caído en las garras de STALIN) el Rdo. O’Higgins marchó a los Estados Unidos y no he vuelto a tener noticias suyas, pero de una cosa estoy convencidísimo: aquel hombre, de gran corazón y de una inteligencia lúcida, acabó convirtiéndose al catolicismo.
Recomendaría a todos los sacerdotes y OBISPOS que lean la magistral obra del filósofo de Vich JAIME BALMES:
EL PROTESTANTISMO COMPARADO CON EL CATOLICISMO en sus relaciones con la civilización europea.
Arístides R. VILANOVA
Tradición Católica nº 95. Febrero 1994.
Imágenes añadidas por el blog
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Un comentario en “La verdad oculta sobre Lutero

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