[14] Vaticano IIº.Giro de 180º: “Dignitatis Humanae” :La Libertad religiosa, 2º

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Card. Agostino Bea, Presidente del Secretariado para la unidad de los cristianos, ejecutivo eficaz de la herejía

V O L V E R   A L   Í N D I C E

 

QUANTA CURA

La proposición condenada es:

«Es contra la doctrina de la Escritura, de la Iglesia y de los Santos Padres, que no dudamos en afirmar: que la mejor condición de la sociedad es aquella en la cual no se reconoce en el Estado el deber de reprimir, con penas establecidas, a los violadores de la católica religión, sino en cuanto lo requiera la tranquilidad pública.” (…) La libertad de conciencia y de cultos es un derecho propio de cada hombre que se debe proclamar en cada sociedad bien constituida.»

DIGNITATIS HUMANAE PERSONAE

«En materia religiosa, ninguno (…) sea impedido, dentro de los debidos límites, de actuar en conformidad con su propia conciencia, privada o públicamente, en forma individual o asociada. (…) Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene el derecho a la libertad religiosa. (…) Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa debe ser sancionado como derecho civil del ordenamiento jurídico de la sociedad.»

Por lo tanto, estas afirmaciones de la “Dignitatis humanae”, ya habían sido condenadas por el Magisterio plurisecular de la Iglesia. En efecto: Clemente XII, con la Constitución “In eminenti”, Benedicto XIV, con la Constitución “Providas Romanorum”; Pío VII, con la “Eclessiam”; León XIII, con “Quo graviora”; Gregorio XVI, con la encíclica “Mirari Vos”…

Todos estos Papas ya habían sancionado que solo la verdadera religión de la Iglesia Católica Apostólica y Romana tenía el derecho de ser profesada abiertamente y sin ningún impedimento, y tutelada por el Estado, mientras, en su lugar, a las otras religiones falsas se deberá negar todo derecho.

Pero desafortunadamente, aquellos que tomaron posiciones contra estas desviaciones liberalmodernistas no fueron jamás escuchados. El Vaticano II ya había llevado adelante la “nueva era” de la Iglesia, en la cual la “nueva religión universal”, de molde masónico, había sentado sus bases de manera que ninguno, humanamente hablando, pudiera molestar. Aquellos que todavía creen en un arrepentimiento de la Jerarquía moderada, deben darse cuenta que las “Verdades” de la Fe Católica están, ya, suplantadas por una “nueva doctrina” ecuménica ¡que está arrojando la “Verdad” en el mundo de las tinieblas del error!

DE LA LIBERTAD RELIGIOSA

SEGUN ALGUNOS PADRES CONCILIARES

El Cardenal Ottaviani hacía notar a los Padres conciliares como la Iglesia siempre había admitido que nadie puede ser constreñido a profesar una cierta fe, pero que ningún derecho verdadero puede reivindicar quien sea, en contraste con los derechos de Dios; que un verdadero y auténtico derecho a la libertad religiosa pertenece objetivamente solo a los adherentes a verdadera fe revelada; que es extremadamente grave declarar lícita de derecho la propaganda de una religión cualquiera.

El Cardenal Ruffini, Arzobispo de Palermo, resaltaba que la declaración conciliar en discusión debía ser corregida; porque así como era, prohibía al Estado favorecer la verdadera religión, y hacía propio el indiferentismo religioso sancionado por la declaración de los derechos del hombre, promulgada por las Naciones Unidas en 1948.

El Cardenal Quiroga y Palacios, Arzobispo de Santiago de Compostela, anotó que dicha declaración, para favorecer a los hermanos separados, exponía a gravísimos peligros la fe de los católicos; que el texto, toda una secuela de ambigüedades, exponía una doctrina en contradicción con la tradicional y verdadera; y que el Concilio, aprobándola, habría sancionado solemnemente el liberalismo religioso que la Iglesia había condenado tantas veces no menos solemnemente.

El Cardenal Bueno y Monreal, Arzobispo de Sevilla, declaraba ambíguo todo el texto de la declaración; afirmaba que solo la Iglesia Católica ha recibido la orden de Dios de ser predicada a todos los pueblos; que nadie puede obligar a los católicos a ser sometidos a la propaganda del error, y viceversa, Ella tiene el derecho de exigir que las leyes prohíban la propaganda de las otras religiones.

El Cardenal Browne, de la Curia Romana, apoyado por Monseñor Parente, de la misma Curia, rechazaba esa misma declaración, porque en ella se subordinaban los derechos de Dios a los presuntos del hombre y a su libertad; y el P. Fernandez, Superior General de los Dominicos, la rechazaba en cuanto infecta de naturalismo.

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