[ y 19] Vaticano IIº. Giro de 180º: Apéndice: si un papa cae en herejía ó cisma

Concilio Cadaverico

Pintura del famoso Concilio Cadavérico

 V O L V E R   A L   Í N D I C E

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Si un Papa cae en herejía o en cisma…

Hoy se podría también decir que la Jerarquía de la Iglesia Romana está demoliendo la doctrina católica de siempre, para dar una “nueva religión”. ¿Pero como es posible esto? ¿Como es posible que quien sigue las nuevas líneas doctrinales, a menudo en contradicción con la doctrina católica, esté fuera de la Fe de antes del Vaticano II?

Se podría revelar toda la documentación conciliar y todos los actos de Paulo VI y de Juan Pablo II, si la limitación del espacio de este escrito fuese suficiente para manifestar “hechos” y “palabras” que harían resultar evidente el contraste con la doctrina y la práctica de la Iglesia tradicional.1

Ciertamente, no se puede pensar que Paulo VI y Juan Pablo II no conocieron la doctrina católica, estando en posesión de títulos en Teología, y después de haber sido advertidos por muchos de su falso proceder sobre el nuevo curso de su “Nueva Iglesia”, demostrando un conflicto irremediable entre su nueva doctrina y los dogmas tradicionales de la Fe Católica, turbando a los fieles con tanta diversidad de opiniones teológicas.

¿Y entonces… como olvidar, que la Iglesia de Cristo siempre fue esencialmente tradicional, basada en el “Depositum fidei, transmitido por los Apóstoles hasta hoy…? ¿Como no tener en cuenta aquello que la Iglesia ha dicho y hecho a lo largo de los siglos…?

Por esta razón, muchos teólogos se han planteado la pregunta de que ocurre si un Papa se convirtiera en hereje o cismático, como ocurrió con los Papas Liberio, Honorio, Pascual II, Juan XXII.

Escuchemos a alguno:

Uguaccione escribió: «Cuando el Papa cae en la herejía, puede ser juzgado por los súbditos. En efecto, cuando el Papa cae en herejía se vuelve no mayor, sino inferior a cualquier católico.»

Juan el Teotónico, un gran decretalista, se plantea la cuestión si es lícito acusar “al Papa” en caso de que caiga en herejía, y responde que si, porque, de otra manera «se perjudicaría el bien de toda la Iglesia, lo que no es lícito» y además «a causa de la herejía el Papa cesaría de ser el Jefe de la Iglesia, cuando el crimen sea notorio por “confesionem vel pro facto evidentia”.»

El Cardenal Juan de Torquemada (no el inquisidor), comentando el “Corpus iuris canonici”, afirma: «Respondo diciendo sobre esta conclusión que el Papa no tiene juez superior sobre la tierra, excepto para el caso de herejía.» Y afirma entonces: «Desviado de la Fe significa, cuando de la fe se aleja pertinazmente y de la piedra de la fe cae, de sobre la piedra sobre la que se fundó. (cfr. Mt. 16)

(El Papa) se convierte en menor e inferior a cualquier fiel y, entonces, puede ser juzgado por la Iglesia, o más bien ser declarado ya condenado, según cuanto está escrito que quien no cree ya ha sido juzgado, y no puede el Papa establecer una ley que no se lo pueda acusar de herejía, porque así podría comprometer a toda la Iglesia y sería confundir el estado general de la misma.»

Inocencio III, en tres sermones declaró expresamente que en el caso en que él mismo cayese en herejía, sería declarado culpable de un crimen contra la Fe.

San Roberto Bellarmino, en su “De Romano Pontífice”, escribió que en el caso que (el Papa) cometiese errores doctrinales, se debe decir que ese Papa no habría sido elegido válidamente; y en caso de caída en herejía, cesaría de ser Papa, porque, “quien está fuera de la Iglesia no puede ser el Jefe.”

También en nuestros tiempos, la situación es equiparable a otra medieval.

En efecto, el Card. Journet, en 1969, declaraba: «Los teólogos medievales decían que el Concilio no debería tampoco deponerlo, sino solamente constatar el hecho de la herejía y expresara la Iglesia que aquel que fue Papa ha decaído de su función principal. ¿Quien lo ha destituido? Nadie, excepto él mismo. Como él puede abdicar con un acto de su voluntad, así puede decretar voluntariamente, por si mismo, su decadencia, con un acto de herejía.

El motivo es que renegando de la Fe, él que era Papa, ha dejado de ser parte de la Iglesia, de ser miembro de ella. Del momento que el hecho es declarado públicamente, él no podría, por lo tanto, continuar siendo la cabeza. En un caso similar, una eventual sentencia de un Concilio es solamente declarativa, y no proclama, de ningún modo, la supremacía del Concilio sobre el Papa.

En el “Enchiridium Juris Canonici”, redactado por Stefano Sipos, tal sentencia es reasumida de diversos modos.

Un documento de importancia teológica es la Constitución Apostólica “Cum ex Apostolaus officio” del Papa Paulo IV, en la cual empeña la plenitud de sus poderes:

«Con esta Nuestra Constitución, válida a perpetuidad, por odio a crimen tan grande (herejía), en relación con el cual ningún otro puede ser más grave y pernicioso en la Iglesia de Dios, en la plenitud de la potestad Apostólica, establecemos, decretamos y definimos» abiertamente que «el mismo Romano Pontífice, que antes de la promoción Cardenal, o a su elevación a Romano Pontífice, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en cualquier herejía, o fuese incurso en un cisma, o que lo ha causado, sea nula, no válida, y sin ningún valor, la promoción o elevación, incluso si esto ocurrió con el concierto de todos los cardenales.»

La misma argumentación se lee en la Bula “Inter multiplices” de San Pío V.

En este punto, uno puede preguntarse si Juan Pablo II pronunció herejías “ex Chatedra”, o si él, personalmente y privadamente, era un hereje o no. Después de todo aquello que hemos denunciado de su actuar, ¿como podría haber sido “Papa” Juan Pablo II? Si el aggere secuitur esse”, si puede constatar que sus acciones no corresponden a las que debieron ser.

En efecto, ¿como podría recibir en la frente, como “Papa”, el signo de los adoradores de Shiva…? ¿como podría decir, a los adoradores del “diospitón”, de su fe en un Dios único y bueno…? ¿como podría presidir reuniones, como la de Asís y otras similares…?

Pío XI, en su encíclica “Mortalium animos”, dice « (…) ciertamente no podemos aprobar de los católicos el hacer tentativas basadas en la falsa teoría que supone buenas y laudables todas la religiones, porque todas, aunque en manera diversa, todavía manifiestan y denotan igualmente ese sentimiento a todos congénito, por el cual nos sentimos llevados a Dios y al obsecuente reconocimiento de su dominio. Por lo tanto, los seguidores de tales teorías, no solo están engañados y en el error, sino repudian la verdadera religión, depravan el concepto, y se someten, paso a paso, al naturalismo y al ateísmo.»

Ahora, es dogma de fe que la Iglesia es Santa, por lo que la Santa Iglesia no puede darnos los Sacramentos, la Fe y leyes que no sean santas.

Y entonces, ¿como es que el “Nuevo Código de Derecho Canónico”, el “Nuevo Ordo Missae”, contengan “errores”…?

La única respuesta podría ser esta: si un Papa promulga leyes universales contrarias a la Fe tradicional y contrarias a la santidad de la Iglesia, su autoridad no sería legítima.

Repensando los discursos y los “hechos” de Juan Pablo II, se debería decir que Karol Wojtyla es ciertamente un hereje, y eso confirmaría la ausencia de autoridad, desde el inicio, en su persona.

Preguntémonos, entonces, ¿donde está la verdadera Iglesia? Si aceptamos la profecía de la Virgen de La Salette, la Iglesia verdadera está visible en aquellos que huyen de la herejía, conservando entonces la Fe.

Esto, sin embargo, plantea el problema que la Iglesia, mañana, deberá aclarar este período oscuro de su historia y deberá, por lo tanto, también constatar la nulidad de los documentos del Vaticano II, de la falsa Reforma Litúrgica, del vacuo Derecho Canónico, de los Catecismos heréticos y de las veinte encíclicas.

Que Jesucristo DIOS, Fundador de su Iglesia, ¡ilumine y dirija esta solución para Su Iglesia!

1 Para el conocimiento de estos “dichos” y “hechos” léase: “Appunti critici sul Vaticano II” (Apuntes críticos sobre el Vaticano II”) (cinco libros), “La batalla continúa” (5 libros y el Número de “Chiesa viva” de setiembre de 2010  Edictrice Civiltá  Brescia, Italia

«Siento en mi entorno a los innovadores que quieren desmantelar el Sacro Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, ¡Hacerla sentir remordimiento de su pasado heroico! Bien, mi querido amigo, estoy convencido que la Iglesia de Pedro tiene que hacerse cargo de su pasado, o ella cavará su propia tumba (…) Llegará un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dude como dudó Pedro. Será tentada a creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo es meramente un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la lámpara roja donde Dios los espera, como la pecadora que gritó ante la tumba vacía: ¿dónde lo han puesto?». (de: “Pius XII devant l’histoire”, por Mons. Georges Roche)

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