Para leer mejor las Sagradas Escrituras

HERMENÉUTICA

Los diferentes sentidos de la Sagrada Escritura

Dios manifiesta su pensamiento en la Sagrada Escritura:

I- Inmediatamente, por las palabras = sentido literal.

II- Mediatamente, por los hechos que significan el futuro = sentido típico.

I- Sentido literal

Es el sentido que resulta directamente de los términos empleados, es decir, la significación propia de las palabras.

División del sentido literal: según la forma o según el fondo.

A- Desde el punto de vista de la forma:

1) Sentido literal propio.

2) Sentido literal impropio o metafórico.

Sentido literal propio: es el sugerido por el sentido usual y común de las palabras utilizadas. Por ejemplo: Esto es mi cuerpo.

Sentido impropio: cuando las palabras son imágenes. Por ejemplo: He aquí el cordero de Dios, o Yo soy la verdadera vid.

El sentido literal impropio, que se sigue directamente de las palabras, se distingue del sentido típico, que se sigue de las cosas expresadas por las palabras.

De esta manera, las descripciones del cordero pascual del Éxodo constituyen sentido típico; mientras que He aquí el cordero de Dios constituyen el sentido literal impropio.

B- Desde el punto de vista del fondo:

1) Histórico = recuerda hechos pasados: La genealogía de Jesús.

2) Profético = anuncia acontecimientos futuros: No quedará piedra sobre piedra.

3) Dogmático = proporciona enseñanzas doctrinales: El padre y yo somos uno.

4) Moral o tropológico = proporciona una regla de conducta: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Veamos diversas clases del sentido literal impropio o metafórico.

Pasaje de una palabra a otra:

1) Sinécdoque: consiste en designar una idea con el nombre de otra que tiene alguna relación con aquella por inclusión o coexistencia: tomar la parte por el todo, el género por la especie o lo abstracto por lo concreto.

Una idea incluye a otra o está incluida en ésta, las dos coexisten en un mismo todo, por lo tanto puedo aplicar a una el nombre de la otra. Ejemplos: Toda carne vendrá a Ti.

2) Metonimia: poner la causa por el efecto, el continente por el contenido, el signo por lo significado, la materia por la cosa confeccionada. Ejemplos: No he venido a traer la paz sino la espada. Un cetro se elevará de Israel.

3) Metáfora: pasaje de una realidad propia a una realidad impropia por semejanza.

La metáfora es una comparación abreviada porque calla uno o varios de sus términos; si se expresasen todos habría simple comparación. Ejemplos: Vosotros sois la sal de la tierra. Venció el león de Judá.

4) Énfasis: el sentido sobrepasa la significación de las palabras. Ejemplo: El día del Señor.

5) Hipérbole: consiste en aumentar o disminuir excesivamente la verdad de lo que se dice para causar mayor impresión. Ejemplo: Es más fácil que un camello pase por el agujero de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos.

6) Elipse: consiste en la omisión de alguna palabra sobre entendida. Ejemplo: mi alma está triste y tu Dios, hasta cuándo.

Pasaje de un discurso a otro:

1) Parábola: historia ficticia pero posible: la relación se hace del todo al todo, y no una a una como en la alegoría. Ejemplo: El reino de los cielos es semejante a…

2) Alegoría: es un discurso metafórico por el cual una cosa significa o representa otra diferente: la relación es una a una. Yo soy el buen pastor. Yo soy la verdadera vid.

3) Fábula: puesta en escena de cosas inanimadas. Ejemplo: discurso del olivo en Jueces 9, 8-15.

4) Enigma: alegoría en el cual el sentido es muy oscuro. Ejemplo: enigma de Sansón en Jueces 14, 14.

5) Símbolo: es una cosa o una acción que figura otra. Ejemplo: Pilatos se lava las manos.

Consideremos ahora la extensión del sentido literal:

1) Todo pasaje de la Sagrada Escritura ofrece un sentido literal, propio o metafórico.

Sin sentido literal no hay sentido típico. “el sentido espiritual esta fundado sobre el sentido literal y lo presupone” (Santo Tomás).

Aceptar que una frase no tiene sentido literal es dejar la puerta abierta al rechazo de toda frase difícilmente comprensible.

2) Hay un solo sentido literal para cada pasaje determinado de la Sagrada Escritura.

El lenguaje humano no puede expresar literalmente sino una sola idea por las mismas palabras; de otro modo caemos en el equívoco.

El sentido literal tiene dos extensiones

1º) El sentido pleno: Es un sentido de la escritura que prolonga el sentido literal sin el esclarecimiento de la revelación. La Iglesia es quien explicita con certeza este sentido pleno.

Ejemplo: Isaías 7, 14, “Emmanuel”. Esto significa la unión hipostática.

2º) El sentido consecuente: Es una prolongación del sentido literal obtenido por un simple razonamiento.

Como se sigue virtualmente de la Sagrada Escritura, no es un verdadero sentido bíblico.

Ejemplo: I Corintios, 9, “no pondrás bozal al buey que ara”. El ministro merece su salario.

*** + ***

II- Sentido típico

Es un sentido oculto por el cual mediante cosas o personas designadas por las palabras, el Espíritu Santo prefigura acontecimientos o personas futuras.

Este sentido recibe a veces otros nombres: sentido místico, sentido espiritual, sentido figurado.

El sentido típico es diferente del sentido acomodaticio, el cual atribuye a un objeto o un personaje lo que Dios ha dicho de otro objeto o personaje.

El sentido acomodaticio no está inspirado por Dios, a diferencia del sentido típico.

Para que se dé el sentido típico es necesario que:

1º) La cosa o la persona que es imagen tenga una realidad histórica (el tipo no es ni una metáfora, ni una parábola ni una alegoría).

2º) Exista una semejanza entre el tipo y lo que él prefigura (antitipo). El tipo no corresponde necesariamente en todo al antitipo; la relación es global y no punto por punto.

2º) La intensión divina de significar una cosa por otra. El sentido típico es un argumento escriturario cierto cuando está probado por el testimonio de la Escritura o la Tradición. “Nada de lo necesario para la fe se encuentra según el sentido espiritual que por otra parte la escritura no lo haya dado en sentido literal” (Santo Tomás).

División del sentido típico:

1). El profético o alegórico: prefiguración de Cristo o de la Iglesia.

2) El tropológico: contiene una lección moral.

3) El anagógico: prefigura la vida futura.

Utilización del sentido típico:

No todos los detalles de la Biblia tienen un sentido típico.

Si es querido por Dios, el sentido típico tendrá el mismo valor de demostración que el sentido literal.

No hay que olvidar que el sentido típico contribuye poderosamente a confirmar la doctrina.

*** + ***

Sentido acomodaticio

Es un sentido extraño a la Escritura que resulta de aplicar a un objeto o persona lo que el Espíritu Santo ha dicho de otro objeto o persona.

El sentido acomodaticio no es un sentido inspirado, es fruto de la industria humana.

División:

1) Sentido acomodaticio extensivo: analogía entre el pensamiento del Espíritu Santo y el sentido que se presta a sus palabras. Por ejemplo: todo pecador puede decir “la serpiente me ha engañado”.

2) Sentido acomodaticio alusivo: es aquel por el cual se mantienen o se guardan las palabras de la Escritura atribuyéndoles otro sentido. Por ejemplo: Salmo 37, 27. “Huye del mal y has el bien”, para indicar que hay que evitar las malas compañías.

Uso del sentido acomodaticio:

No siendo escriturario no tiene valor teológico.

Hay que tener cuidado en no abusar para no faltar el respeto a la palabra de Dios.

Fuente: Radio Cristiandad

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Un comentario en “Para leer mejor las Sagradas Escrituras

  1. Cada vez me parece más preocupante el tema de las traducciones bíblicas. Creo ver una oculta conjura contra la Vulgata, así como una especie de libre examen en la preparación de las ediciones críticas. El problema reside en que los textos originales, tanto por lo que hace al Antiguo Testamento hebreo/arameo como por lo que respecta al Nuevo Testamento griego, no han llegado hasta nosotros. Lo que sí poseemos son copias de copias de copias que se han ido realizando a lo largo de los siglos. Es decir, poseemos los textos originales pero no el original de esos textos. En cuanto al Antiguo Testamento, los manuscritos más antiguos del texto masorético conservados hasta 1947 eran los de la Genizah de El Cairo, del s. IX. Dado que los rollos de los diversos libros bíblicos se estropeaban con el tiempo y el uso pero no podía ser destruídos por ser sagrados, cuando sus copias resultaban inservibles se depositaban en un adjunto de la sinagoga llamado Genizah. En 1947, al descubrirse los manuscritos de Qumram, se dio un salto cualitativo en el tiempo, puesto que algunos proceden del s. II a.C y contienen el texto consonántico, sin las vocales que definen y denominan al texto masorético. Pero en Qumram no se conserva todo el Antiguo Testamento, sino sólo una parte. Por lo que se refiere al Nuevo Testamento, los manuscritos más antiguos y acreditados son los cuatro grandes códices del s. IV, llamados unciales por haber sido escritos en letras mayúsculas del tamaño de una uña. Hay también miles de papiros anteriores, pero que por la fragilidad de este material son muy fragmentarios, conteniendo algunos una sola palabra o poco más.

    Entre los miles de códices de la Biblia tanto hebreos como griegos que existen y, puesto que todos son copias de copias, hay variantes en el texto, uno porque trae algunas palabras de más, otro las trae de menos, otros insertan frases enteras mientras algunos las eliminan. No suele tratarse de diferencias substanciales, pero sí en tal cantidad que afectan a casi cada palabra de la Biblia. Pero como se supone que ninguno de los códices nos proporciona el texto original en cuanto tal, se impone la llamada crítica textual, cuya misión es colacionar todos los manuscritos existentes en el mundo para, por medio de diversas posturas críticas tomadas de antemano, llegar al que se considera pudo ser el texto original, ofreciendo a pie de página en aparato crítico todas las variantes de todos los manuscritos versículo por versículo. Entre las diversas ediciones críticas se han acabado imponiendo algunas con el tiempo, y así, son hoy hegemónicas para el Antiguo Testamento en hebreo la de Kittel, en griego la de Rahlfs, y para el Nuevo Testamento griego la de Nestlé-Aland, huelga decir que protestantes los tres. Todas las traducciones bíblicas modernas a las lenguas vernáculas están hechas sobres esas ediciones críticas, salvo acaso la Nacar-Colunga y la Bover-Cantera, que parece siguieron su propio criterio crítico. Ignoro si también Straubinger. Por mi parte, no sé hebreo pero sí griego -se me ha olvidado mucho- y para el Nuevo Testamento griego he seguido siempre la edición crítica del P. Bover, de 1944, que, aparte de ser católico, me merece toda la confianza. Pero Veamos los problemas que suscita lo hasta ahora dicho.

    1) ¿Por qué se afirma que ningún códice contiene el texto original? ¿Porque todos son distintos? Podría que uno de ellos contuviera realmente el texto original siendo erróneos los demás.
    2) ¿Por qué se afirma que una edición crítica es mejor que cualquiera de los códices? Podría no serlo.

    3) ¿Qué garantía tengo de que el biblista que ha preparado la edición crítica ha seguido un criterio objetivo y no se ha dejado llevar de su subjetividad? En realidad, ninguna.

    4) ¿Quién me garantiza que los criterios fijados por los biblistas para la crítica textual son los correctos? En realidad, nadie, esos criterios son una convención humana.

    5) ¿Cómo puede la Iglesia, dueña y propietaria exclusiva de la Biblia, de su edición y de su interpretación, dejar al albur de particulares -incluso no católicos- un tema tan sensible como la preparación de ediciones críticas? En realidad es incomprensible y una dejación de sus obligaciones, porque ya el Concilio de Trento mandó que los Papas hiciesen preparar ediciones lo más fieles posible de los textos escriturísticos hebreo y griego, cosa que nunca se hizo. Pero Trento deja entrever que la Iglesia romana debería contar con textos originales preparados por ella y con la misma autoridad de la Vulgata. ¿A qué fin pretendidas Biblias católicas se traducen a partir de textos preparados por protestantes? ¡Es admitir el libre examen en la crítica textual!

    Viniendo a la Vulgata, y al margen de la autoridad oficial que le confirió el Concilio de Trento, no se puede negar que San Jerónimo tuvo a la vista manuscritos hebreos cuya antigüedad ignoramos y que no se nos han conservado, pero debe quedar claro que si S. Jerónimo escribió en el s. IV, ¡su texto latino es mucho más antiguo y tiene mucha más autoridad que los manuscritos hebreos de la Genizah de El Cairo, qur por muy hebreos que sean son cinco siglos posteriores! La Vulgata traduce y refleja manuscritos desaparecidos mucho más antiguos que los más completos hebreos que poseemos. En cuanto al Nuevo Testamento no hay problema alguno, la traducción de la Vulgata es notablemente fiel al texto griego, aunque es evidente que también S. Jerónimo debió usar manuscritos mucho más antiguos que los unciales que poseemos. Hay que tener en cuenta, además, que jamás Dios hubiera permitido que la Vulgata llegase a ser la versión oficial de la Iglesia romana si hubiera contenido alguna falsedad o error. Y por esto y por lo dicho más arriba, estimo que un católico sólo debe leer la Biblia o bien la misma Vulgata, o bien en traducciones de esta.

    Es que al final lo que se aprecia es el deseo de desacreditar la Vulgata sea como sea, porque es la versión propia de la Iglesia romana. Y eso, hecho por protestantes y por católicos liberales, huele peor que mal. Y la cosa sube de tono cuando una de las primeras cosas que hizo Wojtyla, en 1979, fue aprobar la nueva traducción latina preparada por el Pontificio Instituto Bíblico por orden de Montini. ¡Y esa traducción fue preparada siendo director de ese Instituto el jesuita Carlo María Martini! El mismo, en efecto, que había dado la aprobación en 1975 a la blasefema traducción de Schöckel y Mateos, que se llamó Nueva Biblia Española. Es que es de locos.

    Esa nueva traducción latina lleva el nombre de “Nova Vulgata”, y fue declarada oficial por Wojtyla, en contra del Concilio de Trento. Contiene todos los peores resabios de la crítica textual moderna y liberal. Pero es lógico, no podían dejar nada en pie, ni la Liturgia, ni el Derecho canónico, ni el Catecismo, ni siquiera la traducción latina de la Biblia, nada que oliera a Tradición.

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