Ite ad Ieronymum

St. Hieronymus by Caravaggio.jpg

San Jerónimo Uno de los cuatro Doctores originales de la Iglesia Latina. Padre de las ciencias bíblicas y traductor de la Biblia al latín. Presbítero, hombre de vida ascética, eminente literato. (347-420) En breve: Nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Abrazó la vida ascética, marchó al Oriente y fue ordenado presbítero. Volvió a Roma y fue secretario del papa Dámaso. Fue en esta época cuando empezó su traducción latina de la Biblia. También promovió la vida monástica. Más tarde, se estableció en Belén, donde trabajó mucho por el bien de la Iglesia. Escribió gran cantidad de obras, principalmente comentarios de la sagrada Escritura. Murió en Belén el año 420. Más

 

Un lector ha dejado un interesante mensaje en los  artículos “las peores biblias en español” y  “para leer mejor las Sagradas Escrituras” que por su calidad y por no estar exento de verdad en lo que señala,  al menos en parte, lo reproduzco con su previo permiso.

Cada vez me parece más preocupante el tema de las traducciones bíblicas. Creo ver una oculta conjura contra la Vulgata, así como una especie de libre examen en la preparación de las ediciones críticas. El problema reside en que los textos originales, tanto por lo que hace al Antiguo Testamento hebreo/arameo como por lo que respecta al Nuevo Testamento griego, no han llegado hasta nosotros. Lo que sí poseemos son copias de copias de copias que se han ido realizando a lo largo de los siglos. Es decir, poseemos los textos originales pero no el original de esos textos. En cuanto al Antiguo Testamento, los manuscritos más antiguos del texto masorético conservados  hasta 1947 eran los de la Genizah de El Cairo, del s. IX. Dado que los rollos de los diversos libros bíblicos se estropeaban con el tiempo y el uso pero no podía ser destruídos por ser sagrados, cuando sus copias resultaban inservibles se depositaban en un adjunto de la sinagoga llamado Genizah. En 1947, al descubrirse los manuscritos de Qumram, se dio un salto cualitativo en el tiempo, puesto que algunos proceden del s. II a.C y contienen el texto consonántico, sin las vocales que definen y denominan al texto masorético. Pero en Qumram no se conserva todo el Antiguo Testamento, sino sólo una parte. Por lo que se refiere al Nuevo Testamento, los manuscritos más antiguos y acreditados son los cuatro grandes códices del s. IV, llamados unciales por haber sido escritos en letras mayúsculas del tamaño de una uña. Hay también miles de papiros anteriores, pero que por la fragilidad de este material son muy fragmentarios, conteniendo algunos una sola palabra o poco más.

Entre los miles de códices de la Biblia tanto hebreos como griegos que existen y, puesto que todos son copias de copias, hay variantes en el texto, uno porque trae algunas palabras de más, otro las trae de menos, otros insertan frases enteras mientras algunos las eliminan. No suele tratarse de diferencias substanciales, pero sí en tal cantidad que afectan a casi cada palabra de la Biblia. Pero como se supone que ninguno de los códices nos proporciona el texto original en cuanto tal, se impone la llamada crítica textual, cuya misión es colacionar todos los manuscritos existentes en el mundo para, por medio de diversas posturas críticas tomadas de antemano, llegar al que se considera pudo ser el texto original, ofreciendo a pie de página en aparato crítico todas las variantes de todos los manuscritos versículo por versículo. Entre las diversas ediciones críticas se han acabado imponiendo algunas con el tiempo, y así, son hoy hegemónicas para el Antiguo Testamento en hebreo la de Kittel, en griego la de Rahlfs, y para el Nuevo Testamento griego la de Nestlé-Aland, huelga decir que protestantes los tres. Todas las traducciones bíblicas modernas a las lenguas vernáculas están hechas sobres esas ediciones críticas, salvo acaso la Nacar-Colunga y la Bover-Cantera, que parece siguieron su propio criterio crítico. Ignoro si también Straubinger. Por mi parte, no sé hebreo pero sí griego -se me ha olvidado mucho- y para el Nuevo Testamento griego he seguido siempre la edición crítica del P. Bover, de 1944, que, aparte de ser católico, me merece toda la confianza. Pero Veamos los problemas que suscita lo hasta ahora dicho.

1) ¿Por qué se afirma que ningún códice contiene el texto original? ¿Porque todos son distintos? Podría que uno de ellos contuviera realmente el texto original siendo erróneos los demás.
2) ¿Por qué se afirma que una edición crítica es mejor que cualquiera de los códices? Podría no serlo.

3) ¿Qué garantía tengo de que el biblista que ha preparado la edición crítica ha seguido un criterio objetivo y no se ha dejado llevar de su subjetividad? En realidad, ninguna.

4) ¿Quién me garantiza que los criterios fijados por los biblistas para la crítica textual son los correctos? En realidad, nadie, esos criterios son una convención humana.

5) ¿Cómo puede la Iglesia, dueña y propietaria exclusiva de la Biblia, de su edición y de su interpretación, dejar al albur de particulares -incluso no católicos- un tema tan sensible como la preparación de ediciones críticas? En realidad es incomprensible y una dejación de sus obligaciones, porque ya el Concilio de Trento mandó que los Papas hiciesen preparar ediciones lo más fieles posible de los textos escriturísticos hebreo y griego, cosa que nunca se hizo. Pero Trento deja entrever que la Iglesia romana debería contar con textos originales preparados por ella y con la misma autoridad de la Vulgata. ¿A qué fin pretendidas Biblias católicas se traducen a partir de textos preparados por protestantes? ¡Es admitir el libre examen en la crítica textual!

Viniendo a la Vulgata, y al margen de la autoridad oficial que le confirió el Concilio de Trento, no se puede negar que San Jerónimo tuvo a la vista manuscritos hebreos cuya antigüedad ignoramos y que no se nos han conservado, pero debe quedar claro que si S. Jerónimo escribió en el s. IV, ¡su texto latino es mucho más antiguo y tiene mucha más autoridad que los manuscritos hebreos de la Genizah de El Cairo, qur por muy hebreos que sean son cinco siglos posteriores! La Vulgata traduce y refleja manuscritos desaparecidos mucho más antiguos que los más completos hebreos que poseemos. En cuanto al Nuevo Testamento no hay problema alguno, la traducción de la Vulgata es notablemente fiel al texto griego, aunque es evidente que también S. Jerónimo debió usar manuscritos mucho más antiguos que los unciales que poseemos. Hay que tener en cuenta, además, que jamás Dios hubiera permitido que la Vulgata llegase a ser la versión oficial de la Iglesia romana si hubiera contenido alguna falsedad o error. Y por esto y por lo dicho más arriba, estimo que un católico sólo debe leer la Biblia o bien la misma Vulgata, o bien en traducciones de esta.

Es que al final lo que se aprecia es el deseo de desacreditar la Vulgata sea como sea, porque es la versión propia de la Iglesia romana. Y eso, hecho por protestantes y por católicos liberales, huele peor que mal. Y la cosa sube de tono cuando una de las primeras cosas que hizo Wojtyla, en 1979, fue aprobar la nueva traducción latina preparada por el Pontificio Instituto Bíblico por orden de Montini. ¡Y esa traducción fue preparada siendo director de ese Instituto el jesuita Carlo María Martini! El mismo, en efecto, que había dado la aprobación en 1975 a la blasefema traducción de Schöckel y Mateos, que se llamó Nueva Biblia Española. Es que es de locos.

Esa nueva traducción latina lleva el nombre de “Nova Vulgata”, y fue declarada oficial por Wojtyla, en contra del Concilio de Trento. Contiene todos los peores resabios de la crítica textual moderna y liberal. Pero es lógico, no podían dejar nada en pie, ni la Liturgia, ni el Derecho canónico, ni el Catecismo, ni siquiera la traducción latina de la Biblia, nada que oliera a Tradición.

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2 comentarios en “Ite ad Ieronymum

  1. Hola interesantes artículos, solo deseo hacerles una pregunta,cual es nuestro papel como iglesia militante de Jesucristo.?

    • A mi modesto entender es el siguienet:
      1.-Orar cuasi como contemplativos y no desfallecer
      2.- Estudiar la doctrina de la Iglesia. Cada fiel debe de conocer la fe todo lo más posible, según su estado, para luchar contra las herejías y errores.
      3.-Defender la Fe católica y la liturgia católica, tal como la conocieron todo los siglos hasta el erróneo Concilio Vaticano II y no aceptar ningún magisterio desde Juan XXIII a Francisco; todo él contiene gravísimos errores contra la fe y herejías.
      4.-Tener en grado superlativo la virtud teologal de la caridad.
      5.- Amar a la Verdad y repudiar el pecado y en estos tiempos, especialmente el pecado contra la fe.

      Se requiere pues soldados de Cristo, Miles Christi, con la espeda fuera (la sabiduría, la ciencia,fortaleza y demás dones del Espíritu Santo)

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