¿Fue mons. Lefebvre “sedevacantista”?

Lefebvre

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define el anacronismo como el error que consiste en suponer acaecido un hecho antes o después del tiempo en que sucedió, y, por extensión, incongruencia que resulta de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde.

Dentro de los actuales “grupos tradicionalistas” se da con bastante avidez. Así algunos le reprochan a mons. Lefbvre el no haber declarado la Santa Sede Vacante en la década del 70 del siglo pasado. Olvidan éstos que, para los que algunos hoy suele parecerles evidente, no lo tenía que ser por aquel entones, salvo para unos pocos que transitaron raudos de la perplejidad a la resolución; muy, muy pocos, por cierto. Esa frecuente acusación “peca” de anacronismo y suele ser pronunciada por personas que en aquellos años comulgaron sin excesivos problemas de conciencia con la “iglesia conciliar” y sólo más tarde, cuando luego de la perplejidad, si es que la tuvieron siquiera,  y tras una vacilación, en general larga, concluyeron la vacancia de la Santa Sede . Su postura es sincera, pero zancadillea la necesaria unidad dentro de la Tradición.

Ésta unidad no puede estar fundada más que en lo substancial, sin que lo accidental deba constituirse en barrera. Se podrá debatir todo lo que se quiera y con la vehemencia propia de cada cual sobre las cuestiones accidentales, pero sin que éstas rompan la comunión necesaria en la Tradición -hoy absolutamente fraccionada en capillas,- más necesaria que nunca, si así pudiera decirse, en la violenta tormenta que azota la Barca de Pedro y en el tiempo que parece más cercana la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo, vida nuestra.

Hay otros que, tratando de defender más a su grupo y no tanto a la Iglesia, o confundiendo ambos términos  pensando que son equivalente , rompen en trozos la túnica del arzobispo y muestran como reliquias sólo aquellas que apoyan sus tesis, mientras  tratan a los otros pedazos de sus vestiduras con durísimas censuras. Es decir, no están dispuestos a mostrar al verdadero Mons. Lefebvre, sino a un producto publicitario de su personalidad que les dé la razón ante otros.

Como en esta sección del blog sólo irán escritos que ayuden a la unidad de la Tradición de la Iglesia, queremos traer estas citas de quien se enfrentó prácticamente sólo al poder apostata de los conciliares, con sus aciertos, y también con sus errores, pues era humano. En estos textos se ve la talla de hombre que amó a la Iglesia y que se planteó la posibilidad de que la Santa Sede estuviera vacante y ocupada por un usurpador de la misma, Wojtyla, que se hizo conocer por Juan pablo II. Y lo hizo en aquellos tiempos en que cualquier pensamiento de ese cariz era violentamente apartado por cualquier católico.Pero los textos no sólo nos hablan de que pensó y habló públicamente sobre esa terrible posibilidad pues prefirió la gloria de Dios y la salvación de las almas, a  los elogios y halagos de los eclesiásticos siendo él uno de ellos, sino que incluso se mostró menos clerical que sus sacerdotes, porque mientras entre éstos muchos no querían informar a los fieles de tal peligro, tratándolos como inmaduros y niños, el arzobispo en cambio sí consideraba que debían los laicos tener conocimiento de la gravedad de la situación pues peligraba su salvación eterna. Su figura, si no caemos en el anacronismo, se agiganta, siempre y cuando la mostremos tal cual y sin pasar las tijeras.

Pues bien, al objeto de que los herederos  actuales de Mons. Lefebvre acepten que muchos de sus colegas y hermanos suyos en la verdadera fe tienen legítimo derecho a concluir, con certeza teológica, que la Santa Sede está vacante, incluso hace décadas, y a que no oficien la Misa “una cum”, para que lo accidental no se constituya en muro de decisión insuperable, he aquí los textos que indican que Mons Lefebrve se planteó seriamente la cuestión de la Sede Vacante. En efecto, no concluyó que así fuera, porque no fue su misión, la cual bien concluida ésta, quiso Dios llamarlo a su presencia para que fuéramos nosotros los que nos pronunciáramos, con más datos y ciencia en el presente que en aquellas décadas de plomo y granadas de mano.

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TEXTOS DE MONSEÑOS LEFEBVRE

Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás en la Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro participe en cultos de falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Qué conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses ante estos actos repetidos de comunión con falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje pública y formalmente”. (Sermón del domingo de Pascua del 30 de Marzo de 1986 en Ecône).

“Queridos amigos, ¡pudieron, durante las vacaciones, reflexionar sobre el sermón del domingo de Pascua! (…). Entonces el problema se plantea.  Primer problema: la communicatio in sacris. Segundo problema: la cuestión de la herejía. Tercer problema: ¿el Papa es aún Papa cuando es hereje? ¡Yo no sé, no zanjo! Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos. Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión. No sé. Entonces, ahora, ¿es urgente hablar de esto? Se puede no hablar, obviamente. Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes. ¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen: No, no habléis a los fieles. Van a escandalizarse. Eso va a ser terrible, eso va a ir lejos. Bien. Yo dije a los sacerdotes, en París, cuando los reuní, y luego a vosotros mismos, ya os había hablado, les dije: creo que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles. No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para asustarlos. No. Pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los fieles no pierdan la fe. Estamos encargamos de guardar la fe de los fieles, de protegerla. Van a perder la fe… incluso nuestros tradicionalistas. Incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya la fe en Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ya que esta fe se pierde! Se pierde en los sacerdotes, se pierde en los obispos”. Y más adelante, ante el interrogante de crear un cisma, Mons. Lefebvre responde: ¿Pero quién hace cisma?  ¡No soy yo! Para hacer cisma es necesario dejar la Iglesia. Y dejar la Iglesia, es dejar la fe, en primer lugar. ¿Quién deja la fe de la Iglesia? La autoridad está al servicio de la fe. Si ella abandona la fe, es ella quien hace cisma. Entonces no somos nosotros quienes hacemos cisma”. (Conferencia Espiritual en Ecône del 15 de Abril de 1986).

“Por supuesto se podrá objetársenos: ¡Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no perder al alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa? No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia. En cuanto a decir ‘salir de la Iglesia visible’, es equivocarse asimilando Iglesia oficial a Iglesia visible. (…) ¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia Oficial? En cierta medida, sí, obviamente”. (Fideliter n° 66 Nov.-Dic. de 1988).

“Son cosas que son fáciles de decir. Ponerse dentro de la Iglesia, ¿Qué es lo que eso quiere decir? En primer lugar, ¿De qué Iglesia se habla? Si es de la Iglesia conciliar, sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años, porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esa Iglesia conciliar, para supuestamente volverla católica. ¡Es una ilusión total! (…) Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica que nosotros intentamos representar y seguir (…) Obviamente estamos en contra de la Iglesia conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no la aceptan. En la práctica es una Iglesia virtualmente excomulgada, porque es una Iglesia modernista”. (Fideliter n° 70 Jul.-Ago., 1989).

: “Esta apostasía convierte a sus miembros en adúlteros y cismáticos, opuestos a toda tradición, en ruptura con el pasado de la Iglesia y, por lo tanto, con la Iglesia de hoy en la medida en que permanece fiel a Nuestro Señor Jesucristo. Todo lo que sigue siendo fiel a la verdadera Iglesia es objeto de persecuciones salvajes y continuas”. (Itinéraire Spirituel, ed. Séminaire Saint Pie X, Econe 1990, p.70-71).

“La Iglesia, ha dejado de ser la Iglesia católica”. (La Misa Nueva, ed. Iction, Buenos Aires, 1983, p.97).

“Entonces nosotros no somos de esa religión. No aceptamos esa nueva religión. Nosotros somos de la religión de siempre, la religión católica, no somos de esta religión universal como la llaman hoy en día. (…) No podemos aceptar esas cosas. Es contrario a nuestra fe. Lo lamentamos infinitamente”. (La Iglesia Nueva, ed. Iction, Buenos Aires, 1983, p.106).

“Y como sucesor de Pedro, debe transmitirnos la fe de sus predecesores. En la medida en que no nos transmite la fe de sus predecesores, ya no es sucesor de Pedro entonces se convierte en una persona que se separa de su cargo, que reniega de su cargo, que no cumple con su cargo”. (Ibídem p.177).

“En la medida que el Papa se aleja de esta tradición, se volvería cismático, rompería con la Iglesia. Los teólogos como San Belarmino, Cayetano, el Cardenal Journet  y muchos otros, han estudiado esta eventualidad. No es pues una cosa inconcebible”. (Ibídem, p.124).

“Este concilio representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas, como a los nuestros, una nueva Iglesia a la que por otra parte llaman ‘la Iglesia conciliar’. Creemos poder afirmar, ateniéndonos a la crítica interna y externa del Vaticano II, es decir, analizando los textos y estudiando los pormenores de este concilio, que éste, al dar la espalda a la tradición y al romper con la Iglesia del pasado, es un Concilio cismático. Se juzga al árbol por sus frutos”. (Ibídem, p.124).

“Todos los que cooperan en la aplicación de este trastrocamiento, aceptan y adhieren a esta nueva ‘Iglesia Conciliar’ –como la designa Su Excelencia Mons. Benelli, en la carta que me dirige en nombre del Santo Padre, el 25 de Junio último–, entran en el cisma”. (Ibídem, p.125).

“La Verdad no nos pertenece, no le pertenece más al Papa que a mí. Él es el servidor de la Verdad como yo debo ser el servidor de la Verdad. Y si llegara a suceder que el Papa no fuera ya servidor de la Verdad, ya no sería Papa”. (Ibídem, p.150).

Todos aquellos que cooperan a la aplicación de esta alteración, los que aceptan y se adhieren a esta nueva iglesia conciliar como la designó Su Excelencia Mons. Benelli en la carta que me dirigió en nombre del Santo Padre, el 25 de junio pasado, entran en cisma”. (Declaración al Figaro del 4 de agosto de 1976  Itinéraires)

“No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia.  En cuanto a decir “salir de la Iglesia VISIBLE”, es equivocarse asimilando Iglesia oficial a la Iglesia visible”. (Conferencia en Ecône, 21 de diciembre de 1984).

“Son ellos que hacen otra iglesia. Ellos siguen siendo lo que son, ellos siguen siendo modernistas, siguen apegados al concilio. Como el concilio es Pentecostés… El cardenal nos lo ha recordado no sé cuántas veces: ¡No hay más que una Iglesia!… No es necesario hacer una Iglesia paralela! Entonces esta iglesia, evidentemente, es la iglesia del concilio”. (Conferencia en Ecône, 9 de junio de 1988).

“El Cardenal (Ratzinger) lo repitió muchas veces: « Monseñor, no hay más que una Iglesia, no puede haber una Iglesia paralela”. Yo le dije: Eminencia, no somos nosotros quienes hacemos una Iglesia paralela, pues nosotros continuamos la Iglesia de siempre, son ustedes quienes hacen la Iglesia paralela al haber inventado la Iglesia del Concilio, la que el Cardenal Benelli llamó iglesia conciliar; son ustedes quienes inventaron una iglesia nueva, no nosotros, son ustedes quienes han hecho los nuevos catecismos, nuevos sacramentos, una nueva misa, una nueva liturgia, no nosotros. Nosotros continuamos lo que se hacía antes. No somos nosotros los que hacemos una nueva iglesia. Conferencia de prensa en Ecône, 15 de junio de 1988.

“Para todo sacerdote que quiera permanecer católico, es un deber estricto separarse de esta iglesia conciliar mientras ella no regrese a la tradición del magisterio de la iglesia y de la fe católica”. (“Itinerario Espiritual”, 1990).

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