Por la unidad

Os comparto esta meditación sobre algo que cada vez me parece más evidente  y , aprovechando la actual cuestión de si este sujeto, Bergoglio , es papa  o no, llego a la conclusión de que el soporte filosófico de todo el cristianismo, el realismo moderado, se ha hundido absolutamente, incluso y , no sé si sobre todo, entre los más “piadosillos”.

Primer ejemplo:

Santo Tomás de Aquino, cuando habla de la fe como certeza divina que no yerra, pone de ejemplo el caso de la hostia que los fieles “adorarían” y que no ha sido consagrada, porque podría ser que  tal o cual (ésta) hostia en particular no haya sido consagrada: En este ejemplo la fe divina no es errónea porque: “no es de fe que en esta hostia, hic et nunc (aquí y ahora), esté presente el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Lo que es de fe es que en toda Hostia consagrada (válidamente) está realmente presente el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.” Por tanto, la fe divina se dirige a su objeto y no a lo que no lo es (esta hostia, hic et nunc), y por esa razón, esa fe dirigida a su verdadero objeto no yerra jamás. Esta distinción es muy importante.

Esto debería ser de sentido común a poco que se piense. Porque para que esté verdaderamente consagrada la hostia debe haber materia, intención, forma, ministro válido… Pero no siempre me resulta posible conocer con probabilidad moral, por ejemplo, si el obispo que ordenó al sacerdote tenía la intención de la Iglesia de hacer a un sacrificador,  o no creía ya, como muchos obispos hoy, que el sacrificio de la Misa sea propiciatorio y expiatorio. Es necesario distinguir, pues,  lo que en efecto es de fe de lo que no lo es. Por tanto, de fe es  que en  toda hostia válidamente consagrada, se contiene real y substancialmente el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo. Quien esto niega es hereje y sale de la Iglesia;  pero que en ésta hostia en particular (hic et nunc)- por ejemplo en el intento vano de consagrar realizado por un anglicano cismático,  porque perdieron  la sucesión apostólica y ya no tienen entre ellos obispos ni sacerdotes-  contenga la divina presencia, no es de fe, pues puede caber un margen de error voluntario o involuntario que impida la consagración.

Si no se tiene claro cuál es el objeto de ese dogma, se cae en el riesgo de convertirse en una de las cinco vírgenes bobas, poniendo nuestra fe en lo que nos dicta, vehementemente sí, nuestra propia subjetividad. Pero esta fe es sólo humana, sin mérito sobrenatural según la infalible doctrina de la Iglesia señaló siempre.

Por eso muchos se escandalizan ante el sacrilegio de la comunión en la mano; bien hecho, por supuesto; pero no dicen nada de lo más grave: el cambio de las palabras de la consagración en la nueva misa de Pablo VI y la mutación del rito- por el cual podemos conocer la intención ya que del fuero interno nadie juzga- que añaden un riesgo enorme de invalidez en la confección del Sacramento. Cuelan, pues,  el mosquito y se tragan el camello diría Cristo, vida nuestra. Todo por no distinguir el objeto de la fe en la Presencia Real de Cristo sacramentado. Es decir, mientras condenan al cadalso a los efectos elevan a los altares, y esto literalmente,  a las causas de tantos males.

Es necesario que tantos fieles bienintencionados pero errados, habituales participantes de la sinaxis moderna o misa nueva, vengan a esforzarse por entender el verdadero objeto del dogma de la Presencia Real de Cristo en el Sacramento de la Eucarística y a tiempo y a destiempo hagan todo lo necesario para asistir y exigir el único rito por el cual, según el fuero externo,se  nos ofrece una tranquilidad moral sobre la válida confección del Sacramento: La Misa Tradicional. Sólo en ella se conserva la fe católica sobre el santo Sacrificio tal como se expresó en los cánones de Trento. Sólo en ella se conserva el Ofertorio que odió Lutero: Sólo en ella se reza cada vez el Canon sagrado que repitieron todos los Santos legítimamente canonizados desde San Gelasio y antes. Sólo en ella se conserva en la Consagración las palabras de Tradición Apostólica, tal cual asegurara Inocencio III. Sólo con ella se condenarán las inicuas causas de tan desastrosos efectos.

Tal paso de éstos  fieles bienintencionados aunque errados -que no son pocos-al lado de las vírgenes diligentes nutriría al pusillus grex perseguido en estos tiempos apocalípticos. Son éstos los que deben venir a la verdadera Iglesia, hoy un pequeño rebaño en el “desierto”, el cual debe acoger con gran caridad a los que de ellos fuesen llegando. Fuera y muy lejos de la Tradición toda arrogancia de apreciarse como los pioneros, porque los últimos pueden ser los primeros y tampoco conozco a nadie que antes de venir a la Tradición no fuera virgen, pero boba, incluido un servidor; e incluso alguna alma, ni virgen era cuando fue llamado por el Señor.

Segundo ejemplo

Muchos tradicionalistas han caído en la dialéctica falsa y apriorística de creer que necesariamente tal persona es Vicario de Cristo porque funge de “Papa”; yerran creyendo dogma de fe que, verbigracia,  Juan Pablo II,  Benedicto XVI o Francisco , son verdaderos y legítimos Papa. Y el que no piense así, o lo ponga en duda, estaría pecando contra la fe o contra la caridad; pero  esto es un gravísimo error por no saber distinguir, exactamente, cuál es el sujeto o materia de fe.

Parafraseando a Santo Tomás, sin apartarse un ápice de su sistema, preferido a otros por la Iglesia según Benedicto XV y San Pío X:  “No es de fe que este “papa “, hic et nunc-Wojtyla, Ratzinger, Bergoglio, por ejemplo- sea el Vicario de Cristo, al cual hay que someterse para salvarse”. Lo que es de fe es que, es obligatorio  estar sometido al Papa-validamente elegido y sin que  él mismo se haya degollado cayendo en herejia o cisma- para poder salvarse.

La prueba de esto es evidentísima. Si fuera de fe creer que éste o aquél -Wojtyla,  Bergoglio, Ratzinger, etc.. -es  el Sucesor de San Pedro y al cual hay que someterse para ser salvo aunque pontificase contra la divinidad de Cristo, habría que concluir entonces que San Vicente Ferrer y todos los santos, obispos, religiosos que apoyaron con vehemencia , -anatematizando a los contrarios, por error- al falso papa  en el Cisma de Occidente, Clemente VII y luego al “papa” Luna, pecaron contra la fe. Pero eso, salvo por los más ignorantes, afectados o crasos  y supinos, nunca lo sostuvo la Iglesia sino sólo los sectarios.. De lo mismo se podría acusar a muchos santos en otras crisis semejantes y anteriores, como la suscitada en los tiempos del gran San Bernardo, donde muchos buenos católicos apoyaron a un falso papa, Anacleto II, usurpador de la Silla durante casi ocho años, sobre la cual murió, el cual reinando de seguido obtuvo el control de Roma y el apoyo de la mayoría del colegio de cardenales. Anacleto tuvo además  el apoyo de casi toda la población de Roma, hasta que el verdadero Papa recuperó el control de la cuidad en 1138 .Y así ocurrió y los católicos dudaron en varias ocasiones de la historia: así con San Hipólito (primer antipapa; luego reconciliado), Novaciano, Juan VIII, Silvestre III, etc.

Con lo cual uno puede ser, sopesando con su entendimiento y en conciencia, sedevacantIsta -palabra que no me gusta porque el problema actual no es que la Silla del Apostol Pedro esté vacante como tantas veces ha ocurrido por estar reunido el cónclave para elegir a un nuevo Vicario de Cristo; pues, en efecto, en varias ocasiones históricas la Sede de San Pedro ha estado vacante durante más de un año y en una ocasión hasta casi tres, por falta de acuerdo entre los cardenales; en definitiva, quien considera que el actual papa no es legitimo sucesor de San Pedro no está diciendo que la sede esté vacante, sino que ha sido usurpada; la legitimidad de Montini, Wojtyla, Ratzinger y Bergoglio no es objeto de fe, lo que es de fe es la obediencia debida al Papa legítimo -, es decir, es católico pensar que Bergoglio no es papa o lo contrarío, pensar que, en efecto, a pesar de ser un hereje Bergoglio es verdadero sucesor de San Pedro –en este caso se entraría a vulnerar el principio de contradicción porque la herejía es pública y un verdadero fiel tiene obligación de rechazarla, por lo que  se quedaría sin fundamento la posibilidad de conocer la realidad, aunque eso es un tema diferente-. Pero lo que jamás puede un fiel decir es que los que piensan lo contrario, con la condición de que rechacen la herejía- Conditio sine qua non-,  no son católicos. Esto es, no está permitido a un católico ser anti-sedevantista anatematizando a sus hermanos, ni viceversa. Tal postura falta a la caridad e incoa el cisma además de ser un error debido a  que se yerra sobre el objeto material de la fe, elevando a materia de virtud infusa lo que no es más que una cuestión de razón (del entendimiento humano, limitado por los datos ); se sabe, por otra parte, pues, que la lógica es una especie en extinción.

Sin embargo le está prohibido al catolico seguir al hereje aunque se disfrace de papa, porque la herejia niega el dogma, y éste sí es objeto material de la fe.Es más, está obligado a combatirle, porque las herejías se apoyan en las personas.Sin ellas no existirían.Quedará de resolver, para aquellos que siguen afirmando que éste o aquel hereje es papa, cómo explicar que quien no es miembro del Cuerpo Místico de cristo-un hereje deja de pertenecer a la iglesia- es, además, la cabeza. Pero mientras logran teologicamente la cuadratura del círculo, nada debería impedir que en el día a día haya lazos de comunión entre ambas posturas.

Confundir el objeto de la fe revelada nos conduce a la disolución de esa virtud infusa para acogerse a la “fe” humana en favor de éstos o aquellos hechos accidentales, extraordinarios o al sectarismo y nos constituye en capillas sin lazos de caridad con los demás católicos. Más que nunca, pues, es necesario sustentar la comunión en lo esencial: una fe católica y una oración, la Santa Misa y el Oficio divino Tradicional.

Esto me lleva a concluir que, así cómo hice en estas dos cuestiones anteriores que me sirvieron de ejemplo,  hay que distinguir en todo lo aprendido para que la Fe Católica brille pura y prístina sin espurias adherencias, para lo cual no veo otra forma que volver a los mayores doctores de la iglesia, sobre los que sobresale el  Angélico.

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2 comentarios en “Por la unidad

  1. Ahora Sarah quiere meter el Ofertorio de la verdadera misa en el novus ordoe….. que payaso! claro, se dió cuenta que la ofrenda de los frutos de la tierra y del trabajo del hombre es cainita… es una oración de los judíos lubavik jajaja PAYASO!

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