La orientación en la Misa


La celebra
ción “cara al pueblo”

Desde el punto de vista litúrgico y sociológico

 

En sus ‘Introducciones para la adaptación de las iglesias al espíritu de la liturgia romana’ de 1994, Th. Klauser adelanta que ‘ ciertas señales dejan entrever que, en la Iglesia del futuro, el sacerdote se colocará como antaño detrás del altar y celebrará con el rostro vuelto ahacia el pueblo, como se hace aún en ciertas basílicas romanas; el deseo, que se percibe por todas partes, de ver más claramente expresada la comunidad de la mesa eucarística, parece exigir esta solución (nº 8).

Esto que Klauser presentaba entonces como algo deseable se ha convertido pasado el tiempo, casi en todas partes, en la norma. Se piensa haber hecho revivir una costumbre de la Iglesia primitiva. Ahora bien, como vamos a ver, se puede probar con toda certeza que jamás ha existido, ni en la Iglesia de Oriente, ni en la de Occidente, una celebración ‘versus populum’ (cara al pueblo), sino que únicamente todos se volvían hacia Oriente para orar [85]

Fue Martín Lutero el primero que pidió que el sacerdote en el altar se volviese al pueblo [86]. Pero por lo que se sabe, ni él mismo obedeció a esta exigencia, y sólo algunas de las iglesias protestantes lo adoptaron, sobre todo en ellos reformados [87]. Sólo recientemente la celebración ‘versus populum’ se ha convertido en una costumbre casi general en la Iglesia Romana, mientras que las Iglesias orientales y con frecuencia también (algunas) comunidades protestantes, continúan con la práctica existente hasta ahora.

En la Iglesia de Oriente la costumbre de celebrar ‘versus populum’ no ha existido jamás, ni existe una palabra para designarla. El ante altar suscita el máximo respeto. Sólo el sacerdote (y a su lado el diácono) tiene derecho para estar allí. Detrás del iconostasio sólo el sacerdote tiene derecho de pasar delante del altar.

Es de notar que, en la concelebración, que, como es sabido, goza en Oriente de una gran tradición- pero en el sentido estricto sólo hay un celebrante (22)-, el celebrante principal vuelve de ordinario la espalda a la asamblea, mientras que los sacerdotes concelebrantes se colocan delante del altar y a su izquierda. Nunca se colocan detrás del altar (del lado de Oriente).

La costumbre de celebrar cara al pueblo apareció entre nosotros en los “jugenddbewegung”- movimiento de la juventud alemana que preconizaba un retorno a la naturaleza- hacia los años veinte cuando se comenzó a celebrar la Eucaristía en el seno de grupos pequeños. El movimiento litúrgico y antes que él, Pius Pasrch, propagaron esta costumbre. Creían revivir así una tradición de la Iglesia primitiva, pues habían observado que, en alguna basílicas romanas contrariamente a otra iglesias, el ábside no estaba vuelto hacia Oriente, sino la entrada.

En la Iglesia primitiva y en la edad media, lo que determinaba la posición con relación al altar era poder volverse hacia Oriente durante la oración. Por ello San Agustín declara :” Cunado nos levantamos para orar, nos volvemos hacia Oriente, allí donde el sol se levanta. No como si Dios estuviese allí y hubiese abandonado las otras regiones del universo, …sino con el objeto de que el espíritu sea exhortado a volverse hacia una naturaleza superior, a saber: Dios [89]´´

Estas palabras del Africano muestran que después del sermón, los cristianos se levantaban para la oración que seguía y se volvían hacia Oriente. San Agustín no cesa de mencionar al fin de sus alocuciones esta costumbre de volverse hacia Oriente para orara, utilizando siempre a modo de fórmula la expresión ‘conversi ad Dominum’ (vueltos hacia el Señor) [90]

En su libro fundamental ‘Sol salutis”, Dölger, está persuadido de que la respuesta del pueblo ” Habemus ad Dominum” a la invitación del celebrante ” Sursum corda” (levantemos el corazón), significa también que están vueltos hacia Oriente; tanto más que en ciertas liturgias orientales se tiene prevista en ese mismo tiempo una invitación del diácono para que se haga ese giro [91]. Es el caso de la Liturgia copta de San Basilio, al principio d ela anáfora, se dice:”¡Aproximaos hombres, poneos de pie con respeto y mirad al Oriente!”, o también en la liturgia egipcia de San marcos, donde existe una invitación semejante (“Mirad a oriente”) colocada en medio de la Oración Eucarística, antes de la transición “Sanctus”

La  breve descripción de la liturgia dada por el segundo libro de las “Constituciones Apostólicas” del final del siglo IV, prescribe también ponerse de pie para la oración y que se vulevan hacia Oriente [92]. En el libro octavo se encuentra reproducida la invitación que hace el diácono: “¡Poneos en pie hacia el Señor!” [93]. Por consiguiente volverse hacia el Señor o hacia Oriente  era la misma cosa para la Iglesia primitiva [94]

Como Dölger ha demostrado, la costumbre de orar en dirección al sol naciente se remonta a tiempos inmemoriales y era costumbre tanto entre judíos como entre paganos. Los cristianos la adoptaron muy pronto. Así, desde el año 197, la oración hacia Oriente es cosa evidente para Tertuliano. En su “Apologética” (cap. 16) afirma que los cristianos “oran en dirección al sol naciente” [95]. Éste se consideraba como un simbolismo del Señor elavándose a los cielos, desde donde Él volverá. Para que los rayos del sol naciente pudieran penetrar en la Iglesia durante la celebración de la Misa, en Roma y aveces en otros lugares, se dispuso la entrada de la Iglesia hacia el este, debiendo quedar las puertas abiertas; entonces la oración se hacía obligatoriamente en dirección a ésta, a la puerta [96]

En este caso, como ya lo hemos dado a entender, el celebrante se situaba detrás del altar para poder, durante el Sacrificio, dirigir la mirada hacia Oriente (no al pueblo). Lo que no significaba, como se podría creer, una celebración “versus populum” (cara al pueblo), ya que los fieles se volvían también hacia Oriente para orar. No había, pues,  en estas basílicas un cara a cara entre el sacerdote y el pueblo durante la Celebración Eucarística. El pueblo se colocaba a ambos lados de la nave  los hombres a un lado y las mujeres a otro, y por lo general se ponían cortinas entre las columnas [97]. La nave servía para la entrada solemne del celebrante y sus acólitos; también el coro tenía su lugar reservado.

Pero aún en el hipotético caso de que en las antiguas basílicas romanas, los fieles no estuviesen vueltos hacia la entrada durante la Oración Sacrificial, de ninguna manera hubiera habido un cara a cara entre el sacerdote y el pueblo, ya que el altar estaba oculto por cortinas durante la Oración Eucarística [97]. Y éstas no se volvían a abrir, según testimonio expreso de San Juan Crisóstomo, hasta la letanía diaconal [98].

Así en las basílicas donde la entrada, y no el ábside, se encontraba al este, los fieles no tenían el rostro vuelto hacia ekl altar. Tampoco le volvían la espalda, lo que según la concepción antigua, hubiera sido imposible por la santidad del altar. Como los fieles estaban en las naves laterales, tenían el altar a su derecha o a su izquierda. Formaban un semicírculo abierto al Oriente, en cuya parte más alta se situaba el celebrante y sus asistentes [99]

Y ¿ Qué ocurría en las iglesias donde el ábside estaba mirando al Oriente? Esto dependía del lugar donde se situaban los asistentes a la Misa. Si rodeaban el altar, situado en el ábside, formando un semicírculo, el semicírculo se abría hacia Oriente. El liturgo simplemente no se colocaba en la parte alta del semicírculo, sino en su centro. Se destacaba a sí más visiblemente de los otros participantes.

En cambio, en la edad media, el pueblo se colocaba casi siempre en la nave central de la iglesia, sirviendo los laterales para el desarrollo de las procesiones. Esta disposición detrás del sacerdote celebrante aportaba un elemento dinámico, como si el pueblo de Dios avanzase en cortejo hacia la tierra prometida. La orientación indicaba la meta del cortejo: El paraíso perdido que se buscaba hacia el Este (cf. Gen. II, 8). El celebrante y sus asistentes formaban la cabeza del cortejo [100].

El semicírculo abierto que fue la primera disposición para la oración de los asistentes a la Misa, manifestaba al contrario de la dinámica de la procesión, un principio estático. la espera del Señor que había subido al cielo hacia Oriente (cf. Ps. LXVII,34) y que regresará (cf. Act.I, 11). El semicírculo abierto estaba pensado para eso: cuando se espera a una personalidad importante se abren las filas y se forma así un semicírculo para acoger en su centro al que se espera.

San juan damasceno expresa la misma idea en su “De fide orthodoxa”, IV, 12: “Cuando su ascensión Él subió hacia el Oriente y de esta forma fue adorado por los Apóstoles y así regresará de igual manera que se le vio ascender al cielo, según lo que el mismo Señor dijo: ‘Igual que el relámpago se alza del levante y brilla hasta poniente, así regresará el Hijo del Hombre’. Ya que lo esperamos, oramos vueltos hacia Oriente. esta es, pues, una Tradición no escrita de los Apóstoles”. [101]

Es verdad que el hombre moderno ,como dice Bussbaum, casi no entiende que tenga que volverse hacia Oriente para rezar [102]. El sol naciente no tiene para nosotros la misma fuerza simbólica que tenía para el hombre de la antigüedad. En cambio, es diferente cuando se trata de tomar una misma orientación por el sacerdote y el pueblo cuando rezan a Dios. El que todos los fieles deban estar, según las palabras de San Agustín citadas anteriormente, “conversi ad Dominum”, es evidentemente una exigencia intemporal y tiene, aún hoy, un sentido. Como dice Kunstmann, esto viene  a ser “buscar con la mirada el lugar donde se encuentra el Señor” [103]

Vengamos al aspecto sociológico de la celebración “versus populum”. En su obra “Liturgie als Angebot” [104], el profesor de sociología W, Siebel piensa que el sacerdote vuelto hacia el pueblo puede considerarse como “el más perfecto símbolo del nuevo espíritu de la liturgia”. Y añade: “la costumbre en uso hasta ahora hacía aparecer al sacerdote como el jefe y representante de la comunidad, que habla a Dios en representación de ella, como Moisés en e Sinaí: la comunidad, en cuanto tal, dirigiendo a Dios un mensaje (oración, adoración o sacrificio), el sacerdote en cuanto jefe, transmitiendo el mensaje, y Dios, en cuanto tal, recibiendo el mensaje”.

Con la práctica moderna, continua Siebel, el sacerdote “aparece ahora apenas como e lrepresentante de la comunidad, sino más bien como un actor, que en la parte central de la misa, interpreta el papel de Dios, casi como en el Oberanmergau o en otras representaciones de la pasión”. Y concluye. Pero si en esta nueva versión, el sacerdote se convierte en un actor encargado de interpretar a Cristo en la escena, entonces cristo y el sacerdote parecen, a causa de esta reposición teatral de la Cena, identificarse el uno con el otro de una manera por momentos insoportable”.

Así explica Sibel la buena voluntad con la que casi todos los sacerdotes han adoptado la celebración “versus populum” : “la desorientación y la soledad de los sacerdotes les ha hecho buscar nuevos puntos de apoyo para su comportamiento. Entre éstos el sostenimiento emocional, que procura al sacerdote la comunidad reunida delante de él. Pero inmediatamente se crea una nueva dependencia, la del actor vis a vis con el público”.

Igualmente en un estudio “Pubertätserscheinungen in der katholischen Kirche” [105], K. G. rey declara: “Mientras que ahora el sacerdote ofrece el sacrificio como intermediario anónimo, en cuanto cabeza de la comunidad, vuelto a Dios y no hacia el pueblo, en nombre de todos y con todos; mientras que las oraciones que tenía que recitar le estaban prescritas,…hoy en día este sacerdote vienen a nuestro encuentro en cuanto hombre, con sus particularidades humanas, su estilo de vida personal y la mirada vuelta hacia nosotros. Para muchos es una tentación, contra la cual no tienen talla para luchar para prostituir su persona. Algunos saben astutamente – otros con menos astucia-, explotar la situación para su provecho. Sus actitudes, su mímica, sus gestos, todo su comportamiento catan las miradas fijas en él por sus repetidas observaciones, directivas y también por sus palabras de acogida o de despedida.. El éxito que así consiguen constituye para ellos la medida de su poder y así la norma de su seguridad”.

En su obra “Liturgie als Angebot” [106], Siebel,  a propósito del deseo de Klauser, citado más arriba, de ver “más claramente expresada la comunidad de la mesa eucarística” por la celebración “versus populum” declara todavía: ” La reunión de la asamblea alrededor de la mesa de la cena deseada (por Klauser) no contribuye a reforzar la conciencia comunitaria. En efecto, sólo el sacerdote se encuentra ante la mesa y además de pie. Los otros participantes a la comida están sentados, más o menos lejos, en la sala del espectáculo”.

Más aun, según Siebel,:” “por regla general, la mesa está colocada lejos de los fieles, sobre un estrado, ya que no es posible revivir los estrechos lazos que había en la sala donde se desarrolló la Cena. El sacerdote que interpreta su papel vuelto al pueblo, difícilmente puede evitar dar la impresión de representar un personaje que, muy amable, nos propusiera algo. Para no dar esa impresión se ha colocado el altar en medio de la asamblea. No hay así necesidad de ver más ala sacerdote; se pueden ver también a los asistentes sentados al lado o enfrente de él. pero colocando el altar en medio de los fieles desaparece la distancia entre el espacio sagrado y la asamblea. El recogimiento que antes nacía de la presencia de Dios en la Iglesia se transforma en un pálido sentimiento, que apenas se diferencia de lo cotidiano”.

Colocándose detrás del altar, la mirada vuelta hacia el pueblo, el sacerdote, desde el punto devista sociológico, se convierte en un actor que depende totalmente de su público o en un vendedor que tiene algo que ofrecer. Y si carece de la habilidad puede llegar a parecer un charlatán. Otra cosa es la proclamación del evangelio. Esta proclamación supone que el sacerdote y el pueblo estén cara a acara. Esta es la causa por la que las antiguas basílicas que tenían la entrada al este, los fieles estaban vueltos hacia el ábside (oeste) durante la liturgia de la palabra. al proclamar la Palabra de Dios, el sacerdote aparece realmente como el que tiene una ofrenda que hacer. Durante el sermón el sacerdote se vuleve al pueblo y lo mismo el lector debe estar mirando a la asamblea para la lectura de las sagradas Escrituras; lo que no siempre se ha practicado, sin duda por respeto a la Palabra de Dios.

pero como hemos dicho, las cosas se presentan completamente de otra forma en la celebración eucarística propiamente dicha. Aquí la liturgia no es una ‘ofrenda’ sino un acontecimiento sagrado en el curso del cual se unen los cielos y la tierra y el Dios de la gracia se inclina hacia nosotros. Por ello, para orar, las miradas de los asistentes y el celebrante deben dirigirse hacia el señor. Sólo en el momento de la distribución de la comunión, la cena eucarística en su verdadero sentido, se da un cara a cara entre el sacerdote y el que comulga

.
Precisamente estos cambios en la posición del sacerdote en el altar durante la Misa, tienen un sentido simbólico y sociológico verdadero. Cuando el sacerdote ora y sacrifica tiene, al igual que los fieles, los ojos puestos en Dios; y sólo cuando proclama la palabra de Dios o distribuye la comunión se vuelve hacia el pueblo. este principio se había observado constantemente hasta hace unas décadas. Sin embargo, por razones teológicas, ha sobrevenido un cambio en la Iglesia romana. El futuro mostrará las graves consecuencias de este cambio.

 Por Klaus Gamber

Nota del editor: El futuro del que hablaba Klaus Gambe es hoy, y contemplamos perplejos las graves consecuencias del cambio.

Notas:


(8)  Cf. Alocución del papa Pablo VI en la audiencia general de 26 de noviembre de 1969 (las palabras en negrita han sido subrayadas por el autor): “Queridos hijos y queridas hijas. Nos queremos una vez más aún invitaros a reflexionar sobre esta novedad que constituye el nuevo rito de la misa, que será utilizado en la celebración del santo sacrificio a partir del próximo 30 de noviembre, primer domingo de Adviento ¡Nuevo rito de la misa! Esto es un cambio que afecta a una vulnerable tradición multisecular (…)…Este cambio afecta al desarrollo de las ceremonias de la misa. Constataremos, puede ser que con cierto pesar, que en el altar las palabras y los gestos no son idénticos a aquellos a los que estábamos tan acostumbrados que no les prestábamos atención(…)…Nos debemos preparar a esta múltiples perturbaciones, son inherentes a todas las novedades que cambian nuestras costumbres…170

Al final de esta misma audiencia, Pablo VI dio algunas indicaciones que emanaban de la Sagrada Congregación del Culto Divino:…”los sacerdotes que celebren en latín en privado (…) pueden, hasta el 28 de noviembre de 1971, emplear ya sea el Misal romano como el del nuevo rito. Si utilizan el Misal romano, pueden …etc. Si utilizan el nuevo rito, deben seguir el texto oficial, etc.

Nota del editor: ‘¿No parece que estas líneas distinguiendo el Misal romano y el nuevo rito, vienen a confirmar el propósito de Klaus Gamber?’

(22)  No es necesario precisar que se trata  casi siempre de una concelebración “ceremonial”, tradicional y muy corriente en Oriente hasta hoy en día, en el transcurso de la cual los sacerdotes que rodean al celebrante principal (el obispo), no pronuncian con éste las palabras de la Consagración. Por ello, y en el sentido estricto de la palabra, hay un sólo celebrante.

Bibliografía:

[85] Cf. el profundo estudio de K. Gamber: “Conversi ad Dominum, die Hinwendung von Priester und Volk nach Osten dei der MeBfeir im 4. und 5. Jh.”. Römische Quartalschift.

[86] Lutero escribió en su opúsculo “Deutche Messe und Ordnung des Gottesdienstes” de 1526, al principio del capítulo titulado “Sobre el domingo para los laicos”. “Conservaremos los ornamentos sacerdotales, el altar, las velas, hasta que se agoten o hasta que nos plazca cambiarlos. Sin embargo les dejaremos hacer lo que quieran si es que toman ese camino. Pero en la verdadera misa, entre simples cristianos, hará falta que el altar no permanezca como has ahora, y que el sacerdote esté permanentemente vuelto al pueblo...” . Cf. K.Gamber:” Dei zelebration ‘versdus populum’, eine Erfindung und Forderung Martin Luthers”

[87] Cf. Fr. Schulz: ” Das Mahl der Büder”, Jahrbuch fülr Liturgik und Hymnologye, XV, 1970, pag, 34, nota 8. Por esta razón Martín Lutero, en su época, hizo instalaren Strarburg mesas para la cena “de manera que el minsitro tenga su cara vuelta al pueblo” 

[89] San Agustín: “De sermone domini in monte”, II, nº 8.

[90] Dölger. “Sol salutis” pp. 254,256, primera edición.

[91] Dölger. “Sol salutis” pp. 254,251, primera edición.

[92] Constitución Apostólica, II, 57,14 (ed. Funk, p. 165)

[93] Constitución Apostólica, II, 57,14 (ed. Funk, p. 494)

[94] Dölger. “Sol salutis”; E Peterson “Frühkirche, Jedentum und Gnosis” : es corriente observar que el Oriente, hacia el que se reza, está a menudo señalado por una Cruz. Una de esas  cruces ha sido encontrada sobre la pared de una casa de Herculano.

[95] Dölger. “Sol salutis” pp. 103

[96] Cf. Tertuliano:” Adv. Valent.” nº 3 (PL,II, col.515) ” No hay en nuestra paloma nada que no sea simple, siempre situada en lugares elevados y abiertos, orientados a la luz. La figura del Espíritu santo (la paloma) gusta de Oriente, que representa la figura de Cristo”. Cf. St. Bei&El

[97] Cf. St. Bei&El : Bilder aus Geschichete der altcristlichen Kunst und Liturgie in Italien”, Freiburg, 1899, p.265

[98] FR. Van de Paverd: 2Zur Geschiche der MeBliturgie in Antiocheia und Konstantinopel gegen Ende des 4. Jh”, Roma 1970 [Orientalia Chistiana analecta; 187], pp. 42-47, 187 y siguiente.

[99] Cf. L. Buyer: “ Le rite et l´homme” parís, 1962, p. 241. “Dicho de otra forma, la idea de que la basílica romana sería la forma ideal de la iglesia cristiana pues permitía celebraciones en las que sacerdotes y fieles se diesen frente, es un completo contrasentido. Desde luego es la última cosa que los antiguos hubieran pensado y exactamente lo contrario para el empleo que fueron concebidas”.

[100] Unas conclusiones análogas las encontramos en la obra de R. SHWARZ: “ Vom Bau der Kirche”, Würzburg, 1938 p. 126 y siguiente.

[101] Citada por Dólger: “Sol salutis”, p. 176 y siguiente.

[102] O. NU&BAUM: “Zelebratión versus populum un Opfercharakter der Messe” Zeitchrift für Kathol, Tehologie, pp. 148-167, aquí p. 163.

[103] J. KUNSMANN: Or des Hern”, Paderborn, 1971, pp. 33-35

[104] W. Siebel: “Liturgie als Angebot, Bermerkungen aus soziologischer Sich”, Berlín 1972, pp. 16-21.

[105] K.G. REY. “ Pubertätserscheinungen in der katholischer Kirch” [Kritische Texte Bezinger;4]; pa. 25

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